sábado, 28 de mayo de 2022

LIBRERÍA AZORÍN

 

En su libro El amante de las librerías, Claude Roy afirma que los libros o son personas o no son nada y que las librerías son un lugar de descanso de toda la memoria del mundo. El protagonista ama los libros y no quiere que pasen por sus manos de forma temporal, necesita poseerlos, llevarlos a casa, incorporarlos a su vida. También afirma que un lector apasionado por la lectura no encuentra ningún lugar mejor para compartir su pasión que una librería, pues ésta además le ofrece la máxima obsequiosidad en un mínimo recinto. 

Todos estamos un poco saturados de esas imágenes aceleradas y relampagueantes de las pantallas, pues van contra el orden, simplifican demasiado y proporcionan un exceso de datos. Debemos recordar que, para comprender y conocer las cosas, necesitamos interpretar bien los datos, ubicarlos, valorarlos, penetrar en su realidad y superar la apariencia. Ser lector es una forma de estar en la vida y a medida que vamos dominando el lenguaje vamos comprendiendo más y mejor lo que nos rodea habituándonos a reflexionar y discernir.

Una librería también es un punto de encuentro social e intercambio cultural y la cultura es el tesoro más importante de una sociedad sana, ya que sin ella el ser humano no puede vivir ni convivir. Ella es el cultivo (cultus) del espíritu y de las facultades intelectuales del hombre, por eso - igual que un campo sembrado - no se puede abandonar a su suerte, sino que hay que cuidarla. Es un valor que no tiene ni principio ni fin; está en permanente desarrollo, en proceso de enriquecimiento y en una diversificación constante. Es imposible prescindir de ella porque vivimos en ella.

El contacto directo con el librero es insustituíble, pues en muchas ocasiones él es un intermediario entre el libro que nos espera y nosotros mismos. En la librería Azorín (San Lorenzo de El Escorial) se percibe desde el primer momento que allí se considera que las cosas tienen alma y que, como el escritor que le da nombre, su estilo es diferente, novedoso. Hay sosiego, calma, se puede conversar o guardar silencio, pero sabiendo que hay una persona que nos puede ayudar, sugerir o aconsejar acerca de lo que andamos buscando.

Compartir la experiencia del encuentro mágico entre libro y lector es algo que sólo vive en profundidad quien tiene auténtica vocación de librero y Carlos Mosquera (propietario de la librería que estoy comentando) la tiene. Lo virtual jamás podrá sustituir la relación humana auténtica, aquella en la que interviene lo más elevado, lo más sutil, lo más intangible: el alma. 

Desde aquí sugiero a los amantes de los libros darse una vuelta por esta emblemática librería y conocer a su librero, es una experiencia tan interesante como escasa en el mundo que vivimos.

 


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