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lunes, 11 de mayo de 2020

EL SONIDO DE LOS COLORES

Kandinsky llegó al arte abstraco - en gran medida - desde la música, que tuvo una gran incidencia en la pintura moderna en la década de 1910 del siglo XX. Se dio cuenta de que la pintura popular y la infantil representaban los objetos sin copiarlos y de que el arte árabe no necesitaba de la figura para hacer cosas bellas. Por su parte, la música provocaba la emoción por el simple juego de los sonidos, por eso en sus escritos incidió en su importancia recurriendo a intelectuales como Goethe o Delacroix que ya habían puesto de manifiesto cómo el sonido y el color impactan en el espíritu.

"El color es un medio para ejercer una influencia directa sobre el alma. El color es la tecla. El alma es el piano con muchas cuerdas. El artista es la mano que, por esta o aquella tecla, hace vibrar adecuadamente el alma humana". (Kandinsky).


"Los violines, los profundos tonos de los contrabajos y los instrumentos de viento personificaban para mí toda la fuerza de las horas del crepúsculo. Ví todos mis colores en mi mente, estaban ante mis ojos. Líneas salvajes, casi enloquecidas, se dibujaron frente a mí". (Kandinsky).


 ¿A qué suena el amarillo, rojo, azul o verde? Como sabemos, la música se capta a través del canal auditivo, se desenvuelve en la dimensión temporal y no puede ser percibida visualmente si no es por el empleo de la tecnología, pero la pintura discurre por el canal de la vista, siendo la espacialidad y la intemporalidad sus valores predominantes. ¿Qué pasa con los colores que componen esas pinturas y que nos provocan sentimientos que recorren nuestro cuerpo?

Kandinsky definió la sinestesia como un componente esencial del arte. Su pensamiento trataba de tres elementos: sonido, color y sentimiento e investigó profundamente en las relaciones consonantes y disonantes entre color y música. Los colores de sus pinturas ejercían dos tipos de reacción: la física (la visualización de la belleza de los colores agrada y dura mientras existe el estímulo) y la psicológica (conmoción emocional y desarrollo de la sensibilidad).

Y es que Kandinsky era "sinestésico", es decir que podía oír colores y ver sonidos porque experimentaba sensaciones de una fuente sensorial a partir de estímulos de otra modalidad distinta; tenía una respuesta sonora inmediata cada vez que tenía un color en su cabeza, por eso para él el color y el sonido era una unidad indisoluble y el cuadro una obra musical a componer.

Influenciado por la teosofía y el misticismo estaba convencido de que el artista puro es aquel que busca expresar sus sentimientos más profundos e ignora lo superficial. El arte que transmitiera lo esencial y estuviera vivo podría ser un remedio para una época enferma formada por una sociedad materialista, formalista y reaccionaria.

sábado, 18 de abril de 2020

EL CAMINO DE PÍO BAROJA

La novela de Pío Baroja titulada Camino de Perfección (como el libro de Santa Teresa) fue juzgado - en su época - por la crítica con cierta prevención. ¿Cómo interpretar una obra que parecía carecer de estructura, argumento, desarrollo o final coherente? Sin embargo, el autor argumentaba: igual que un cuadro impresionista no ofrece un producto acabado  y requiere un esfuerzo de interpretación mayor por parte de quien lo contempla, en mi novela yo propongo algo similar, pues mi nuevo estilo moderno (impresionista místico) condiciona al lector a participar más y a adoptar una postura menos pasiva mientras lee.

En su novela da gran importancia al Greco, pintor del Siglo de Oro español poco valorado por la crítica neoclásica pero reverenciado por los impresionistas, a quien consideraban su precursor. Baroja interpreta la palabra Camino como un proceso de transformación con connotaciones estéticas, por eso su protagonista lleva a cabo un continuo peregrinaje y, en cuanto a la luz y los efectos que ésta produce en el paisaje, según sus cambios a lo largo del día con sus consecuentes alteraciones de color, consigue en su narración (como los impresionistas) que adquiera una importancia fundamental.

Como el impresionismo, él también da contornos imprecisos: "Al entrar, no percibía más que unas cuantas luces, después se iba viendo el altar, luego se percibían contornos de mujeres, caras duras, renegridas, tostadas por el sol, rezando con un ademán de ferviente misticismo".

El final del libro resulta confuso, si se le interpreta con técnicas tradicionales y es ilógico según los parámetros realistas, pero utilizando el marco del impresionismo Baroja nos presenta un final abierto... Para él, lo importante no es el producto final de la obra, sino el método de interpretación de la realidad y la forma subjetiva y múltiple de definirla. En la ascética, el individuo se esfuerza por perfeccionar su espíritu mediante la voluntad y en su narrativa Baroja aspira a una perfección literaria.

Su arte fue consdierado "insultante", pues la espontaneidad, la contradicción, el subjetivismo y el apasionamiento eran palabras que se podían asociar bien al impresionismo y al ascetismo, pero estaban muy lejos del realismo imperante.

"A lo lejos se veía un pueblo envuelto en una nube cenicienta". "Sus torres y  pináculos se destacaban perfilándose en el azul intenso y luminoso del horizonte". El escritor utiliza el color, no la forma; sitúa colores puros junto complementarios (puntillismo usado por los impresionistas) con el fín de que sea el lector quien los mezcle.

"Al ocultarse el sol se hizo más violácea la muralla de la sierra; aún iluminaban los últimos rayos un pico lejano del poniente y las demás montañas quedaban envueltas en una bruma rosada y espléndida, de carmín y de oro, que parecía arrancada de alguna apoteosis de Tiziano".

domingo, 7 de octubre de 2018

EUGÈNE BOUDIN

"Tres pinceladas al aire libre, en la naturaleza, son mejores que dos días de trabajo en el caballete", decia Boudin a su amigo Michel Lévy mientras hacía este lienzo que inmortalizó a Eugène haciendo lo que más le gustaba, pintar "à plein air".
Hijo de marino, siempre había estado relacionado con el mar y en le Havre, trabajando como impresor y más tarde como enmarcador, pudo conocer a muchos artistas que le animaban a aprender a pintar. Haciendo caso a Millet, viajó a París cuando tenía 23 años (1847) y le atrajo la Escuela de Barbizón, donde se pintaba el paisaje tomado del natural.

Resgresó a Normandía y Bretaña y en 1855 se enfrentó a su gran pasión: pintar el mar y entregarse a la fascinación que sentía por el estudio de los efectos lumínicos. En Deauville, no muy lejos de Honfleur su pueblo natal, la aristocracia pasaba sus veranos y él realizó muchas obras de carácter amable que testimoniaban una nueva forma de vida en una época en la que empezaba a estar de moda tomar baños en el mar.

Pero esos cuadros no le acercaban a la élite del arte y viajó a Bélgica, Burdeos, Holanda y Venecia, buscando los mejores efectos de la luz que dieran dinamismo a sus obras. El cielo fue su gran aliado, captando siempre en sus paisajes sus infinitos matices y desafiando las inclemencias del tiempo o la salud.
A partir de 1870, se dedicó a investigar el paisaje en todos los momentos del día y estaciones del año, creando series de un mismo paisaje como haría su amigo Monet.

 En realidad, Boudin - aunque participó en exposiciones de los Impresionistas - fue precursor del Impresionismo. Conoció a Monet en 1858, cuando el joven Claude sólo tenía 18 años, y le animó a que dejara sus caricaturas y pintara al aire libre. Le transmitió su amor a los tonos brillantes, a la luz y a la naturaleza. Pasados los años, Monet diría: "Se lo debo todo a Boudin".

Bajo mi punto de vista, Eugène Boudin, el que afirmaba que el blanco o impenetrable no existe y que el aire es transparente, se ganó muy merecidamente su título de "el rey de los cielos", pues durante toda su vida mantuvo el anhelo de elevar sus obras a un nivel superior, algo que le acompañó hasta su muerte, que le sorprendió contemplando el cielo de Deauville...


martes, 6 de septiembre de 2016

LA PERLA DE LA CORONA

La Perla de la Corona es mi cuarto libro de la colección El Escorial: luz y arte. Trata de que, en la corte de Felipe IV, un retratista del rey, que también ocupaba cargos palatinos, contemplando junto a Rubens los frescos de la Real Biblioteca del Monasterio de El Escorial, reflexionó acerca de lo que en ellos se representaba y decidió dar un giro a su vida, comenzando un viaje que le llevaría del conocimiento humano al divino, pero para ello tendría que dominar las Artes Liberales. Lo consiguió, alcanzó su meta personal y profesional, y su obra maestra llegó a ser "la Teología de la Pintura".
En éste tomo me acerco al pintor,  a su obra maestra y a la protagonista indiscutible de la misma. Es una obra magna considerada como la cumbre del arte universal y punto y aparte en la historia de la Pintura. Con ella, el autor demostró que la Pintura es un "Arte Liberal y Noble" y, por su dignidad e importancia, los pintores tenían que ser considerados como artistas y no como artesanos.

Es un placer para mí invitar a todos mis lectores el miércoles 14, a las 7 de la tarde, en la Casa de Cultura de San Lorenzo de El Escorial (Madrid).

jueves, 11 de agosto de 2016

LA PEONÍA

Me encanta esta acuarela de una "peonía" que está expresada como una impresión, un soplo, como hacen los especialistas en pintura oriental "sumi-e".
Decía Tchan Yen Yuan: 
"Quien se sumerge en su obra y agita su pincel con voluntad de realizar un cuadro, está condenado al fracaso.
Quien ejercita su espíritu y mueve su pincel sin tener conciencia de que pinta, llega al secreto de la pintura. 
Su mano no se volverá rígida, su corazón no se paralizará, y su obra se realizará por sí misma, sin que se sepa como fue hecha".
Esta flor simboliza la belleza, lo frágil y efímera que es la existencia y ayuda a comprender que conseguir grandes recompensas habitualmente implica asumir grandes riesgos. En los jardines imperiales chinos se la conoce como "sho-yu" (la más bella); también, con su dibujo, se adornan sus vestimentas, pues representa lo divino y poderoso.



 Recordemos algunas frases de Confucio:

"Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla".

"Cuando el objetivo te parezca difícil, no cambies de objetivo, busca un nuevo camino para llegar a él".

"Cometer un error y no corregirlo es cometer otro error".

"No importa la lentitud con la que avances, siempre y cuando no te detengas".

"Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día en tu vida".

"Dímelo y lo olvidaré, muestrameló y lo recordaré, involucramé y aprenderé".

"Si hay música en tu alma, se escuchará en todo el universo".

"Sé firme en tus actos, pero tranquilo en tu corazón. Sé estricto contigo mismo, pero gentil con tu prójimo".

"Un camino de miles de pasos empieza siempre con uno solo".

"En lugar de estar preocupado porque te conozcan, preocupaté de que valga la pena conocerte".

"Aquel que procura asegurar el bienestar ajeno, ya  tiene asegurado el suyo propio".

"Nada se va hasta que nos haya enseñado lo que necesitábamos saber".

Estamos en pleno verano, tenemos mucho más tiempo para cultivarnos y para deleitarnos con la palabra, la pintura, la música, la contemplación... Creo que sería bueno hacer un poco de caso a Confucio, nos ayudará en nuestra vida cotidiana y desarrollaremos nuestra sensibilidad (de la que hay tanta demanda y tan poca oferta...).

CONFUCIO

La cultura china es la que más ha perdurado en la Historia de la Humanidad y todavía hoy continúa vigente. La filosofía de Confucio, cuyos principios fueron asumidos por la población, se transmitieron generación tras generación a través de las cuatro artes primordiales: música, poesía, caligrafía y pintura.
Nació (551-479 AC) en una época convulsa en la que la decadencia del sistema feudal y la pérdida de poder del emperador le impulsó a propugnar un sistema filosófico que permitió organizar la sociedad china de una forma tan eficaz como duradera.
Según él, el ser humano forma parte del orden cósmico, es una parte del todo como cualquier otra, pero tiene que responsabilizarse de "su parcela" puesto que si una parte del universo pierde el equilibrio se afecta el conjunto entero.

Para no alterar este orden cósmico debe seguir tres pasos: ren, li y dào. Ren: perfección, calidad interior, suma de todas las virtudes; se consigue con el cultivo de uno mismo, relacionándose con los demás y aprendiendo de ello. Li: calidad en la conducta en su interrelación con los demás. Debe coexistir con el ren, pues de nada sirve una apariencia noble si no hay bondad en el interior. Ambas cualidades irán conformando nuestro dào, el camino correcto hacia el perfeccionamiento progresivo que requiere esfuerzo, voluntad y disciplina (estudiando, aprendiendo y practicando el mayor conocimiento posible).

 ¿Qué resulta de todo lo anterior? Según Confucio un "junzy" era un hombre superior: virtuoso, abierto de miras, solidario, educado, noble, humilde, sabio...pero entendiendo la nobleza como concepto ético basado en la calidad intelectual y moral del individuo o "caballero" que puede pertenecer a cualquier clase social.
Las cuatro flores junzy eran: el crisantemo, ciruelo, orquídea y bambú y representaban la alegría, la perfección, la sabiduría y la honestidad
Para cultivarse hay que gozar de tiempo, pues no sólo se aprende de los libros sino a través de las artes.

La pintura servía para inspirar y estimular la personalidad de los asistentes que acudían a conciertos de pintura en vivo; provocaba emociones o inspiraba procesos cognoscitivos y había que admirarla "con las manos limpias" pues rara vez estaba colgada. En una obra podían participar uno o más pintores, añadir poemas y acompañarla de música (integración de las artes). Las artes se convertían así en catalizadores y vehículos del desarrollo ético e intelectual de la sociedad.


"Tres cosas distinguen a un ser humano superior: siendo virtuoso, está libre de ansiedad; siendo sabio, está libre de perplejidad y siendo valiente, está libre de temor".
"El agua es la cosa más suave y aún así puede penetrar montañas y tierra. Esto muestra claramente el principio de que la suavidad supera la dureza".
La grandeza de este pensador es que su pensamiento iba dirigido al ser humano, a la persona, sin distinguir entre hombre y mujer, lo que nos demuestra que, desde su origen, la buena filosofía no hace distinciones... éstas llegaron mucho después.

lunes, 10 de agosto de 2015

MÚSICA EN LA PINTURA

Este cuadro fue pintado por Goya en abril de 1800. La obra es de una belleza singular por su armonía relajada, su tensión contenida y porque nos muestra una dama delicada, de actitud y mirada melancólica, que parece aceptar un forzado destino...

Tenía 20 años y estaba esperando a su primera y única hija, la Infanta Carlota. Es como si, con sus brazos, crease un espacio en forma de rombo que sirviera para proteger y resguardar su embarazo con gran candidez.

En la cabeza, espigas como símbolo de fertilidad (recordando a la diosa ceres) suavizadas por una gasa blanca y unos lazos azules.

La puesta en escena es sencilla: no hay elementos accesorios, sólo el sillón en que reposa Maria Teresa de Borbón y Villabriga, XV condesa de Chinchón y marquesa de Boadilla del Monte, esposa de don Manuel Godoy, Príncipe de la Paz.

Ciertos empastes en blanco, en las zonas más sobresalientes, a modo de acentos musicales, marcan la situación de las rodillas, su embarazo, su pecho... y hacen vibrar la superficie cromática. La soltura en el manejo del pincel es total, hasta en los más mínimos detalles; de los anillos, el más grande representa a Godoy.

El perfecto dominio de la técnica, que reúne simplicidad y detallismo, y la placidez con que reposa, me lleva a pensar que, lo que evoca este cuadro podría ser, quizá, una música en un tono menor, sosegada y romántica, algo así como  un Nocturno de Frederic Chopin.

¿Lo que más me atrae de esta maravillosa obra? Pues que su perfecta armonía contrasta con los secretos que se adivinan en su interior... Otro día profundizaremos en su biografía que, como todas las que son interesantes, no fue fácil. Tuvo el honor y el privilegio de ser captada por uno de los mejores pintores de todos los tiempos y ese es uno de sus legados... Se puede contemplar en la sala 87 del Museo del Prado.

miércoles, 15 de julio de 2015

MARIE STILLMAN

Marie Spartali Stillman (1844-1927) es una mujer y pintora que me fascina. Nació en Londres y era la hija pequeña de una familia griega muy acomodada. Su padre organizaba veladas culturales en las que invitaba a destacadas personalidades del mundo del arte y de la literatura.

La belleza de Marie no dejaba impasible a nadie, era tan perfecta que llegaba a ser perturbadora. Uno de los poetas que frecuentaban su casa llegó a decir: "es tan hermosa  que querría sentarme a llorar".

En los ambientes más exclusivos sus dos primas y ella eran conocidas como "las tres gracias" y sirvieron como modelos y musas inspiradoras de los pintores "prerrafaelitas" (movimiento que quiso recuperar la más pura esencia del arte gótico). Ella misma empezó a estudiar el arte de la pintura con Ford Madox Brown y tuvo gran influencia de los que la habían pintado...

El cuadro que vemos arriba es un autorretrato. Siempre pintaba hermosas figuras femeninas y preciosos paisajes y hacía referencia a Dante y Boccaccio. Su carrera fue muy dilatada, duró unos sesenta años y produjo más de cien cuadros que fueron expuestos en las salas de arte más prestigiosas de Ingalterra y los Estados Unidos.

En 1871 se casó con un viudo cuya esposa se había suicidado y dejaba tres indefensos hijos que ella quiso y cuidó como una verdadera madre. Su marido, el periodista americano W.J. Stillman no era en absoluto el hombre ideal con el que su padre había soñado. El periódico The Times (para el que trabajaba) le mandó de corresponsal a Roma y Florencia y ella tuvo que compaginar, muy difícilmente, sus tareas de ama de casa y su pasión por la pintura. El matrimonio había tenido un hijo, con lo cual eran cuatro los que requerían sus cuidados y atenciones...

Fue una liberación volver a Inglaterra en 1898, cuando él se retiró y trasladarse a Surrey, lugar donde pudo vivir hasta su fallecimiento donde fue enterrada junto a su amado esposo.

Fue el pintor Rossetti quien se atrevió a decir que su "musa" había nacido con tres dones: la belleza, la sabiduría y la promesa de ser amada por el hombre más extraordinario de su tiempo, pero que el último no se había materializado...
Pero yo pienso que ella fue consecuente consigo misma y eligió su vida siendo a lo largo de los años "guardiana de la pureza de la tradición, de la verdad, de la enseñanza auténtica y arcana que permanece inmutable a través del tiempo" pues jamás renunció a sus raíces griegas...

martes, 30 de junio de 2015

CLEMMIE CHURCHILL

A primeros de junio, encontrándome ante la impresionante puerta de entrada del Palacio de Blenheim, recordé una película que ví hace mucho tiempo y me gustó por la calidad de los actores y la ambientación. Comenzaba con un sueño que tenía Winston Churchill sobre la batalla de Blenheim, la gran victoria de su antepasado el duque de Malborough (nuestro "Mambrú"). El protagonista se sentía predestinado a jugar un papel en la Historia similar, aunque su situación real le alejaba mucho de dicho sueño...

Envejecido (1934), sin alejarse de la vida política y recluído en su mansión campestre (desde la que, según él, había la mejor vista de Inglaterra) escribía artículos para el Daily Mirror, avanzaba en la biografía de su antecesor y pintaba cuadros sin parar para, entre unas cosas y otras, poder hacer frente a la enorme deuda contraída después del crack del 29. Tenía graves enfrentamientos con las dos cámaras del Parlamento y en sociedad era muy criticado por sus "originalidades".

El ambiente doméstico era bastante icómodo para Clemmie, su espsosa, pues él estaba más insoportable, ególatra, caprichoso y manirroto que nunca y de sus cinco hijos, ninguno acababa de arrancar profesionalmente. Se dio la circunstancia de que fue invitada a hacer un crucero en el yate de Lord Moyne a la isla de Komodo y tras un fuerte enfrentamiento ella se fue...

La travesía duró mucho, mucho tiempo y en ella ocurrieron muchas, muchas cosas, pero él permaneció en casa, pintando, con sus mascotas y levantando un muro infranqueable alrededor de la casa familiar. Una tarde, mientras estaba frente al caballete, oyó crujir las hojas de otoño bajo unas pisadas terriblemente conocidas y sin inmutarse lo más mínimo le dijo a Clementine : "tus zapatillas están preparadas junto a una rosa desde el día que te fuiste; ellas y yo sabíamos que volverías"...

Desde el momento que se vieron por primera vez hubo entre los dos una atracción inmediata a todos los niveles y antes de la boda hubo una copiosa e intensa correspondencia que les permitió conocerse y amarse. Sabían, en el fondo, que su lazo era inquebrantable, pero tuvieron el coraje de lanzarse a lo que la vida le brindaba a ella para ver si la prueba era superada o no. No hubo palabras, sino miradas y juntos volvieron a casa a tomar el té y empezaron a discutir por la cantidad excesiva de mermelada que él ponía en las tostadas...

Termino recordando una de sus frases que más me gustan: "el precio de la grandeza es la responsabilidad" (Winston Churchill).

lunes, 22 de junio de 2015

EL PASTEL EN EL ROCOCÓ

Maurice Quentin de la Tour (1704-1788) era un pintor francés que se introdujo en la técnica del "pastel" por la influencia de la pintora veneciana Rosalba Carriera (1673-1757). Ambos, lentos y meticulosos, trabajaban la calidad de una seda, la filigrana de un bordado o el brillo de una armadura con la minuciosidad y el detalle que exigía el "rococó".

 Ella ayudaba a su madre en los patrones de los encajes que realizaba y más tarde se especializó en pintar miniaturas para las cajitas de rapé, que hacían las delicias de los viajeros que llegaban a Venecia.

Francia se rindió a sus pies y ella se trasladó con su hermana a París, donde recibió numerosos encargos de los reyes y de la corte.

Viajó por toda Europa y fue miembro de varias Academias. Jamás contrajo matrimonio, dedicó toda su vida al arte de pintar y al arte de vivir. Murió en Venecia, a los 81 años y, casi, ciega...

Él, nació en Saint Quentin y gracias a los grandes personajes que admiraban su pintura llegó a vivir como un auténtico caballero.

Fundó una escuela de dibujo en su pueblo y donó becas de viajes para jóvenes pintores.

Me gusta mucho como, los dos, captan el rasgo característico del retratado. Van más allá de la definición de los rasgos físicos y recogen su esencia (los retratados cuando se veían decian: "¡eso es, así soy yo!").

Establecen entre el retratado y el observador una corriente de complicidad pues el modelo, más que posar, parece que se asoma por el quicio de una puerta como para espiar o saludarnos desde el otro lado... Pintan rostros felices, risueños, llenos de autocomplacencia. Se introducen en los salones de lo que hoy llamaríamos "the beautiful people" en sus tiempos de mayor esplendor y despreocupación.

"Vive, vive tú que puedes, vive mientras puedas que yo más quisiera ser el más pobre de los vivos que ven la dulce luz del sol antes que ser el rey de los muertos". (Retrato de Luis XV de Quentin de la Tour).

Rococó es una palabra francesa que viene de rocaille (piedra) y coquille (concha) porque eran los elementos que más se usaban para la decoración de interiores. Sus pinturas eran sensuales, alegres y frescas; los pasteles (tonos suaves) potenciaban el volumen y acercaban a la realidad; era ideal para mostrar lo elegante, refinado, íntimo y delicado. Se le consideraba un arte mundano y frívolo, pero no se le puede negar que fue el símbolo de la gracia del Antiguo Régimen. Era una reacción lógica frente al pesimismo y la oscuridad del barroco.

Tiene mala prensa, es muy criticado (cursi, mundano, insustancial), pero a mí me gusta, me provoca una sonrisa y me contagia su "joie de vivre". Pienso que cumplió con su eslabón evolutivo...




viernes, 16 de enero de 2015

LECTORA CÓMPLICE

"Jeune Fille" es cómo se llama éste cuadro, que me encanta, del pintor veronés (nacido en 1707) Pietro Antonio Rotari. Pertenecía a una familia noble, lo que le permitió viajar a Venecia, Roma y Nápoles antes de volver a su ciudad natal y montar allí un taller de pintura. Pero más tarde fue nombrado pintor oficial de la corte en San Petesburgo, dónde se instaló definitivaente, siendo lo más destacado sus retratos.

En la mano tiene un librito muy bello que representa la más digna morada de la palabra, la verdadera protagonista, que se encuentra enmarcada en su interior abriendo y cerrando las puertas del discurso. Por otra parte, la expresión de la joven lectora me sugiere que ha sido hábil para interpretar, asociar y transformar lo que ha leído.

Me da la impresión de que ella no sólo ha descodificado unos signos, sino que ha recibido el mensaje del autor del texto. Intuyo que conoce las palabras, que maneja los léxicos, que tiene capacidad de reflexión... pero, sobre todo, "su mirada"

denota que tiene respeto hacia el autor y el texto, que no le ha juzgado, que no ha leído lo que esperaba sino que ha sido sorprendida y ha captado la esencia. Ha tenido el coraje de ir al encuentro del autor y ha sabido interpretarle, ha quitado lo superfluo, ha reagrupado lo disperso, ha sopesado... ha entendido el mensaje y responde con su gesto...

Está muy agradecida, divertida y con cierto pudor muestra su inmensa satisfacción porque la lectura del libro le ha consentido crear espacios que no están sometidos a las leyes físicas; le ha permitido ampliar sus posibilidades de conocer, amar y disfrutar más allá de lo puramente sensible. Los mundos virtuales literarios, el flujo y el reflujo continuo que la ha posibilitado conocerse, interpretarse, evadirse, transformarse y transformar le hacen sentirse una persona diferente, algo importante ha cambiado y ella lo manifiesta.

Como escritora, percibo la complicidad de una lectora de mente clara y corazón puro que disfruta de verdad con el placer de la lectura sin ponerse en el lugar del "autor" como hacen los más críticos.



viernes, 18 de julio de 2014

UN PINTOR NAIF

Hay un pintor naif que se llama Tito Lucaveche que me encanta. Fue ganador de una de las Muestras que convoca la Galería Éboli, de Madrid, en la Casa de los Guzmanes (siglo XVI), cerca del Palacio Real.
Nacido en Chile, comenzó a trabajar su pintura (ingenua pero sabia), en el Madrid de los años setenta, atraído más tarde por el cálido clima del Mediterráneo malagueño.

Está considerado como uno de los mejores (en este tipo de pintura) porque define los contornos con mucha precisión, sus cuadros carecen de perspectiva y consigue una sensación voluménica gracias a su extraordinario colorido. Cuida mucho los detalles, es terriblemente minucioso y, aunque el dibujo puede ser incorrecto, su obra contiene una gran potencia expresiva.

Siempre me he preguntado de dónde vendría la palabra naif y he descubierto que viene del francés y quiere decir ingenuo.

Pero hay que entender la ingenuidad como la búsqueda de la simplicidad para ofrecer una visión del mundo sincera y exenta de artificios.

En contra de lo que se podría pensar, el naif no es infantil sino reflexivo, filosófico, irónico, surrealista, divertido... Hay tantos estilos como personalidades, pero a todos ellos les une el amor por la obra bien hecha, los detalles y el intento de dar lo mejor de sí mismos.

En realidad son aficionados pues no se dedican a la pintura como actividad principal, sino que es un complemento de otras actividades profesionales. No son pintores con una formación académica sino creadores autodidactas. Huyen del academicismo y no se dejan contaminar por el convencionalismo.

 Entieden el arte no como algo reflexivo y transcendente sino como reflejo de una tranquilidad interna, creando ambientes serenos y despreocupados.

Si todo arte, por definición, ofrece un lenguaje universal, el naif hace a este lenguaje más diáfano y directo, más puro y elemental, más cercano al sonido directo de las cosas, puesto que como señala Kadinsky: "es un cosmos de los seres espiritualmente activos".

Paciencia ejemplar en estos tiempos de prisas y sobresaltos, lo importante es el íntimo disfrute del pintor, que goza logrando hasta el pormenor más mínimo del detalle riguroso. Lleno de humanidad, de toda la humanidad en movimiento pacífico de buen talante: "pintura vivida para la vida viva".