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jueves, 4 de julio de 2019

EMILIA Y SOR ÁGREDA

La obra "Mística Ciudad de Dios" fue publicada post mortem en 1670 y es considerada como una de las obras cumbres de la literatura española de todos los tiempos. Sor María de Ágreda (1602-1665), su autora, fue la escritoria ascético-mística más importante del Barroco español, equiparable a Santa Teresa. Era muy conocida por sus éxtasis, sus visiones prodigiosas, sus virtudes y su don de bilocación. Fue asesora del rey Felipe IV y mantuvo con él una importante correspondencia.

Entró como clásica de la literatura española, en el siglo XVIII, a través del Diccionario de Autoridades por su maestría en el manejo del idioma. Nació en Ágreda (Soria) y allí vivió hasta su muerte; escribió dentro de los muros conventuales, sin embargo tenía conocimiento pleno de la realidad histórica y literaria de su tiempo y estaba al día de todo lo que pasaba en la corte gracias a las cartas que se escribían Francisco de Borja (capellán de las Descalzas Reales e hijo natural del virrey de Aragón, Fernando de Borja) y ella.


Sor María, en su Mística Ciudad de Dios, escribió la historia de la Virgen María revelada por la propia Virgen. A través de su ejemplo, la Virgen nos conduce a la luz, a la perfección y a la unión con Dios, y lo hace como madre (manantial de infinita misericordia), guiándonos y brindándonos su amparo. Nos da la confianza suficiente para que nos consideremos sus amados hijos y nos ofrece la oportunidad de que podamos imitarla en su vida de oración, humildad, fidelidad, sacrificio y sencillez.

En 1899, Emilia Pardo Bazán, atraída por esta teología escrita y protagonizada por mujeres, publicó "Vida de la Virgen María" según la Venerable Sor María de Jesús de Ágreda. Emilia eliminó lo superflúo y barroco para un lector del siglo XIX, resaltando la belleza de la narración y la maestría de Sor María en el arte de escribir. Una escritura que - según Emilia - unos momentos parece pintura y otros momentos parece música. En el prólogo, la califica como teóloga, pues por primera vez la mujer deja de ser objeto en manos de intérpretes, por primera vez la mujer es leída por sí misma, por sus propios atributos como escritora, más allá de cualquier interés creado.

 ¿Por qué escribió Sor María todo lo que escribió? Para eleborar un modelo femenino, un referente, en el que poder reflejar su propio concepto de fe y divinidad. Transforma a la Virgen en el centro de su fe, haciendo de ella la reina de la sabiduría; además, nos hace ver que acepta transformarse en madre de Dios por su propia voluntad y que, como reina de los cielos, dialoga de igual a igual con El Señor. Cree firmemente en el poder de la palabra y que ha sido elegida para mostrar el ascenso hacia la perfección. Sólo cuando se alcanza ese estado de gracia, al que se ha llegado a través de la virtud, nos hallamos en el jardín espiritual donde florece el alma.

Kekaritomene, plena de gracia, decoro, hermosura, amabilidad, belleza honda y patente. Se trata de una hermosura que rebosa, que irradia, y se halla envuelta y envuelve en una atmósfera de amor. 



sábado, 29 de junio de 2019

LA REVISTA DE EMILIA

"Recibo hoy mucho más de lo que he dado a pesar de que a ningún escritor vivo, y acaso a ninguno de mi generación le han sido dirigidos los ataques que a mí. Hasta esta satisfacción me han brindado: la de creer que por mí se rompe otro molde viejo. La dama de mi estatua queda recortada sobre el cielo".

Cuando tenía 40 años y estaba en plena madurez literaria, Emilia Pardo Bazán, con ayuda de la herencia recibida de su padre, decidió (en 1891) emprender una admirable aventura: la fundación de una revista unipersonal , "El Nuevo Teatro Crítico", cuyo título era un homenaje a la obra de su admirado padre Feijoo, quien tenía una mente abierta y amplia en el siglo XVIII y, sin dejar la ortodoxia, atacaba prejuicios y falsedades con ideas abiertas y progresistas, sobre todo acerca de la mujer. Dirigida, financiada y escrita sólo por ella, era una revista cultural con cien páginas cada ejemplar, en cuyas secciones se podían destacar la creación literaria (cuentos y crónicas de viaje), crítica literaria (de escritores españoles y extranjeros) y artículos de temática diversa.

En un primer momento tuvo mucho éxito, pues con su estilo directo y sincero acrecentó la polémica, que ella no desdeñó, pero le crearon fama de vehemente y revolucionaria. A pesar del cuidado y el rigor con que revisaba, corregía y reescribía sus textos, cuando llevaba 30 números (en 1893), decidió que la experiencia había terminado, pues el excesivo trabajo, un cierto desencanto y las dificultades económicas le condujeron a decir: "termino mi andadura con menos humor y mucho menos dinero..."

Incomodaba por su sabiduría y savoir faire, pero políglota e infatigable viajera llevó a cabo una labor importantísima como intelectual y como mujer. Le entusiasmaba la sutileza del encaje y admiraba el trabajo de las encajeras de Camariñas (en la costa) porque le servían de ejemplo a la hora de escribir. Y es cierto que sus textos tienen esa filigrana verbal, un lenguaje delicioso, un esmerado vocabulario, una estructuración sintáctica mágica. Uno de sus cuentos, "El encaje roto", lo demuestra.

Me temo que Emilia Pardo Bazán es poco conocida, a pesar de su sonoro nombre. Su feminidad y exquisitez complementan perfectamente su activismo y oficio de escritora. Su personalidad es tan desbordante que hay que ir profundizando en ella de forma transversal, pero sobre todo leyéndola...

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DOÑA VERDADES


Doña Emilia Pardo Bazán contribuyó al desarrollo intelectual y la participación civil de las mujeres, pues su feminismo tenía un carácter progresista e institucional. A través de la literatura y su activismo, llevó a cabo grandes aportaciones humanísticas que calaron profundamente en la sociedad. Y, a pesar de que - a finales del siglo XIX y principios del XX - existía una especie de burbuja intelectual, ella triunfó entre los señores de las letras, pues su obra fue reconocida como extraordiaria entre muchos de los escritores contemporáneos nacionales y extranjeros. El mismo Zola se asombró ante su naturalismo católico, una aparente contradicción que fue el gran sello de Emilia.

Colaboró, entre otras, en la revista cultural más importante del momento: "La España Moderna", comparable a la Revue de deux mondes. Ejerció de crítica literaria, publicó algunos de sus artículos más relevantes sobre el feminismo, cuentos y novelas por entregas, llevando a cabo una importante tarea cultural desde postulados eclécticos y con  un  marcado carácter regeneracionista y europeísta. Llegó a publicar 300 números y en ella se hablaba de historia, sociología, derecho, antropología, arte y literatura; en 1900, se incorpararon escritores como Pío Baroja, Blasco Ibáñez o Unamuno...
Su colaboración fue la más duradera, fructífera e importante de la primera época: ella sugería, informaba, protegía y difundía la empresa porque - según Emilia - dignificaba la profesión literaria y servía de vehículo de los mejores ingenios.

En el primer número de la publicación, Emilia escribió el cuento "Morrión y boina" (1889) y, en agosto de 1901, en su última entrega, un amplio estudio sobre "La mujer española". Sus juicios oportunos, su claridad de ideas, su aportación de la literatura rusa, su curiosidad e interés por las corrientes de pensamiento y su extraordinaria intuición literaria, hicieron que se la llamase "Doña Verdades".

No dejaba de recalcar "la desorganización y el desbarajuste general, con aleación de atonía, pereza y abulia, de su nación, de España", por eso fue una clara precursora de "los males de la Patria" de los regeneracionistas y de la Generación del 98...

martes, 18 de junio de 2019

EL CUADRO DE EMILIA

Cuando el pintor coruñés Joaquín Vaamonde (1872-1900) regresó de un largo viaje por América, tenía 22 años y, convertido en un artista con estilo propio, se ofreció a hacer un retrato a la escritora Emilia Pardo Bazán, visitándola en su residencia del Pazo y Torres de Meirás. En un primer momento, ella no lo aceptó de buen grado, pero una vez acabado se quedó encantada con la vitalidad y elegancia que transmitía.
Emilia se llevó el cuadro a su casa de Madrid y lo exhibió ante sus amistades, motivo por el cual los encargos al artista fueron muy numerosos.

Sus retratos le proporcionaron a Joaquín fama y dinero, lo que le permitió viajar por Europa y visitar los grandes museos, pero empezó a despreciar su obra, que consideraba muy inferior a la de los grandes maestros. Quiso destruir sus propios cuadros, algo que la condesa de Pardo Bazán le impidió. A los 25 años, enfermó de tuberculosis y volvió a la Coruña.

Estando Emilia en Paris, en un homenaje a Balzac, recibió un telegrama que le anunciaba el fallecimiento de su protegido, en el Pazo de Meirás, el 18 de agosto de 1900. Cuando volvió a España, no tardó en escribir sobre "el retratista de las elegancias", citando alguna de sus piezas, como el retrato del violinista Pablo Sarasate. Más tarde, en su novela "La Quimera", le convertiría en la contrafigura.

A Emilia le gustaba su elegancia y la precisión con la que captaba los caracteres con el trazo suelto, ligero y vaporoso de sus barras de pastel. Magnífico colorista, penetraba en la psicología de sus modelos sin el menor compromiso de tener que halagar a nadie. A lo largo de quince años, desarrolló una obra extensa compartiendo la pintura con sus viajes y con la asistencia impuesta a actos sociales, pero siendo muy joven se vió obligado a un largo reposo por su enfermedad pulmonar. Todos estos detalles fueron introducidos en la novela que Emilia hizo de la vida del pintor...