La mano, el corazón y la cabeza eran las tres dimensiones del famoso pedagogo suizo Pestalozzi (1746-1827), que revolucionó la enseñanza de su tiempo. Su método decía que "la buena educación iba más allá del desarrollo intelectual en sí mismo", los niños debían aprender a través de la actividad, a través de los objetos, y ser libres de perseguir sus propios intereses y de deducir sus propias conclusiones. Sin amor no era posible que se desarrollaran ni en el plano físico ni en el mental y la bondad debía reinar en el ambiente. Había que respetar la personalidad del niño (su dignidad interior), saber que era una semilla llena de potencial y que la acción debía estar por encima de la palabra; a través de la observación, la reflexión, la repetición y el otorgar sentido a las experiencias, se intentaba buscar un equilibrio entre la mano, la cabeza y el corazón.
El pintor, diseñador, matemático y profesor suizo Johannes Itten (1888-1967) provenía de la enseñanza primaria y utilizaba los métodos didácticos de Pestalozzi y Fröbel. Profundamente impresionado por él, Gropius le invitó a dar una conferencia en el acto de inauguración de la Bauhaus y más tarde a formar parte de su cuadro de profesores. Se le encargó el Vorkurs (curso preparatorio) que duraba los seis primeros meses y que se diferenciaba de los que se impartían en las academias clásicas de artes y oficios en que los alumnos de Itten no aprendían a copiar objetos sino que se les enseñaba las leyes del color, el ritmo y la composición, lo que fomentaba que el estudiante desarrollara su propia sensibilidad artística.
Muy respetado por alumnos y profesores, vestía con el traje Bauhaus que él mismo había diseñado. Practicaba la fe mazdazna y veía el mundo como un escenario en el que se da permanentemente la lucha del bien y del mal. La verdad debe ser desvelada, pues el concepto de realidad es sólo una apariencia; para ello se necesita la práctica disciplinada de ejercicio físico, control mental, la inclusión del sonido...
Antes de comenzar la primera clase de la mañana se aunaba la práctica de la respiración profunda y consciente al sonoro silbido (Bauhaus pfiff) de los alumnos al unísono, propiciando así el estado ideal para el emprendimiento creativo. Era preciso armonizar todos los aspectos y experiencias vitales con la adquisición de conocimientos. Para Itten, la formación debía ser interdisciplinar pues favorecía la creatividad del alumno. "La Teoría de la Armonía" era una clase impartida por Gertrud Grunow, antigua profesora de Itten e invitada por él a la Bauhaus, que ponía en práctica una pedagogía basada en la sensorialidad y la sensibilidad conjugando los aspectos técnicos con los espirituales.
Ambos abandonaron la Bauhaus en 1923, pues la nueva dirección que tomaba la Escuela indicaba que se iba a enfocar mucho más en la mejora de la producción, buscando la economía y funcionalidad de sus diseños. Quedaban en segundo plano la parte creativa y artística a la hora de crear proyectos y eso no era coherente con su forma de trabajar.
La perfección del ser humano depende del grado de evolución de sus doce sentidos: vista, oído, olfato, tacto, gusto, sentimiento, intuición, transmisión del pensamiento, telepatía, clarividencia, discernimiento espiritual y verificación. Éstos sólo se pueden desarrollar basándose en la higiene física, moral y mental.
Itten lo vivía con naturalidad en su vida cotidiana y fue capaz de trasmitirlo por lo que la huella que dejó en quienes pudieron estar cerca de él fue imperecedera. Más que profesor era maestro en el más amplio sentido de la palabra.
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domingo, 17 de mayo de 2020
lunes, 18 de marzo de 2019
FRAGILIDAD EMOCIONAL
Somos frágiles y fuertes a la vez, sin embargo nuestra fortaleza reside en la capacidad que tenemos para transcender a nuestra fragilidad, una fragilidad que nace de dos de las virtudes humanas que jamás deberíamos perder: la sensibilidad y la compasión (sentir con).
Muchas personas temen mostrar su fragilidad y se recubren de rígidas corazas que no les protegen, sino que les aíslan. Las corazas pueden evitar que sienta dolor, pero como están elaboradas con frialdad emocional acaban provocando la pérdida de la sensibilidad y de la compasión.
Una cosa es ser sensible (una cualidad) y otra ser débil o frágil emocionalmente hablando. La sensibilidad es una fortaleza emocional que nos permite conectarnos con nuestro entorno y ser receptivos a lo que en él ocurre. Las personas sensibles son más empáticas y receptivas, son cercanas, encantadoras y se implican, por eso sienten la vida intensamente. Todo ello les convierte en una presa codiciada y fácil para las personas tóxicas, egoístas, manipuladoras o crueles.
Las personas que piensan, analizan y sienten, perciben lo que ocurre a su alrededor y poseen un criterio y un sistema de valores que no quieren perder. En contraposición están los que viven en un egocentrismo que las aísla de lo que les rodea, que viven desconectadas de los demás y que son incapaces de contribuir al bien común a no ser que tengan una recompensa. No tienen amigos, sino contactos a los que explotar, ignoran el sufrimiento de los demás y sólo están orientadas hacia su propio enriquecimiento personal, ya sea económico, social o emocional.
A mí me gusta mirar a los ojos, ver el alma del que tengo enfrente y averiguar todo lo que me quiere decir. Me duele el sufrimiento de los demás, me enfado con las injusticias, no duermo cuando mi cabeza no deja de pensar... Soy sensible: me entristezco, me enfado, tengo miedo, desecho lo desagradable y dañino... pero jamás ignoro que que todas esas emociones son mensajes que los otros, la sociedad o mi cuerpo tienen que decirme. No niego lo que siento, no me distraigo, no echo la culpa a los demás y asumo mi parte de responsabilidad y, a veces, parte de la de otras personas.
También me permito reconocer cierta melancolía o tristeza ante lo efímero, ante la vida y ante el amor, algo que me permite estar realmente conectada con el presente...
Muchas personas temen mostrar su fragilidad y se recubren de rígidas corazas que no les protegen, sino que les aíslan. Las corazas pueden evitar que sienta dolor, pero como están elaboradas con frialdad emocional acaban provocando la pérdida de la sensibilidad y de la compasión.
Una cosa es ser sensible (una cualidad) y otra ser débil o frágil emocionalmente hablando. La sensibilidad es una fortaleza emocional que nos permite conectarnos con nuestro entorno y ser receptivos a lo que en él ocurre. Las personas sensibles son más empáticas y receptivas, son cercanas, encantadoras y se implican, por eso sienten la vida intensamente. Todo ello les convierte en una presa codiciada y fácil para las personas tóxicas, egoístas, manipuladoras o crueles.
Las personas que piensan, analizan y sienten, perciben lo que ocurre a su alrededor y poseen un criterio y un sistema de valores que no quieren perder. En contraposición están los que viven en un egocentrismo que las aísla de lo que les rodea, que viven desconectadas de los demás y que son incapaces de contribuir al bien común a no ser que tengan una recompensa. No tienen amigos, sino contactos a los que explotar, ignoran el sufrimiento de los demás y sólo están orientadas hacia su propio enriquecimiento personal, ya sea económico, social o emocional.
A mí me gusta mirar a los ojos, ver el alma del que tengo enfrente y averiguar todo lo que me quiere decir. Me duele el sufrimiento de los demás, me enfado con las injusticias, no duermo cuando mi cabeza no deja de pensar... Soy sensible: me entristezco, me enfado, tengo miedo, desecho lo desagradable y dañino... pero jamás ignoro que que todas esas emociones son mensajes que los otros, la sociedad o mi cuerpo tienen que decirme. No niego lo que siento, no me distraigo, no echo la culpa a los demás y asumo mi parte de responsabilidad y, a veces, parte de la de otras personas.
También me permito reconocer cierta melancolía o tristeza ante lo efímero, ante la vida y ante el amor, algo que me permite estar realmente conectada con el presente...
sábado, 19 de enero de 2019
SABER MIRAR
Me encantan las personas "políticamente incorrectas", las imperfectas, las auténticas, las que se sienten diferentes y sufren por ello sin saber que, en realidad, son extraordinarias, irrepetibles y maravillosas. El mundo está repleto de personas bellas y originales que viven en silencio la "vergüenza" de su fantástica idiosincrasia. Por lo general, son ellas las que con una simple mirada, un gesto amable, una caricia o una sonrisa son capaces de iluminar vidas, inspirar nuevos horizontes y dar calma a un corazón afligido. El mundo es - sin la menor duda - mejor gracias a ellos...
Y es que hay que "saber mirar", tanto a las personas como a las cosas, pero para ello debemos olvidarnos de las prisas y actuar con tranquilidad. Todo lo que nos rodea nos habla, nos dice algo, y si lo entendemos somos capaces de captar una belleza (natural e inherente) que, quizá, no se perciba a primera vista. El detalle se aprecia desde el sosiego, sin precipitación, poco a poco, saboreando lo que tenemos delante. No debemos caer en el error de normalizar lo extraordinario, pues iremos perdiendo la capacidad de maravillarnos.
Aunque actualmente ser "sensible" no esté muy bien visto, la sensibilidad es fundamental para la vida del ser humano, pues es la capacidad que nos permite percibir lo que tenemos cerca y conectarnos con ello. Podemos dar algunas instrucciones a nuestra mente para que filtre en qué se va a fijar y en qué no; puesto que tenemos tantos estímulos positivos como negativos busquemos una relación equilibrada entre los que depositamos nuestra sensibilidad.
¿Existe mayor placer ético y estético que encontrar a personas que sin ningún interés, sin pedir nada a cambio, son capaces de hacer algo por alguien, así, de manera espontánea y desinhibida, solo porque han sentido el impulso de hacerlo?
Y es que hay que "saber mirar", tanto a las personas como a las cosas, pero para ello debemos olvidarnos de las prisas y actuar con tranquilidad. Todo lo que nos rodea nos habla, nos dice algo, y si lo entendemos somos capaces de captar una belleza (natural e inherente) que, quizá, no se perciba a primera vista. El detalle se aprecia desde el sosiego, sin precipitación, poco a poco, saboreando lo que tenemos delante. No debemos caer en el error de normalizar lo extraordinario, pues iremos perdiendo la capacidad de maravillarnos.
Aunque actualmente ser "sensible" no esté muy bien visto, la sensibilidad es fundamental para la vida del ser humano, pues es la capacidad que nos permite percibir lo que tenemos cerca y conectarnos con ello. Podemos dar algunas instrucciones a nuestra mente para que filtre en qué se va a fijar y en qué no; puesto que tenemos tantos estímulos positivos como negativos busquemos una relación equilibrada entre los que depositamos nuestra sensibilidad.
¿Existe mayor placer ético y estético que encontrar a personas que sin ningún interés, sin pedir nada a cambio, son capaces de hacer algo por alguien, así, de manera espontánea y desinhibida, solo porque han sentido el impulso de hacerlo?
viernes, 21 de abril de 2017
INTERCAMBIOS
La naturaleza nos ha dado los órganos de los sentidos (tacto, gusto, oído, olfato y vista) para que podamos hacer intercambios con la creación y con las demás criaturas.
Nuestra vida afectiva e intelectual consiste también en "encuentros": con las palabras, los pensamientos y los sentimientos no dejamos de tejer una red de relaciones que es la base de nuestra vida familiar y social.
Me temo que, en la actualidad, no se obtienen suficientes beneficios de estos intercambios debido a la falta de atención mantenida para estar plenamente consciente de lo que se vive. No existe una realidad objetiva sino lo que cada uno vive y siente. Podemos dudar de lo que vemos, de lo que oímos, de lo que tocamos... pero lo que sentimos, no podemos ponerlo jamás en duda; es una realidad. Todo vive, todo vibra, todo irradia; ese es el resplandor de la creación que podemos sentir sin necesidad de ver.
Es cierto que cuanto más sensible se vuelve un ser, más se expone a sufrir por todo lo que oye y escucha a su alrededor, pero ¿hay que volverse insensibles para no sufrir? ¡No! Nos volveríamos duros como las piedras...
Es el grado de sensibilidad el que determina la grandeza de un ser humano, pero no hay que confundirla con sensiblería.
Ser sensible es ser capaz de abrirse cada vez más a lo que nos rodea, de captar maravillas, de planear alto y de irse haciendo cada vez más inmune a la estupidez, la vulgaridad y la maldad. A mayor belleza, mayor alegría, mayor bienestar, mayor claridad.
La inteligencia del hombre no es sólo producto de sus estudios y de sus reflexiones, sino la consecuencia del estado (bueno o malo) de todas las células de su cuerpo.
No deberíamos preocuparnos únicamente de nuestro buen alimento físico, sino también del psíquico (sensaciones, sentimientos, deseos, pensamientos). A medida que vamos mejorando y puliendo nuestra forma de vida, lo hacemos con nuestra inteligencia. Podemos nutrirnos, por ejemplo, del perfume de las flores sin necesidad de cogerlas ya que disfrutar de su fragancia es suficiente. Hay personas que, como las flores, propagan a su alrededor luz, calor, poesía.
Abriéndonos a la naturaleza ella nos hace participar de su vida. No nos sentimos realmente vivos hasta que decidimos entrar en relación con esta vida inmensa, inagotable, que se manifiesta por todas partes en el universo.
Nuestra vida afectiva e intelectual consiste también en "encuentros": con las palabras, los pensamientos y los sentimientos no dejamos de tejer una red de relaciones que es la base de nuestra vida familiar y social.
Me temo que, en la actualidad, no se obtienen suficientes beneficios de estos intercambios debido a la falta de atención mantenida para estar plenamente consciente de lo que se vive. No existe una realidad objetiva sino lo que cada uno vive y siente. Podemos dudar de lo que vemos, de lo que oímos, de lo que tocamos... pero lo que sentimos, no podemos ponerlo jamás en duda; es una realidad. Todo vive, todo vibra, todo irradia; ese es el resplandor de la creación que podemos sentir sin necesidad de ver.
Es cierto que cuanto más sensible se vuelve un ser, más se expone a sufrir por todo lo que oye y escucha a su alrededor, pero ¿hay que volverse insensibles para no sufrir? ¡No! Nos volveríamos duros como las piedras...
Es el grado de sensibilidad el que determina la grandeza de un ser humano, pero no hay que confundirla con sensiblería.Ser sensible es ser capaz de abrirse cada vez más a lo que nos rodea, de captar maravillas, de planear alto y de irse haciendo cada vez más inmune a la estupidez, la vulgaridad y la maldad. A mayor belleza, mayor alegría, mayor bienestar, mayor claridad.
La inteligencia del hombre no es sólo producto de sus estudios y de sus reflexiones, sino la consecuencia del estado (bueno o malo) de todas las células de su cuerpo.
No deberíamos preocuparnos únicamente de nuestro buen alimento físico, sino también del psíquico (sensaciones, sentimientos, deseos, pensamientos). A medida que vamos mejorando y puliendo nuestra forma de vida, lo hacemos con nuestra inteligencia. Podemos nutrirnos, por ejemplo, del perfume de las flores sin necesidad de cogerlas ya que disfrutar de su fragancia es suficiente. Hay personas que, como las flores, propagan a su alrededor luz, calor, poesía.
Abriéndonos a la naturaleza ella nos hace participar de su vida. No nos sentimos realmente vivos hasta que decidimos entrar en relación con esta vida inmensa, inagotable, que se manifiesta por todas partes en el universo.
miércoles, 30 de noviembre de 2016
DONDE EL CORAZÓN TE LLEVE
. "Sólo el dolor hace crecer, pero el dolor hay que enfrentarlo directamente; quien se escabulle o se compadece está destinado a perder".
Ésta es una de las muchas frases que se me quedaron grabadas cuando leí, por primera vez, un libro que me marcaría para siempre: "Dónde el corazón te lleve", de Suana Tamaro.
No conocía a la autora, pero pronto supe que era italiana (nació en Trieste en 1957) y que había estudiado cinematografía en Roma. Escribió su primera novela, "La cabeza en las nubes", en 1989 y a lo largo de los años fue publicando relatos, cuentos para niños, otras novelas... En el 2007 sacó la segunda parte del libro que estoy comentando, "Escucha mi voz", y fue un verdadero fenómeno editorial.
En la última década del siglo XX, fue la autora más vendida en Italia y tuvo que enfrentarse a las feroces críticas de los que no se fían de los best sellers o no consideran serio hablar de la ternura, el amor, la compasión, la comprensión, el dolor, la alegría, la tristeza, la enfermedad, los valores, los prejuicios sociales... es decir, del alma humana. Lo cierto que es este libro marcó un hito en su vida.
No era buena estudiante en el colegio y jamás se había planteado escribir; hizo la carrera de cine para poder vivir en Roma. Sin embargo, como nunca andaba bien de dinero, se planteó que para escribir sólo necesitaba papel y lápiz y que lo podría hacer en cualquier momento y lugar... Y fue así como, un día, se dio cuenta de que tenía un don: "la capacidad de escribir bien y de comunicar".
A pesar de su apariencia (la antítesis de una barby) y de tener fama de seria y poco sociable, es fuerte, decidida, con mucho sentido del humor, viste ropa de marca, es adicta al shopping de calidad y una excelente cocinera...
Me encanta su coherencia entre lo que es y su forma de escribir: sobria, concisa, sin adornos, fluída, de lectura fácil y que lleva a la reflexión. Conecta con la sensibilidad (no con la sensiblería) y ahí radica su éxito internacional. Nos llega al alma, pero también nos sugiere que necesitamos el espíritu.
Es muy valiente y prestó una dura resistencia a sus feroces críticos tras su libro "Ánima Mundi", dejando muy claro que nunca permitiría que nadie dañase su auténtica creatividad, que siempre sería libre a la hora de expresar lo que pensaba, sentía y vivía.
En 1999 creó la Fundación Susana Tamaro, con la que se pretende crear las circunstancias apropiadas para que la gente pueda explotar su talento, especialmente las mujeres, con becas en Italia, microcréditos en Colombia, centros de educación sanitaria en la India...
Hoy, que estoy en un momento de mi vida un poco complicado, he sacado de mi biblioteca el libro y me he sentido acompañada por una autora que ya forma parte de mi existencia. Me ha parecido que también Flaubert, dotado de exquisita delicadeza, me ayudaría y termino con una frase suya: "Un corazón es una riqueza que no se vende ni se compra sino que se regala".
Ésta es una de las muchas frases que se me quedaron grabadas cuando leí, por primera vez, un libro que me marcaría para siempre: "Dónde el corazón te lleve", de Suana Tamaro.
No conocía a la autora, pero pronto supe que era italiana (nació en Trieste en 1957) y que había estudiado cinematografía en Roma. Escribió su primera novela, "La cabeza en las nubes", en 1989 y a lo largo de los años fue publicando relatos, cuentos para niños, otras novelas... En el 2007 sacó la segunda parte del libro que estoy comentando, "Escucha mi voz", y fue un verdadero fenómeno editorial.
En la última década del siglo XX, fue la autora más vendida en Italia y tuvo que enfrentarse a las feroces críticas de los que no se fían de los best sellers o no consideran serio hablar de la ternura, el amor, la compasión, la comprensión, el dolor, la alegría, la tristeza, la enfermedad, los valores, los prejuicios sociales... es decir, del alma humana. Lo cierto que es este libro marcó un hito en su vida.
No era buena estudiante en el colegio y jamás se había planteado escribir; hizo la carrera de cine para poder vivir en Roma. Sin embargo, como nunca andaba bien de dinero, se planteó que para escribir sólo necesitaba papel y lápiz y que lo podría hacer en cualquier momento y lugar... Y fue así como, un día, se dio cuenta de que tenía un don: "la capacidad de escribir bien y de comunicar".
A pesar de su apariencia (la antítesis de una barby) y de tener fama de seria y poco sociable, es fuerte, decidida, con mucho sentido del humor, viste ropa de marca, es adicta al shopping de calidad y una excelente cocinera...
Me encanta su coherencia entre lo que es y su forma de escribir: sobria, concisa, sin adornos, fluída, de lectura fácil y que lleva a la reflexión. Conecta con la sensibilidad (no con la sensiblería) y ahí radica su éxito internacional. Nos llega al alma, pero también nos sugiere que necesitamos el espíritu.
Es muy valiente y prestó una dura resistencia a sus feroces críticos tras su libro "Ánima Mundi", dejando muy claro que nunca permitiría que nadie dañase su auténtica creatividad, que siempre sería libre a la hora de expresar lo que pensaba, sentía y vivía.
En 1999 creó la Fundación Susana Tamaro, con la que se pretende crear las circunstancias apropiadas para que la gente pueda explotar su talento, especialmente las mujeres, con becas en Italia, microcréditos en Colombia, centros de educación sanitaria en la India...
Hoy, que estoy en un momento de mi vida un poco complicado, he sacado de mi biblioteca el libro y me he sentido acompañada por una autora que ya forma parte de mi existencia. Me ha parecido que también Flaubert, dotado de exquisita delicadeza, me ayudaría y termino con una frase suya: "Un corazón es una riqueza que no se vende ni se compra sino que se regala".
jueves, 11 de agosto de 2016
LA PEONÍA
Me encanta esta acuarela de una "peonía" que está expresada como una impresión, un soplo, como hacen los especialistas en pintura oriental "sumi-e".
Decía Tchan Yen Yuan:
"Quien se sumerge en su obra y agita su pincel con voluntad de realizar un cuadro, está condenado al fracaso.
Quien ejercita su espíritu y mueve su pincel sin tener conciencia de que pinta, llega al secreto de la pintura.
Su mano no se volverá rígida, su corazón no se paralizará, y su obra se realizará por sí misma, sin que se sepa como fue hecha".
Esta flor simboliza la belleza, lo frágil y efímera que es la existencia y ayuda a comprender que conseguir grandes recompensas habitualmente implica asumir grandes riesgos. En los jardines imperiales chinos se la conoce como "sho-yu" (la más bella); también, con su dibujo, se adornan sus vestimentas, pues representa lo divino y poderoso.
Recordemos algunas frases de Confucio:
"Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla".
"Cuando el objetivo te parezca difícil, no cambies de objetivo, busca un nuevo camino para llegar a él".
"Cometer un error y no corregirlo es cometer otro error".
"No importa la lentitud con la que avances, siempre y cuando no te detengas".
"Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día en tu vida".
"Dímelo y lo olvidaré, muestrameló y lo recordaré, involucramé y aprenderé".
"Si hay música en tu alma, se escuchará en todo el universo".
"Sé firme en tus actos, pero tranquilo en tu corazón. Sé estricto contigo mismo, pero gentil con tu prójimo".
"Un camino de miles de pasos empieza siempre con uno solo".
"En lugar de estar preocupado porque te conozcan, preocupaté de que valga la pena conocerte".
"Aquel que procura asegurar el bienestar ajeno, ya tiene asegurado el suyo propio".
"Nada se va hasta que nos haya enseñado lo que necesitábamos saber".
Estamos en pleno verano, tenemos mucho más tiempo para cultivarnos y para deleitarnos con la palabra, la pintura, la música, la contemplación... Creo que sería bueno hacer un poco de caso a Confucio, nos ayudará en nuestra vida cotidiana y desarrollaremos nuestra sensibilidad (de la que hay tanta demanda y tan poca oferta...).
Decía Tchan Yen Yuan:
"Quien se sumerge en su obra y agita su pincel con voluntad de realizar un cuadro, está condenado al fracaso.
Quien ejercita su espíritu y mueve su pincel sin tener conciencia de que pinta, llega al secreto de la pintura.
Su mano no se volverá rígida, su corazón no se paralizará, y su obra se realizará por sí misma, sin que se sepa como fue hecha".
Esta flor simboliza la belleza, lo frágil y efímera que es la existencia y ayuda a comprender que conseguir grandes recompensas habitualmente implica asumir grandes riesgos. En los jardines imperiales chinos se la conoce como "sho-yu" (la más bella); también, con su dibujo, se adornan sus vestimentas, pues representa lo divino y poderoso.
"Cada cosa tiene su belleza, pero no todos pueden verla".
"Cuando el objetivo te parezca difícil, no cambies de objetivo, busca un nuevo camino para llegar a él".
"Cometer un error y no corregirlo es cometer otro error".
"No importa la lentitud con la que avances, siempre y cuando no te detengas".
"Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día en tu vida".
"Dímelo y lo olvidaré, muestrameló y lo recordaré, involucramé y aprenderé".
"Si hay música en tu alma, se escuchará en todo el universo".
"Sé firme en tus actos, pero tranquilo en tu corazón. Sé estricto contigo mismo, pero gentil con tu prójimo".
"Un camino de miles de pasos empieza siempre con uno solo".
"En lugar de estar preocupado porque te conozcan, preocupaté de que valga la pena conocerte".
"Aquel que procura asegurar el bienestar ajeno, ya tiene asegurado el suyo propio".
"Nada se va hasta que nos haya enseñado lo que necesitábamos saber".
Estamos en pleno verano, tenemos mucho más tiempo para cultivarnos y para deleitarnos con la palabra, la pintura, la música, la contemplación... Creo que sería bueno hacer un poco de caso a Confucio, nos ayudará en nuestra vida cotidiana y desarrollaremos nuestra sensibilidad (de la que hay tanta demanda y tan poca oferta...).
domingo, 2 de noviembre de 2014
EL ARPA
Si hay un instrumento musical que me gusta, ese es "el arpa" y el pintor Paul Cesar Helleu (1859-1927) la escogió como motivo de varios de sus cuadros.
Recuerdo una antigua leyenda celta que habla del "arpa mágica" que poseía un poderoso dios. Gracias al sonido de sus cuerdas controlaba el devenir de las estaciones y con ella era capaz de interpretar los tres acordes más nobles: el del llanto, el de la risa y el del sueño.
Tras una dura batalla, sus enemigos, los siniestros señores de la noche y de la oscuridad, se la arrebataron y la dejaron abandonada en un rincón... Pero el dueño del instrumento y dos de sus más fieles seguidores fueron a rescatarla.
Los dioses de "la luz y el arte" acudieron en su ayuda y provocaron que, al escuchar la voz de su amo, el arpa se despegara de la pared y volara a sus manos; entusiasmado, hizo sonar los tres acordes provocando el primero enormes risotadas de los enemigos, que más tarde se convirtieron en un profundo sueño que aprovecharon para escapar...
Otra leyenda cuenta que un rey adoraba tanto la música que buscó por todo el mundo el mejor instrumento que hubiera hasta que, un mago, le entregó un arpa.
Sin embargo, cuando fue interpretada por el músico real y otros músicos estaba tan desafinada que aseguraron al rey que no servía para nada y se deshicieron de ella...
Una niña muy pobre la encontró y, aunque no sabía tocarla, decidió intentarlo. Tocaba y tocaba haciéndolo cada vez mejor. Un día, de repente, el arpa empezó a entonar las melodías más maravillosas pues era "un arpa mágica" que sólo estaba dispuesta a tocar para quien de verdad pusiera interés y esfuerzo.
El rey llegó a escuchar la música y mandó llamar a la niña. Cuando vio el arpa se llenó de alegría y en aquél mismo momento nombró a su intérprete su "música particular" llenándola de riquezas...
Con las dos leyendas, lo que pretendo recordar es la importancia de buscar siempre el equlibrio entre la inteligencia y la sensibilidad. El instrumento más maravilloso y delicado puede ser arrinconado o ignorado, pero en el momento que cae en las manos adecuadas cumple con su misión de forma magnífica. Sería bueno que nos aplicásemos el cuento y procurásemos ser "buenos tocadores de arpa" en nuestra vida cotidiana...
Recuerdo una antigua leyenda celta que habla del "arpa mágica" que poseía un poderoso dios. Gracias al sonido de sus cuerdas controlaba el devenir de las estaciones y con ella era capaz de interpretar los tres acordes más nobles: el del llanto, el de la risa y el del sueño.
Tras una dura batalla, sus enemigos, los siniestros señores de la noche y de la oscuridad, se la arrebataron y la dejaron abandonada en un rincón... Pero el dueño del instrumento y dos de sus más fieles seguidores fueron a rescatarla.
Los dioses de "la luz y el arte" acudieron en su ayuda y provocaron que, al escuchar la voz de su amo, el arpa se despegara de la pared y volara a sus manos; entusiasmado, hizo sonar los tres acordes provocando el primero enormes risotadas de los enemigos, que más tarde se convirtieron en un profundo sueño que aprovecharon para escapar...
Otra leyenda cuenta que un rey adoraba tanto la música que buscó por todo el mundo el mejor instrumento que hubiera hasta que, un mago, le entregó un arpa.
Sin embargo, cuando fue interpretada por el músico real y otros músicos estaba tan desafinada que aseguraron al rey que no servía para nada y se deshicieron de ella...
Una niña muy pobre la encontró y, aunque no sabía tocarla, decidió intentarlo. Tocaba y tocaba haciéndolo cada vez mejor. Un día, de repente, el arpa empezó a entonar las melodías más maravillosas pues era "un arpa mágica" que sólo estaba dispuesta a tocar para quien de verdad pusiera interés y esfuerzo.
El rey llegó a escuchar la música y mandó llamar a la niña. Cuando vio el arpa se llenó de alegría y en aquél mismo momento nombró a su intérprete su "música particular" llenándola de riquezas...
Con las dos leyendas, lo que pretendo recordar es la importancia de buscar siempre el equlibrio entre la inteligencia y la sensibilidad. El instrumento más maravilloso y delicado puede ser arrinconado o ignorado, pero en el momento que cae en las manos adecuadas cumple con su misión de forma magnífica. Sería bueno que nos aplicásemos el cuento y procurásemos ser "buenos tocadores de arpa" en nuestra vida cotidiana...
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