Me gustan las mujeres maduras, con humor y activas. Una mujer, a partir de los cuarenta años, empieza a vivir lo mejor de su vida si es capaz de darse cuenta de la cantidad de cualidades potenciales que tiene en su interior. Se convierte en una persona con "poder personal", pues es capaz de decir lo que piensa y siente sin perder la compasión así como de manifestar lo que no le gusta sin la menor acritud.
A esas alturas de su caminar, es capaz de mirar hacia atrás sin rencor ni dolor, es atrevida y confía en su intuición. Medita a su manera, decide su camino con el corazón, escucha su cuerpo, improvisa, no implora, es capaz de reírse... tiene una gran sensibilidad con las plantas y los animales.
Una vez que ha aprendido a amar lo que hace, alienta a los demás a su propio crecimiento. Reconoce con facilidad lo frágil y lo que es valioso, pero también lo que debe ser podado. A medida que tiene más edad, más camino habrá recorrido y - a través de la observación compasiva de la vida de los demás - es capaz de poder enseñar. Sabe que puede cambiar el mundo porque se siente completa, fuerte y vulnerable al mismo tiempo. Vive ya con el conocimiento pleno de que todo y todos estamos conectados y de que lo que cada uno haga influye en todo los demás.
Entre las mujeres existe una conexión natural. Cuando una mujer estresada habla con otra, ambas liberan la hormona de la maternidad, lo que provoca que el estrés descienda. Sin embargo, si dos hombres nerviosos comparten sus aflicciones, la testosterona incita a la huída o el enfrentamiento. Tanto un hombre como una mujer que se hallan al lado de una mujer sabia, sienten como su adrenalina baja y su autoestima sube. Basta con estar junto a ella...
Qué distinto sería el mundo si la mujer madura del siglo XXI aspirase más a convertirse en sabia que en aparentar lo que no es, en luchar desesperadamente por permanecer en un estado de juventud ficticia a través de elementos externos que jamás cumplirán cons sus expectativas, pues las leyes del tiempo son inexorables.
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martes, 21 de mayo de 2019
domingo, 24 de marzo de 2019
CORAZONES HELADOS
"Una palabra amable da para resistir tres meses de invierno".
Hay personas que tienen el corazón helado, no les importa lo más mínimo los sentimientos de los demás y sólo les utilizan para cubrir sus necesidades y carencias. Es muy difícil convivir con ellos y si no tenemos cuidado podemos contagiarnos, pues su actitud negativa, su amargura, su miedo o desilusión van calando en nosotros sin que apenas nos demos cuenta.
Los corazones helados buscan a corazones sensibles, compasivos y dulces, corazones capaces de brindar amor incondicional y cariño desinteresado. Por eso debemos estar muy alerta, ya que ese hielo es el resultado de un proceso que avanza de forma casi imperceptible; poco a poco el frío se va apoderando del que intenta ayudar y va perdiendo su sonrisa, su luz, su energía; el frío le aletarga y pasa de vivir intensamente a intentar sobrevivir.
La persona compasiva y empática no debe consentirse a sí misma que eso le ocurra, pues se acabará convirtiendo en la sombra desvirtuada de lo que era. Si se desconecta del mundo exterior y se limita a ese mundo helador, oscuro y vacío, se irá sumiendo también ella en la tristeza, el rencor y el odio.
Está bien que intente ser una puerta abierta, una mano tendida que brinda una alternativa mejor y más cálida a la actitud del otro, alguien que le intenta definir un nuevo marco para que se relacione con el mundo y consigo mismo, pero si no funciona, si la persona a la que se intenta ayudar no responde, debe dejar que siga su camino, ya que puede que no esté preparado para dar ese paso.
Todos merecemos vivir, sentir y volar libres. No debemos renunciar a una vida intensa para tratar de vivir la vida de otra persona, sus expectativas, sus fantasmas, sus traumas. Si nos han llegado a contagiar, debemos liberar nuestro corazón de ese hielo lo antes posible y no renunciar a nuestra propia vida, pues no sería una actitud responsable ni nos beneficiaría a ninguno de los dos...
Hay personas que tienen el corazón helado, no les importa lo más mínimo los sentimientos de los demás y sólo les utilizan para cubrir sus necesidades y carencias. Es muy difícil convivir con ellos y si no tenemos cuidado podemos contagiarnos, pues su actitud negativa, su amargura, su miedo o desilusión van calando en nosotros sin que apenas nos demos cuenta.
Los corazones helados buscan a corazones sensibles, compasivos y dulces, corazones capaces de brindar amor incondicional y cariño desinteresado. Por eso debemos estar muy alerta, ya que ese hielo es el resultado de un proceso que avanza de forma casi imperceptible; poco a poco el frío se va apoderando del que intenta ayudar y va perdiendo su sonrisa, su luz, su energía; el frío le aletarga y pasa de vivir intensamente a intentar sobrevivir.
La persona compasiva y empática no debe consentirse a sí misma que eso le ocurra, pues se acabará convirtiendo en la sombra desvirtuada de lo que era. Si se desconecta del mundo exterior y se limita a ese mundo helador, oscuro y vacío, se irá sumiendo también ella en la tristeza, el rencor y el odio.
Está bien que intente ser una puerta abierta, una mano tendida que brinda una alternativa mejor y más cálida a la actitud del otro, alguien que le intenta definir un nuevo marco para que se relacione con el mundo y consigo mismo, pero si no funciona, si la persona a la que se intenta ayudar no responde, debe dejar que siga su camino, ya que puede que no esté preparado para dar ese paso.
Todos merecemos vivir, sentir y volar libres. No debemos renunciar a una vida intensa para tratar de vivir la vida de otra persona, sus expectativas, sus fantasmas, sus traumas. Si nos han llegado a contagiar, debemos liberar nuestro corazón de ese hielo lo antes posible y no renunciar a nuestra propia vida, pues no sería una actitud responsable ni nos beneficiaría a ninguno de los dos...
lunes, 18 de marzo de 2019
FRAGILIDAD EMOCIONAL
Somos frágiles y fuertes a la vez, sin embargo nuestra fortaleza reside en la capacidad que tenemos para transcender a nuestra fragilidad, una fragilidad que nace de dos de las virtudes humanas que jamás deberíamos perder: la sensibilidad y la compasión (sentir con).
Muchas personas temen mostrar su fragilidad y se recubren de rígidas corazas que no les protegen, sino que les aíslan. Las corazas pueden evitar que sienta dolor, pero como están elaboradas con frialdad emocional acaban provocando la pérdida de la sensibilidad y de la compasión.
Una cosa es ser sensible (una cualidad) y otra ser débil o frágil emocionalmente hablando. La sensibilidad es una fortaleza emocional que nos permite conectarnos con nuestro entorno y ser receptivos a lo que en él ocurre. Las personas sensibles son más empáticas y receptivas, son cercanas, encantadoras y se implican, por eso sienten la vida intensamente. Todo ello les convierte en una presa codiciada y fácil para las personas tóxicas, egoístas, manipuladoras o crueles.
Las personas que piensan, analizan y sienten, perciben lo que ocurre a su alrededor y poseen un criterio y un sistema de valores que no quieren perder. En contraposición están los que viven en un egocentrismo que las aísla de lo que les rodea, que viven desconectadas de los demás y que son incapaces de contribuir al bien común a no ser que tengan una recompensa. No tienen amigos, sino contactos a los que explotar, ignoran el sufrimiento de los demás y sólo están orientadas hacia su propio enriquecimiento personal, ya sea económico, social o emocional.
A mí me gusta mirar a los ojos, ver el alma del que tengo enfrente y averiguar todo lo que me quiere decir. Me duele el sufrimiento de los demás, me enfado con las injusticias, no duermo cuando mi cabeza no deja de pensar... Soy sensible: me entristezco, me enfado, tengo miedo, desecho lo desagradable y dañino... pero jamás ignoro que que todas esas emociones son mensajes que los otros, la sociedad o mi cuerpo tienen que decirme. No niego lo que siento, no me distraigo, no echo la culpa a los demás y asumo mi parte de responsabilidad y, a veces, parte de la de otras personas.
También me permito reconocer cierta melancolía o tristeza ante lo efímero, ante la vida y ante el amor, algo que me permite estar realmente conectada con el presente...
Muchas personas temen mostrar su fragilidad y se recubren de rígidas corazas que no les protegen, sino que les aíslan. Las corazas pueden evitar que sienta dolor, pero como están elaboradas con frialdad emocional acaban provocando la pérdida de la sensibilidad y de la compasión.
Una cosa es ser sensible (una cualidad) y otra ser débil o frágil emocionalmente hablando. La sensibilidad es una fortaleza emocional que nos permite conectarnos con nuestro entorno y ser receptivos a lo que en él ocurre. Las personas sensibles son más empáticas y receptivas, son cercanas, encantadoras y se implican, por eso sienten la vida intensamente. Todo ello les convierte en una presa codiciada y fácil para las personas tóxicas, egoístas, manipuladoras o crueles.
Las personas que piensan, analizan y sienten, perciben lo que ocurre a su alrededor y poseen un criterio y un sistema de valores que no quieren perder. En contraposición están los que viven en un egocentrismo que las aísla de lo que les rodea, que viven desconectadas de los demás y que son incapaces de contribuir al bien común a no ser que tengan una recompensa. No tienen amigos, sino contactos a los que explotar, ignoran el sufrimiento de los demás y sólo están orientadas hacia su propio enriquecimiento personal, ya sea económico, social o emocional.
A mí me gusta mirar a los ojos, ver el alma del que tengo enfrente y averiguar todo lo que me quiere decir. Me duele el sufrimiento de los demás, me enfado con las injusticias, no duermo cuando mi cabeza no deja de pensar... Soy sensible: me entristezco, me enfado, tengo miedo, desecho lo desagradable y dañino... pero jamás ignoro que que todas esas emociones son mensajes que los otros, la sociedad o mi cuerpo tienen que decirme. No niego lo que siento, no me distraigo, no echo la culpa a los demás y asumo mi parte de responsabilidad y, a veces, parte de la de otras personas.
También me permito reconocer cierta melancolía o tristeza ante lo efímero, ante la vida y ante el amor, algo que me permite estar realmente conectada con el presente...
sábado, 2 de diciembre de 2017
MARY BARTON
Es una buena historia, bien contada y que te hace pensar. Los personajes se mueven dentro de la magnífica ambientación de la novela y me produce mucha ternura Alice, pues jamás se rinde en su entrega a los demás, recibiendo a cambio el cariño que tanto merece. El ritmo es muy bueno y consigue que el lector llegue hasta el final con verdadero interés.
La autora no utiliza artificios innecesarios para aumentar el drama (aunque la obra sí es dramática) y nos transmite una sensación de tristeza. Somete a sus personajes a muchas pruebas y hace que les cueste mucho subsanar sus errores. Sin embargo, les da todas las oportunidades que necesitan y se trasluce que - a pesar de las circunstancias adversas - se puede encontrar la felicidad.
Su protagonista, Mary Barton, vive en un Manchester industrializado y convulso. Tiene su propio dilema personal y sentimental entre dos pretendientes muy distintos entre sí. El devenir de Mary, sirve de excusa a la autora para mostrarnos las dificultades, los cambios, las injusticias de la época; el hambre y las pésimas condiciones de vida de las clases menos privilegiadas, la enfermedad... pero lo hace con una gran sensibilidad y comprensión con el sufrimiento que la rodeaba y una enorme capacidad para expresarlo. Describe la situación dolorosa con tal honestidad que logra que el lector la viva.
Elisabeth Gaskell era una escritora inglesa que nació en Chelsea (Londres) en 1810 y se fue a vivir a Manchester cuando se casó con un clérigo. "Mary Barton" fue su primera novela y fue publicada en 1848 de forma anónima. Muy amiga de Dickens, colaboró en su revista "Household Words" (palabras del hogar) en la que sus novelas Cranford y Norte y Sur fueron apareciendo por capítulos. En 1857, escribió la biografía de su gran amiga Charlotte Brontë y su obra póstuma fue "Wives and daughters" (esposas e hijas).
Su marido tenía grandes inquietudes culturales y su hogar era frecuentado por intelectuales de todos los campos, entre ellos escritores y reformadores sociales, como Dickens, Carlyle, Ruskin o Eliot.
Una vez más la vida hace que la vocación de una persona surja en el momento más inesperado. Al principio de su matrimonio, se dedicaba a sus niños y a su hogar, pero el fallecimiento de uno de sus hijos hizo que se refugiara en la literatura para intentar superar tanto dolor. No es extraño por tanto que supiera empatizar con lo que le rodeaba y desarrollara su compasión (sentir con), el más alto grado del amor.
La autora no utiliza artificios innecesarios para aumentar el drama (aunque la obra sí es dramática) y nos transmite una sensación de tristeza. Somete a sus personajes a muchas pruebas y hace que les cueste mucho subsanar sus errores. Sin embargo, les da todas las oportunidades que necesitan y se trasluce que - a pesar de las circunstancias adversas - se puede encontrar la felicidad.
Su protagonista, Mary Barton, vive en un Manchester industrializado y convulso. Tiene su propio dilema personal y sentimental entre dos pretendientes muy distintos entre sí. El devenir de Mary, sirve de excusa a la autora para mostrarnos las dificultades, los cambios, las injusticias de la época; el hambre y las pésimas condiciones de vida de las clases menos privilegiadas, la enfermedad... pero lo hace con una gran sensibilidad y comprensión con el sufrimiento que la rodeaba y una enorme capacidad para expresarlo. Describe la situación dolorosa con tal honestidad que logra que el lector la viva.
Elisabeth Gaskell era una escritora inglesa que nació en Chelsea (Londres) en 1810 y se fue a vivir a Manchester cuando se casó con un clérigo. "Mary Barton" fue su primera novela y fue publicada en 1848 de forma anónima. Muy amiga de Dickens, colaboró en su revista "Household Words" (palabras del hogar) en la que sus novelas Cranford y Norte y Sur fueron apareciendo por capítulos. En 1857, escribió la biografía de su gran amiga Charlotte Brontë y su obra póstuma fue "Wives and daughters" (esposas e hijas).
Su marido tenía grandes inquietudes culturales y su hogar era frecuentado por intelectuales de todos los campos, entre ellos escritores y reformadores sociales, como Dickens, Carlyle, Ruskin o Eliot.
Una vez más la vida hace que la vocación de una persona surja en el momento más inesperado. Al principio de su matrimonio, se dedicaba a sus niños y a su hogar, pero el fallecimiento de uno de sus hijos hizo que se refugiara en la literatura para intentar superar tanto dolor. No es extraño por tanto que supiera empatizar con lo que le rodeaba y desarrollara su compasión (sentir con), el más alto grado del amor.
sábado, 12 de noviembre de 2016
LA REVOLUCIÓN DE LA ESPERANZA
Este cuadro es un autorretrato de una mujer a la que admiro mucho: Cristina de Jos´h. Con una gran inquietud artística, ha sabido canalizar todo lo que lleva dentro, a lo largo de los años, de una forma sabia (con inteligencia y sensibilidad).
Siendo muy joven, empezó realizando muñecos de trapo únicos y especiales; más tarde, se interesó por el diseño textil y la ropa del hogar, con líneas personalizadas y confeccionadas de forma totalmente artesanal. No se paró ahí, sino que se lanzó a escribir libros y a pintar cuadros... y, en todo lo que emprende, alcanza el "éxito".
¿Por qué? Porque ama la vida y se ha lanzado a todas sus empresas con amor, con coraje y con esperanza. Pero, ¿qué es la "esperanza"? pues la esperanza es un talante, un estado, una forma de ser, una disposición interna, un "estar listo para actuar".
Los ingleses hacen una diferencia interesante entre activeness (actitud o estado anímico) y activity (actividad): la espera no es pasiva, sino estar preparado en todo momento para que lo que todavía no ha nacido, pero está en condiciones de hacerlo, nazca.
La esperanza está enlazada con la fe, la fortaleza y la compasión. La fe es la convicción de que lo que se está gestando como una semilla brotará en el momento adecuado; es el pilar de la esperanza, su base. La fortaleza es el coraje de vivir, lo que nos hace vencer la tentación de comprometer la esperanza y la fe convirtiéndolas en un optimismo vacío, hueco, insustancial o una fe irracional. La compasión (sentir con), como la ternura o el amor, es un sentimiento exquisito que nos lleva a interesarnos por todo lo que nos rodea (interés: ser entre).
Según Erich Fromm, la base del amor, la ternura, la compasión, el interés y la responsabilidad es la de "ser versus tener": me vacío mi yo, me empobrezco para volverme rico.
Cristina, con su talante vital, nos muestra que los cambios sí son posibles y que las buenas ideas que llegan al corazón tienen un gran poder pues son capaces de crear entusiasmo y dedicación.
Es un ejemplo a seguir entre tanta gente aburrida, pasiva, insensible, extremadamente racionalista y un verdadero antídoto contra la depresión, la despersonalización, la indiferencia ante la vida...
Siendo muy joven, empezó realizando muñecos de trapo únicos y especiales; más tarde, se interesó por el diseño textil y la ropa del hogar, con líneas personalizadas y confeccionadas de forma totalmente artesanal. No se paró ahí, sino que se lanzó a escribir libros y a pintar cuadros... y, en todo lo que emprende, alcanza el "éxito".
¿Por qué? Porque ama la vida y se ha lanzado a todas sus empresas con amor, con coraje y con esperanza. Pero, ¿qué es la "esperanza"? pues la esperanza es un talante, un estado, una forma de ser, una disposición interna, un "estar listo para actuar".
Los ingleses hacen una diferencia interesante entre activeness (actitud o estado anímico) y activity (actividad): la espera no es pasiva, sino estar preparado en todo momento para que lo que todavía no ha nacido, pero está en condiciones de hacerlo, nazca.
La esperanza está enlazada con la fe, la fortaleza y la compasión. La fe es la convicción de que lo que se está gestando como una semilla brotará en el momento adecuado; es el pilar de la esperanza, su base. La fortaleza es el coraje de vivir, lo que nos hace vencer la tentación de comprometer la esperanza y la fe convirtiéndolas en un optimismo vacío, hueco, insustancial o una fe irracional. La compasión (sentir con), como la ternura o el amor, es un sentimiento exquisito que nos lleva a interesarnos por todo lo que nos rodea (interés: ser entre).
Según Erich Fromm, la base del amor, la ternura, la compasión, el interés y la responsabilidad es la de "ser versus tener": me vacío mi yo, me empobrezco para volverme rico.
Cristina, con su talante vital, nos muestra que los cambios sí son posibles y que las buenas ideas que llegan al corazón tienen un gran poder pues son capaces de crear entusiasmo y dedicación.
Es un ejemplo a seguir entre tanta gente aburrida, pasiva, insensible, extremadamente racionalista y un verdadero antídoto contra la depresión, la despersonalización, la indiferencia ante la vida...
miércoles, 23 de septiembre de 2015
OTOÑO, MADUREZ
En la tradición indígena americana el ser humano llega a la madurez hacia los 52 años, entrando en la etapa más importante de su vida, pues ya no se limita a sus actividades estrictamente familiares sino que se dedica también a trabajar desinteresadamente por el bien de la comunidad. Pasa a ser considerada como "honorable" ya que su opinión, consejos, conocimientos y experiencia orientan y alientan a muchas personas. Es como un buen vino, que necesita envejecer para coger cuerpo, volverse más transparente y suavizar su sabor.
La persona madura crece y evoluciona sabiendo que hay algo sólido en su interior y que su vida ha dado frutos después del cultivo y la poda, la templanza y el trabajo. Sabe sembrar y dejar crecer nuevas posibilidades y también sabe que, para que se sonviertan en fruto, necesitan mucho amor y empeño.
Puede llevar adelante su vida personal como un proyecto lleno de significado. Todo lo que ha vivido es un preludio de lo que le llega ahora porque es el momento de protagonizar su vida de forma auténtica, responsable y libre. El fruto ha madurado y emite toda su fragancia: una mezcla deliciosa de intuición, intelecto y experiencia.
Pero, la otra cara de la moneda es la "soledad". Experimentar la soledad forma parte de la madurez y, a pesar de que posee una especie de tristeza, de pesar, va acompañada de un profundo silencio, un silencio que favorece mirar hacia dentro, profundizar en uno mismo y estar dispuesto a comprender y a amar más a los demás. Llega a sentir "compasión" (sentir con) que es el grado más elevado del amor y que sólo puede brotar de un corazón cálido y lleno de vida.
Cuando llega el Otoño las hojas caen de los árboles y se cosechan frutos maduros y algunos, como las nueces o las castañas, pierden su envoltura. Es el período de la "separación" . De la misma forma que el fruto se separa del árbol y el hueso del fruto, el alma se separará un día del cuerpo. En ésta época el espectáculo de la naturaleza y su atmósfera también nos invitan a pensar si lo que estamos haciendo con nuestra vida merece la pena y si realmente damos importancia a lo fundamental...
Es la estación del año en la que la naturaleza se repliega y nosotros también y, eso, es muy necesario...
La persona madura crece y evoluciona sabiendo que hay algo sólido en su interior y que su vida ha dado frutos después del cultivo y la poda, la templanza y el trabajo. Sabe sembrar y dejar crecer nuevas posibilidades y también sabe que, para que se sonviertan en fruto, necesitan mucho amor y empeño.
Puede llevar adelante su vida personal como un proyecto lleno de significado. Todo lo que ha vivido es un preludio de lo que le llega ahora porque es el momento de protagonizar su vida de forma auténtica, responsable y libre. El fruto ha madurado y emite toda su fragancia: una mezcla deliciosa de intuición, intelecto y experiencia.
Cuando llega el Otoño las hojas caen de los árboles y se cosechan frutos maduros y algunos, como las nueces o las castañas, pierden su envoltura. Es el período de la "separación" . De la misma forma que el fruto se separa del árbol y el hueso del fruto, el alma se separará un día del cuerpo. En ésta época el espectáculo de la naturaleza y su atmósfera también nos invitan a pensar si lo que estamos haciendo con nuestra vida merece la pena y si realmente damos importancia a lo fundamental...
Es la estación del año en la que la naturaleza se repliega y nosotros también y, eso, es muy necesario...
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