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lunes, 26 de marzo de 2018

LA TERNURA

Decía Oscar Wilde que "en el arte como en el amor es la ternura lo que da fuerza" y Gandhi llamaba cobarde al que es incapaz de mostrar amor. Y es que la ternura, paradójicamente, no es blanda, sino fuerte, firme y audaz (se muestra sin barreras, sin miedo). No se trata sólo de un acto de coraje, sino de voluntad para mantener y reforzar el vínculo de una relación humana del tipo que sea. Ella hace fuerte al amor y enciende la chispa de la alegría en la adversidad. Gracias a ella las relaciones se vuelven más profundas y duraderas, pues expresa sutilmente el deseo de que el otro se sienta bien.

La ternura implica confianza y seguridad en uno mismo y sin ella no hay entrega. Lejos de ser ostentosa es elegante: escucha atenta, gesto amable, demostración de interés por el otro... sin contrapartidas. Además, cobra extraordinario valor en los momentos difíciles y es una clara manifestación de que en el amor nada es pequeño.

La ternura da belleza y sentido a la vida. Es la expresión más serena, bella y firme del amor. Es el respeto, el reconocimiento y el cariño expresado en la caricia, en el detalle sutil, en el regalo inesperado, en la mirada cómplice o en el abrazo entregado y sincero. Gracias a ella, las relaciones afectivas crean las raíces del vínculo, de la consideración y del verdadero amor y los niños obtienen de ella la fuerza emocional necesaria para su evolución. La ternura revela la excelencia del ser humano a través del cuidado y del respeto.

Es un verdadero drama que, en la sociedad actual, sea una palabra que ha perdido su auténtico significado y se la confunda con la sensiblería o la cursilería. A mucha gente le da miedo pronunciar esa palabra por temor a quedar como un blandito o un trasnochado y, sin embargo, yo pienso que hay que volverla a poner en valor y ejercitarla lo más posible; sólo así conseguiremos que las relaciones humanas se enriquezcan y se fortalezcan, que sean reales y duraderas gracias al cuidado, al tacto y a la delicadeza.

jueves, 7 de mayo de 2015

GROUND GOLF

 Este deporte "que busca la felicidad", nació en Japón en los años 80 y en seguida tuvo una gran aceptación por su sencillez y la posibilidad de ser jugado en cualquier lugar, superficie o terreno donde se puedan colocar los banderines portátiles; el resto del material es un stick (palo) y una bola de juego.

El objetivo es introducir la bola, con la ayuda del palo, en la base de cada uno de los banderines del recorrido, con el menor número de golpes posible.

 La longitud de los hoyos es variable, siendo 50 metros la mayor distancia. Pueden jugar hasta ocho personas por banderín.

En realidad es una mezcla entre el croquet y el pitch/putt de golf y potencia la coordinación psicomotríz así como la relación social y la cooperación.

Cada jugador es responsable de su conducta y se lleva a cabo en contacto con la naturaleza (formenta el respeto hacia uno mismo, hacia el grupo y hacia el entorno). Requiere concentración (que la mente no divague), una disciplina muy útil a todos los niveles y la honestidad e integridad propios de un nivel de conducta elevado.

Además de ser un entretenimiento divertido, fomenta la capacidad de superación, la sana rivalidad y la emoción.

Me ha sorprendido la noticia de que España sea el único país de Europa que lo practica y que en Japón tenga unos cuatro millones de seguidores. Es curiosa la cantidad de afinidades que tenemos con un país tan lejano...



El otro día tuve la oportunidad de conocer, a través del Ground Golf, un instrumento totalmente desconocido para mí, "el Koto" y a una de sus mejores intérpretes actuales que reside en España, pero su categoría es de tal envergadura que merece un post para ella sola.

Nada como un buen deporte para fomentar, potenciar y cultivar las relaciones humanas y la posibilidad de conocer otras culturas que, como en este caso, prometen...