Le Corbusier, el Picasso de la arquitectura, es el más grande, fructífero y libre representante del movimiento moderno, un arquitecto global e inagotable capaz de reinventarse plástica y conceptualmente en cada época de su vida. Fue uno de los primeros en defender la construcción estandarizada como un modo de conciliar calidad y crecimiento sostenible y sus aportaciones al uso arquitectónico y emocional del color todavía son fuente de inspiración. De su influencia da fe el hecho de que la UNESCO haya declarado diecisiete de sus obras patrimonio de la humanidad.
Nació en Suiza en 1887 y estudió artes y oficios. En París trabajó en el estudio Perret y en Alemania colaboró con Peter Behrens. En 1912 diseñó una casa para sus padres, La Maison Blanche, en Chaux-de-Fonds, su ciudad natal, que supuso su ruptura con el Style Sapin, variante de l´Art Nouveau, donde la cuidada ornamentación se inspiraba en el paisaje local. En ella mostraba las experiencias acumuladas en sus primeros viajes y se podían apreciar sus influencias italianas y orientales; el pequeño jardín gozaba de una de las primeras promenades architecturales, comenzando por unas pérgolas (que dibujó en Pompeya) y siguiendo por un paseo que llevaba al acceso principal. Vivió allí hasta 1915, año en que se fue a París, y sus padres la vendieron en 1919.
En la década de 1920 propuso proyectos urbanísticos y residenciales, pero sólo pudo construir una serie de villas unifamiliares cerca de París en las que pudo concretar parte de sus postulados para la nueva arquitectura: bloques elevados sobre pilotis (pilares), planta libre, fachada libre independiente de la estructura, ventanas longitudinales (fenêtre en largueur) y cubiertas planas ajardinadas. Fundó la revista "L´Esprit Nouveau", en la que se rechazaban los estilos historicistas y los modernistas a la hora de entender la casa que, para él, era une machine à habiter (una máquina de habitar).
En 1922 se asoció con su primo, el ingeniero Pierre Jeanneret, y adoptó el pseudónimo Le Corbusier (el zorro) transformando el apellido de su bisabuela Lécorbesier. Según él, "la arquitectura estaba reprimida por la costumbre, los estilos eran una mentira", por eso intentó cambiarlo todo: la forma de construir, los materiales, el urbanismo y hasta su propio nombre.
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miércoles, 6 de mayo de 2020
jueves, 16 de abril de 2020
EL IMPRESIONISMO MÍSTICO
Decía Pío Baroja: "Si España hubiese tenido éxitos políticos en lugar de fracasos durante el siglo XIX, nuestra literatura contemporánea parecería más importante. Nuestros escritores no valen menos, es que no tienen pedestal. El mundo no se ocupa de lo que pasa en España". Y es que él, que había vivido en Francia y en Inglaterra, reconocía que, fuera de España, el resto de Europa desconocía por completo la literatura española, motivo por el cual se propuso reformar su forma de escribir creando un nuevo estilo literario que fuera moderno sin dejar de ser español.
Para conseguirlo, se esforzaría en mezclar elementos del impresionismo (corriente vanguardista) con elementos considerados tradicionalmente españoles como el misticismo, el cual - según Baroja - constituiría un antecedente del impresionismo francés, pues en el misticismo español del Siglo de Oro el individuo lograba liberarse, no sólo de la cárcel del cuerpo, sino de la prisión y decadencia de un mundo adverso.
Entre los siglos XIX y XX, la sociedad europea experimentaba una profunda transformación en todas las ramas del arte propiciada por el rápido desarrollo de la modernidad. En ese ambiente Baroja, atraído por la experimentación artística y por la concepción de otras formas de interpretar la realidad desde múltiples perspectivas - intentó elaborar un nuevo concepto literario, innovador y moderno, pero que fuera español:
un impresionismo místico.
Hizo su peculiar homenaje a la obra de Santa Teresa Camino de Perfección, un tratado ascético dirigido a las monjas que proponía la unión de dos componentes: el recogimiento contemplativo y la actividad práctica. Por otra parte, el estilo de Santa Teresa, basado en la plasticidad de las imágenes, le cautivaba. "El escritor debe echar mano, si lo necesita, de todo. Éste será el escritor moderno", decía don Pío cuando se le preguntaba cómo había podido compaginar elementos tan aparentemente contrapuestos.
"España nunca ha sido foco, sino periferia. España ha quedado rezagada en un momento de la historia y tiene mucha obra muerta que hay que arrojar al mar y mucha obra viva que realizar. Yo quisiera que España fuera muy moderna, persistiendo en su línea antigua; yo quisiera que fuera un foco de cultura amplio, extenso".
Pío Baroja conocía bien los efectos de las relaciones de poder y de la falta de reconocimiento de los escritores españoles en el extranjero. Esta situación de atraso literario con respecto a Europa le obsesionaba. Para asociar su escritura a la europea y ser considerado popular, se intentó incorporar el impresionismo francés creando un estilo nuevo al que, para no ser acusado de falta de originalidad, le dotó de las características del misticismo español tratando de establecer un antecedente al movimiento en la tradición española y, por lo tanto, de "españolizar el impresionismo".
Y lo consiguió, logró crear su propio estilo, el estilo barojiano, innovador, moderno y a la vez profunda e inconfundiblemente español: "el impresionismo místico".
Para conseguirlo, se esforzaría en mezclar elementos del impresionismo (corriente vanguardista) con elementos considerados tradicionalmente españoles como el misticismo, el cual - según Baroja - constituiría un antecedente del impresionismo francés, pues en el misticismo español del Siglo de Oro el individuo lograba liberarse, no sólo de la cárcel del cuerpo, sino de la prisión y decadencia de un mundo adverso.
Entre los siglos XIX y XX, la sociedad europea experimentaba una profunda transformación en todas las ramas del arte propiciada por el rápido desarrollo de la modernidad. En ese ambiente Baroja, atraído por la experimentación artística y por la concepción de otras formas de interpretar la realidad desde múltiples perspectivas - intentó elaborar un nuevo concepto literario, innovador y moderno, pero que fuera español:
un impresionismo místico.
Hizo su peculiar homenaje a la obra de Santa Teresa Camino de Perfección, un tratado ascético dirigido a las monjas que proponía la unión de dos componentes: el recogimiento contemplativo y la actividad práctica. Por otra parte, el estilo de Santa Teresa, basado en la plasticidad de las imágenes, le cautivaba. "El escritor debe echar mano, si lo necesita, de todo. Éste será el escritor moderno", decía don Pío cuando se le preguntaba cómo había podido compaginar elementos tan aparentemente contrapuestos.
"España nunca ha sido foco, sino periferia. España ha quedado rezagada en un momento de la historia y tiene mucha obra muerta que hay que arrojar al mar y mucha obra viva que realizar. Yo quisiera que España fuera muy moderna, persistiendo en su línea antigua; yo quisiera que fuera un foco de cultura amplio, extenso".
Pío Baroja conocía bien los efectos de las relaciones de poder y de la falta de reconocimiento de los escritores españoles en el extranjero. Esta situación de atraso literario con respecto a Europa le obsesionaba. Para asociar su escritura a la europea y ser considerado popular, se intentó incorporar el impresionismo francés creando un estilo nuevo al que, para no ser acusado de falta de originalidad, le dotó de las características del misticismo español tratando de establecer un antecedente al movimiento en la tradición española y, por lo tanto, de "españolizar el impresionismo".
Y lo consiguió, logró crear su propio estilo, el estilo barojiano, innovador, moderno y a la vez profunda e inconfundiblemente español: "el impresionismo místico".
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jueves, 24 de diciembre de 2015
GEORGE MOORE
Este cuadro se halla en el Metropolitan Museum of Art de Nueva York y está pintado por Édouard Manet. El retratado es el escritor irlandés George Moore, uno de los introductores del Naturalismo francés en Inglaterra, aunque más tarde cultivó la estética simbolista (visible en algunos de sus dramas más conocidos).
Pasó su infancia en la Hacienda de su padre en Irlanda y, según él, aprendió más de los mozos de cuadra que de los maestros de la escuela. Pronto fue enviado, junto a su hermano a Oscott (el Eton católico) cerca de Birmingham, del que fue expulsado por su tendencia a la pereza. No llegó a ingresar en la Universidad y cuando apenas fue mayor de edad se marchó a París a aprender pintura en la famosa Académie Julian; llegó a entender los misterios del color, pero no logró pintar bien.
Asitía a las tertulias de escritores y pintores impresionistas que se reunían en el Café Nouvelle Athènes (Montmartre). Conoció a Manet, Degas y Corot y le entusiasmaron; fueron sus ídolos en la pintura como Pater, Balzac y Turguenev en la literatura.
En el estudio de Manet conoció a Zola y a través de éste a Concourt, cuya obra le influyó poderosamente. Sin embargo, su primera influencia fue de Baudelaire y en 1877 publicó su colección de poesías "Flowers of Passion". Cuatro años más tarde se atrevió a escribir en francés sus Confesiones de un Joven (documento típico de decadentismo).
"Esther Waters" fue la novela en la que se podía ver que había encontrado su propio camino: un cuadro bien estructurado y poético de un sector popular de la vida inglesa.
En 1901 volvió a Irlanda y se asoció con Yeats, Lady Gregory, Edward Martyn y los demás escritores representativos del renacimiento celta. Entusiasta defensor del teatro irlandés.
Escribió una colección de cuentos de la vida de Irlanda, "The untilled field" (1903), pero empezó a chocar con el planteamiento del grupo de intelectuales y con la religión católica, que la encontraba coservadora y represiva. Regresó a Inglaterra y fue allí donde elevó a la perfección el método de la narración oral en su obra cumbre, "Heloïse and Abelard" (1921)
En realidad fue el gran novelista inglés moderno, que de pequeño leía novelas de Walter Scott y fue admirador y amigo de Oscar Wilde.
Me encanta esta caricatura que le hizo Walter Sickert para la revista Vanity pues su aspecto físico es un reflejo de su obra que, con sus experimentos y afirmaciones, resultó ser en definitiva una serie de contradicciones. Según sus propias palabras: "el genio fue para él el fruto de una gran impaciencia".
Al final de sus días pronunció una frase que quedó en la mente de todos: "vivimos de nuestros deseos más que de nuestras obras" y es que se pasó la vida probando, experimentando, viajando, investigando... no podía permanecer en lo viejo conocido, era de verdad moderno, el primero que se atrevíó a serlo con todas las consecuencias, y por eso le admiro.
Pasó su infancia en la Hacienda de su padre en Irlanda y, según él, aprendió más de los mozos de cuadra que de los maestros de la escuela. Pronto fue enviado, junto a su hermano a Oscott (el Eton católico) cerca de Birmingham, del que fue expulsado por su tendencia a la pereza. No llegó a ingresar en la Universidad y cuando apenas fue mayor de edad se marchó a París a aprender pintura en la famosa Académie Julian; llegó a entender los misterios del color, pero no logró pintar bien.
Asitía a las tertulias de escritores y pintores impresionistas que se reunían en el Café Nouvelle Athènes (Montmartre). Conoció a Manet, Degas y Corot y le entusiasmaron; fueron sus ídolos en la pintura como Pater, Balzac y Turguenev en la literatura.
En el estudio de Manet conoció a Zola y a través de éste a Concourt, cuya obra le influyó poderosamente. Sin embargo, su primera influencia fue de Baudelaire y en 1877 publicó su colección de poesías "Flowers of Passion". Cuatro años más tarde se atrevió a escribir en francés sus Confesiones de un Joven (documento típico de decadentismo).
"Esther Waters" fue la novela en la que se podía ver que había encontrado su propio camino: un cuadro bien estructurado y poético de un sector popular de la vida inglesa.
En 1901 volvió a Irlanda y se asoció con Yeats, Lady Gregory, Edward Martyn y los demás escritores representativos del renacimiento celta. Entusiasta defensor del teatro irlandés.
Escribió una colección de cuentos de la vida de Irlanda, "The untilled field" (1903), pero empezó a chocar con el planteamiento del grupo de intelectuales y con la religión católica, que la encontraba coservadora y represiva. Regresó a Inglaterra y fue allí donde elevó a la perfección el método de la narración oral en su obra cumbre, "Heloïse and Abelard" (1921)
En realidad fue el gran novelista inglés moderno, que de pequeño leía novelas de Walter Scott y fue admirador y amigo de Oscar Wilde.
Me encanta esta caricatura que le hizo Walter Sickert para la revista Vanity pues su aspecto físico es un reflejo de su obra que, con sus experimentos y afirmaciones, resultó ser en definitiva una serie de contradicciones. Según sus propias palabras: "el genio fue para él el fruto de una gran impaciencia".
Al final de sus días pronunció una frase que quedó en la mente de todos: "vivimos de nuestros deseos más que de nuestras obras" y es que se pasó la vida probando, experimentando, viajando, investigando... no podía permanecer en lo viejo conocido, era de verdad moderno, el primero que se atrevíó a serlo con todas las consecuencias, y por eso le admiro.
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