"Le charme c´est ce qui rend les jolies femmes intelligentes et les moins belles attirantes" ("el encanto es lo que hace inteligentes a las mujeres guapas y atractivas a las menos bellas"), esta es la mejor definición que he encontrado (para mujeres u hombres) acerca de una palabra tan difícil de matizar. Su autora, Marie d´Agoult, fue una interesante escritora francesa del siglo XIX que firmaba sus obras como "Daniel Stern".
Pero no voy a hablar de ella ni de su biografía sino que me voy a centrar en el contenido de la palabra "encanto" (charme). Creo que se nace con más o menos encanto, pero es algo que se puede desarrollar y eso es lo que más me apasiona del tema. En realidad es "el arte de tener una personalidad atractiva" y, así como hay personas que lo muestran en el acto, otras lo van ganando con el tiempo (como el buen vino). En encanto natural se puede desarrollar y perfeccionar con la práctica de unas buenas costumbres...
La actitud encantadora es el interesarse de verdad por los demás y hacer cómoda la situación sin importar la circunstancia. El escuchar es el arte más refinado en cualquier relación (personal o de grupo), pues demuestra un gran respeto y consideración hacia la persona que habla, lo que le aumenta su autoestima y le hace sentir interesante (la otra persona siente con él).
Recordar el nombre de los que acaba de conocer, pronunciarlo a lo largo de la conversación y no omitirlo cuando se despide, es un acto de amor hacia el otro que jamás olvida pues le ha sabido distinguir del resto.
La amabilidad (amable viene de amar) genera la más auténtica empatía rompiendo cualquier barrera o niebla a la hora de entablar cualquier tipo de conversación. Hablar de uno mismo, pero para dar pie a que los otros se abran y muestren sus inquietudes e intereses y solo dar pinceladas de intimidad para que el interés no decaiga son destrezas de alta diplomacia que la persona encantadora maneja con gran solura.
Contestar siempre cualquier tipo de comunicación que la otra persona entable con ella es uno de los signos que más admiro en las pesonas encantadoras, pues en el fondo no es más que buena educación de fondo. Me espanta la pseudo-comunicación hipermoderna en la que todo se sobreentiende (mails sin respuestas, comentarios que se los lleva el viento, llamadas postpuestas, mensajes impulsivo-compulsivos en los que se destroza el lenguaje...).
¿No podríamos dedicar un poco más de tiempo a cultivarnos como personas y a mejorar las relaciones humanas?
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martes, 16 de junio de 2015
martes, 12 de agosto de 2014
SEDUCTOR: ENCANTADOR
"El campo de la felicidad no va de los demás a tí, sino de tí a los demas" (Michel Quoist).
Aunque el término "seducir" tiene connotaciones negativas, existe una acepción muy positiva que significa algo tan maravilloso, generoso y detallista como embargar o cautivar el ánimo de alguien con el fin de hacerle sentir bien y disfrutar de nuestra compañía.
"Seductor", en ese sentido, es casi lo mismo que "encantador". Cuando decimos que alguien es un encanto de persona, desearíamos que los demás pudieran decirlo de nosotros. El diccionario de la Real Academia Española (RAE) define "encantar" como "atraer o ganar la voluntad de alguien por dones naturales como la hermosura, la gracia, la simpatía, el talento". Por tanto, alguien que podemos llamar seductor o encantador, sin duda habrá potenciado y ejercitado sus dones naturales, se habrá superado a sí mismo y habrá desarrollado la capacidad de caer bien a sus semejantes, cuidando las formas, valorándolos y reconociendo sus cualidades.
Aunque por naturaleza vengamos dotados de atractivo y cualidades, el auténtico seductor-encantador "se hace"; es fruto de una gran formación en actitudes positivas, en alegría de vivir, simpatía, buen carácter, buen humor y gracia. Todos sabemos que no es fácil merecer el calificativo de persona encantadora.
"Un encanto" es el que ha desarrollado al máximo sus habilidades para poder cautivar, convencer y atraer incluso a las personas más distantes. Y lo hace desde el respeto, el tacto, la simpatía, la elegancia, las buenas formas, el halago y las muestras de afecto.
En las relaciones humanas, incluso con personas desconsideradas, mal educadas y de pésimo carácter, el seductor termina por vencer. Su gracia, su simpatía, su sutileza - es un gran observador práctico - le permiten dar a cada uno lo que necesita y esto le convierte en la persona ideal para negociar y llevar los asuntos más difíciles a buen puerto...
"La verdad ha de darse al hombre envuelta en mieles. Ha de hacérsela risueña y amable, para que el hombre, seducido por su apariencia externa, se acerque a ella y la oiga sin saber que la oye". O como decía Ortega y Gasset: "Para persuadir hay que seducir".
Os sugiero que toméis buena nota de esta cita y procuréis llevarla a la vida diaria. Pronto caeréis en la cuenta de que os estáis haciendo un gran favor a vosotros mismos, pues tendréis más amigos, evitaréis incontables problemas y disgustos, seréis mucho más felices y la gente os acogerá, os valorará y tendrá en mucha más estima.
Esta es una pequeña reflexión veraniega que me ha sugerido este delicioso cuadro de Palmaroli y que se llama "La Confesión".
Aunque el término "seducir" tiene connotaciones negativas, existe una acepción muy positiva que significa algo tan maravilloso, generoso y detallista como embargar o cautivar el ánimo de alguien con el fin de hacerle sentir bien y disfrutar de nuestra compañía.
"Seductor", en ese sentido, es casi lo mismo que "encantador". Cuando decimos que alguien es un encanto de persona, desearíamos que los demás pudieran decirlo de nosotros. El diccionario de la Real Academia Española (RAE) define "encantar" como "atraer o ganar la voluntad de alguien por dones naturales como la hermosura, la gracia, la simpatía, el talento". Por tanto, alguien que podemos llamar seductor o encantador, sin duda habrá potenciado y ejercitado sus dones naturales, se habrá superado a sí mismo y habrá desarrollado la capacidad de caer bien a sus semejantes, cuidando las formas, valorándolos y reconociendo sus cualidades.
Aunque por naturaleza vengamos dotados de atractivo y cualidades, el auténtico seductor-encantador "se hace"; es fruto de una gran formación en actitudes positivas, en alegría de vivir, simpatía, buen carácter, buen humor y gracia. Todos sabemos que no es fácil merecer el calificativo de persona encantadora.
"Un encanto" es el que ha desarrollado al máximo sus habilidades para poder cautivar, convencer y atraer incluso a las personas más distantes. Y lo hace desde el respeto, el tacto, la simpatía, la elegancia, las buenas formas, el halago y las muestras de afecto.
En las relaciones humanas, incluso con personas desconsideradas, mal educadas y de pésimo carácter, el seductor termina por vencer. Su gracia, su simpatía, su sutileza - es un gran observador práctico - le permiten dar a cada uno lo que necesita y esto le convierte en la persona ideal para negociar y llevar los asuntos más difíciles a buen puerto...
"La verdad ha de darse al hombre envuelta en mieles. Ha de hacérsela risueña y amable, para que el hombre, seducido por su apariencia externa, se acerque a ella y la oiga sin saber que la oye". O como decía Ortega y Gasset: "Para persuadir hay que seducir".
Os sugiero que toméis buena nota de esta cita y procuréis llevarla a la vida diaria. Pronto caeréis en la cuenta de que os estáis haciendo un gran favor a vosotros mismos, pues tendréis más amigos, evitaréis incontables problemas y disgustos, seréis mucho más felices y la gente os acogerá, os valorará y tendrá en mucha más estima.
Esta es una pequeña reflexión veraniega que me ha sugerido este delicioso cuadro de Palmaroli y que se llama "La Confesión".
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