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martes, 23 de junio de 2015

NORMAN FOSTER



Me encanta este "arquitecto" contemporáneo al que también admiro como persona. Me parece que tiene una mirada inteligente y limpia y jamás deja de sonreír...

En su obra, consigue una integración perfecta del entorno (paisajístico y urbano), la belleza, la vanguardia y la utilidad. No creo que se pueda pedir más.

Lo cierto es que, cuando yo "experimenté" la cúpula que llevó a cabo en el "Reichstag" (Parlamento) de Berlín, no tenía ni idea de quién era, pero me impresionó de tal forma que empecé a interesarme por él y por su trayectoria (rica e interesantísima).

En una entrevista que leí hace mucho tiempo en un diario londinense, fuí anotando las cosas que decía con la mayor naturalidad, llenas de sentido común y de una claridad meridiana. Al preguntarle qué pensaba del hombre "de éxito", el contestaba con mucho sentido del humor: "es aquél que antes de obrar piensa y planea lo suficiente como para formar en su mente una imagen indeleble de aquello que desea construir o producir en este mundo. Con el respaldo del agente financiero de su habilidad creadora él se sirve de su fuerza de voluntad (contratista), su minuciosa atención (carpinteros) y su paciencia mental (necesaria mano de obra) para materializar en la vida real el resultado o el objeto que desea".

Desde 1999 la Cámara Baja del Parlamento alemán tiene allí su sede y es impresionante el giro que se ha dado al fondo y la forma de un edificio tan lleno de significado. Pero no sólo eso, sino que la gente de a pie puede participar activamente del arte (la belleza es dinámica) tanto desde fuera como subiendo las rampas en caracol hasta la cima que conduce directamente el cielo, sin la menor interferencia...

¡Estupendo Norman Foster!, ¡sabe hacia donde se dirige y jamás detiene su marcha!

lunes, 25 de agosto de 2014

LA SONRISA

"La sonrisa es una verdadera fuerza vital, la única capaz de mover lo inamovible" (O. S. Marden)

Bécquer decía: "por una mirada, un mundo, por una sonrisa, un cielo..."  y yo creo que tenía toda la razón porque cada vez que sonreímos ofrecemos el aspecto más saludable, favorable y gozoso y generamos en nosotros y en los demás altas dosis de "serotonina" potente activador natural de alegría de vivir y de bienestar.

Pocas actitudes y cualidades han sido más bendecidas por filósofos y grandes pensadores de todos los tiempos como la sonrisa franca, la risa tonificante o la carcajada desinhibidora y revitalizadora. Hawks escribió: "sólo hay en el mundo tres cosas de valor: ser bueno, hacer el bien y manifestarlo con plácida sonrisa".

A lo largo de la vida he ido descubriendo el poder de la sonrisa como actitud en la vida cotidiana. Aquéllas personas que sonríen son más sanas, las cosas les salen bien, se sienten cómodas y, además, es el idioma universal de la gente inteligente. Si uno se puede reír de aquello que le hace llorar, lo va a superar con mucha facilidad.

La risa es la distancia más corta entre dos personas pues allana caminos, acerca posturas y activa la empatía. Cuando alguien sonríe se convierte en luz y alegría y todo su ser, de forma integral, ofrece una mágica y espectacular admiración, siempre que su sonrisa sea espontánea, natural, inteligente y vitalista, no esa risa tonta que no viene a cuento y que es propia de tontorrones sin la menor gracia... (no hay mayor necedad que reír tontamente).

Sonriendo mostramos afabilidad y reconocimiento hacia los demás, pero la risa requiere su lugar y momento. Hasta en el reír hay que aplicar el sentido común, pues la prudencia aconseja que no nos riamos fuera de lugar y en momentos que pueda resultar ofensiva o de mal gusto.

No esperemos a ser muy felices para sonreír. Adoptemos la sonrisa como el mejor atuendo con el que podamos presentarnos, la flor más bella que podamos ofrecer, el halago más cálido, el mejor regalo... además, para nosotros, es el mejor reconstutiyente y el anisiolítico más eficaz.


miércoles, 30 de julio de 2014

SOROLLA

Creador compulsivo, un temperamento encadenado a una predisposición espitiual: "pintar". Pintar, pintar y pintar, nada más; un jardín, una playa, un parque... sin disfraces, sin excusas, sin tiempo que perder. Pintar el mar, la luz, a su mujer Clota (Clotilde García del Castillo), su amor, su bastón, su musa...











Tener una familia, la que el cólera le arrebató a los dos años.Formarla y darle cobijo. Volver al hogar, porque hay un hogar donde volver, una casa donde seguir pintando.

Sorolla es el pintor de "la luz" y el gran maestro del Impresionismo español, un genio que tuvo el placer de disfrutar del éxito en vida y cuya obra, ajena a modas y vanguardias, ha llegado hasta nuestros días en plena forma.

Nació en Valencia (1863) y estaba enamorado de Madrid. Su obra, a lo largo de un siglo y medio, se ha ido revalorizando gradualmente. En él sobran los adjetivos, es simplemente el maestro de la luz, el que con su milimétrica y deliciosa mirada ha reflejado mejor y más intensamente el mar y la esencia mediterránea.

Era optimista, vitalista, muy amante de su familia y amigos y nada de las rencillas personales. Expuso en París, Londres, Nueva York, Chicago...y suscitó celos a los que jamás dio la menor importancia.

Llevaba una vida metódica y ordenada, dormía ocho horas y pintaba al aire libre. Siempre le acompañaba su pipa y era un gran amante del género espistolar (escribía a su familia a diario y, a veces, dos cartas en un mismo día).

 Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Valencia, donde conoció al hermando de Clotilde. Entró en una familia entrañable que le acogió, desde el primer momento, con los brazos abiertos. El padre era un reputado fotógrafo, muy cultivado que, al percibir el talento de Joaquín, le contrató como ayudante en su estudio de fotografía.

No es extraño, por tanto, que asimilado el lenguaje fotográfico sus cuadros obtengan la perfección perseguida. Su modelo era Velázquez y la forma de hacer la composición del cuadro (muy a menudo "en picado", como en el cine) tiene una gran similitud con la forma de enfocar de su maestro.

Las pinceladas de Sorolla demuestran energía, alegría y placer. Provoca que quien las contempla sonría. Nadie como él captó la
atmósfera "esmeralda" que tanto le fascinaba...