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lunes, 6 de abril de 2020

DON QUIJOTE

La Edad Moderna no nace sólo con Descartes y el espíritu científico, sino también con Cervantes, pues la novela ha desarrollado todo lo que la ciencia ignoró. Cervantes, Flaubert, Proust, Joyce, Virginia Woolf, nos hacen comprobar que temas como el tiempo de la vida, la terra incognita de lo cotidiano, la conciencia, la belleza y la muerte no han sido ni tropezados por la ciencia moderna. Y es que la novela no entiende al mundo como algo sólido e incontrovertible, sino desde la ambigüedad; no afronta la única verdad absoluta, sino múltiples verdades relativas que se contradicen y buscan otra clase de saber, un saber que es necesario para conocer el mundo en el que Cervantes fue maestro.

Ortega y Gasset apostó por la literatura y dio una gran importancia a la dimensión narrativa de la vida del hombre y a la necesidad de inventarla, de proyectarla hacia un futuro. La vida no es una realidad inerte, sino dinámica, que se desarrolla en virtud de las decisiones que tomamos. Las circunstancias hacen posible la vida, pero también la dificultan. Don Quijote conocía bien esos extremos, nadie como él caló tan profundamente en su propia circunstancia.

En la filosofía de Ortega, vida es un término mayor, pues la construimos día a día. El novelista desarrolla una función esencial que no es ajena a la vida del hombre, ya que éste tiene que inventarse su existencia. El hombre es novelista de sí mismo y Don Quijote no hace literatura, la vive. El viejo hidalgo manchego, que leía Libros de Caballería en su aldea, convierte su vida en su propio libro, en el de su vida. Cervantes sabía que la vida es un relato en busca de narrador y el filósofo también descubrió en el novelista "su ironía llena de humanidad, una ironía que no es ácida ni destruye porque comprende lo que ironiza a la vez que lo supera".

El manco sano, el famoso todo, el escritor alegre y el regocijo de las musas se despide del lector, de la vida, con estas entrañables palabras, que no se pueden leer sin sentir que aprisionan sólo en dos líneas el quién es Cervantes: "Adiós gracias, adiós donaires, adiós regocijados amigos, que yo me voy muriendo y desearos veros presto contentos en la otra vida".

Después de tantos años de infortunio, heridas, cárceles, cautiverio, pobreza y desdén; después de tanto amor, tanta belleza, tanta ilusión fresca... concluyo: "¿no es eso España?".

miércoles, 4 de enero de 2017

PULGARCITA

Michel Serres (Agen 1930) es un pensador europeo del siglo XXI que ha escrito ensayos sobre la historia de la filosofía y de la ciencia. A sus 87 años tiene el coraje de afirmar que "la humanidad progresa adecuadamente" ya que vive en paz y en progreso; a pesar de las evidentes, numerosas y sangrantes excepciones y facturas por pagar, Uganda, Bostwana, Kenia o Etiopía tienen más esperanza y calidad de vida que hace 25 años, aunque siguen masacradas por las injusticias.

La investigación ya sabe cómo combatir enfermedades infecciosas que antes parecían fatales, aunque sigue muriendo gente.
No hay guerras salvajes/globales en el mundo a pesar de la carnicería de Siria o los atentados yihadistas. Pese al paisaje funesto, progresamos adecuadamente ¿o es que alguien lo puede debatir? Un reciente sondeo de Gallup revelaba que el 87% de Trump cree que el mundo va peor desde los últimos 50 años... (?)
Lo mismo que hubo tres maneras de entredegollarse (militar, religiosa y económica) lo que él llama "la edad dulce" se declina en tres maneras que tratan sobre la vida y el espíritu: médica, pacífica y digital.
El mundo ha cambiado tanto que los jóvenes tienen que reinventar la rueda. Para Michel Serres nace un nuevo ser humano que él bautiza como "Pulgarcita", sobre todo por su capacidad para enviar mensajes con el pulgar. Las sociedades occidentales han experimentado dos revoluciones: la transición de lo oral a lo escrito y el paso de escribir en una pizarra a escribir en libros (imprenta); ahora vivimos "la tercera revolución": la transición a las nuevas tecnologías. No hay progreso o desastre, ya sea bueno o malo, ésta es la realidad y hay que lidiar con ella.
La generación Pulgarcita tendrá que reinventar una nueva forma de vivir juntos, Instituciones y formas de ser y conocer.
Profesor de la Universidad de Stanford, Conferenciante de la Sorbona y miembro de la Academia Francesa, escribió en su momento "Temps des crises" (ampliamente aclamado por la prensa).

Me ha parecido muy oportuno empezar el Año hablando de uno de los pocos filósofos contemporáneos que, desde su juventud, afirma que es imprescindible la unión entre la ciencia y la cultura, que hay que superar la división entre "ciencias y letras" y lograr una síntesis superior: el humanismo del momento actual.
Su optimismo combativo es muy necesario para no dejarnos llevar por un catastrofismo paralizante...

jueves, 17 de noviembre de 2016

LA CIENCIA Y LA VIDA

En el mes de agosto del 2008, asistí a uno de los Cursos de Verano de El Escorial que se llamaba "Sentido literario y económico de un humanista del siglo XX", en el que pude conocer de cerca al doctor Fuster y a José-Luis Sampredo. A lo largo del mismo contaron cómo, de las conversaciones que mantuvieron ambos durante tres intensos días en el Parador de Cardona (en presencia de Olga Lucas, que es quien lo escribió), surgió un libro: "La ciencia y la vida".
El doctor Fuster (cardiólogo) salvó la vida a José-Luis en el hospital Monte Sinaí de Nueva York, de lo que surgió una profunda amistad.
Tanto uno como otro estaban de acuerdo en que para alcanzar el bienestar (la felicidad), el ser humano debe tener en cuenta tres aspectos fundamentales: conocerse a sí mismo e invertir en su propio talento, ser responsable y hacer una aportación social.
Desubrir sus potencialidades y desarrollarlas es el mejor camino para disfrutar trabajando, hacerlo bien, elevar la autoestima y mantener una postura coherente y consecuente ante la vida.

Se planteaban: ¿cómo podrían ellos contribuir al cambio de una sociedad con valores muy deteriorados?, ¿qué podrían hacer para restaurar los que son imprescindibles para la buena convivencia y para la salud colectiva?
Ambos pensaban que tiene que haber "algo más" y que ese algo más no es otra cosa que "el espíritu".
José-Luis contaba que recordaba a "su médico" (su salvador) como un ángel, alguien que venía a proporcionarle la seguridad necesaria para superar el trance. Empezó a encontrarse tranquilo y  a trabajar tomando notas y apuntes; se sentía sereno, en paz. Una de esas notas decía: "hay que vivir el sendero con dignidad... En el umbral de los 80 años ya va siendo hora de empezar de nuevo".
Los asuntos de la vida y de la muerte crean vínculos muy especiales, como lo reflejan estos dos hombres. La relación médico-paciente y la forma de abordar la enfermedad por ambas partes es de vital importancia para obtener buenos resultados.

 Según palabras de José-Luis: "Todos vamos en una galera. Si todos los galeotes anónimos unidos nos conjurásemos para remar sólo por una banda, la nave cambiaría el rumbo obligando al timonel a llevar mejor el timón de la nave".
Falleció el 8 de abril de 2013, con 96 años, de forma plácida y tranquila. Antes, quiso ver el mar y asegurarse de que su muerte sería discreta y silenciosa. Su cuerpo físico no está con nosotros, pero sí su energía vital, su alegría y su talante optimista... No nos pudo dejar mejor legado.