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domingo, 24 de marzo de 2019

CORAZONES HELADOS

"Una palabra amable da para resistir tres meses de invierno".
Hay personas que tienen el corazón helado, no les importa lo más mínimo los sentimientos de los demás y sólo les utilizan para cubrir sus necesidades y carencias. Es muy difícil convivir con ellos y si no tenemos cuidado podemos contagiarnos, pues su actitud negativa, su amargura, su miedo o desilusión van calando en nosotros sin que apenas nos demos cuenta.

 Los corazones helados buscan a corazones sensibles, compasivos y dulces, corazones capaces de brindar amor incondicional y cariño desinteresado. Por eso debemos estar muy alerta, ya que ese hielo es el resultado de un proceso que avanza de forma casi imperceptible; poco a poco el frío se va apoderando del que intenta ayudar  y va perdiendo su sonrisa, su luz, su energía; el frío le aletarga y pasa de vivir intensamente a intentar sobrevivir.

La persona compasiva y empática no debe consentirse a sí misma que eso le ocurra, pues se acabará convirtiendo en la sombra desvirtuada de lo que era. Si se desconecta del mundo exterior y se limita a ese mundo helador, oscuro y vacío, se irá sumiendo también ella en la tristeza, el rencor y el odio.

Está bien que intente ser una puerta abierta, una mano tendida que brinda una alternativa mejor y más cálida a la actitud del otro, alguien que le intenta definir un nuevo marco para que se relacione con el mundo y consigo mismo,  pero si no funciona, si la persona a la que se intenta ayudar no responde, debe dejar que siga su camino, ya que puede que no esté preparado para dar ese paso.

Todos merecemos vivir, sentir y volar libres. No debemos renunciar a una vida intensa para tratar de vivir la vida de otra persona, sus expectativas, sus fantasmas, sus traumas. Si nos han llegado a contagiar, debemos liberar nuestro corazón de ese hielo lo antes posible y no renunciar a nuestra propia vida, pues no sería una actitud responsable ni nos beneficiaría a ninguno de los dos...

lunes, 18 de marzo de 2019

FRAGILIDAD EMOCIONAL

Somos frágiles y fuertes a la vez, sin embargo nuestra fortaleza reside en la capacidad que tenemos para transcender a nuestra fragilidad, una fragilidad que nace de dos de las virtudes humanas que jamás deberíamos perder: la sensibilidad y la compasión (sentir con).

Muchas personas temen mostrar su fragilidad y se recubren de rígidas corazas que no les protegen, sino que les aíslan. Las corazas pueden evitar que sienta dolor, pero como están elaboradas con frialdad emocional acaban provocando la pérdida de la sensibilidad y de la compasión.

Una cosa es ser sensible (una cualidad) y otra ser débil o frágil emocionalmente hablando. La sensibilidad es una fortaleza emocional que nos permite conectarnos con nuestro entorno y ser receptivos a lo que en él ocurre. Las personas sensibles son más empáticas y receptivas, son cercanas, encantadoras y se implican, por eso sienten la vida intensamente. Todo ello les convierte en una presa codiciada y fácil para las personas tóxicas, egoístas, manipuladoras o crueles.

Las personas que piensan, analizan y sienten, perciben lo que ocurre a su alrededor y poseen un criterio y un sistema de valores que no quieren perder. En contraposición están los que viven en un egocentrismo que las aísla de lo que les rodea, que viven desconectadas de los demás y que son incapaces de contribuir al bien común a no ser que tengan una recompensa. No tienen amigos, sino contactos a los que explotar, ignoran el sufrimiento de los demás y sólo están orientadas hacia su propio enriquecimiento personal, ya sea económico, social o emocional.

A mí me gusta mirar a los ojos, ver el alma del que tengo enfrente y averiguar todo lo que me quiere decir. Me duele el sufrimiento de los demás, me enfado con las injusticias, no duermo cuando mi cabeza no deja de pensar... Soy sensible: me entristezco, me enfado, tengo miedo, desecho lo desagradable y dañino... pero jamás ignoro que que todas esas emociones son mensajes que los otros, la sociedad o mi cuerpo tienen que decirme. No niego lo que siento, no me distraigo, no echo la culpa a los demás y asumo mi parte de responsabilidad y, a veces, parte de la de otras personas.

También me permito reconocer cierta melancolía o tristeza ante lo efímero, ante la vida y ante el amor, algo que me permite estar realmente conectada con el presente...

sábado, 3 de diciembre de 2016

JOAN-CARLO Y MAURICE

Si algún día me ves triste, no me digas nada, 
sólo quiéreme.
Si me encuentras en la soledad de la oscura noche, no me preguntes nada,
sólo acompáñame.
Si me miras y no te miro, no pienses nada,
compréndeme.
Si lo que necesitas es amor, no tengas miedo,
ámame.
Pero si alguna vez dejaras de quererme, no me digas nada,
recuérdame.

 Cuando alguna vez te sientas solo y veas alrededor sólo vacío y no puedas llorar,
yo estoy contigo.
Y cuando alguna vez te sientas triste y sientas la verdad como una herida y que todo está muerto,
yo soy la vida.
Y cuando alguna vez no sientas nada y quieras sonreír, pero no puedas y quieras escapar,
yo soy la puerta. 

Estos versos de Mario Benedetti me parece que expresan la ausencia de seres queridos de forma suave y delicada y nos ayudan a atravesar el drama que supone la ausencia física en el momento de la partida.