lunes, 9 de marzo de 2020

EL CROQUET

El croquet es un juego que consiste en golpear bolas de madera con un mazo e introducirlas en unos arcos enterrados en el suelo dentro del campo de juego. Se trata de un juego de estrategia en el que hay que ir superando - de forma sucesiva - un recorrido que marcan dichos arcos dentro del campo de juego; en él se desarrolla la paciencia, la táctica, la habilidad, la precisión en el golpe y la puntería, siendo muy similar al billar.
Ya en el siglo XIII los campesinos franceses de Languedoc usaban unas mazas de madera rudimentarias con las que golpeaban unas bolas (también de madera) y las pasaban por unos arcos muy anchos hechos de ramas de sauce y los llamaban "jeu de mail" o "paille maille" (juego de martillo). Cuando Jacobo VI de Escocia se convirtió en el rey James I de Inglaterra, en 1604, lo dio a conocer en la corte inglesa, empezándose a practicar en el "Pall Mall" de Londres, un elegante paseo bordeado por árboles, que más tarde se llegó a convertir en una ruta ceremonial.

 El juego moderno del croquet, el crooky, parece ser que surgió en Irlanda en 1830, pasando a Londres en 1852, lugar en el que se hizo muy popular, sobre todo entre las mujeres pues era el primer deporte al aire libre en el que podían jugar ambos sexos sobre una base equitativa. John Jaques, un fabricante de artículos deportivos, empezó a vender equipos completos, lo que hizo que fuera fácilmente disponible y se popularizara, pasando de ser un entretenimiento de reyes a un juego de alta precisión. A España llegó en 1870 a través de los comerciantes que tenían relación con Inglaterra (de Jerez, Galicia, Asturias, Santander...) y se fue introduciendo en las clases más acomodadas, afirmando que era el mejor antídoto contra la soledad y la melancolía...

 En principio, se practicaba sobre césped, pero también sobre un terreno arenoso. Se podía jugar en equipo o de forma individual, aunque en todos los casos había que llegar al final de un camino descrito por los arcos. En realidad se trataba de una actividad física y mental sometida a estrictas reglas que requería cierto entrenamiento para ir desarrollando la destreza, teniendo en cuenta que la precisión es hija de una habilidad natural unida a una técnica adecuada.
Su primera sede como deporte reconocido de competición fue "El Club Winbledon de Croquet" (que más tarde se convirtió en el emblemático Club de Tenis) donde se celebraron los primeros campeonatos en plena era victoriana. Más tarde y encabezado por Australia y Nueva Zelanda se esparció por todas las colonias británicas, haciéndose especialmente popular entre las damas, a pesar de ser condenado en púlpitos y estarles prohibida la entrada en determinados campos de deporte...

Pero está demostrado que la gran Historia y la pequeña la mueven individuos, caracteres con iniciativa y entusiasmo que pasan por barreras y obstáculos sin desfallecer. Tanto los que luchan como quienes les sostienen van creando un humanismo integral y favorecen el orden natural, social y espiritual en el que se basa la auténtica y valiosa relación humana. El croquet es un deporte que lo fomenta y favorece, por eso es uno de mis favoritos.

miércoles, 12 de febrero de 2020

LA DUQUESITA

Esta preciosa Pastelería-Bombonería de Madrid abrió en 1914 en la calle Fernando VI, 2. Desde sus inicios siempre ha asociado calidad con tradición y cerró por primera vez en junio de 2015, concluyendo la primera etapa de su historia. Sólo seis meses más tarde, el 30 de diciembre, volvió a abrir de la mano del pastelero Oriol Balaguer, "Mejor Chef Pastelero de la Academia Internacional de Pastelería 2018", con veinte años de experiencia.

Conserva su antigua decoración y nos traslada - a través de un viaje sensorial - a las pastelerías de comienzos del siglo pasado. Fachada de madera en tonos azules, dorados y negros, con dos grandes expositores a ambos lados de la puerta; mesas altas para tomar un café o infusión, expositores de madera y cristal nos permiten observar las verdaderas obras de arte de La Duquesita. Sus grandes espejos, por todo el local, le dan el aire vintage que esperábamos tras su fachada.

El concepto "Bombones y Caramelos" evoluciona para recoger en la tienda el nuevo de "Pastelería-Bombonería". Con un diseño proyectado por el Estudio Madrid in Love, pretende profundizar en su espíritu tradicional y centenario. Mantiene mostradores, vitrinas y espejos originales que fueron rehabilitados antes de su apertura así como su gran lámpara central. Incorpora nuevos elementos de perfil clásico como un suelo blanco con motivos geométricos negros, una barra y ligeros elementos de latón pulido (en línea con los existentes).

Da un nuevo paso, pero se mantiene fiel a su historia. Sigue presidida por la emblemática figurita de alabastro, que da nombre a un concepto, una tienda y una buena marca. En su libro de cuentas se puede ver una merienda que encargó la reina María Cristina y, si nos fijamos bien en La Duquesita, podemos darnos cuenta de que está primorosamente pegada y cuidada después de que un miliciano le mutilara parte de la naríz y del cuello, señal inequívoca de que la auténtica "calidad" es imperecedera.

miércoles, 5 de febrero de 2020

LA CALLE DE SOFONISBA

Esta convocatoria del arte postal para sensibilizar acerca de la importancia de conceder a una calle el nombre de la pintora Sofonisba Anguissola me parece una magnífica idea para la sociedad civil con sensibilidad artística y humanista. En San Lorenzo de El Escorial, lugar emblemático en el mundo entero, se puede pasar del siglo XXI al XVI o al XVIII sin la menor dificultad de espacio o tiempo, por eso el tener presente a una mujer que convivió con la reina Isabel de Valois, no sólo como dama de corte sino como su instructora en el arte de la pintura, y más tarde con las infantas Isabel Clara Eugenia y Catalina Micaela (hijas de Felipe II), me parece un privilegio.
Dos grandes artistas y amigos ya han empezado a colaborar con el proyecto:

Dolores Franco

 Borja Echevarría

Tanto a Dora Román (creadora de la iniciativa) como a todos los que colaboren con ella, les doy la más cordial enhorabuena por la idea. La participación de los artistas inmediata e ilusionada es la que da vida a la convocatoria y tengo la firme convicción de que es una buena forma de formentar el arte en el urbanismo. Convivir con el arte y sus artistas en la vida cotidiana favorece el arte más importante de todos, "el arte de vivir".

domingo, 5 de enero de 2020

CONSTANTINO CAVAFIS

Cavafis (1863-1933) está considerado como uno de los grandes poetas del siglo XX y una pieza fundamental de la literatura griega de todos los tiempos. Tras una juventud dividida entre Egipto, Grecia, Inglaterra y Turquía, Constantino se estableció en Alejandría como funcionario. Su obra, escasa en vida, no logró un reconocimiento hasta décadas después de su muerte, despertando una gran influencia en autores de todo el mundo a partir de los años 60.

Su poesía es moderna, instrospectiva y de un fuerte carácter urbano, con influencia francesa, sobre todo por parte del simbolismo, con una gran carga de la antigua Grecia y de referencias mediterráneas. Es considerado un clásico de la poesía universal y de su obra se han publicado numerosas antologías, a pesar de que él escribía en pequeñas hojas sueltas y en privado. Su especial idiosincrasia (altiva y tímida a la vez) le hacía eludir la expresión emotiva directa y disimular el tono personal y afectivo.

 En su poema "Ítaca" nos recuerda que el viaje es más importante que la meta y nos habla de la importancia de disfrutar del camino, cualquier camino, y no sólo añorar el objetivo: una metáfora que puede extenderse a muchos procesos de nuestra vida. Todos queremos volver a casa, a Ítaca, avistar desde el mar la isla en la que crecimos, volver a ver a la mujer que amamos... La legendaria isla griega (hogar de Penélope, Odiseo y Telémaco) es la metáfora perfecta del propósito de la vida, de eso que nunca dejaremos de perseguir.

Dirigido a Odiseo, en su regreso a casa, nos recuerda el camino del héroe que simbólicamente transitamos en nuestra vida, pero en un lenguaje precioso y universal nos regala un consejo: "Ítaca no tiene ya nada que darte, por eso es mejor llegar ahí viejo, habiendo vivido aventuras y experiencias..."

Releer este poema es una buena forma de estrenar este Año Nuevo, el 2020, recordando que cada uno tiene sus metas, proyectos, sueños e ilusiones y que por dura que sea la travesía en pos de ellos debemos continuar, pues nos esperan regalos insospechados... Y eso es lo que deseo, de corazón, a mis lectores.

ÍTACA

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás
si no los yergue tu alma ante tí.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues - ¡con qué placer y alegría! -
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Más no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.

Poema de Constantino Cavafis

lunes, 30 de diciembre de 2019

ALFONSO XII EN COMILLAS

A comienzos del mes de julio de 1881 empezaba una nueva etapa veraniega que traería agradables experiencias y viajes para la familia real. Los médicos de cámara se preocupaban por la salud del rey y le aconsejaron una localidad costera por lo beneficioso del mar. Se buscó un lugar tranquilo y un ambiente discreto y privado y se eligió Comillas, donde el gran magnate naviero Antonio López y López había ofrecido su finca y varias residencias para albergar al monarca y a su corte, con todo lujo y comodidad.

En sólo dos meses redecoró su casa y reformó toda la villa en todos sus detalles urbanísticos y ornamentales; más de trescientos artesanos (de Santander y Barcelona) dirigidos por un grupo de arquitectos catalanes trabajaron a destajo. El caserón indiano de don Antonio se amplió, renovó y mejoró con los más novedosos lujos. En la villa, se remozaron sus calles y edificios y se dispuso de un generador eléctrico a vapor que proporcionaba luz eléctrica a la casa y a las calles de Comillas (primer pueblo que contó con la revolucionaria iluminación de la vía pública).

 En agradecimiento a los grandes servicios prestados a la corona española, el rey concedió a don Antonio el título de marqués de Comillas en 1878. Un hombre entrañable e inteligente que se desvivió por hacer disfrutar a la familia real durante su estancia en el pueblo que le vio nacer. Los reyes (don Alfonso y María Cristina de Habsburgo) llegaron - junto a las infantas Paz y Eulalia - el 6 de agosto de 1881, saliendo el pueblo entero a recibirles. Los monarcas realizaron un viaje oficial por las provincias del Norte durante veinte días y, por último, llegó la infanta Isabel (La Chata). Se dispusieron excursiones por tierra y mar, jugaron a los bolos... un día se trasladaron hasta Santander en barco para asistir a una corrida de toros. A diario se ofrecían conciertos de música por una orquesta de Madrid y con frecuencia los fuegos artificiales se veían desde el jardín de la residencia del marqués.

Pero el mayor acontecimiento fue el día 28, cuando llegaron a la bahía seis enormes buques de la compañía naviera del marqués; los barcos fondearon y las sirenas sonaron en homenaje al rey, que visitó varios de ellos. Sobre una colina de la villa se construyo un kiosco de hierro para que la familia contemplara la espectacular parada naval. A mediados de septiembre la estancia llegaba a su fin y llegaron a Madrid el día 20 a tiempo para la solemne apertura de las Cortes.

Sin embargo, el anhelado veranero de la casa real en Comillas se vio truncado por una serie de acontecimientos. En 1882, sólo pudieron acudir el rey, las infantas y la reina madre, Isabel II, que había venido a España, ya que la reina estaba embarazada de cinco meses. En 1883 doña María Cristina y las infantitas fueron a Viena. En 1884, el rey empeoró de su enfermedad pulmonar y pasó el verano entre un balneario navarro y Gijón y, por último, en 1885, ya muy enfermo, se quedaron en la Granja, pasando el otoño en el Pardo, lugar en el que falleció, el 25 de noviembre de 1885 (cuatro días antes de cumplir 28 años)...

Comillas, sintió enormemente la muerte del rey, quien no pudo llegar a estrenar el Palacio de Sobrellano, el lugar que el marqués le había construído para sus estancias veraniegas. La aristocracia y alta burguesía siguieron fieles a la hermosa villa cantábrica convirtiéndola en uno de los lugares de veranero más emblemáticos por su calidad y distinción.




jueves, 26 de diciembre de 2019

EL CAPRICHO

Una vez terminada Villa Quijano, el resultado fue tan fantástico que le pusieron el nombre de "El Capricho", pieza musical de forma libre y de carácter vivo y animado que se reflejaba en el colorido y viveza de su imagen exterior. La fusión perfecta entre la naturaleza, la arquitectura y la música había dado como resultado una auténtica joya del Modernismo europeo, era como "una gran caja de música cuya fachada, con ritmo ondulante y elegante, tenía forma de pentagrama".

Fue la primera obra de Gaudí y duró dos años (1883-1885). Inspirándose en el arte de India, Persia o Japón, así como en el islámico-hispánico (mudéjar y nazarí), utilizó el azulejo cerámico, los arcos mitrales, cartelas de ladrillo visto y remates en forma de templete o cúpula; un diseño inteligente y onírico con humanizados espacios interiores habitables y desarrollando las estancias para un aprovechamiento óptimo de las horas del sol, tal como lo hacen los girasoles, siendo la casa también un "gran girasol".


De planta alargada y rectangular (en forma de U) constaba de sótano, planta baja y desván,  En el desván, colocó agradables miradores exteriores bajo la cubierta. En la entrada, rompía la forma rectangular colocando una enorme torre, minarete o alminar (persa), que fue el precedente de una solución arquitectónica que aparecería más adelante en otras de sus construcciones. En el remate de la torre circular, revestida con una cerámica vidriada decorada, que acentuaba la verticalidad, se ubicó un mirador cubierto por una cúpula geometrizada sostenida por cuatro finas columnas de fundición y desde el cual se podía contemplar el mar...

En el exterior, ladrillo visto intercalando piezas de tonalidad amarilla y rojiza con cenefas de cerámica vidriada en relieve que imitaban hojas de un verde intenso y delicadas flores de "girasol"; piezas hechas a mano recorrían simétricamente en líneas horizontales todo el perímetro de la casa y enmarcaban el contorno de las ventanas, las chimeneas y la cornisa del tejado. En toda la fachada sur se instaló el invernadero, con paredes de vidrio, y con un sistema de aire que distrubuía el calor por todo el edificio. Allí se cultivarían plantas exóticas traídas de ultramar. En poniente, el salón de juego o música.

El Capricho estaba lleno de detalles y sorpresas que estimulaban su uso y disfrute: los barrotes de los balcones reproducían claves de sol, los artesonados con un modelo diferente en cada habitación, las vidrieras con motivos vegetales o de música, las manillas de las puertas que se adaptaban al tacto de las manos, los banco-balcón, los contrapesos de las ventanas de guillotina eran tubos metálicos que al subir o bajar eran percutidos por un vástago y emitían agradables sonidos musicales.

Fue una verdadera pena que su propietario, don Máximo Díaz de Quijano muriera al poco tiempo de estar terminada la casa, pues falleció en junio de 1885. Su hermana Benita lo heredó y en 1904 su hijo murió soltero y terminó en la familia Güell. La casa cayó en abandono después de la Guerra; en 1969 fue declarada BIC (bien de interés cultural) y en 1975 hubo un intento de trasladarla a Reus; en 1977 lo adquirió un empresario para convertirlo en restaurante; en 1992 lo compró una compañía japonesa y en 2010 se convirtió en museo.

Siempre es una delicia volver a ese mágico lugar en el que te sientes transportada a un cuento de hadas gracias a la extraordinaria adaptación del arquitecto a las características del dueño.