lunes, 22 de abril de 2024

ARQUITECTOS DE LA R.E.

 

El conjunto de edificios que iban a formar parte de la Residencia de Estudiantes se empezó a construir en 1913 con proyecto de Antonio Flórez Urdapilleta (1877-1941), muy relacionado con la ILE y la JAE y conocido como el arquitecto de colegios. Flórez había abierto un nuevo modo de trabajo en España y pretendía que los edificios de la R.E. llegaran a ser un ejemplo paradigmático y que sus pabellones rodeados de jardines, con la presencia del agua en la línea del Canalillo de Isabel II, lo convirtieran en la imagen física de todo un programa cultural.

Frente al pastiche folklorista, que hacía de la acumulación de detalles de diferentes estilos históricos su razón de ser, el arquitecto aportaba un regionalismo racionalista, el prólogo de una arquitectura más atenta a la función que a la forma y al confort que al lujo. El edificio era concebido de dentro afuera y su fachada era el resultado, no un elemento extraño superpuesto a la construcción; la casa era para el habitante y de acuerdo con lo que en ella iba a realizarse.

Los pabellones Gemelos (1913-1914) fueron los primeros que construyó Flórez: siguiendo una composición lineal en la dirección este-oeste, con todas las habitaciones orientadas a mediodía sin baños individuales, con galería de acceso a norte y terrazas solárium como cubiertas. Temas higienistas de orientación, ventilación e iluminación primaban en unos edificios cuya separación estaba determinada por las condiciones de soleamiento (tanto de las habitaciones como del espacio compartido entre ambos).

El tercer pabellón, conocido como el Transatlántico por su forma, se terminó en 1915 con ordenación norte-sur a partir de una composición simétrica por elementos: pérgolas, torreones y módulos de laboratorio. Sus rasgos regionalistas, menos depurados debido a los torreones y la amplia solana de madera a poniente, le convirtieron en el más emblemático.

Ese mismo año, Francisco-Javier de Luque se convertía en el continuador de la obra de Flórez y construyó el pabellón central, La Casa (despacho del director, comedor, administración, salón de actos y habitaciones en las plantas superiores), la biblioteca primitiva, el pabelloncito de portería y la casa del director en la entrada desde la calle del Pinar.

Todos los materiales estaban ligados a los dos paisajes madrileños presentes en el Cerro del Viento: ladrillo visto recocho (cocido dos veces) propio de tierra arcillosa y, en referencia a la Sierra de Guadarrama, madera pintada en un severo tono verde y pinceladas de granito que salpicaban los jardines (fuente del Jardín de las Adelfas y banco herreriano del duque de Alba) trazados por el paisajista Javier de Winthuysen.

A partir de 1927 Carlos Arniches Moltó, como arquitecto de la JAE, se dedicó a la conservación, ampliación y reforma de los pabellones así como al proyecto y dirección de las instalaciones deportivas más punteras y entre 1931 y 1933, junto a su socio el arquitecto y antiguo residente Martín Domínguez, levantaron el Auditórium con salón de actos, sala de conferencias, biblioteca, salas de lectura y aulas especiales, ordenando el conjunto en torno a un patio-claustro con una fuente en el centro; construcción muy sencilla basada en el razonabilismo, de superficies y volúmenes limpios y edificada en ladrillo visto. 

Todos los arquitectos de la R.E. generaron el entusiasmo suficiente para crear ambientes de convivencia y trabajo donde cada uno pudiera aportar lo mejor de sí mismo. Aquel singular oasis, donde las experiencias pedagógicas y arquitectónicas consiguieron conjugarse en un espléndido foco de actividad cultural, formó es sustrato de realidades entre las que vivimos sin apenas percibirlas. 



lunes, 25 de marzo de 2024

WELLINGTON PLACE

Cuando el matrimonio formado por Alberto Jiménez Fraud y Natalia Cossío llegó a Oxford (1938) se estableció en 2, Wellington Place, una de las cuatro casitas victorianas situadas en un pequeño rincón verde y silencioso en la acera opuesta a St. John´s College. Pronto crearon un hogar español, nacido al calor de la libertad, amparador de todas las almas y cuya animada vida cotidiana sería evocada por cuantos le visitaron, pues se sentían envueltos en una atmósfera diáfana, en lo referente a las personas y a las cosas, no carente de una gran calidez meridional.

Desde 1910 AJFraud se hizo cargo de la dirección de la Residencia de Estudiantes (primero en la calle Fortuny y luego en la Colina de los Chopos) hasta 1936, que por causa de la Guerra  Civil tuvo que exiliarse. En 1917 contrajo matrimonio con Natalia, hija de su maestro Manuel B. Cossío, formando un magnífico equipo y persiguiendo el mismo ideal institucionista. Primero en París, luego en Cambridge y por último en Oxford, sus primeros años de destierro transcurrieron en el mismo ambiente de perplejidad, angustia y sufrimiento en que vivían sus amigos, pues cada uno de ellos había visto su más íntima existencia sacudida por unas convulsiones volcánicas que hicieron temblar la tierra española.

Fue John B.Trend, el ángel benéfico de la Residencia, su más generoso anfitrión durante el exilio y cómplice hasta el final. Primer catedrático de Estudios Hispánicos en la Universidad de Cambridge, fue uno de los lúcidos y desconocidos exponentes del espíritu de entreguerras. Invitado a tomar el té en la Residencia en 1919, lo encontró muy college in Madrid y, a partir de entonces, sería uno de sus magníficos colaboradores asesorando sobre la elección de conferenciantes internacionales y haciendo de mediador con el Reino Unido. Él fue el autor de algunas de las mejores páginas que se hayan escrito sobre la JAE y la RE en su libro, A picture of modern Spain (1921) y en su posterior versión, The origins of modern Spain (1934).  

Don Alberto no había intervenido nunca en política, gracias a lo cual pudo sacar la obra de la Residencia adelante en tiempos tranquilos y momentos agitados, teniendo siempre a su lado lo mejor de España en todos los grupos sociales. De las amistades, hechas por él para su obra, estuvo siempre - en cualquier circunstancia - cercano, aunque dos de sus más íntimos amigos (Silvela y Beceña) habían sido asesinados en la terrible guerra. Cuando estalló el conflicto, la inconsciencia y la inconsistencia estaban al orden del día en uno y otro lado, debido a lo cual el grupo humanista y antidogmático de los institucionistas era incómodo para ambos.

Desde Wellington Place el matrimonio mantuvo la unión del grupo en la distancia a través de las cartas y de los numerosos visitantes que por allí pasaron. La casita inglesa era como una madre-abeja que no podía vivir sin la presión del enjambre; el espíritu de la "Resi" se mantenía vivo, activo y firme y sus mujeres, con temple, abnegación y entrega fueron decisivas para los suyos y para aquellos que se dedicaron a preservar el legado institucionista.

La vida de AJF giró en torno a su obra tal y como le había recomendado su maestro Giner de los Ríos, cuya hermosa tumba en el cementerio de Madrid compartió en abril de 1964. Sin prisa pero sin pausa, los proyectos llegaron a fructificar porque, habiendo germinado en suelo estable, fueron capaces de resistir en las condiciones más adversas. El tejido de redes humanas con pulcros mediadores, que anudaban relaciones, construían puentes nuevos o restablecían los rotos, logró que el racionalismo armónico de su director, pleno de calidad y pragmatismo, fuera el faro que alumbrara a todos y que, pasados los años, la RE renaciera de nuevo. 


domingo, 17 de marzo de 2024

EL OLIVAR DE CASTILLEJO

 

José Castillejo Duarte (1877-1945) tenía la doble vertiente de intelectual y hombre de campo. En 1922 se casó con la joven inglesa Irene Claremont (dieciocho años menor que él), licenciada en Historia y Economía por la Universidad de Cambridge. Instalaron su hogar en un olivar situado entre Madrid y el pueblecito Chamartín de la Rosa y ella no tardó en apreciar la luz de Castilla, aunque le costó adaptarse a su sequedad y a los fuertes contrastes del carácter español. Al final de sus días escribió un libro, I married a stranger, para que sus nietos, nacidos y educados en Inglaterra, supieran quién había sido su abuelo. Años más tarde, en 1995, su hija Jacinta lo tradujo al español con el título Respaldada por el viento.

Alto, delgado, con quevedos y sombrero blando, Castillejo rebosaba encanto y sentido del humor; sus bellas manos y su expresividad emanaban comprensión, pero él iba a lo esencial y buscaba la eficiencia y la perfección, exigía mucho. Practicaba football, tenis, esquí, iba a clase en bici y era un gran viajero y excursionista. 

Irene, en su libro, rememoraba la vida idílica del olivar con sus cuatro hijos (Jacinta, Leonardo, David y Sorrel) a quienes criaba junto a un desconocido que fue descubriendo a través del tiempo. Catedrático de derecho romano y secretario de la JAE (Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas), en 1917 compró y parceló el olivar para - junto a algunos intelectuales y científicos - formar una pequeña colonia en la que poder trabajar lejos del ruido de la ciudad y disfrutando del contacto directo con la naturaleza. 

Cuando, en 1900, entró en contacto con Francisco Giner de los Ríos y asistió a clases de arte de Manuel B. Cossío, su mundo intelectual se transformó de forma radical, pues le infundieron una profunda fe humanista en el poder regenerador de la educación. Aprendió idiomas y viajó a Alemania e Inglaterra para estudiar, visitar, informarse y analizar todo aquello que los países europeos habían puesto ya en marcha en el plano educativo. En 1905 el Ministerio de Instrucción Pública le encargó llevar el negociado de las pensiones y en 1906 le nombró agregado al servicio de información técnica y relaciones en el extranjero. Ese fue el origen de la creación de la JAE: el mayor intento en España de modernizar la ciencia y la educación españolas; se envió al extranjero al profesorado y a la juventud de los centros docentes para formarse y actualizar sus conocimientos; se crearon nuevos tipos de instituciones educativas y las bases de la moderna investigación española.

Y fue Castillejo quien inició todo ello con sorprendente inspiración, envidiable destreza e incansable perseverancia, y, sobre todo sintiendo un gran respeto por la experiencia, tanto personal como colectiva. Como decía su mujer: convivían con él, cara a cara, como en tantos españoles, el idealista Don Quijote y el práctico, sagaz, Sancho Panza. Como Sancho, era muy refranero: "mira a dónde vas, pero no te olvides de dónde vienes".

Tesón, capacidad organizativa, dotes para la persuasión, fe en el progreso de la humanidad y tolerancia, junto al rechazo de protagonismos y honores, eran sus rasgos más distintivos. Esa fue la motivación para que sus hijos crearan en 1985 la Fundación El Olivar de Castillejo, preservando los cien olivos centenarios y convencidos de que las raíces echadas por las grandes reformas fueron tan profundas y fecundas que no se tardaría en recoger nuevos frutos de la extensa labor realizada por su padre.
 

 
 


 

martes, 5 de marzo de 2024

LA COLINA DE LOS CHOPOS

 

Cuando el poeta Juan-Ramón Jiménez llegó a la Residencia de Estudiantes, invitado como huésped de honor por su director Alberto Jiménez Fraud, el hotelito incial de la calle Fortuny resultaba insuficiente, se estaba ampliando con otros adyacentes y la construcción de un nuevo pabellón. Fue una acertada creación de la JAE (Junta de Ampliación de Estudios) para completar la enseñanza universitaria oficial con visitas frecuentes de profesores, hombres de letras y de ciencias, artistas... 

Juan-Ramón se instaló en una soleada habitación en septiembre de 1913, tres años después de la fundación de la Residencia. En ella encontró un hogar idóneo para trabajar y poder enriquecer a los estudiantes con sus facultades artísiticas y humanitarias, en contacto directo con ellos, sirviéndoles de ejemplo y estímulo; cumplía a la perfección con el "fellow" de la educación inglesa, cuyo cometido era orientar y hacer el seguimiento del avance de los estudios y de todos los aspectos de la vida del estudiante.

 Muy cerca de la ILE y de la secretaría de la JAE, el flujo de visitantes a la Residencia de altísimo nivel intelectual era constante. La biblioteca (a cuyo cargo estaba Juan-Ramón), las clases de idiomas, la pista de tenis, las visitas culturales por Madrid y las excursiones fuera de la ciudad, formaban parte fundamental de la formación de los residentes.

José Ortega y Gasset, gran amigo suyo, le consideraba el maestro de la nueva lírica y pensaba que con su poesía podría formar moral y espiritualmente a los jóvenes, educando su sensibilidad e incitándoles a aspirar a la verdad, la belleza, la bondad y la perfección que el alma anhela. Se trataba de lograr - entre todos - un prometedor y selecto grupo, de espíritu elevado y fina sensibilidad, capaz de llevar a cabo la misión regeneradora que España necesitaba. Según Ortega: cada uno llevaría en su interior una hilandera ideal, la cual sería productora de hilos sutilísimos que traspasarían otras almas hermanas y luego otras y luego otras...

En octubre de 1915 se trasladaron a unos edificios más adecuados en la zona norte de Madrid, al final de la calle del Pinar, en un montículo llamado El Cerro del Viento. Primero se construyeron los Pabellones Gemelos y en el izquierdo se hallaba la nueva habitación de Juan-Ramón, desde donde podía contemplar la Sierra de Guadarrama. Entre dichos pabellones, cuyos ladrillos rojizos se iban cubriendo de yedra, él mismo diseñó el Patio de las Adelfas con cuatro anchos marcos de bojes traidos de El Escorial y en el centro dos grandes adelfas rojas y una blanca.

Además de seguir a cargo de la biblioteca, dirigió el servicio de publicaciones con una gran belleza tipográfica en todas ellas. Proyectó escribir un libro, titulado La Colina de los Chopos, en el que incluiría prosas de su vida en la Residencia y retratos de los más asiduos a la misma. 

Recordaba el día en que trajeron tres mil chopos para ser sembrados por los estudiantes y escribió: "Qué gozo da esta gran promesa de verdor, de oro, de esbeltez, de luz, de pájaros, en esta colina yerma ayer, pedazo de planeta que en este momento nos corresponde y donde estamos poniendo, al ponerlos, para cada primavera, cada verano, cada invierno y cada otoño, con el recuerdo de cada primavera y cada verano, cada invierno y cada otoño, nuestro verdor, nuestro ardor, nuestra pureza y nuestra llamarada"

En julio de 1916 partía para EEUU con el fin de casarse con Zenobia Camprubí y al regresar el matrimonio se instaló temporalmente en la habitación de La Colina de los Chopos, nombre que había reemplazado al de El Cerro del Viento. Y allí, en aquella colina, dejó para siempre su huella de ser humano cultivado, pulcro y exquisito



 

 


domingo, 25 de febrero de 2024

MEDITACIONES DEL QUIJOTE

En julio de 1914 salía de imprenta el primer libro de José Ortega y Gasset, Meditaciones del Quijote, en las publicaciones de la Residencia de Estudiantes, al cuidado entonces de Juan-Ramón Jiménez, bajo la supervisión del director de la casa Alberto Jiménez Fraud, con quienes Ortega compartía el proyecto modernizador institucionista. En el texto se encuentran algunas líneas maestras de su pensamiento, intuiciones primarias y formulaciones definitivas que hallaron en sus páginas un tratamiento inicial y radical para su obra futura.

Cuando tenía treinta y un años, época de la actuación histórica del hombre (según sus propias palabras), el joven e ilusionado Ortega se lanzó al proyecto más ambicioso de su vida: abrir una vía española, hacia la deseada cumbre de la filosofía de su tiempo, aportando otro modo de ver y pensar el mundo, otra razón que no fuera la pura germana ni la impura mediterránea, sino un nuevo pensamiento que tendiese un puente entre ambas orillas, la del Norte y la del Sur, hermanándolas bajo una nueva matriz filosófica de nuevo cuño.

Para preparar el libro, el año anterior a su publicación (1913) se retiró a El Escorial, donde escribiría una serie de ensayos en los que se pudiera percibir suavemente una doctrina de amor. En dichos ensayos de amor intelectual - a los que un humanista del siglo XVII habría llamado salvaciones - el autor buscaba lo siguiente: dado un hecho (un libro, un hombre, un cuadro, un paisaje, un error, un dolor...), llevarlo por el camino más corto a la plenitud de su significado. Colocar las materias de todo orden, que la vida en su resaca perenne arroja a nuestros pies como restos inhábiles de un naufragio, en tal posición que el sol pueda dar en ellos innumerables reverberaciones.

Dentro de cada cosa existe la indicación de una posible plenitud y un alma abierta y noble sentirá la ambición de perfeccionarla, de salvarla, para que logre esa plenitud; a través de un acto de amor, la pondrá en relación inmediata con las corrientes del espíritu, y entretejiendo ambas, quedará transformada, ¡salvada! 

Para Ortega, el odio es un afecto que aniquila los valores, ya que impide la fusión de la cosa con nuestro espíritu, convirtiendo el mundo en algo rígido, seco, sórdido, desierto; por el contrario el amor nos liga a las cosas. Cuando amamos algo lo consideramos parte de nosotros mismos, no podemos vivir sin ello y, entrando en lo más profundo de lo amado, se nos revela en todo su esplendor. A su vez, ello parte de otra cosa a la que también se halla ligado, por lo cual el amor va tejiendo cosa a cosa y todo a nosotros. Como decía Platón: "El amor es un divino arquitecto que bajó al mundo a fin de que todo en él viviera en conexión". La inconexión es aniquilamiento. El odio, que fabrica inconexión, que aisla y desliga, atomiza el orbe y pulveriza la individualidad. Debemos aspirar a que el amor vuelva a administrar el universo. 

Pero la mayor pretensión del entusiasmado filósofo, en su primer libro, era transmitir al lector que el afán de comprensión es también una actividad amorosa y que multiplicando los haces de nuestro espíritu nuestra inteligencia y sensibilidad se irán desarrollando de tal manera que, no sólo nos beneficiarán a nosotros, sino a todo lo circundante.

El hombre rinde al máximum de su capacidad cuando adquiere la plena consciencia de su circunstancia, ya que por ella se comunica con el universo. ¡La circunstancia! ¡Circum-stantia! Lo que nos rodea, silencioso y humilde, con su peculiar fisionomía, anhela su perfección, es decir que lo salvemos. Sólo así podremos salvarnos nosotros también...

De todo ello nacía la frase más emblemática de la obra de José Ortega y Gasset: "yo soy yo y mi circunstancia y, si no la salvo a ella, no me salvo yo".

 

 

 

jueves, 15 de febrero de 2024

AMISTAD

La palabra amistad tiene la misma raíz que el verbo latino amare (amar) e intenta definir la relación que existe entre dos personas, del mismo sexo o diferente, en la cual ambas vidas confluyen para influirse y enriquecerse ayudándose mutuamente a seguir la vocación de cada uno con mayor autenticidad. Fundamentada en el amor y basada en la entrega y la generosidad, protege la intimidad de los amigos y potencia al máximo sus posibilidades para que lleguen a ser quienes están destinados a ser. De todo ello surge la fidelidad, la lealtad y el anhelo de permanencia.

Para tener un amigo es necesario salir de uno mismo para poder encontrarse con el otro, algo que suele ocurrir fuera de los vínculos familiares. La amistad es elegida, sin embargo hay circunstancias que la favorecen e impulsan; su origen más frecuente es el grupo, aunque la verdadera amistad no se limita a él, pues es individual y necesita intimidad para que la buena comunicación se vaya desarrollando. 

Aunque estas amistades suelen ser duraderas, los amigos siempre han de sentirse protagonistas de proyectos inacabados, ya que una auténtica amistad no es una entrega, es estar entregándose, y así van viviendo de tal forma que sus vidas fluyen de un modo convergente.

Cuando nace, los amigos buscan puntos y actividades en común y en esas experiencias compartidas van descubriendo trayectorias comunes que, si se prolongan a lo largo del tiempo, van formando nudos de relación personal; cuando estos nudos se van acumulando, se remansan en una especie de fondo común que se constituye como el tesoro de su amistad, al cual pueden recurrir siempre en forma de recuerdo (volver a hacer presente una experiencia del corazón).

La amistad madura, serena, continuada, delicadamente cincelada, no puede darse más que entre personas que la basan en la discreción, en un amoroso respeto admirativo y en el buen gusto (tacto y delicadeza). Dice el filósofo Julián Marías: "siempre he creído que nuestros mejores amigos son nuestras amigas - y viceversa -; que si alguien es capaz de comprender desde cerca otra vida humana y darle efectiva compañía, es una persona del otro sexo".

¿Por qué ocurre esto? Porque en este tipo de amistad se da la otra forma de ser persona y esto es lo que más fascina. En ella, entra en juego la persona sexuada (que no sexual), lo que permite experimentar con mayor autenticidad que ambos son personas pero de dos formas distintas y complementarias. Aparecen nuevas formas de hacer las cosas, de situarse frente a la realidad, de valorar y estimar, de organizar la información...; el hombre se hace más delicado y la mujer más segura, el afecto no es posesivo y se abren nuevos horizontes personales para ambos.

En una relación individual y desinteresada, como es la amistad, el amigo jamás es tratado como cosa, como algo de lo que se espera una utilidad, servicio, placer..., sino como alguien con quien se entrelaza la trayectoria vital, con quien se proyecta, con quien se comparte el mismo argumento de vida, lo que convierte a la ilusión en uno de sus ingredientes fundamentales.

"La amistad ha tenido enorme papel en mi vida. Y mis amigos han solido ser duraderos. Amistad entre dos sexos y sobre todo con mujeres, más próxima y verdadera que la que se puede mantener con la mayoría de los hombres. A todas las edades, mis mejores amistades se han encontrado entre las mujeres" (Julián Marías)




 

domingo, 11 de febrero de 2024

LA IMAGINACIÓN

 

Esta niña, mirando a través de la ventana el exterior de su ámbito doméstico, representa muy bien que la vida humana es proyectiva, imaginada, argumental; que no está hecha, sino que hay que hacerla y hacia adelante, pues su temporalidad le marca esa dirección y ese avance. La vida no es sólo presente, es futuriza: ni es un hecho ni se reduce a hechos. Vivir es previvir. Vivir es imaginar. Tenemos que inventar nuestra vida haciendo así al pasado y al presente protagonistas de nuestra imaginación y a la libertad el espacio en el que se realiza nuestro proyecto.

El instante es el escenario en el que se desarrolla la imaginación, "insta y pasa", pues el entorno es temporal, no es un punto concreto. En cada hacer de la persona funcionan el pasado y el futuro como un por qué y para qué, así los instantes imaginativos actúan como eslabones entrelazados configurando la cadena que es la vida.

El conjunto de hilos que se entretejen en la trama de la vida vienen de lejos y se prolongan en el futuro dando continuidad a la historia. La imaginación no es el final del trayecto, sino que nos transporta a otro mundo, nos descubre un nuevo horizonte con entidad propia que no se contrapone a la realidad: el horizonte de la ficción (literatura, arte, cine, teatro...). Porque cuando la imaginación actúa, se desdobla en dos: una que obra sobre la realidad y otra sobre la ficción, se desborda de lo real y va más allá de lo que es, pues la vida puede ir más allá de sí misma.

Realidad e irrealidad se imbrican como expresión constante del proyecto personal. La imaginación enriquece la realidad y libera al pensamiento de la aparente inflexibilidad de lo real; construye el mundo por su poder positivo de producción de formas, algo que necesita ir más allá de un pensamiento pasivo.

Imbricar el mundo real con la imaginación hace que todo lo que la persona encuentre sea real, pues hay diversos modos de realidad que se entrelazan y mezclan compleja y misteriosamente, siendo la persona protagonista de una labor inquietante, ya que para tratar con la realidad no queda más remedio que imaginarla...

El ser humano, no sólo es capaz de imaginar lo que no existe sino que además necesita hacerlo. Gracias a la imaginación puede buscar, encontrar y relacionarse con la verdad. Necesita proyectar imaginariamente su futuro para dar sentido a su vida, acertar en sus decisiones y prever las consecuencias de sus actos. 

Conocer la realidad, proyectar el futuro, inventar poéticamente realidades inexistentes... son actividades propias del teórico, el ético y el artista y, tanto en el ámbito académico como en el profesional, estas tres capacidades deben trabajar juntas, pues se potencian mutuamente. Si la imaginación juega un papel decisivo en estos tres ámbitos... ¿no se tratará de una facultad imprescindible para superar la fragmentación de saberes que existe en la actualidad?

Todo el mundo imagina, desea, sueña... Cuando esta facultad se desencadena, toda una serie de imágenes se entrelazan una a la otra por asociación. La imaginación es una especie de pantalla situada al límite de los dos mundos (visible e invisible) donde pueden venir a reflejarse objetos y entidades que escapan habitualmente a la conciencia. Si trabajamos nuestra imaginación y la sabemos orientar bien, ésta recibirá y registrará muchas de las cosas que después seremos capaces de expresar. Lo imaginado no era una invención nuestra, sino que hemos podido captar realidades que todavía no estaban en el plano físico.