Durante los primeros años de la Revolución Francesa, nació una corriente a favor de los derechos de la mujer como ciudadana y Condorcet redactó un tratado en el que declaraba que el que votaba contra el derecho de otro - cualquiera que fuera su religión, color o sexo - renunciaba al suyo propio.
Olympia de Gouges reivindicó la participación femenina en la vida política y el sufragio universal y, en el plano civil, logró que sus condiciones de vida fueran un poco mejores.
Muchas de las mujeres del "petit peuple" (pueblo llano) se comprometieron con la política y lucharon contra los Girondinos (medio burgués, libertad económica y propiedad privada), a favor de los Jacobinos (agitadores revolucionarios llamados "sans coulottes" y artesanos).
Estas mujeres fueron las más activas del Movimiento Revolucionario en París y provincias en la tribuna de los Jacobinos en la Convención y se reunían en el seno de los clubs políticos, como el de los ciudadanos republicanos creado en mayor de 1793. Emprendieron, a pie de calle, una permanente agitación popular llamando a la insurrección contra los Girondinos. Se agrupaban, haciendo punto, alrededor de la guillotina cada vez que era utilizada contra los enemigos de la Revolución.
Por eso ha permanecido en la mitología colectiva una imagen exagerada de unas mujeres luchadoras, sedientas de justicia, que estaban en las antípodas del orden natural en el que la mujer debía cumplir su papel de madre y amante esposa sin involucrarse en ninguna actividad política que la hiciera salir de la esfera privada.
Esta visión negativa de la mujer condujo a las autoridades a sofocar la actividad de las sans coulottes femeninas y desde el otoño de 1798 los clubs femeninos de "Ciudadanas Republicanas Revolucionarias" fueron prohibidos, viéndose la mujer de nuevo privada del derecho a la ciudadanía.
Robespierre reprimió duramente a las "tricoteuses" siendo arrestadas y ejecutadas. La Convención prohibió a las mujeres el acceso a las tribunas, fueron perseguidas por la noche y privadas de cualquier forma de asamblea o reunión de más de cinco personas en la calle.
Las "tricoteuses" hacían referencia a un oficio que - en aquellos momentos - debía realizarse en el ámbito privado, en el hogar, y no mostrarse en público, pero cuando asistían a las deliberaciones de la Convención, ellas escuchaban "tricotando". En la primera imagen, el cuadro de Lesueur nos muestra lo que allí ocurría: unas hacían punto y otra, de pie, con las manos en las caderas, nos muestra el grado de compromiso político que la lleva al enfrentamiento con la injusticia.
Como "tejedora" me siento muy orgullosa de estas mujeres que seguían fieles a su oficio sin perder un segundo, pues gracias a él sus familias podían comer. No tricotaban por placer, sino a destajo y como precursoras de la máquina que aparecería en la época industrial. Las damas de la alta sociedad también hacían punto, pero por puro placer y entretenimiento. El resultado es que, unas y otras, mantuvieron y potenciaron una labor ancestral que es consustancial al mantenimiento de la economía en el ámbito privado y colectivo.
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miércoles, 18 de julio de 2018
LES TRICOTEUSES
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jueves, 14 de mayo de 2015
ELISABETH VIGÉE-LEBRUN
Elisabeth Vigée-Lebrun es la mejor pintora francesa del siglo XVIII y éste es uno de los veinte autorretratos que realizó. En un viaje a Amsterdam, que llevó a cabo con su marido en 1781, pudo contemplar con detenimiento un cuadro de Rubens ("Sombrero de paja") que captó toda su atención. Ese juego de luces (directas e indirectas) hecho de un modo tan exquisito la llevó a hacer su propio y original experimento, algo que no estaba al alcance de la mayoría de sus contemporáneos pero que ella consiguió.
Creó su estilo de relación entre el sujeto humano y su ambiente. La figura no solo posa sobre el fondo de un paisaje, sino que resplandece al aire libre. La frescura es su tipo de reclamo sensual preferido y nadie la superó en interpretar el esplendor de mujeres jóvenes y felices.
Llegó a convertirse en la pintora favorita de la reina María Antonieta y gracias a su influencia entró en 1783 en L´Académie Royale de Peinture et de Sculture, donde no fue muy bien recibida por la imposición real. El mismo día eligieron, siguiendo los cauces normales, a Adélaide Labille-Guiard.
Paradójicamente, fue la Revolución Francesa de 1789 la que rechazó a las mujeres, tanto a las que la apoyaban como a las que no. Ellas afirmaban que, al final del Antiguo Régimen (Absolutismo) eran las mujeres las que reinaban, las que habían adquirido un papel muy preponderante en la sociedad y, sin embargo, eran "los avanzados ideológicamente" quieres las destronaban...
Es a principios del siglo XIX cuando las corrientes más importantes de pintura abandonan la gracia y el buen gusto para dar paso al viril neoclasicismo y al incipiente romanciticismo. Se pierde la delicadeza genuina, la sensibilidad y el toque emotivo y el arte empieza a dacaer y a entristecerse. Es como si la luz que las pintoras fueron capaces de captar y reproducir, se intentase cubrir con un sutil velo gris que las ensombreciera...
Es una verdadera pena que se las haya olvidado de tal forma que ni siquiera las conozcamos en el momento actual, cuando fueron las que marcaron la pauta y las que dieron el paso evolutivo que tocaba dar. Es hora ya de poner a cada uno en su sitio y de mostrar de nuevo todo su esplendor.
Desde aquí mi homenaje a estas dos fantásticas mujeres que fueron fieles a su vocación y no se dejaron doblegar por nada ni por nadie. Ellas nos han legado arte auténtico y genuino y, como tal, imperecedero...
Creó su estilo de relación entre el sujeto humano y su ambiente. La figura no solo posa sobre el fondo de un paisaje, sino que resplandece al aire libre. La frescura es su tipo de reclamo sensual preferido y nadie la superó en interpretar el esplendor de mujeres jóvenes y felices.
Llegó a convertirse en la pintora favorita de la reina María Antonieta y gracias a su influencia entró en 1783 en L´Académie Royale de Peinture et de Sculture, donde no fue muy bien recibida por la imposición real. El mismo día eligieron, siguiendo los cauces normales, a Adélaide Labille-Guiard.
Paradójicamente, fue la Revolución Francesa de 1789 la que rechazó a las mujeres, tanto a las que la apoyaban como a las que no. Ellas afirmaban que, al final del Antiguo Régimen (Absolutismo) eran las mujeres las que reinaban, las que habían adquirido un papel muy preponderante en la sociedad y, sin embargo, eran "los avanzados ideológicamente" quieres las destronaban...
Es a principios del siglo XIX cuando las corrientes más importantes de pintura abandonan la gracia y el buen gusto para dar paso al viril neoclasicismo y al incipiente romanciticismo. Se pierde la delicadeza genuina, la sensibilidad y el toque emotivo y el arte empieza a dacaer y a entristecerse. Es como si la luz que las pintoras fueron capaces de captar y reproducir, se intentase cubrir con un sutil velo gris que las ensombreciera...
Es una verdadera pena que se las haya olvidado de tal forma que ni siquiera las conozcamos en el momento actual, cuando fueron las que marcaron la pauta y las que dieron el paso evolutivo que tocaba dar. Es hora ya de poner a cada uno en su sitio y de mostrar de nuevo todo su esplendor.
Desde aquí mi homenaje a estas dos fantásticas mujeres que fueron fieles a su vocación y no se dejaron doblegar por nada ni por nadie. Ellas nos han legado arte auténtico y genuino y, como tal, imperecedero...
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