Una vez terminada Villa Quijano, el resultado fue tan fantástico que le pusieron el nombre de "El Capricho", pieza musical de forma libre y de carácter vivo y animado que se reflejaba en el colorido y viveza de su imagen exterior. La fusión perfecta entre la naturaleza, la arquitectura y la música había dado como resultado una auténtica joya del Modernismo europeo, era como "una gran caja de música cuya fachada, con ritmo ondulante y elegante, tenía forma de pentagrama".
Fue la primera obra de Gaudí y duró dos años (1883-1885). Inspirándose en el arte de India, Persia o Japón, así como en el islámico-hispánico (mudéjar y nazarí), utilizó el azulejo cerámico, los arcos mitrales, cartelas de ladrillo visto y remates en forma de templete o cúpula; un diseño inteligente y onírico con humanizados espacios interiores habitables y desarrollando las estancias para un aprovechamiento óptimo de las horas del sol, tal como lo hacen los girasoles, siendo la casa también un "gran girasol".
De planta alargada y rectangular (en forma de U) constaba de sótano, planta baja y desván, En el desván, colocó agradables miradores exteriores bajo la cubierta. En la entrada, rompía la forma rectangular colocando una enorme torre, minarete o alminar (persa), que fue el precedente de una solución arquitectónica que aparecería más adelante en otras de sus construcciones. En el remate de la torre circular, revestida con una cerámica vidriada decorada, que acentuaba la verticalidad, se ubicó un mirador cubierto por una cúpula geometrizada sostenida por cuatro finas columnas de fundición y desde el cual se podía contemplar el mar...
En el exterior, ladrillo visto intercalando piezas de tonalidad amarilla y rojiza con cenefas de cerámica vidriada en relieve que imitaban hojas de un verde intenso y delicadas flores de "girasol"; piezas hechas a mano recorrían simétricamente en líneas horizontales todo el perímetro de la casa y enmarcaban el contorno de las ventanas, las chimeneas y la cornisa del tejado. En toda la fachada sur se instaló el invernadero, con paredes de vidrio, y con un sistema de aire que distrubuía el calor por todo el edificio. Allí se cultivarían plantas exóticas traídas de ultramar. En poniente, el salón de juego o música.
El Capricho estaba lleno de detalles y sorpresas que estimulaban su uso y disfrute: los barrotes de los balcones reproducían claves de sol, los artesonados con un modelo diferente en cada habitación, las vidrieras con motivos vegetales o de música, las manillas de las puertas que se adaptaban al tacto de las manos, los banco-balcón, los contrapesos de las ventanas de guillotina eran tubos metálicos que al subir o bajar eran percutidos por un vástago y emitían agradables sonidos musicales.
Fue una verdadera pena que su propietario, don Máximo Díaz de Quijano muriera al poco tiempo de estar terminada la casa, pues falleció en junio de 1885. Su hermana Benita lo heredó y en 1904 su hijo murió soltero y terminó en la familia Güell. La casa cayó en abandono después de la Guerra; en 1969 fue declarada BIC (bien de interés cultural) y en 1975 hubo un intento de trasladarla a Reus; en 1977 lo adquirió un empresario para convertirlo en restaurante; en 1992 lo compró una compañía japonesa y en 2010 se convirtió en museo.
Siempre es una delicia volver a ese mágico lugar en el que te sientes transportada a un cuento de hadas gracias a la extraordinaria adaptación del arquitecto a las características del dueño.
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jueves, 26 de diciembre de 2019
lunes, 8 de octubre de 2018
RUECAS DE MARFIL
Nodrizas de nuestros sueños, hilanderas de nuestras vidas, melancólicas
hadas que acompañáis nuestros pasos desde la cuna hasta el sepulcro:
dadme las ruecas de marfil con que sabéis transfigurar las cosas
vulgares, los destinos crueles, los dolores mudos, en gloriosas
urdimbres, en doradas hebras de ilusión y de luz.
Discípula vuestra soy: por las rutas sombrías de este valle de lágrimas, absorta en mi noble vocación de escritora, voy recogiendo por el camino todo aquello que la realidad me ofrece para guardarlo con ternura en mi corazón y tejerlo, después, en mis fantasías.
Nada desprecio por menudo y trivial que sea. En una gota de agua se cifra todo el universo. Abejas hacen la miel; con el barro se fabrica el búcaro. Tosca y ruin es, casi siempre, la realidad, como el copo de lino, como el vellón de lana, como el capullo de seda sin hilar; pero esa materia ruda se convierte en estambres luminosos, en delicados filíes, cuando la imaginación y el arte, que son las hadas benéficas de los hombres, la toman, la retuercen y devanan en sus invisibles ruecas de marfil.
Las cosas del mundo, para quien tiene piedad, son harto melancólicas. La vida, para quien sabe de
dolor, es algo a la vez hermoso y duro, pálido y sugerente, como el marfil de las ruecas con que las hadas tejen nuestros sueños, hilan nuestras vidas y urden, al cabo, nuestras mortajas.
Este libro, que es de una inmensa belleza, refleja perfectamente la sensibilidad e inteligencia de una escritora, Concha Espina, que estuvo a punto de ganar el Premio Nobel de Literatura en 1929 y, sin embargo, ha sido injustamente silenciada. Con una fuerza de voluntad inquebrantable, escribió hasta el último día se su existencia, a pesar de que se había quedado ciega. A mí, como otras muchas cosas, la autora me llegó a través de mi madre - también de Santander - y es ahora, en plena madurez, cuando mejor la estoy apreciando y valorando.
Discípula vuestra soy: por las rutas sombrías de este valle de lágrimas, absorta en mi noble vocación de escritora, voy recogiendo por el camino todo aquello que la realidad me ofrece para guardarlo con ternura en mi corazón y tejerlo, después, en mis fantasías.
Nada desprecio por menudo y trivial que sea. En una gota de agua se cifra todo el universo. Abejas hacen la miel; con el barro se fabrica el búcaro. Tosca y ruin es, casi siempre, la realidad, como el copo de lino, como el vellón de lana, como el capullo de seda sin hilar; pero esa materia ruda se convierte en estambres luminosos, en delicados filíes, cuando la imaginación y el arte, que son las hadas benéficas de los hombres, la toman, la retuercen y devanan en sus invisibles ruecas de marfil.
Las cosas del mundo, para quien tiene piedad, son harto melancólicas. La vida, para quien sabe de
dolor, es algo a la vez hermoso y duro, pálido y sugerente, como el marfil de las ruecas con que las hadas tejen nuestros sueños, hilan nuestras vidas y urden, al cabo, nuestras mortajas.
Este libro, que es de una inmensa belleza, refleja perfectamente la sensibilidad e inteligencia de una escritora, Concha Espina, que estuvo a punto de ganar el Premio Nobel de Literatura en 1929 y, sin embargo, ha sido injustamente silenciada. Con una fuerza de voluntad inquebrantable, escribió hasta el último día se su existencia, a pesar de que se había quedado ciega. A mí, como otras muchas cosas, la autora me llegó a través de mi madre - también de Santander - y es ahora, en plena madurez, cuando mejor la estoy apreciando y valorando.
domingo, 29 de octubre de 2017
EL SERVICIO A LOS DEMÁS
Me gustan las hadas porque son el ejemplo más claro de que su felicidad reside en hacer felices a otras personas. Siempre abandonan sus intereses egoístas para poder brindar dicha a los demás.
Su misión más importante es prodigar felicidad y lo hacen encantadas pues saben que es una de las experiencias más satisfactorias. Hace siglos que descubrieron que vivir para uno mismo es la fuente de todo pesar...
Ellas prestan servcio espiritual, mental y material a los demás y, sólo así, sus propias necesidades se ven satisfechas. Se olvidan de sí mismas y descubren que - sin buscarlo - la copa de su dicha se ve colmada.
Pretenden hacernos ver que "el amor" cimenta nuestra vida y le da sentido y que a pesar de que es una energía transformadora que todos anhelamos, muchas veces caemos en el desamor, lo que nos hace perder nuestro equilibrio emocional, la salud e incluso el buen ritmo de nuestra existencia.
Ellas, con su ejemplo, nos enseñan que con "el amor que es vida" aprenderemos a ejercitar el amor que todos llevamos dentro, a liberarnos de las trabas que nos impiden ser felices y a convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos.
¿Cuál es su vocación? "Viven para amar y aman para vivir".
Su misión más importante es prodigar felicidad y lo hacen encantadas pues saben que es una de las experiencias más satisfactorias. Hace siglos que descubrieron que vivir para uno mismo es la fuente de todo pesar...
Ellas prestan servcio espiritual, mental y material a los demás y, sólo así, sus propias necesidades se ven satisfechas. Se olvidan de sí mismas y descubren que - sin buscarlo - la copa de su dicha se ve colmada.
Pretenden hacernos ver que "el amor" cimenta nuestra vida y le da sentido y que a pesar de que es una energía transformadora que todos anhelamos, muchas veces caemos en el desamor, lo que nos hace perder nuestro equilibrio emocional, la salud e incluso el buen ritmo de nuestra existencia.
Ellas, con su ejemplo, nos enseñan que con "el amor que es vida" aprenderemos a ejercitar el amor que todos llevamos dentro, a liberarnos de las trabas que nos impiden ser felices y a convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos.
¿Cuál es su vocación? "Viven para amar y aman para vivir".
miércoles, 15 de julio de 2015
PETITE CITÉ DE CARACTÈRE
PEQUEÑA VILLA CON CARÁCTER es un título que se concede en Francia a pequeños municipios que poseen un conjunto arquitectónico de calidad y coherente y que se comprometen a mantener su patrimonio y a difundirlo entre sus habitantes y visitantes.
Entre ellos hay un pueblecito lleno de encanto que se llama Josselin y está en la Bretaña francesa. Bellos canales de aguas tranquilas y rodeado de frondosos bosques que han dado lugar a numerosas leyendas de "hadas", hasta el punto de que hay un cartelito que indica una casita donde residen...
El pueblo fue fundado en el siglo XI y en sus calles se encuentran coloridas casas medievales con entramado de madera del siglo XVI. Llama la atención su perfecto estado de conservación y es que todas ellas fueron restauradas en el 2006. Los balcones y ventanas están engalanados con macetas llenas de flores, ¡un espectáculo de color!
La maison à pans de bois es un auténtico tesoro de la arquitectura bretona que merece ser vista con detenimiento.
Destino preferido de los duques de Bretaña mantiene su magia y es un conglomerado cultural, artístico y patrimonial.
Dentro de su más deliciosa gastronomía se encuentran los mejillones con patatas fritas y la tortilla francesa rellena de pesto, tomate natural y champiñones que nada tiene que ver con la clásica...
La plaza de Notre Dame es el punto de reunión con restaurantes, bares o tienda de artesanía en los bajos de los edificios.
La Basílica de Notre Dame du Roncier (Nuestra Señora del Zarzal), con su altar de piedra blanco, coloridas vidrieras y preciosa mezcla del techo de madera con los pilares románicos (restos de la iglesia románica del siglo XII). Santuario de peregrinación al que los fieles acuden por su "propiedades curativas".
El pueblo está fuera de la muralla y paseando llegamos al precioso Château de Rohan (propiedad privada de una de las estirpes más antiguas de la zona y que lo siguen habitando). Data del siglo XV y de las ocho torres que tenía solo quedan tres que se reflejan en el río Oust que cruza el pueblo.
Enclavado en la ruta de los señores de Bretaña, el castillo está rodeado de jardines de estilo inglés y en los antiguos establos está el famoso "Musée des poupees": en 1984, Antoinette de Rohan sacó a la luz la colección de "muñecas" que estaban guardadas en el castillo y la más antigua data del siglo XVII; recibe multitud de donaciones y ha llegado a reunir unos seis mil ejemplares (de todo tipo y condición, además de juguetes, cuentos, teatritos, marionetas...). Cada año organiza una exposición de un tema concreto.
Me parece sencillamente maravilloso que el pueblecito nos sugiera e invite a descansar un rato para encontrar y saborear los tiempos antiguos que él ha conservado para nosotros, es la unión perfecta del pasado con el presente, el eslabón de la cadena que jamás se debe perder...
Entre ellos hay un pueblecito lleno de encanto que se llama Josselin y está en la Bretaña francesa. Bellos canales de aguas tranquilas y rodeado de frondosos bosques que han dado lugar a numerosas leyendas de "hadas", hasta el punto de que hay un cartelito que indica una casita donde residen...
El pueblo fue fundado en el siglo XI y en sus calles se encuentran coloridas casas medievales con entramado de madera del siglo XVI. Llama la atención su perfecto estado de conservación y es que todas ellas fueron restauradas en el 2006. Los balcones y ventanas están engalanados con macetas llenas de flores, ¡un espectáculo de color!
La maison à pans de bois es un auténtico tesoro de la arquitectura bretona que merece ser vista con detenimiento.
Destino preferido de los duques de Bretaña mantiene su magia y es un conglomerado cultural, artístico y patrimonial.
Dentro de su más deliciosa gastronomía se encuentran los mejillones con patatas fritas y la tortilla francesa rellena de pesto, tomate natural y champiñones que nada tiene que ver con la clásica...
La plaza de Notre Dame es el punto de reunión con restaurantes, bares o tienda de artesanía en los bajos de los edificios.
La Basílica de Notre Dame du Roncier (Nuestra Señora del Zarzal), con su altar de piedra blanco, coloridas vidrieras y preciosa mezcla del techo de madera con los pilares románicos (restos de la iglesia románica del siglo XII). Santuario de peregrinación al que los fieles acuden por su "propiedades curativas".
El pueblo está fuera de la muralla y paseando llegamos al precioso Château de Rohan (propiedad privada de una de las estirpes más antiguas de la zona y que lo siguen habitando). Data del siglo XV y de las ocho torres que tenía solo quedan tres que se reflejan en el río Oust que cruza el pueblo.
Enclavado en la ruta de los señores de Bretaña, el castillo está rodeado de jardines de estilo inglés y en los antiguos establos está el famoso "Musée des poupees": en 1984, Antoinette de Rohan sacó a la luz la colección de "muñecas" que estaban guardadas en el castillo y la más antigua data del siglo XVII; recibe multitud de donaciones y ha llegado a reunir unos seis mil ejemplares (de todo tipo y condición, además de juguetes, cuentos, teatritos, marionetas...). Cada año organiza una exposición de un tema concreto.
Me parece sencillamente maravilloso que el pueblecito nos sugiera e invite a descansar un rato para encontrar y saborear los tiempos antiguos que él ha conservado para nosotros, es la unión perfecta del pasado con el presente, el eslabón de la cadena que jamás se debe perder...
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