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domingo, 24 de marzo de 2019

CORAZONES HELADOS

"Una palabra amable da para resistir tres meses de invierno".
Hay personas que tienen el corazón helado, no les importa lo más mínimo los sentimientos de los demás y sólo les utilizan para cubrir sus necesidades y carencias. Es muy difícil convivir con ellos y si no tenemos cuidado podemos contagiarnos, pues su actitud negativa, su amargura, su miedo o desilusión van calando en nosotros sin que apenas nos demos cuenta.

 Los corazones helados buscan a corazones sensibles, compasivos y dulces, corazones capaces de brindar amor incondicional y cariño desinteresado. Por eso debemos estar muy alerta, ya que ese hielo es el resultado de un proceso que avanza de forma casi imperceptible; poco a poco el frío se va apoderando del que intenta ayudar  y va perdiendo su sonrisa, su luz, su energía; el frío le aletarga y pasa de vivir intensamente a intentar sobrevivir.

La persona compasiva y empática no debe consentirse a sí misma que eso le ocurra, pues se acabará convirtiendo en la sombra desvirtuada de lo que era. Si se desconecta del mundo exterior y se limita a ese mundo helador, oscuro y vacío, se irá sumiendo también ella en la tristeza, el rencor y el odio.

Está bien que intente ser una puerta abierta, una mano tendida que brinda una alternativa mejor y más cálida a la actitud del otro, alguien que le intenta definir un nuevo marco para que se relacione con el mundo y consigo mismo,  pero si no funciona, si la persona a la que se intenta ayudar no responde, debe dejar que siga su camino, ya que puede que no esté preparado para dar ese paso.

Todos merecemos vivir, sentir y volar libres. No debemos renunciar a una vida intensa para tratar de vivir la vida de otra persona, sus expectativas, sus fantasmas, sus traumas. Si nos han llegado a contagiar, debemos liberar nuestro corazón de ese hielo lo antes posible y no renunciar a nuestra propia vida, pues no sería una actitud responsable ni nos beneficiaría a ninguno de los dos...

domingo, 12 de octubre de 2014

CON BUEN PIE

Los franceses dicen una frase muy significativa y que me encanta: "entrar con buen pie".

Si analizamos un poco lo que intentan decir es que la calidad del trabajo que llevamos a cabo y los éxitos que obtenemos dependen de cómo demos el primer paso en lo que nos disponemos a acometer.

El estado en el que nos encontremos o la intención con que lo hagamos influyen poderosamente en los resultados. Yo he comprobado, a lo largo de los años, que de un mínimo detalle puede depender todo un desencadenamiento de circunstancias (favorables o adversas), por eso hay que estar vigilantes y en estado de alerta continuo para que no se nos escape nada.

La agitación, el nerviosismo, desencadenan fuerzas caóticas, por eso jamás hay que emprender nada en semajante estado. Debemos estar calmados, serenos y plenos pues sólo así, en ese estado de espíritu (producto de un trabajo y depuración interna) estaremos convenientemente preparados para ponernos en marcha y avanzar.

Si tenemos el arte de sabernos rodear de personas que nos vuelven más lúcidos, que despiertan en nosotros la generosidad y la bondad y que, además, nos estimulan en el desarrollo de nuestras cualidades, el éxito en lo que emprendamos está prácticamente asegurado. Hay que huir de quienes nos confunden y tratan de disminuir nuestra ilusión y entusiasmo pues provocan una toxicidad nociva que nos puede afectar.

Conscientes de todo esto deberíamos saber discernir entre lo que nos beneficia o perjudica, abriéndonos a lo primero y rechazando de plano lo segundo. Partiendo de la base de que todo lo que vemos u oímos afecta a nuestro sistema nervioso, deberíamos huír (como de la quema) de todo aquéllo que proceda del desorden o de la torpeza. Para ello hay que elegir los libros que leemos, la música que escuchamos, las imágenes que contemplamos, la gente con la que tratamos...

Dado que todo lo que pensamos, sentimos o hacemos deja huellas, ¿no sería estupendo dejar huellas de bondad, luz y paz? Pero, para ello, debemos cuidar nuestros pensamientos y sentimientos, mejorándolos y purificándolos, ya que son nuestras armas más poderosas... son las únicas que, de verdad, nos hacen "imbatibles".