Conocí al doctor Fuster el 3 de julio del 2008 en los Cursos de Verano de El Escorial. En su conferencia habló del gran reto que tiene planteado el siglo XXI: investigar para promocionar la salud. Su amigo, el ya fallecido José-Luis San Pedro, estaba entre el público y escuchaba todo lo que decía con gran atención.
Yo no sabía que, a raíz de haber tenido una relación médico-paciente, se habían hecho muy amigos. A medida que les fuí conociendo, no me extrañó lo más mínimo, pues ambos eran sabios, buenos y amantes de sus respectivas profesiones. Dos humanistas que buscaban soluciones para los males que aquejan a la sociedad.
El doctor Fuster había salvado la vida a Jose-Luis por un tema de corazón y le aportó su propia visión sobre la salud, que no es más que un estado de equilibrio corporal y emocional. Jose-Luis (sociólogo) le sorprendió con el término "infarto social", pues - como el individuo - la sociedad está en grave riesgo de infarto. Ambos estaban de acuerdo en que la solución posible es buscar estados de equilibrio y en que, para alcanzar el bienestar, el ser humano tiene que conocerse a sí mismo e invertir en su propio talento, ser responsable y hacer una aportación social.
Ante el deterioro de valores que se detecta en la actualidad, los dos concluían en que sólo el espíritu, algo que nos transciende, podría dar soluciones reales.
Los asuntos de la muerte sacuden los cimientos y crean vínculos muy especiales. La relación con nuestro médico y la forma de abordar la enfermedad por ambas partes es muy importante a la hora de los buenos resultados. Jose-Luis contaba que durante su tratamiento con Fuster escribió una nota que decía: "Hay que vivir el sendero con dignidad... En el umbral de los 80 ya va siendo hora de empezar de nuevo".
Hay muchas personas enfermas del corazón y me ha parecido oportuno recordar lo que yo aprendí aquél verano y lo útil que me ha resultado en mi vida práctica. Como todo lo importante son mensajes muy sencillos y fáciles de comprender, lo difícil es atraverse a a cuidarse uno mismo sin delegar...
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viernes, 15 de junio de 2018
DOS AMIGOS
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jueves, 17 de noviembre de 2016
LA CIENCIA Y LA VIDA
En el mes de agosto del 2008, asistí a uno de los Cursos de Verano de El Escorial que se llamaba "Sentido literario y económico de un humanista del siglo XX", en el que pude conocer de cerca al doctor Fuster y a José-Luis Sampredo. A lo largo del mismo contaron cómo, de las conversaciones que mantuvieron ambos durante tres intensos días en el Parador de Cardona (en presencia de Olga Lucas, que es quien lo escribió), surgió un libro: "La ciencia y la vida".
El doctor Fuster (cardiólogo) salvó la vida a José-Luis en el hospital Monte Sinaí de Nueva York, de lo que surgió una profunda amistad.
Tanto uno como otro estaban de acuerdo en que para alcanzar el bienestar (la felicidad), el ser humano debe tener en cuenta tres aspectos fundamentales: conocerse a sí mismo e invertir en su propio talento, ser responsable y hacer una aportación social.
Desubrir sus potencialidades y desarrollarlas es el mejor camino para disfrutar trabajando, hacerlo bien, elevar la autoestima y mantener una postura coherente y consecuente ante la vida.
Se planteaban: ¿cómo podrían ellos contribuir al cambio de una sociedad con valores muy deteriorados?, ¿qué podrían hacer para restaurar los que son imprescindibles para la buena convivencia y para la salud colectiva?
Ambos pensaban que tiene que haber "algo más" y que ese algo más no es otra cosa que "el espíritu".
José-Luis contaba que recordaba a "su médico" (su salvador) como un ángel, alguien que venía a proporcionarle la seguridad necesaria para superar el trance. Empezó a encontrarse tranquilo y a trabajar tomando notas y apuntes; se sentía sereno, en paz. Una de esas notas decía: "hay que vivir el sendero con dignidad... En el umbral de los 80 años ya va siendo hora de empezar de nuevo".
Los asuntos de la vida y de la muerte crean vínculos muy especiales, como lo reflejan estos dos hombres. La relación médico-paciente y la forma de abordar la enfermedad por ambas partes es de vital importancia para obtener buenos resultados.
Según palabras de José-Luis: "Todos vamos en una galera. Si todos los galeotes anónimos unidos nos conjurásemos para remar sólo por una banda, la nave cambiaría el rumbo obligando al timonel a llevar mejor el timón de la nave".
Falleció el 8 de abril de 2013, con 96 años, de forma plácida y tranquila. Antes, quiso ver el mar y asegurarse de que su muerte sería discreta y silenciosa. Su cuerpo físico no está con nosotros, pero sí su energía vital, su alegría y su talante optimista... No nos pudo dejar mejor legado.
El doctor Fuster (cardiólogo) salvó la vida a José-Luis en el hospital Monte Sinaí de Nueva York, de lo que surgió una profunda amistad.
Tanto uno como otro estaban de acuerdo en que para alcanzar el bienestar (la felicidad), el ser humano debe tener en cuenta tres aspectos fundamentales: conocerse a sí mismo e invertir en su propio talento, ser responsable y hacer una aportación social.
Desubrir sus potencialidades y desarrollarlas es el mejor camino para disfrutar trabajando, hacerlo bien, elevar la autoestima y mantener una postura coherente y consecuente ante la vida.
Se planteaban: ¿cómo podrían ellos contribuir al cambio de una sociedad con valores muy deteriorados?, ¿qué podrían hacer para restaurar los que son imprescindibles para la buena convivencia y para la salud colectiva?
Ambos pensaban que tiene que haber "algo más" y que ese algo más no es otra cosa que "el espíritu".
José-Luis contaba que recordaba a "su médico" (su salvador) como un ángel, alguien que venía a proporcionarle la seguridad necesaria para superar el trance. Empezó a encontrarse tranquilo y a trabajar tomando notas y apuntes; se sentía sereno, en paz. Una de esas notas decía: "hay que vivir el sendero con dignidad... En el umbral de los 80 años ya va siendo hora de empezar de nuevo".
Los asuntos de la vida y de la muerte crean vínculos muy especiales, como lo reflejan estos dos hombres. La relación médico-paciente y la forma de abordar la enfermedad por ambas partes es de vital importancia para obtener buenos resultados.
Según palabras de José-Luis: "Todos vamos en una galera. Si todos los galeotes anónimos unidos nos conjurásemos para remar sólo por una banda, la nave cambiaría el rumbo obligando al timonel a llevar mejor el timón de la nave".
Falleció el 8 de abril de 2013, con 96 años, de forma plácida y tranquila. Antes, quiso ver el mar y asegurarse de que su muerte sería discreta y silenciosa. Su cuerpo físico no está con nosotros, pero sí su energía vital, su alegría y su talante optimista... No nos pudo dejar mejor legado.
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