Maurice Quentin de la Tour (1704-1788) era un pintor francés que se introdujo en la técnica del "pastel" por la influencia de la pintora veneciana Rosalba Carriera (1673-1757). Ambos, lentos y meticulosos, trabajaban la calidad de una seda, la filigrana de un bordado o el brillo de una armadura con la minuciosidad y el detalle que exigía el "rococó".
Ella ayudaba a su madre en los patrones de los encajes que realizaba y más tarde se especializó en pintar miniaturas para las cajitas de rapé, que hacían las delicias de los viajeros que llegaban a Venecia.
Francia se rindió a sus pies y ella se trasladó con su hermana a París, donde recibió numerosos encargos de los reyes y de la corte.
Viajó por toda Europa y fue miembro de varias Academias. Jamás contrajo matrimonio, dedicó toda su vida al arte de pintar y al arte de vivir. Murió en Venecia, a los 81 años y, casi, ciega...
Él, nació en Saint Quentin y gracias a los grandes personajes que admiraban su pintura llegó a vivir como un auténtico caballero.
Fundó una escuela de dibujo en su pueblo y donó becas de viajes para jóvenes pintores.
Me gusta mucho como, los dos, captan el rasgo característico del retratado. Van más allá de la definición de los rasgos físicos y recogen su esencia (los retratados cuando se veían decian: "¡eso es, así soy yo!").
Establecen entre el retratado y el observador una corriente de complicidad pues el modelo, más que posar, parece que se asoma por el quicio de una puerta como para espiar o saludarnos desde el otro lado... Pintan rostros felices, risueños, llenos de autocomplacencia. Se introducen en los salones de lo que hoy llamaríamos "the beautiful people" en sus tiempos de mayor esplendor y despreocupación.
"Vive, vive tú que puedes, vive mientras puedas que yo más quisiera ser el más pobre de los vivos que ven la dulce luz del sol antes que ser el rey de los muertos". (Retrato de Luis XV de Quentin de la Tour).
Rococó es una palabra francesa que viene de rocaille (piedra) y coquille (concha) porque eran los elementos que más se usaban para la decoración de interiores. Sus pinturas eran sensuales, alegres y frescas; los pasteles (tonos suaves) potenciaban el volumen y acercaban a la realidad; era ideal para mostrar lo elegante, refinado, íntimo y delicado. Se le consideraba un arte mundano y frívolo, pero no se le puede negar que fue el símbolo de la gracia del Antiguo Régimen. Era una reacción lógica frente al pesimismo y la oscuridad del barroco.
Tiene mala prensa, es muy criticado (cursi, mundano, insustancial), pero a mí me gusta, me provoca una sonrisa y me contagia su "joie de vivre". Pienso que cumplió con su eslabón evolutivo...
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lunes, 22 de junio de 2015
martes, 19 de mayo de 2015
MADAME POMPADOUR
"Maîtrisse en titre" (Amante titular) del "Bien Amado" Luis XV, era una mujer extrovertida, seductora, idealista, con un gran sentido del optimismo y exacerbada pasión por todas las actividades que hacían de ella el centro de atención. Su indiscutible "glamour" la convertía en musa inspiradora del arte y de la cultura. Tanto su personalidad como su exquisito refinamiento la condujeron a ser la verdadera amante, amiga y confidente del monarca durante más de veinte años.
Al no ser noble, el rey la regaló El Marquesado de Pompadour y pudo instalarse como aristócrata en la corte de Versalles. La reina y ella tuvieron una relación magnífica desde el primer momento (tenían los papeles muy bien establecidos).
Las dos sabían que la pasión se enfriaría, pero había que cuidar la principal enfermedad del rey: "el tedio". Nadie como Jeanne Antoinette Poisson (se verdadero nombre) para organizar, con ayuda del filósofo Voltaire y del poeta Bernis brillantes fiestas donde los manjares se unían con el placer del espectáculo y el conocimiento de personalidades excéntricas.
Mientras decoraba nuevos salones en los palacios, se fue interesando por la política, hasta el punto de que nada ocurría en el reino sin su intervención. Con diestros golpes de timón, supo atraerse a todos los sectores e incluso, ayudada por Voltaire, derrotó a los clericales (lo más hostiles).
En 1752 patrocinó la publicación de L´Encyclopédie Française, obra fundamental por sus proyecciones en todas las ramas del saber.Promocionó París para convertirla en la ciudad más bella del mundo y, para ello, su tío y su hermano renovaron todos los barrios y la modernizaron. Fomentó la primera Escuela Militar e impulsó con su dinero y privilegios la manufactura de porcelanas de Sèvres.
En 1756 era "Dama de Compañía de la Reina" y la mujer apasionada dio paso a la inteligencia madura tomando a su cargo la administración de los placeres del monarca y evitándole las fatigas del gobierno. En ella descansaban los destinos del reino en un período tan difícil como la Guerra de los 7 años que concluyó con la pérdida de Canadá y otras colonias y el naufragio enconómico que atravesaba el país.
A pesar de que eran famosas sus litografías, su riquísima biblioteca y sus múltiples colecciones artísticas, dotaba a doncellas pobres y reconstruía pueblos enteros. Los artistas y artesanos se beneficiaron de su buen gusto y de su inmenso amor por "el arte". También su afición a las artes decorativas dio lugar a poner su nombre a un estilo suntuoso pero sobrio que tipifica una época frívola no exenta de sensibilidad.
Diderot, el encilopedista por excelencia, era otro de sus protegidos y hasta el turbulento Rousseau acabó por rendirse. Quensay, autor de la famosa máxima: "laissez faire, laissez passer, le monde va lui-même", formaba parte de su círculo.
Grabó delicadas escenas que se conservan que denotan un espíritu sutil y equilibrado además de un elegante sentido estético.
Llevaba la creatividad corriendo por sus venas y poseía un fascinante don para conseguir todo lo que se proponía ya que la seguridad en sí misma y su altivez imperativa estaba enmarcada en una gran delicadeza. Todo ello hacía que cualquiera se rindiera a sus pies.
Fallecía con 42 años en su apartamento de Versalles. Después de una misa sus restos recorrieron todas las calles de París y fue enterrada en Los Capuchinos de la Plaza Vendôme. El rey, desolado, no reaccionó, se iba para siempre su más querida y fiel amiga, pero su espíritu permanece entre nosotros.
"Madame Pompadour" es la esencia de Francia y fue capaz de crear un estilo cuyo sello está vigente y es sinónimo de "elegancia y seducción femeninas"
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