En el prólogo de La dama grande Pío Baroja se considera a sí mismo un impresionista, pues él llegó a la literatura en la época modernista, en la que había una mutua relación entre las artes, y la pintura inspiraba procedimietnos innovadores. Consumado pintor literario su obra es rica en tipos, escenas y paisajes de una manera genuinamente pictórica. Sus paisajes quedan grabados de forma indeleble, hasta el punto de que recordamos sus novelas - no por lo que pasa o a quiénes pasa - sino por "dónde pasa".
Bajo mi punto de vista, Diego Hergueta - en sus cuadros - sigue el impresionismo (arte sugestivo que da contornos imprecisos), pero con su propio estilo, un estilo que es innovador, moderno e inconfundible, que hace que el espectador participe en su obra precisamente por presentárnosla como un producto que sugiere, que no está totalmente definido.
Igual que Baroja describe como nadie, a través de su escritura, el color, calor, idiosincrasia y fuerza vital de lo vasco, Hergueta lo consigue con sus lienzos, sobre todo cuando utiliza el pastel. Lo cierto es que ambos logran que, quienes nos deleitamos con sus respectivas obras, lleguemos a cogerlas cariño.
Diego Hergueta, aventurero, un poco solitario, regenerador, dotado de una lapidaria ironía y una exquisita sencillez lógica, habla vascuence, pinta en vasco y conoce los pueblos y valles más escondidos de su tierra. Siente añoranza por el pasado y cree que la naturaleza es lo realmente interesante porque todavía está llena de sorpresas. Sin embargo, Diego, típico vasco barojiano, tiene la grandeza de abrir horizontes y captar - a través de su mirada - la esencia de otros lugares, como El Escorial, lugar mágico en el que nos conocimos. En su obra se percibe la espiritualidad por encima de la técnica, su pintura tiene "alma".
Como Azorín, comprende la vida y la refleja en sus lienzos desde lo cercano, lo cotidiano y lo aparentemente irrelevante, porque ésto contiene para él la fuerza misteriosa del universo...
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viernes, 24 de abril de 2020
martes, 18 de junio de 2019
EL CUADRO DE EMILIA
Cuando el pintor coruñés Joaquín Vaamonde (1872-1900) regresó de un largo viaje por América, tenía 22 años y, convertido en un artista con estilo propio, se ofreció a hacer un retrato a la escritora Emilia Pardo Bazán, visitándola en su residencia del Pazo y Torres de Meirás. En un primer momento, ella no lo aceptó de buen grado, pero una vez acabado se quedó encantada con la vitalidad y elegancia que transmitía.
Emilia se llevó el cuadro a su casa de Madrid y lo exhibió ante sus amistades, motivo por el cual los encargos al artista fueron muy numerosos.
Sus retratos le proporcionaron a Joaquín fama y dinero, lo que le permitió viajar por Europa y visitar los grandes museos, pero empezó a despreciar su obra, que consideraba muy inferior a la de los grandes maestros. Quiso destruir sus propios cuadros, algo que la condesa de Pardo Bazán le impidió. A los 25 años, enfermó de tuberculosis y volvió a la Coruña.
Estando Emilia en Paris, en un homenaje a Balzac, recibió un telegrama que le anunciaba el fallecimiento de su protegido, en el Pazo de Meirás, el 18 de agosto de 1900. Cuando volvió a España, no tardó en escribir sobre "el retratista de las elegancias", citando alguna de sus piezas, como el retrato del violinista Pablo Sarasate. Más tarde, en su novela "La Quimera", le convertiría en la contrafigura.
A Emilia le gustaba su elegancia y la precisión con la que captaba los caracteres con el trazo suelto, ligero y vaporoso de sus barras de pastel. Magnífico colorista, penetraba en la psicología de sus modelos sin el menor compromiso de tener que halagar a nadie. A lo largo de quince años, desarrolló una obra extensa compartiendo la pintura con sus viajes y con la asistencia impuesta a actos sociales, pero siendo muy joven se vió obligado a un largo reposo por su enfermedad pulmonar. Todos estos detalles fueron introducidos en la novela que Emilia hizo de la vida del pintor...
Emilia se llevó el cuadro a su casa de Madrid y lo exhibió ante sus amistades, motivo por el cual los encargos al artista fueron muy numerosos.
Sus retratos le proporcionaron a Joaquín fama y dinero, lo que le permitió viajar por Europa y visitar los grandes museos, pero empezó a despreciar su obra, que consideraba muy inferior a la de los grandes maestros. Quiso destruir sus propios cuadros, algo que la condesa de Pardo Bazán le impidió. A los 25 años, enfermó de tuberculosis y volvió a la Coruña.
Estando Emilia en Paris, en un homenaje a Balzac, recibió un telegrama que le anunciaba el fallecimiento de su protegido, en el Pazo de Meirás, el 18 de agosto de 1900. Cuando volvió a España, no tardó en escribir sobre "el retratista de las elegancias", citando alguna de sus piezas, como el retrato del violinista Pablo Sarasate. Más tarde, en su novela "La Quimera", le convertiría en la contrafigura.
A Emilia le gustaba su elegancia y la precisión con la que captaba los caracteres con el trazo suelto, ligero y vaporoso de sus barras de pastel. Magnífico colorista, penetraba en la psicología de sus modelos sin el menor compromiso de tener que halagar a nadie. A lo largo de quince años, desarrolló una obra extensa compartiendo la pintura con sus viajes y con la asistencia impuesta a actos sociales, pero siendo muy joven se vió obligado a un largo reposo por su enfermedad pulmonar. Todos estos detalles fueron introducidos en la novela que Emilia hizo de la vida del pintor...
sábado, 30 de diciembre de 2017
EL LIBRO IDEAL
Está a punto de terminar el año y no puedo dejar de soñar que, entre todos, conseguiremos que el 2018 sea realmente interesante. Uno de mis más viejos anhelos es que la sociedad vaya humanizando el trabajo y lo convierta en goce, tanto para él mismo como para quienes contemplan la obra bien hecha, es decir que se pueda llegar a fundir en un mismo concepto la ética y la estética.
William Morris defendía que el deseo de crear cosas bellas o la facultad de apreciarlas es algo consustancial a todos los seres humanos (no algo exclusivo de una minoría selecta) y, a la vez, un ingrediente necesario en la vida de cada uno de nosotros.
La importancia que tuvo su Movimiento Arts & Crafts para preservar el patrimonio arquitectónico y el paisaje rural de Inglaterra fue enorme. Una de las cosas que más me gusta de los ingleses es su respeto hacia el pasado y hacia el paisaje del Reino Unido, a diferencia de la ligereza con que otros países destruyen su patrimonio cultural o medio ambiental invocando una idea de progreso que apenas disimula la codicia y el mero afán de lucro.
En pintura, estaba estrechamente vinculado, desde sus orígenes, a los pintores prerrafaelistas. Fustigaba la fealdad de la producción industrial en las artes decorativas y la arquitectura y reivindicaba la obra bien hecha de los artesanos medievales que amaban su oficio y cuyas obras podían compararse, e incluso superar, a la de muchos de los artistas contemporáneos.
Para Morris, "el libro ideal" no debe estar sujeto a las exigencias comerciales, sino que podemos hacer con él lo que queramos, sólo condicionados por lo que de su naturaleza como libro exige el Arte. Sea cual fuere el tema del libro, y por muy carente que esté de ornamentos, puede llamarse obra de arte si la tipografía es buena y se presta especial atención a la composición.
Un libro, impreso o escrito a mano, tiende a ser un objeto bello. No cuesta más elegir una plancha bonita que una fea, sólo es cuestión de buen gusto. La arquitectura de un buen libro requiere que sus páginas sean claras y fáciles de leer, que el tipo de letra esté bien diseñado y que los márgenes (grandes o pequeños) estén bien proporcionados con la página de la letra.
"Un libro ornado con dibujos que resultan apropiados para él, y sólo para él, puede convertirse en una obra de arte sin rival, si exceptuamos un edificio debidamente decorado, o una obra maestra de la literatura".
Quiero agradecer a mi gran amigo y excelente pintor, Borja Echevarría, cómo consiguió convertir, con sus ilustraciones, en una obra de arte el primer libro "A mi manera", de la colección El Escorial: luz y arte, que escribí gracias a su apoyo e impulso. Y es que yo pienso sinceramente que el libro bien decorado no es, quizá, absolutamente necesario para nuestra vida, pero lo cierto es que nos proporciona tan ilimitado placer que debemos guardarlo como una de las cosas más valiosas en cuya producción debería el hombre sensato poner todo su empeño.
Poner en valor el libro de papel es uno de mis proyectos para el año que estamos a punto de estrenar.
Un fuerte abrazo para todos mis lectores y ¡Feliz Año Nuevo!
William Morris defendía que el deseo de crear cosas bellas o la facultad de apreciarlas es algo consustancial a todos los seres humanos (no algo exclusivo de una minoría selecta) y, a la vez, un ingrediente necesario en la vida de cada uno de nosotros.
La importancia que tuvo su Movimiento Arts & Crafts para preservar el patrimonio arquitectónico y el paisaje rural de Inglaterra fue enorme. Una de las cosas que más me gusta de los ingleses es su respeto hacia el pasado y hacia el paisaje del Reino Unido, a diferencia de la ligereza con que otros países destruyen su patrimonio cultural o medio ambiental invocando una idea de progreso que apenas disimula la codicia y el mero afán de lucro.
En pintura, estaba estrechamente vinculado, desde sus orígenes, a los pintores prerrafaelistas. Fustigaba la fealdad de la producción industrial en las artes decorativas y la arquitectura y reivindicaba la obra bien hecha de los artesanos medievales que amaban su oficio y cuyas obras podían compararse, e incluso superar, a la de muchos de los artistas contemporáneos.
Para Morris, "el libro ideal" no debe estar sujeto a las exigencias comerciales, sino que podemos hacer con él lo que queramos, sólo condicionados por lo que de su naturaleza como libro exige el Arte. Sea cual fuere el tema del libro, y por muy carente que esté de ornamentos, puede llamarse obra de arte si la tipografía es buena y se presta especial atención a la composición.
Un libro, impreso o escrito a mano, tiende a ser un objeto bello. No cuesta más elegir una plancha bonita que una fea, sólo es cuestión de buen gusto. La arquitectura de un buen libro requiere que sus páginas sean claras y fáciles de leer, que el tipo de letra esté bien diseñado y que los márgenes (grandes o pequeños) estén bien proporcionados con la página de la letra.
"Un libro ornado con dibujos que resultan apropiados para él, y sólo para él, puede convertirse en una obra de arte sin rival, si exceptuamos un edificio debidamente decorado, o una obra maestra de la literatura".
Quiero agradecer a mi gran amigo y excelente pintor, Borja Echevarría, cómo consiguió convertir, con sus ilustraciones, en una obra de arte el primer libro "A mi manera", de la colección El Escorial: luz y arte, que escribí gracias a su apoyo e impulso. Y es que yo pienso sinceramente que el libro bien decorado no es, quizá, absolutamente necesario para nuestra vida, pero lo cierto es que nos proporciona tan ilimitado placer que debemos guardarlo como una de las cosas más valiosas en cuya producción debería el hombre sensato poner todo su empeño.
Poner en valor el libro de papel es uno de mis proyectos para el año que estamos a punto de estrenar.
Un fuerte abrazo para todos mis lectores y ¡Feliz Año Nuevo!
domingo, 18 de diciembre de 2016
EL CISNE NEGRO
Llevaba mucho tiempo imaginando un lugar así al que poder ir cualquier día de diario a reponer fuerzas, a charlar con alguna amiga, a sentarme tranquilamente a ojear libros que luego me llevaría a casa o, simplemente, a hacer un alto en el camino, pero lo veía muy lejano. Hace unos días, mi amigo el pintor Borja Echevarría, que me conoce muy bien, me dijo que ya habían abierto "el lugar de mis sueños" y que tenía que ir a conocerlo lo antes posible porque me iba a encantar; ofrecía exactamente todo lo que yo estaba esperando, no me defraudaría...
Como siempre, le hice caso y fui inmediatamente. Atravesé el Mercado y llegué al callejón en cuya esquina estaba "El Cisne Negro", una librería-tetería, pequeñita, pero con mucho encanto. Entré y conocí a Mer y a Gonzalo, sus dueños, que me recibieron con naturalidad y cordialidad. Nos sentamos en una de las mesitas y decidimos que sería una buena idea hablar de mi cuarto libro...
Dicho y hecho: ayer sábado, por la tarde, nos reunimos un pequeño, pero muy selecto, grupo formado por los lectores, los libreros y la escritora. Como decía Chesterton, "toda amistad verdadera comienza con el fuego, la comida, la bebida y con la aceptación de la lluvia y la escarcha".
En realidad fue una charla en la que más tarde intervenimos todos. La buena energía circulaba libremente entre unos y otros y nos sentíamos muy bien. Este tipo de "saloncitos" son escenarios magníficos para poder gozar de buena compañía y conversación.
Ellos nos ofrecen té, chocolate o café, es decir, las bebidas conocidas como "intelectuales", pues nos mantienen despiertos, favorecen la locuacidad, estimulan el sistema nervioso y reducen la fatiga mental. También se pueden degustar exquisitas delicatessen, por lo que el dulce también está presente. No olvidemos que los chinos afirman que ayuda a digerir los alimentos, es sedante, quita los espasmos, nutre la energía mental y, como consecuencia, la espiritual.
Ayer, alerededor de un humeante chocolate con canela y un riquísimo bizcocho de dátiles y nueces, compartimos mesa, nos abrimos, nos aproximamos, aumentamos nuestra intimidad y nos sentimos "en casa". Todos entramos en la dimensión del "sentir" y es que "el sentimiento" aporta una gran riqueza a la razón, facilita mucho la comprensión global de las cosas. El ser humano necesita comprender y ser comprendido y una buena taza de té, chocolate o café nos hace sentir más flexibles, más expandidos, más tolerantes.
Decía Grimon de la Reynière: "Los placeres del dulce son los primeros que se conocen, los que más tarde se abandonan y los que más a menudo se pueden saborear. ¿Podría decirme lo mismo del resto?"
Creo que es una buena noticia que en la calle San Quintín, 6 de San Lorenzo de El Escorial, podamos gozar de un lugar que nos brinda la posibilidad de gozar de todo lo que he contando junto a buenos libros.
Como siempre, le hice caso y fui inmediatamente. Atravesé el Mercado y llegué al callejón en cuya esquina estaba "El Cisne Negro", una librería-tetería, pequeñita, pero con mucho encanto. Entré y conocí a Mer y a Gonzalo, sus dueños, que me recibieron con naturalidad y cordialidad. Nos sentamos en una de las mesitas y decidimos que sería una buena idea hablar de mi cuarto libro...
Dicho y hecho: ayer sábado, por la tarde, nos reunimos un pequeño, pero muy selecto, grupo formado por los lectores, los libreros y la escritora. Como decía Chesterton, "toda amistad verdadera comienza con el fuego, la comida, la bebida y con la aceptación de la lluvia y la escarcha".
En realidad fue una charla en la que más tarde intervenimos todos. La buena energía circulaba libremente entre unos y otros y nos sentíamos muy bien. Este tipo de "saloncitos" son escenarios magníficos para poder gozar de buena compañía y conversación.
Ellos nos ofrecen té, chocolate o café, es decir, las bebidas conocidas como "intelectuales", pues nos mantienen despiertos, favorecen la locuacidad, estimulan el sistema nervioso y reducen la fatiga mental. También se pueden degustar exquisitas delicatessen, por lo que el dulce también está presente. No olvidemos que los chinos afirman que ayuda a digerir los alimentos, es sedante, quita los espasmos, nutre la energía mental y, como consecuencia, la espiritual.
Ayer, alerededor de un humeante chocolate con canela y un riquísimo bizcocho de dátiles y nueces, compartimos mesa, nos abrimos, nos aproximamos, aumentamos nuestra intimidad y nos sentimos "en casa". Todos entramos en la dimensión del "sentir" y es que "el sentimiento" aporta una gran riqueza a la razón, facilita mucho la comprensión global de las cosas. El ser humano necesita comprender y ser comprendido y una buena taza de té, chocolate o café nos hace sentir más flexibles, más expandidos, más tolerantes.
Decía Grimon de la Reynière: "Los placeres del dulce son los primeros que se conocen, los que más tarde se abandonan y los que más a menudo se pueden saborear. ¿Podría decirme lo mismo del resto?"
Creo que es una buena noticia que en la calle San Quintín, 6 de San Lorenzo de El Escorial, podamos gozar de un lugar que nos brinda la posibilidad de gozar de todo lo que he contando junto a buenos libros.
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viernes, 6 de noviembre de 2015
"EL TURCO"
Jean-Étienne Liotard, "El Turco" (1702-1789) nació en Ginebra (Suiza) y fue uno de los pintores más afamados de la Ilustración. Destacó por el dominio del pastel y el realismo fotográfico de sus retratos, aunque faltaba medio siglo para que naciera el arte de la fotografía...
Desde el 24 de octubre hasta el el 31 de enero se puede ver una muestra de su obra en la Royal Academy of Arts (Londres). Más de setenta trabajos (de colecciones públicas y privadas de varios países europeos) en los que podemos encontrar: pastel, óleos, dibujos y miniaturas y un curioso trampantojo con retrato de Maria Teresa de Austria, su principal mecenas, descubierto en 1914 y que jamás se había visto hasta ahora.
Hijo de un reputado joyero se fue a París en 1725 donde pronto entaría en contacto con la aristocracia para quien trabajaría toda su vida.
De allí viajó a Nápoles y después a Roma, donde conoció a Lord Duncannon que le invitó a acompañarle a Constantinopla, ciudad en la que permanecería cuatro años. Una vez allí, y a través del Embajador inglés, realizó numerosos retratos y tuvo un gran desarrollo, tanto en el ámbito personal como en el profesional. Captó con asombrosa habilidad la esencia de aquélla exótica ciudad en la que confluían Oriente y Occidente; los interiores con las costumbres de aquéllas gentes, ataviados con sus peculiares vestimentas, a menudo reclinados en divanes, se hicieron muy atractivos para todos los que los contemplaban.
En 1742 volvía a Europa y seguía vistiendo "a la turca", lo que le daba un aire de misterio que atraía la curiosidad de las clases altas e, incluso, le solicitaban que les retratase vestidos a lo oriental...
Recorrió las más importantes ciudades europeas e hizo retratos para la mayoría de las Casas Reales. Pero el primer lugar al que llegó fue Viena, donde retrató a la que más tarde sería Emperatriz Maria Teresa I (madre de Maria Antonieta) y a buena parte de los Habsburgo.
Sus retratos, íntimos y sosegados, también causaron furor en Francia, Inglaterra y los Países Bajos. Se casó con una joven de origen francés y la retrató en varias ocasiones. En 1776 regresó a su ciudad natal en la que permaneció para siempre; no sólo como pintor sino como galerista y como autor de ensayos sobre arte.
Me entusiasma la perfección con la que refleja hasta el menor detalle. Éste cuadro se llama "La Bella Chocolatera" y es uno de mis preferidos. No me extraña que, durante su vida, gozara de tanta fama pues no sólo capturaba la expresión de sus modelos sino que mostraba como nadie la moda de la época y mezclaba con auténtica maestría el lujo del Rococó con el irresistible atractivo oriental de turbantes, sedas y babuchas...
Es un pintor que no es conocido por el gran público y sin embargo uno de los mejores del arte universal. Desde aquí animo a descubrir o profundizar en su obra y a los afortunados que puedan ir a Londres mientras dura su magnífica Exposición les doy la enhorabuena, pues no siempre contamos con una oferta tan magnífica...
Desde el 24 de octubre hasta el el 31 de enero se puede ver una muestra de su obra en la Royal Academy of Arts (Londres). Más de setenta trabajos (de colecciones públicas y privadas de varios países europeos) en los que podemos encontrar: pastel, óleos, dibujos y miniaturas y un curioso trampantojo con retrato de Maria Teresa de Austria, su principal mecenas, descubierto en 1914 y que jamás se había visto hasta ahora.
Hijo de un reputado joyero se fue a París en 1725 donde pronto entaría en contacto con la aristocracia para quien trabajaría toda su vida.
En 1742 volvía a Europa y seguía vistiendo "a la turca", lo que le daba un aire de misterio que atraía la curiosidad de las clases altas e, incluso, le solicitaban que les retratase vestidos a lo oriental...
Recorrió las más importantes ciudades europeas e hizo retratos para la mayoría de las Casas Reales. Pero el primer lugar al que llegó fue Viena, donde retrató a la que más tarde sería Emperatriz Maria Teresa I (madre de Maria Antonieta) y a buena parte de los Habsburgo.
Sus retratos, íntimos y sosegados, también causaron furor en Francia, Inglaterra y los Países Bajos. Se casó con una joven de origen francés y la retrató en varias ocasiones. En 1776 regresó a su ciudad natal en la que permaneció para siempre; no sólo como pintor sino como galerista y como autor de ensayos sobre arte.
Es un pintor que no es conocido por el gran público y sin embargo uno de los mejores del arte universal. Desde aquí animo a descubrir o profundizar en su obra y a los afortunados que puedan ir a Londres mientras dura su magnífica Exposición les doy la enhorabuena, pues no siempre contamos con una oferta tan magnífica...
lunes, 1 de septiembre de 2014
GEORGE DUNLOP
George Dunlop Leslie (1854) es uno de los pintores ingleses que más me gustan porque nos muestra con gran perfección y mucha sensibilidad la vida inglesa.
Pintor, autor e ilustrador, hijo y sobrino de renombrados artistas, nació en Londres y estudió en la Royal Academy, lugar en el que llevó a cabo su primera exposición de cuadros. A partir de ahí expuso todos los años de forma regular y periódica.
Formó parte de un grupo de artistas que estaban a favor de pintar temas de género y en 1887 retrató a la reina Victoria en el jubileo de oro.
En su cuadro Matilda se aprecia una clara influencia de los "prerrafaelistas", pero evolucionó hacia un estilo con el que pretendía que su pintura se pareciera lo más posible a fotografías de la vida cotidiana. Le encantaba incluir en su obra a los niños y fue muy elogiado por el escritor Ruskin.
Fue también autor de libros, como Our River, Letters to Marco, Riverside Letters... que él mismo ilustraba en blanco y negro. En realidad eran observaciones personales de la vida y de la naturaleza de su áreal local. Era un gran defensor de la paz y las buenas costumbres y lo mostraba constantemente para calar suavemente en la mentalidad de la gente que, según él, empezaba a estar "un poco acelerada".
Un día, leyendo un periódico inglés me topé con una notica que me reconfortó mucho: un coleccionista privado, gran rastreador del buen arte, había encontrado (colgado sin la menor gracia) uno de los mejores cuadros de Dunlop en las paredes de una escuela del sur de Gales. Su oferta fue tan tentadora que no se pudieron resistir a que una persona tan cultivada se viera privada de una verdadera obra de arte. El americano en cuestión llegó a pagar 170000 libras con la condición de que se invirtieran en mejorar la escuela y en comprar material adecuado para que los niños pintaran...
Si a esta buena noticia añadimos una taza de té a las cinco de la tarde, seguro que rendimos el mejor homenaje posible a esta magnífica persona que tanto amó a los niños y a su país.
Nada como recibir el mes con una sonrisa y recordando a pintores que nos hacen la vida tan agradable...
Pintor, autor e ilustrador, hijo y sobrino de renombrados artistas, nació en Londres y estudió en la Royal Academy, lugar en el que llevó a cabo su primera exposición de cuadros. A partir de ahí expuso todos los años de forma regular y periódica.
Formó parte de un grupo de artistas que estaban a favor de pintar temas de género y en 1887 retrató a la reina Victoria en el jubileo de oro.
En su cuadro Matilda se aprecia una clara influencia de los "prerrafaelistas", pero evolucionó hacia un estilo con el que pretendía que su pintura se pareciera lo más posible a fotografías de la vida cotidiana. Le encantaba incluir en su obra a los niños y fue muy elogiado por el escritor Ruskin.
Fue también autor de libros, como Our River, Letters to Marco, Riverside Letters... que él mismo ilustraba en blanco y negro. En realidad eran observaciones personales de la vida y de la naturaleza de su áreal local. Era un gran defensor de la paz y las buenas costumbres y lo mostraba constantemente para calar suavemente en la mentalidad de la gente que, según él, empezaba a estar "un poco acelerada".
Un día, leyendo un periódico inglés me topé con una notica que me reconfortó mucho: un coleccionista privado, gran rastreador del buen arte, había encontrado (colgado sin la menor gracia) uno de los mejores cuadros de Dunlop en las paredes de una escuela del sur de Gales. Su oferta fue tan tentadora que no se pudieron resistir a que una persona tan cultivada se viera privada de una verdadera obra de arte. El americano en cuestión llegó a pagar 170000 libras con la condición de que se invirtieran en mejorar la escuela y en comprar material adecuado para que los niños pintaran...
Si a esta buena noticia añadimos una taza de té a las cinco de la tarde, seguro que rendimos el mejor homenaje posible a esta magnífica persona que tanto amó a los niños y a su país.
Nada como recibir el mes con una sonrisa y recordando a pintores que nos hacen la vida tan agradable...
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viernes, 18 de julio de 2014
UN PINTOR NAIF
Nacido en Chile, comenzó a trabajar su pintura (ingenua pero sabia), en el Madrid de los años setenta, atraído más tarde por el cálido clima del Mediterráneo malagueño.
Está considerado como uno de los mejores (en este tipo de pintura) porque define los contornos con mucha precisión, sus cuadros carecen de perspectiva y consigue una sensación voluménica gracias a su extraordinario colorido. Cuida mucho los detalles, es terriblemente minucioso y, aunque el dibujo puede ser incorrecto, su obra contiene una gran potencia expresiva.
Siempre me he preguntado de dónde vendría la palabra naif y he descubierto que viene del francés y quiere decir ingenuo.
Pero hay que entender la ingenuidad como la búsqueda de la simplicidad para ofrecer una visión del mundo sincera y exenta de artificios.
En contra de lo que se podría pensar, el naif no es infantil sino reflexivo, filosófico, irónico, surrealista, divertido... Hay tantos estilos como personalidades, pero a todos ellos les une el amor por la obra bien hecha, los detalles y el intento de dar lo mejor de sí mismos.
En realidad son aficionados pues no se dedican a la pintura como actividad principal, sino que es un complemento de otras actividades profesionales. No son pintores con una formación académica sino creadores autodidactas. Huyen del academicismo y no se dejan contaminar por el convencionalismo.
Entieden el arte no como algo reflexivo y transcendente sino como reflejo de una tranquilidad interna, creando ambientes serenos y despreocupados.
Si todo arte, por definición, ofrece un lenguaje universal, el naif hace a este lenguaje más diáfano y directo, más puro y elemental, más cercano al sonido directo de las cosas, puesto que como señala Kadinsky: "es un cosmos de los seres espiritualmente activos".
Paciencia ejemplar en estos tiempos de prisas y sobresaltos, lo importante es el íntimo disfrute del pintor, que goza logrando hasta el pormenor más mínimo del detalle riguroso. Lleno de humanidad, de toda la humanidad en movimiento pacífico de buen talante: "pintura vivida para la vida viva".
martes, 1 de julio de 2014
MONET
Monet es uno de mis pintores favoritos y, además, le admiro porque fue capaz de cumplir su sueño en vida y dejarlo para la posteridad.
Al norte de Francia, en la alta Normandía, en la ribera occidental del Sena y a unos 80 kms de París, se encuentra "Giverny", localidad a la que se trasladó en 1883. Primero alquiló una casa y más tarde la compró. La pintó de rosa con las ventanas azules e instaló su taller de pintura en el granero. La huerta y el jardín eran sus lugares favoritos.
Pintaba "à plein air" (al aire libre), bajo la luz del sol. Plasmaba los efectos de la luz sobre los objetos, los cambios, las vibraciones... por eso su pintura me transmite una vitalidad llena de armonías.
"El motivo, para mí, es del todo secundario, lo que quiero representar es lo que existe entre el motivo y yo".
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Amante de la cultura y el arte japonés, construyó un jadín "a la oriental" con un puente y con nenúfares. Allí se dejaba iluminar por una luz limpia que incidía en el agua y en todo lo que le rodeaba, lo que le llevaba a crear verdaderas sinfonías cromáticas.
Sabía que la luz varía con el paso del tiempo y que se producen múltiples efectos que él intentaba rescatar con su ágil y rápida pincelada.
Durante toda su vida se mantuvo fiel al Impresionismo.
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