domingo, 16 de abril de 2023

EL HILO DE ARIADNA

 

Un hilo, un simple hilo, permite no perderse en la oscuridad del laberinto, acabar con el monstruo con relativa facilidad y volver a la luz. El laberinto representa los recovecos del alma que encubren nuestro lado oscuro, pero también los complejos entramados sociales que nos llevan a una escalada de destrucción e impotencia.

La palabra laberinto sugiere perderse, quedarse solo, deambular sin destino. Espacio infinito y cerrado a la vez, que despierta temores, ansiedad de quedarse atrapado y ser devorado por nuestro propio monstruo. Sin embargo el hilo, aparentemente frágil, está hecho con numerosas fibras unidas y contorsionadas que le confieren fuerza y flexibilidad. 

En la esencia del ovillo, objeto pequeño que si se desenrolla puede llegar muy lejos, está la mano de la hilandera, Ariadna, la cual representa y transmite el sentido común que nos ayuda en nuestro camino, aquella que a veces ovilla nuestro hilo para evitar que nos perdamos y atenúa nuestros miedos.

Pero Ariadna también es nuestra capacidad de pensar, de protegernos, de no dejarnos llevar por la acción sin reflexionar en las consecuencias de lo que llevamos a cabo y en las de dejar de hacer algo que deberíamos. El hilo sirve para entrar y salir del laberinto, sí, pero no de cualquier forma.

El Minotauro despierta nuestro miedo (algo externo a lo que nos debemos enfrentar), pero el verdadero peligro se halla en los miedos internos que nos atenazan (fracaso, pobreza, soledad, qué dirán...). Y para ello nada como una Ariadna con su ovillo.

Porque Ariadna es un amigo, un maestro, nuestra canción favorita, los recursos que aprendimos de quienes nos precedieron, la capacidad de reconocer nuestros errores. Nos sugiere pensar en nuestra propia experiencia, no precipitarse, no paralizarse, dejar de lado la soberbia de querer hacerlo todo uno mismo y buscar ayuda si es necesario para transitar por el espacio que nos separa de nuestro objetivo.

Atravesar el laberinto no es fácil, pero si Ariadna nos hace ver que existe la posibilidad de hacerlo, lo podemos intentar.

sábado, 15 de abril de 2023

ARIADNA EN NAXOS

 

La pintora inglesa prerrafaelita Evelyn de Morgan (1855-1919) es la autora de este cuadro titulado Ariadna en Naxos, que fue expuesto por primera vez en la Grosvenor Gallery de Londres cuando tenía 22 años. La mitología era uno de los temas que trataba en sus obras y, en este caso concreto, su pintura representaba el mito de Teseo y Ariadna. 

Ariadna ofreció por amor una vía para que el héroe (Teseo) venciera al monstruo (Minotauro) y pudiera encontrar la salida del laberinto, pero él prefirió seguir su destino y la abandonó en una isla. Estando dormida en la playa, se le apareció el dios Dionisio, que se enamoró de ella al instante. Con el tiempo ella aprendió a amarle y, llegado el momento, se produjo entre ellos la unión sagrada. Como regalo nupcial, el esposo lanzó al cielo una preciosa corona que se convirtió en la Aurora Boreal y - siendo ya diosa - Ariadana pasó a vivir en el Olimpo, donde permanecieron juntos  eternamente. 

Minos, rey de Creta y padre de Ariadna, pidió a los dioses reinar tempranamente y Poseidón le mostró que su deseo había sido concedido haciendo salir del mar un hermoso toro blanco, pero en vez de sacrificarlo en su honor como muestra de agradecimiento mató a otro en su lugar. En venganza el dios hizo que la esposa de Minos se enamorase del toto blanco y que de dicha unión naciera el Minotauro (toro de Minos, mitad toro mitad humano).

Al hacerse cada vez más salvaje, el rey encargó al inventor Dédalo un laberinto para mantenerlo encerrado y para saciar su apetito exigió a la rendida Atenas que todos los años enviara a Creta 7 doncellas y 7 efebos para alimentar al Minotauro.

Teseo, hijo de Egeo rey de Atenas, famoso por su valor y arrojo decidió ir entre los efebos para matar al monstruo. Ariadna, muy enamorada de él, le ayudó a derrotarlo y a salir del laberinto, para lo cual le entregó un ovillo cuyo hilo le serviría de rastro para su vuelta.

Lograda la hazaña, los dos embarcaron rumbo a Atenas, pero en el trayecto se desencadenó una terrible tormenta que les obligó a quedarse en la isla de Naxos. Teseo partió y Ariadna permaneció dormida en la playa...

martes, 1 de noviembre de 2022

ESCUELA PERIPATÉTICA

 

El filósofo Aristóteles creó la Escuela Peripatética para cambiar el mundo. Maximizaba el nivel de comprensión de sus discípulos lejos del tedio y la rutina de los espacios cerrados, impartiendo sus conocimientos mientras caminaban por el paseo cubierto del Liceo (peripatos) o sus jardines. Mientras andaban, él iba desarrollando puntos de su lógica y su metafísica, aunque deba mayor importancia a la observación de  la naturaleza y a popularizar el estudio de la ética.

Su sabiduría fue reconocida tras haber sido el tutor de Alejandro Magno y cuando fue a Atenas estuvo durante veinte años en la Academia de Platón, situada fuera de la ciudad en un bosque de olivos sagrados, al que se llegaba por un camino dulcemente umbroso entre templos y fragantes jardines. Próxima a ella estaba la Escuela de Epicuro, en la que se gozaba de los placeres sencillos y cotidianos oteando el turbulento oleaje de la existencia humana.

Cuando Platón falleció, Aristóteles fundó el Liceo con el fin de buscar el equilibrio, elemento clave de la excelencia física e intelectual (areté). Él, como sus antecesores Sócrates y Platón, seguía el hilo sutil de las ideas, que les conducían de un teorema a otro. 

Para tener un cuerpo bello y una mente brillante, la danza y la gimnasia servían para flexibilizar de forma natural tanto el cuerpo como la mente, aportando a sus ademanes vida y prestancia.

John Butcher dijo en 1999: "Caminar es la primera cosa que quiere hacer un niño y la última a la que una persona mayor desea renunciar. Ejercicio sin gimnasio, no contamina, no cuesta, consume pocos recursos naturales, no necesita equipamiento especial, es autorregulable e intrínsecamente seguro. Es tan natural como respirar y media hora al día bate la sangre y fortalece el poder del cerebro".

Pero, además de los beneficios de aprender caminando, en su Ética Nicomáquea Aristóteles afirmaba que el ser humano podía alcanzar un alto estado de bienestar desarrolando virtudes como el coraje, la templanza, la magnificencia, la magnanimidad, el orgullo, la paciencia, la veracidad, la sabiduría, la amistad y la modestia. 

Decía Nietzsche que los mejores pensamientos son los paseados y es que, cuando paseamos, el organismo entiende que está realizando un ejercicio y que necesita más oxígeno y flujo sanguíneo. Caminando, la mente se aclara y las ideas comienzan a fluir, mientras la naturaleza derrama sus suaves influencias. 

¿Por qué no animarnos a ser los peripatéticos del siglo XXI para afrontar el turbulento oleaje social con mayor deportividad?

  

martes, 18 de octubre de 2022

HERÓDOTO

 

Historiador y geógrafo griego que vivió entre 484-425 (AC), es tradicionalmente considerado como Padre de la Historia en el mundo occidental porque fue el primero en componer un relato razonado y estructurado de las acciones humanas.

Intentó escribir una gran obra de valor histórico y literario, para lo cual dedicó parte de su vida a efectuar viajes con el fin de obtener información y materiales de primera mano. Algunos de sus contemporáneos, como Tucídides, le criticaron severamente por incluir en su trabajo anécdotas y disgresiones pues, aunque proporcionaban informaciones valiosas, poco tenían que ver con el objeto de estudio que se había propuesto: las luchas de los griegos contra los persas.  

Como trabajo previo y contextualización de lo que iba a ser su obra, narró la evolución y costumbres de los pueblos que componían la  oikouméne (el mundo conocido de persas, babilonios o egipcios).

En las batallas entre griegos y persas (490 y 479), los griegos eran superiores en armamento y táctica, debido a lo cual evitaban caer en manos del ejército asiático, cuyos efectivos cuadruplicaban los de las ciudades helenas. El imperio persa ocupaba unos diez millones de kms cuadrados, una superficie ochenta veces mayor a la de Grecia.

Heródoto quiso construir un valioso legado para las generaciones futuras fijando por escrito sus investigaciones para evitar que, con el tiempo, los hechos humanos quedaran en el olvido y que las notables empresas (tanto de griegos como de bárbaros) no se realzaran. Fue mucho más tarde cuando el romano Cicerón le otorgó el merecido título de Padre de la Historia.

Jerjes empezó su marcha sobre Grecia con doscientos mil efectivos de caballería e infantería y unas seiscientas naves en paralelo; si los griegos no le hubieran vencido en Salamina y Platea, la civilización clásica jamás habría llegado a ser lo que fue.

Atenas no habría logrado ser el lugar de encuentro donde durante décadas se dieron cita pensadores y creadores de toda la Hélade. Roma también habría sido muy distinta sin absorber la esencia de la civilización griega, que tanta admiración despertó en sus clases sociales más influyentes.

La sociedad romana utilizó la riqueza cultural helena como modelo durante varios siglos, importando y copiando sus elementos definitorios: conceptos, instituciones, técnicas militares, dioses, patrones estéticos, etc... Sin el apogeo griego, la república romana nunca habría alcanzado semejante prosperidad. 

Nacido en Halicarnaso (ciudad jonia), Heródoto concibió su obra como una investigación personal y una exploración de otras culturas, incluidas las de los pueblos bárbaros. Descubrió al mundo los acontecimientos que marcaron su época y su magna obra fue dividida siglos después en nueve libros.

A mediados de 1950, el periodista polaco Ryszard Kapuscinski escribió un libro de viajes titulado Viajes con Heródoto, como homenaje al historiador griego, al que consideraba el primer reportero del mundo, cuya prosa le acompañó e inspiró en su propio periplo.

lunes, 17 de octubre de 2022

VOLVER A LOS CLÁSICOS

 

Lo antiguo no es sinónimo de pasado de moda. Los grandes maestros del ayer nos pueden enseñar mucho. En el mundo de las ideas, a veces, hay que retroceder para avanzar. En la era de "use y tire" conviene recordar que lo importante en las ideas no es tanto su novedad o antigüedad como su bondad o su maldad. Las buenas ideas siempre se pueden usar... y también reciclar.

En la dictadura del relativismo en la que vivimos sería bueno redescrubrir - de la mano de los clásicos - que existe una única ley natural y una única naturaleza humana, la cual no depende de la historia, ni de la geografía, ni de las circunstancias, ni de las modas. Es por tanto, de capital importancia, volver a las fuentes.

Olvidar que la naturaleza humana es inmutable favorece la estrepitosa decadencia que padece la sociedad occidental en nuestros días y es que, como decía San Pablo, la crisis de la antropología se debe al rechazo de la metafísica. El héroe no es quien conquista agresivamente al otro, sino quien conquista su alma.

La mirada del historiador y de la del mitólogo pueden deconstruir los fenómenos que han irrumpido en el panorama actual como el populismo o los extremismos. Mirar con el prisma antiguo, con la premisa de entender al otro, superaría las escisiones entre los propio y lo ajeno. 

La idea antigua de hospitalidad (xenía) y la prospuesta de trascender los límites de lo aparente en pos de una unidad profundamente humana, nos acercarían a los clásicos. 

En Las Leyes de Platón aparece la imagen de un ser humano como una marioneta manejada al albur de diversos impulsos simbolizados por hilos, muchos de ellos duros, inflexibles y perniciosos, pero no así el hilo de oro, al que siempre conviene seguir y no abandonar en absoluto, pues nos conecta con lo mejor de nosotros mismos.

Y es precisamente ese hilo dorado, el que nos sirve en estos momentos de guía para conectarnos con la esencia de nuestra cultura. Ellos, los clásicos, con sus viejas ideas de éxito probado, nos pueden indicar el camino mejor que nadie en el laberinto de nuestro tiempo.

Durante la pandemia pude comprobar cómo el clásico era el libro con el que me podía confinar con plenas garantías, pues siempre tenía algo nuevo que decirme y me reconfortaba el alma y el espíritu.

 

viernes, 7 de octubre de 2022

REVOLUCIÓN SILENCIOSA

 

Caminar, leer, tejer, estar en silencio... todo ello quiebra el discurso hegemónico de un mundo acelerado y rentable económicamente que tiende a minusvalorar todo lo demás. Pero todo lo que se solicita con urgencia alberga una importancia minúscula, pues lo relevante y transformador necesita tiempo y lentitud.

La prisa es una invención del capitalismo para producir más y de forma más acelerada; ofrece relatos del ser y el tener que hacen crecer el deseo de que lo producido y ofertado sea consumido con voracidad, sin tener en cuenta que dicho proceso - que no se acaba nunca - requiere explotación y deshumanización. 

David Le Breton habla de lentificar la vida para entenderla y sentirla y para ello nada mejor que el caminar y el silencio. Nuestra arquitectura corporal ha sido diseñada para andar y para abrazarse a la presencia acogedora del silencio. Ejercitando ambas formas de resistencia política, nos posicionamos ante un mundo sobrecargado de celeridad crónica, incesante ruido, palabras vacías y alienantes, polarización de los juicios y medios de comunicación acríticos y alborotadores que vierten sin pausa información carente de significado.

Caminar despacio, siendo conscientes de lo que ocurre en nuestro entorno, es un crítica vivencial a un discurso que ordena ligereza y prontitud e incita al atajo. El caminante es quien se toma su tiempo y no deja que el tiempo le tome a él. La celeridad sobotea tejer vínculos profundos de interacción y deshilacha aquellos que una vez estuvieron trenzados. 

La prisa liquida el mundo y lo degrada en mundo líquido (Bauman). Andar y leer requieren pausa y reflexión, lo que supone una insumisión a un mundo que pugna por arrebatar nuestra atención con el fin de dispersarla primero y vaciarla de criterio después. 

El silencio es una forma de cuidarnos, puesto que sólo en él podemos tomar perspectiva sentimental y política suficiente para atender al ser que somos y que existe al lado de otros seres que también son y existen junto al nuestro.

El silencio y la invisibilidad nos permiten desconectarnos y desintoxicarnos del alud de información que, por su tamaño y apresuramiento, impide que permee racional y emocionalmente en nosotros. Invisibilizarse también es transgresor en un mundo en el que casi todos visibilizamos casi todo. La revolución silenciosa ya se está produciendo y a largo plazo cumplirá sus objetivos: humanizar la vida de las personas.

Ilustración: Estanque del Retiro (Pastel de Diego Hergueta).

     


sábado, 28 de mayo de 2022

LIBRERÍA AZORÍN

 

En su libro El amante de las librerías, Claude Roy afirma que los libros o son personas o no son nada y que las librerías son un lugar de descanso de toda la memoria del mundo. El protagonista ama los libros y no quiere que pasen por sus manos de forma temporal, necesita poseerlos, llevarlos a casa, incorporarlos a su vida. También afirma que un lector apasionado por la lectura no encuentra ningún lugar mejor para compartir su pasión que una librería, pues ésta además le ofrece la máxima obsequiosidad en un mínimo recinto. 

Todos estamos un poco saturados de esas imágenes aceleradas y relampagueantes de las pantallas, pues van contra el orden, simplifican demasiado y proporcionan un exceso de datos. Debemos recordar que, para comprender y conocer las cosas, necesitamos interpretar bien los datos, ubicarlos, valorarlos, penetrar en su realidad y superar la apariencia. Ser lector es una forma de estar en la vida y a medida que vamos dominando el lenguaje vamos comprendiendo más y mejor lo que nos rodea habituándonos a reflexionar y discernir.

Una librería también es un punto de encuentro social e intercambio cultural y la cultura es el tesoro más importante de una sociedad sana, ya que sin ella el ser humano no puede vivir ni convivir. Ella es el cultivo (cultus) del espíritu y de las facultades intelectuales del hombre, por eso - igual que un campo sembrado - no se puede abandonar a su suerte, sino que hay que cuidarla. Es un valor que no tiene ni principio ni fin; está en permanente desarrollo, en proceso de enriquecimiento y en una diversificación constante. Es imposible prescindir de ella porque vivimos en ella.

El contacto directo con el librero es insustituíble, pues en muchas ocasiones él es un intermediario entre el libro que nos espera y nosotros mismos. En la librería Azorín (San Lorenzo de El Escorial) se percibe desde el primer momento que allí se considera que las cosas tienen alma y que, como el escritor que le da nombre, su estilo es diferente, novedoso. Hay sosiego, calma, se puede conversar o guardar silencio, pero sabiendo que hay una persona que nos puede ayudar, sugerir o aconsejar acerca de lo que andamos buscando.

Compartir la experiencia del encuentro mágico entre libro y lector es algo que sólo vive en profundidad quien tiene auténtica vocación de librero y Carlos Mosquera (propietario de la librería que estoy comentando) la tiene. Lo virtual jamás podrá sustituir la relación humana auténtica, aquella en la que interviene lo más elevado, lo más sutil, lo más intangible: el alma. 

Desde aquí sugiero a los amantes de los libros darse una vuelta por esta emblemática librería y conocer a su librero, es una experiencia tan interesante como escasa en el mundo que vivimos.