El escritor José Martínez Ruiz, Azorín (1873-1967), acabó con la retórica y los grandes circunloquios del Romanticismo aportando un estilo directo y minucioso que muchos han llamado "atómico". Leyó y releyó Los Ensayos de Montaigne como ejemplo a seguir y empezó a escribir en castellano con la sintáctica francesa. Frases cortas, oraciones simples coordinadas y yuxtapuestas (huyendo de las subordinadas); usaba períodos cortos oracionales que entrelazaba con el punto y coma y cerraba con un punto y seguido.
Cuando escribía - a mano y con pluma estilográfica - empleaba los sentidos (vista, oído, olfato) así como las sensaciones y recuerdos. Le gustaba inventar neologismos y sacar del diccionario arcaísmos; cuidaba y se detenía en los detalles, al considerar que el detalle es lo que define el estilo personal del escritor; tenía ojo de pintor impresionista y - por encima de todo - le gustaba usar epítetos en lugar de verbos, que son acción, pues sus escritos eran todo lo contario: narraciones lentas, descriptivas, relajantes, eruditas, y que denotaban un gran amor al paisaje.
Con su lenguaje sobrio y directo unía realidad y sensibilidad para mostrar impresiones en sus escritos. En este fragmento de Castilla podemos apreciar la frase corta, la sintaxis sencilla, la abundante adjetivación a través de la cual se refleja el subjetivismo, la fusión de alma y paisaje y la luz con una variada gama de colores y matices, diseminando pinceladas sueltas sin un orden preciso, de manera que sólo cuando completamos la lectura del texto podemos apreciar la totalidad de lo escrito:
"No puede ver el mar la solitaria y meláncolica Castilla. Está muy lejos el mar de estas campiñas llanas, rasas, yermas, polvorientas; de estos barrancales pedregosos; de estos terrazgos rojizos, en que los aluviones torrenciales han abierto hondas mellas; mansos alcores y terrenos, desde donde se divisa un caminito que va en zig-zag hasta un riachuelo. Las auras marinas no llegan hasta estos poblados pardos de casuchas deleznables, que tienen un bosquecillo de chopos junto al ejido. Desde la ventana de este sobrado, en lo alto de la casa, no se ve la extensión azul y vigorosa; se columbra allá en una colina con los cipreses rígidos, negros, a los lados, que destacan sobre el cielo límpido. A esta olmeda que se abre a la salida de la vieja ciudad no llega el rumor rítmico y ronco del oleaje; llega en el silencio de la mañana, en la paz azul del mediodía el cacareo metálico, largo, de un gallo, el golpear sobre el yunque de una herrería. Estos labriegos secos, de faces polvorientas, cetrinas, no contemplan el mar; ven la llanada de las mieses, miran sin verla la largura monótona de los surcos en los bancales. Estas viejecitas de luto, con sus manos pajizas, sarmentosas, no encienden cuando llega el crepúsculo una luz ante la imagen de una Virgen que vela por los que salen en las barcas. Van por las callejas pinas y tortuosas a las novenas, miran al cielo en los días borrascosos y piden, juntando sus manos, no que se aplaquen las olas, sino que las nubes no despidan granizos asoladores".
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sábado, 25 de abril de 2020
viernes, 24 de abril de 2020
DIEGO HERGUETA
En el prólogo de La dama grande Pío Baroja se considera a sí mismo un impresionista, pues él llegó a la literatura en la época modernista, en la que había una mutua relación entre las artes, y la pintura inspiraba procedimietnos innovadores. Consumado pintor literario su obra es rica en tipos, escenas y paisajes de una manera genuinamente pictórica. Sus paisajes quedan grabados de forma indeleble, hasta el punto de que recordamos sus novelas - no por lo que pasa o a quiénes pasa - sino por "dónde pasa".
Bajo mi punto de vista, Diego Hergueta - en sus cuadros - sigue el impresionismo (arte sugestivo que da contornos imprecisos), pero con su propio estilo, un estilo que es innovador, moderno e inconfundible, que hace que el espectador participe en su obra precisamente por presentárnosla como un producto que sugiere, que no está totalmente definido.
Igual que Baroja describe como nadie, a través de su escritura, el color, calor, idiosincrasia y fuerza vital de lo vasco, Hergueta lo consigue con sus lienzos, sobre todo cuando utiliza el pastel. Lo cierto es que ambos logran que, quienes nos deleitamos con sus respectivas obras, lleguemos a cogerlas cariño.
Diego Hergueta, aventurero, un poco solitario, regenerador, dotado de una lapidaria ironía y una exquisita sencillez lógica, habla vascuence, pinta en vasco y conoce los pueblos y valles más escondidos de su tierra. Siente añoranza por el pasado y cree que la naturaleza es lo realmente interesante porque todavía está llena de sorpresas. Sin embargo, Diego, típico vasco barojiano, tiene la grandeza de abrir horizontes y captar - a través de su mirada - la esencia de otros lugares, como El Escorial, lugar mágico en el que nos conocimos. En su obra se percibe la espiritualidad por encima de la técnica, su pintura tiene "alma".
Como Azorín, comprende la vida y la refleja en sus lienzos desde lo cercano, lo cotidiano y lo aparentemente irrelevante, porque ésto contiene para él la fuerza misteriosa del universo...
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Bajo mi punto de vista, Diego Hergueta - en sus cuadros - sigue el impresionismo (arte sugestivo que da contornos imprecisos), pero con su propio estilo, un estilo que es innovador, moderno e inconfundible, que hace que el espectador participe en su obra precisamente por presentárnosla como un producto que sugiere, que no está totalmente definido.
Igual que Baroja describe como nadie, a través de su escritura, el color, calor, idiosincrasia y fuerza vital de lo vasco, Hergueta lo consigue con sus lienzos, sobre todo cuando utiliza el pastel. Lo cierto es que ambos logran que, quienes nos deleitamos con sus respectivas obras, lleguemos a cogerlas cariño.
Diego Hergueta, aventurero, un poco solitario, regenerador, dotado de una lapidaria ironía y una exquisita sencillez lógica, habla vascuence, pinta en vasco y conoce los pueblos y valles más escondidos de su tierra. Siente añoranza por el pasado y cree que la naturaleza es lo realmente interesante porque todavía está llena de sorpresas. Sin embargo, Diego, típico vasco barojiano, tiene la grandeza de abrir horizontes y captar - a través de su mirada - la esencia de otros lugares, como El Escorial, lugar mágico en el que nos conocimos. En su obra se percibe la espiritualidad por encima de la técnica, su pintura tiene "alma".
Como Azorín, comprende la vida y la refleja en sus lienzos desde lo cercano, lo cotidiano y lo aparentemente irrelevante, porque ésto contiene para él la fuerza misteriosa del universo...
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jueves, 16 de abril de 2020
EL IMPRESIONISMO MÍSTICO
Decía Pío Baroja: "Si España hubiese tenido éxitos políticos en lugar de fracasos durante el siglo XIX, nuestra literatura contemporánea parecería más importante. Nuestros escritores no valen menos, es que no tienen pedestal. El mundo no se ocupa de lo que pasa en España". Y es que él, que había vivido en Francia y en Inglaterra, reconocía que, fuera de España, el resto de Europa desconocía por completo la literatura española, motivo por el cual se propuso reformar su forma de escribir creando un nuevo estilo literario que fuera moderno sin dejar de ser español.
Para conseguirlo, se esforzaría en mezclar elementos del impresionismo (corriente vanguardista) con elementos considerados tradicionalmente españoles como el misticismo, el cual - según Baroja - constituiría un antecedente del impresionismo francés, pues en el misticismo español del Siglo de Oro el individuo lograba liberarse, no sólo de la cárcel del cuerpo, sino de la prisión y decadencia de un mundo adverso.
Entre los siglos XIX y XX, la sociedad europea experimentaba una profunda transformación en todas las ramas del arte propiciada por el rápido desarrollo de la modernidad. En ese ambiente Baroja, atraído por la experimentación artística y por la concepción de otras formas de interpretar la realidad desde múltiples perspectivas - intentó elaborar un nuevo concepto literario, innovador y moderno, pero que fuera español:
un impresionismo místico.
Hizo su peculiar homenaje a la obra de Santa Teresa Camino de Perfección, un tratado ascético dirigido a las monjas que proponía la unión de dos componentes: el recogimiento contemplativo y la actividad práctica. Por otra parte, el estilo de Santa Teresa, basado en la plasticidad de las imágenes, le cautivaba. "El escritor debe echar mano, si lo necesita, de todo. Éste será el escritor moderno", decía don Pío cuando se le preguntaba cómo había podido compaginar elementos tan aparentemente contrapuestos.
"España nunca ha sido foco, sino periferia. España ha quedado rezagada en un momento de la historia y tiene mucha obra muerta que hay que arrojar al mar y mucha obra viva que realizar. Yo quisiera que España fuera muy moderna, persistiendo en su línea antigua; yo quisiera que fuera un foco de cultura amplio, extenso".
Pío Baroja conocía bien los efectos de las relaciones de poder y de la falta de reconocimiento de los escritores españoles en el extranjero. Esta situación de atraso literario con respecto a Europa le obsesionaba. Para asociar su escritura a la europea y ser considerado popular, se intentó incorporar el impresionismo francés creando un estilo nuevo al que, para no ser acusado de falta de originalidad, le dotó de las características del misticismo español tratando de establecer un antecedente al movimiento en la tradición española y, por lo tanto, de "españolizar el impresionismo".
Y lo consiguió, logró crear su propio estilo, el estilo barojiano, innovador, moderno y a la vez profunda e inconfundiblemente español: "el impresionismo místico".
Para conseguirlo, se esforzaría en mezclar elementos del impresionismo (corriente vanguardista) con elementos considerados tradicionalmente españoles como el misticismo, el cual - según Baroja - constituiría un antecedente del impresionismo francés, pues en el misticismo español del Siglo de Oro el individuo lograba liberarse, no sólo de la cárcel del cuerpo, sino de la prisión y decadencia de un mundo adverso.
Entre los siglos XIX y XX, la sociedad europea experimentaba una profunda transformación en todas las ramas del arte propiciada por el rápido desarrollo de la modernidad. En ese ambiente Baroja, atraído por la experimentación artística y por la concepción de otras formas de interpretar la realidad desde múltiples perspectivas - intentó elaborar un nuevo concepto literario, innovador y moderno, pero que fuera español:
un impresionismo místico.
Hizo su peculiar homenaje a la obra de Santa Teresa Camino de Perfección, un tratado ascético dirigido a las monjas que proponía la unión de dos componentes: el recogimiento contemplativo y la actividad práctica. Por otra parte, el estilo de Santa Teresa, basado en la plasticidad de las imágenes, le cautivaba. "El escritor debe echar mano, si lo necesita, de todo. Éste será el escritor moderno", decía don Pío cuando se le preguntaba cómo había podido compaginar elementos tan aparentemente contrapuestos.
"España nunca ha sido foco, sino periferia. España ha quedado rezagada en un momento de la historia y tiene mucha obra muerta que hay que arrojar al mar y mucha obra viva que realizar. Yo quisiera que España fuera muy moderna, persistiendo en su línea antigua; yo quisiera que fuera un foco de cultura amplio, extenso".
Pío Baroja conocía bien los efectos de las relaciones de poder y de la falta de reconocimiento de los escritores españoles en el extranjero. Esta situación de atraso literario con respecto a Europa le obsesionaba. Para asociar su escritura a la europea y ser considerado popular, se intentó incorporar el impresionismo francés creando un estilo nuevo al que, para no ser acusado de falta de originalidad, le dotó de las características del misticismo español tratando de establecer un antecedente al movimiento en la tradición española y, por lo tanto, de "españolizar el impresionismo".
Y lo consiguió, logró crear su propio estilo, el estilo barojiano, innovador, moderno y a la vez profunda e inconfundiblemente español: "el impresionismo místico".
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miércoles, 28 de febrero de 2018
FERNANDO PESSOA
"Vivir no es necesario, lo que es necesario es crear". En este verso se resume la visión del mundo de Fernando Pessoa, el escritor portugués que, por crear, creó su propio universo literario. Con falta de gente con la que coexistir, inventó amigos o compañeros de espíritu ("Me siento múltiple, me siento varios seres, me siento vivir vidas ajenas").
Nació en 1888 en uno de los barrios con más solera de Lisboa desde dónde se veía, a lo lejos, el Tajo. Su madre tenía una sólida formación intelectual y su padre era un funcionario y cronista en El Diario de Noticias.
Su madre, viuda, se casó con el cónsul de Portugal en Durban (Suráfrica) y viajaron a esta ciudad cuando el niño contaba con ocho años. Tenía que compartir a su madre con un desconocido y dejar la ciudad de su infancia, de sus raíces.
Hasta 1905 vivió en Durban y aprendió inglés con facilidad, rapidez y perfección, por eso fue traductor.
Toda su vida estuvo marcada por la añoranza de Lisboa, la ciudad blanca a la que llamaba "la hermosa visión de un sueño"...
A los 17 años se dio cuenta de que ya nada era lo mismo experimentando un abierto dolor, una tremenda soledad y un imposible consuelo. Hombre lúcido, con una gran capacidad deductiva y analítica y profundamente sensible, llevaba al papel lo que sentía. Buscaba lo que ya no existía y se planteó devolver a Portugal el lugar que merecía en la Historia y por eso, con un lenguaje próximo, nos acerca a su país, su patrimonio intelectual, arquitectónico, artístico o de ocio de una forma personal e inimitable.
Vivió en multitud de barrios. Su soledad, su incomprensión del mundo, lo condujeron al alcohol y Lisboa lo veía, noche tras noche, deambular ebrio por sus calles y viviendo de la caridad de unos pocos amigos. Su salud se debilitaba, pero escribía febrilmente en sus etapas de lucidez. Falleció en 1935 y lo último que pidió fueron sus gafas.
Su espíritu nos espera en cada esquina de Lisboa para acompañarnos en el paseo de cualquier hora.
Tal vez el hombre que utilizó tantos "heterónimos" nos dejó uno que él mismo ignoró, el Pessoa que vivirá mientras Lisboa viva...
Nació en 1888 en uno de los barrios con más solera de Lisboa desde dónde se veía, a lo lejos, el Tajo. Su madre tenía una sólida formación intelectual y su padre era un funcionario y cronista en El Diario de Noticias.
Su madre, viuda, se casó con el cónsul de Portugal en Durban (Suráfrica) y viajaron a esta ciudad cuando el niño contaba con ocho años. Tenía que compartir a su madre con un desconocido y dejar la ciudad de su infancia, de sus raíces.
Hasta 1905 vivió en Durban y aprendió inglés con facilidad, rapidez y perfección, por eso fue traductor.
Toda su vida estuvo marcada por la añoranza de Lisboa, la ciudad blanca a la que llamaba "la hermosa visión de un sueño"...
A los 17 años se dio cuenta de que ya nada era lo mismo experimentando un abierto dolor, una tremenda soledad y un imposible consuelo. Hombre lúcido, con una gran capacidad deductiva y analítica y profundamente sensible, llevaba al papel lo que sentía. Buscaba lo que ya no existía y se planteó devolver a Portugal el lugar que merecía en la Historia y por eso, con un lenguaje próximo, nos acerca a su país, su patrimonio intelectual, arquitectónico, artístico o de ocio de una forma personal e inimitable.
Vivió en multitud de barrios. Su soledad, su incomprensión del mundo, lo condujeron al alcohol y Lisboa lo veía, noche tras noche, deambular ebrio por sus calles y viviendo de la caridad de unos pocos amigos. Su salud se debilitaba, pero escribía febrilmente en sus etapas de lucidez. Falleció en 1935 y lo último que pidió fueron sus gafas.
Su espíritu nos espera en cada esquina de Lisboa para acompañarnos en el paseo de cualquier hora.
Tal vez el hombre que utilizó tantos "heterónimos" nos dejó uno que él mismo ignoró, el Pessoa que vivirá mientras Lisboa viva...
sábado, 8 de agosto de 2015
LIN YUTANG
Lin Yutang (1895-1976), filólogo y escritor chino, cree que la sabiduría de la vida consiste en la eliminación de lo no esencial.
El goce del hogar, de la vida, de la naturaleza, de la cultura, de la conversación, del té, de la amistad y de la lectura... son "encantos" que el hombre actual no valora porque se toma la vida muy en serio pues el mundo está lleno de inquietud y desasosiego.
Sin embargo, "solamente una filosofía alegre es profunda" y con su estilo suelto, irónico y refinado nos dice:
. Sientaté tranquilamente un momento y comprenderás qué tontamente te has estado moviendo.
. Dar gracias a Dios por lo que se tiene, ahí comienza el arte de vivir.
. Si no puedes vivir una vida bella, debes soñarla.
. Que cada hombre construya su propia catedral, ¿para qué vivir de obras de arte ajenas y antiguas?
. El arte no es algo que se pueda tomar o dejar, es necesario para vivir.
. La vida hay que "sentirla".
. El arte de vivir está en saber ver lo favorable.
. El que no sirve para servir, no sirve para vivir.
. El que conoce el arte de vivir consigo mismo ignora el aburrimiento.
Cuando nos adentramos en el mundo lírico del escritor tenemos la oportunidad de sentir, oler, saborear, todo lo que nos transmite. Leer a un pensador profundo es nutrirte hasta las raíces y es como si te diera herramientas para vivir. Pero jamás "hay que leer" sino que se lee por placer, es una degustación. La persona que no lee acaba siendo bastante insípida...
El goce del hogar, de la vida, de la naturaleza, de la cultura, de la conversación, del té, de la amistad y de la lectura... son "encantos" que el hombre actual no valora porque se toma la vida muy en serio pues el mundo está lleno de inquietud y desasosiego.
Sin embargo, "solamente una filosofía alegre es profunda" y con su estilo suelto, irónico y refinado nos dice:
. Sientaté tranquilamente un momento y comprenderás qué tontamente te has estado moviendo.
. Dar gracias a Dios por lo que se tiene, ahí comienza el arte de vivir.
. Si no puedes vivir una vida bella, debes soñarla.
. Que cada hombre construya su propia catedral, ¿para qué vivir de obras de arte ajenas y antiguas?
. El arte no es algo que se pueda tomar o dejar, es necesario para vivir.
. La vida hay que "sentirla".
. El arte de vivir está en saber ver lo favorable.
. El que no sirve para servir, no sirve para vivir.
. El que conoce el arte de vivir consigo mismo ignora el aburrimiento.
Cuando nos adentramos en el mundo lírico del escritor tenemos la oportunidad de sentir, oler, saborear, todo lo que nos transmite. Leer a un pensador profundo es nutrirte hasta las raíces y es como si te diera herramientas para vivir. Pero jamás "hay que leer" sino que se lee por placer, es una degustación. La persona que no lee acaba siendo bastante insípida...
lunes, 22 de junio de 2015
"EL PAIS DE LA COLCHA"
"Cuando estaba enfermo y guardaba cama
en dos almohadas grandes me apoyaba
y tenía a mano todos mis juguetes
para que estuviese contento y alegre.
Y pasaba a veces horas contemplando
a mis soldaditos de plomo marchando
con sus uniformes de bellos colores
por las sábanas llenas de campos y montes.
Y a veces echaba a la mar mis barcos
por entre las mantas subiendo y bajando
o si no, sacaba mis casas y árboles
y por todas partes montaba ciudades.
Yo era aquel gigante enorme que estaba
sentado sobre una montaña de almohadas
y que contemplaba desde el rompeolas
el apasionante mundo de la colcha"
"El Paisaje de la Colcha" es uno de los 65 versos que podemos encontrar en el libro "Jardín de versos para niños", escrito por Robert Louis Stevenson, ilustrado por Jessie Willox y editado por Hiperión (2001). Gustavo Falaquera realizó una traducción al español impecable.
Una buena amiga, que ha pasado por una experiencia muy dolorosa, me ha pedido que recordara este verso. Nada me puede reconfortar más que constatar que un buen trabajo de equipo (escritor, ilustradora, editores y traductor) puede acompañar y hacer más fácil la estancia de un niño en la cama. El propio autor lo experimentó en su infancia por eso desarrolló una sensibilidad tan exquisita.
Espero que este verso sea como un soplo de aire fresco y limpio para todos aquellos (niños y adultos) que se encuentran en situaciones, por decirlo suavemente, "complicadas"...
en dos almohadas grandes me apoyaba
y tenía a mano todos mis juguetes
para que estuviese contento y alegre.
Y pasaba a veces horas contemplando
a mis soldaditos de plomo marchando
con sus uniformes de bellos colores
por las sábanas llenas de campos y montes.
Y a veces echaba a la mar mis barcos
por entre las mantas subiendo y bajando
o si no, sacaba mis casas y árboles
y por todas partes montaba ciudades.
Yo era aquel gigante enorme que estaba
sentado sobre una montaña de almohadas
y que contemplaba desde el rompeolas
el apasionante mundo de la colcha"
"El Paisaje de la Colcha" es uno de los 65 versos que podemos encontrar en el libro "Jardín de versos para niños", escrito por Robert Louis Stevenson, ilustrado por Jessie Willox y editado por Hiperión (2001). Gustavo Falaquera realizó una traducción al español impecable.
Una buena amiga, que ha pasado por una experiencia muy dolorosa, me ha pedido que recordara este verso. Nada me puede reconfortar más que constatar que un buen trabajo de equipo (escritor, ilustradora, editores y traductor) puede acompañar y hacer más fácil la estancia de un niño en la cama. El propio autor lo experimentó en su infancia por eso desarrolló una sensibilidad tan exquisita.
Espero que este verso sea como un soplo de aire fresco y limpio para todos aquellos (niños y adultos) que se encuentran en situaciones, por decirlo suavemente, "complicadas"...
viernes, 12 de junio de 2015
FERIA DEL LIBRO
Esta mañana he estado en la caseta nº 423 de la Editorial Creación en la Feria del Libro 2015 de Madrid para firmar ejemplares de mi libro: "Tres grandes desconocidas".
Cuando, hacia las once de la mañana, entraba en el Retiro y la brisa de una mañana nublada me acariciaba, me sentía como Alicia en el País de las Maravillas; era un sueño ir paseando entre las casetas (llenas de caras sorientes) y pensar que yo iba a estar en una de ellas formando parte de la Feria de forma activa y desde dentro.
El hecho de estar sentada en un alto taburete que me permitía tener a los lectores tan cerca, hablar con ellos, comunicarnos de forma natural y espontánea me hacía sentir que lo mejor de todo es el trato directo entre lectores y escritores y todos unidos por los libros.
Cuando, de vez en cuando, se oía mi nombre anunciando que "estaba firmando libros" el corazón me latía a una velocidad mucho mayor de la normal. No es en absoluto afán de protagonismo (pues no puedo ser una autora menos famosa) sino el vivir de verdad un sueño hecho realidad. Mi proyecto es ambicioso pues pretendo escribir otros cuatro libros más para completar la colección El Escorial: luz y arte, pero se que con fe y constancia lo conseguiré y que cuando esté subiendo hacia la cima y lleguen los momentos de bajón o desfallecimiento, el pensar en el taburete, el ir y venir de la gente, la alegría del parque, los altavoces... serán un estímulo para seguir.
Me gusta mucho el cartel de Fernando Vicente y cuando dice: "el flechazo que recibimos cuando la lectura nos atrapa y llegamos a pensar que el libro que tenemos en la mano está ahí porque alguien lo escribió para nosotros". Es totalmente cierto, cuando el libro llega al lector pasa inmediatamente a ser "su libro", escrito para él. A partir de ese preciso momento la magia de la unión entre lector y autor crea una complicidad difícil de explicar pero muy fácil de experimentar.
Y es que "el amor está en lo que tendemos (puentes, palabras" (Jose-Ángel Valente).
Me encanta celebrar y compartir con vosotros este acontecimiento social que promociona la cultura de forma divertida y variada estimulando el comercio con finalidad de lucro. Tenemos que poner en valor la creación cultural, en especial "la edición" y, aunque en España gozamos de una aceptable salud editorial y lectora, no se hace todo lo que se debería para defender el sector cultural como motor de creación de empleo, crecimiento económico y proyección internacional. No olvidemos que, dentro de las industrias culturales, la del libro es la más importante de Europa.
Temino con una frase del inventor de la imprenta: "La imprenta es un ejército de 26 soldados de plomo con el que se puede conquistar el mundo" (Johannes Gutenberg).
Cuando, hacia las once de la mañana, entraba en el Retiro y la brisa de una mañana nublada me acariciaba, me sentía como Alicia en el País de las Maravillas; era un sueño ir paseando entre las casetas (llenas de caras sorientes) y pensar que yo iba a estar en una de ellas formando parte de la Feria de forma activa y desde dentro.
El hecho de estar sentada en un alto taburete que me permitía tener a los lectores tan cerca, hablar con ellos, comunicarnos de forma natural y espontánea me hacía sentir que lo mejor de todo es el trato directo entre lectores y escritores y todos unidos por los libros.
Cuando, de vez en cuando, se oía mi nombre anunciando que "estaba firmando libros" el corazón me latía a una velocidad mucho mayor de la normal. No es en absoluto afán de protagonismo (pues no puedo ser una autora menos famosa) sino el vivir de verdad un sueño hecho realidad. Mi proyecto es ambicioso pues pretendo escribir otros cuatro libros más para completar la colección El Escorial: luz y arte, pero se que con fe y constancia lo conseguiré y que cuando esté subiendo hacia la cima y lleguen los momentos de bajón o desfallecimiento, el pensar en el taburete, el ir y venir de la gente, la alegría del parque, los altavoces... serán un estímulo para seguir.
Me gusta mucho el cartel de Fernando Vicente y cuando dice: "el flechazo que recibimos cuando la lectura nos atrapa y llegamos a pensar que el libro que tenemos en la mano está ahí porque alguien lo escribió para nosotros". Es totalmente cierto, cuando el libro llega al lector pasa inmediatamente a ser "su libro", escrito para él. A partir de ese preciso momento la magia de la unión entre lector y autor crea una complicidad difícil de explicar pero muy fácil de experimentar.
Y es que "el amor está en lo que tendemos (puentes, palabras" (Jose-Ángel Valente).
Me encanta celebrar y compartir con vosotros este acontecimiento social que promociona la cultura de forma divertida y variada estimulando el comercio con finalidad de lucro. Tenemos que poner en valor la creación cultural, en especial "la edición" y, aunque en España gozamos de una aceptable salud editorial y lectora, no se hace todo lo que se debería para defender el sector cultural como motor de creación de empleo, crecimiento económico y proyección internacional. No olvidemos que, dentro de las industrias culturales, la del libro es la más importante de Europa.
Temino con una frase del inventor de la imprenta: "La imprenta es un ejército de 26 soldados de plomo con el que se puede conquistar el mundo" (Johannes Gutenberg).
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