Le Corbusier, el Picasso de la arquitectura, es el más grande, fructífero y libre representante del movimiento moderno, un arquitecto global e inagotable capaz de reinventarse plástica y conceptualmente en cada época de su vida. Fue uno de los primeros en defender la construcción estandarizada como un modo de conciliar calidad y crecimiento sostenible y sus aportaciones al uso arquitectónico y emocional del color todavía son fuente de inspiración. De su influencia da fe el hecho de que la UNESCO haya declarado diecisiete de sus obras patrimonio de la humanidad.
Nació en Suiza en 1887 y estudió artes y oficios. En París trabajó en el estudio Perret y en Alemania colaboró con Peter Behrens. En 1912 diseñó una casa para sus padres, La Maison Blanche, en Chaux-de-Fonds, su ciudad natal, que supuso su ruptura con el Style Sapin, variante de l´Art Nouveau, donde la cuidada ornamentación se inspiraba en el paisaje local. En ella mostraba las experiencias acumuladas en sus primeros viajes y se podían apreciar sus influencias italianas y orientales; el pequeño jardín gozaba de una de las primeras promenades architecturales, comenzando por unas pérgolas (que dibujó en Pompeya) y siguiendo por un paseo que llevaba al acceso principal. Vivió allí hasta 1915, año en que se fue a París, y sus padres la vendieron en 1919.
En la década de 1920 propuso proyectos urbanísticos y residenciales, pero sólo pudo construir una serie de villas unifamiliares cerca de París en las que pudo concretar parte de sus postulados para la nueva arquitectura: bloques elevados sobre pilotis (pilares), planta libre, fachada libre independiente de la estructura, ventanas longitudinales (fenêtre en largueur) y cubiertas planas ajardinadas. Fundó la revista "L´Esprit Nouveau", en la que se rechazaban los estilos historicistas y los modernistas a la hora de entender la casa que, para él, era une machine à habiter (una máquina de habitar).
En 1922 se asoció con su primo, el ingeniero Pierre Jeanneret, y adoptó el pseudónimo Le Corbusier (el zorro) transformando el apellido de su bisabuela Lécorbesier. Según él, "la arquitectura estaba reprimida por la costumbre, los estilos eran una mentira", por eso intentó cambiarlo todo: la forma de construir, los materiales, el urbanismo y hasta su propio nombre.
Mostrando entradas con la etiqueta ESTILO. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ESTILO. Mostrar todas las entradas
miércoles, 6 de mayo de 2020
sábado, 25 de abril de 2020
AZORÍN Y CASTILLA
El escritor José Martínez Ruiz, Azorín (1873-1967), acabó con la retórica y los grandes circunloquios del Romanticismo aportando un estilo directo y minucioso que muchos han llamado "atómico". Leyó y releyó Los Ensayos de Montaigne como ejemplo a seguir y empezó a escribir en castellano con la sintáctica francesa. Frases cortas, oraciones simples coordinadas y yuxtapuestas (huyendo de las subordinadas); usaba períodos cortos oracionales que entrelazaba con el punto y coma y cerraba con un punto y seguido.
Cuando escribía - a mano y con pluma estilográfica - empleaba los sentidos (vista, oído, olfato) así como las sensaciones y recuerdos. Le gustaba inventar neologismos y sacar del diccionario arcaísmos; cuidaba y se detenía en los detalles, al considerar que el detalle es lo que define el estilo personal del escritor; tenía ojo de pintor impresionista y - por encima de todo - le gustaba usar epítetos en lugar de verbos, que son acción, pues sus escritos eran todo lo contario: narraciones lentas, descriptivas, relajantes, eruditas, y que denotaban un gran amor al paisaje.
Con su lenguaje sobrio y directo unía realidad y sensibilidad para mostrar impresiones en sus escritos. En este fragmento de Castilla podemos apreciar la frase corta, la sintaxis sencilla, la abundante adjetivación a través de la cual se refleja el subjetivismo, la fusión de alma y paisaje y la luz con una variada gama de colores y matices, diseminando pinceladas sueltas sin un orden preciso, de manera que sólo cuando completamos la lectura del texto podemos apreciar la totalidad de lo escrito:
"No puede ver el mar la solitaria y meláncolica Castilla. Está muy lejos el mar de estas campiñas llanas, rasas, yermas, polvorientas; de estos barrancales pedregosos; de estos terrazgos rojizos, en que los aluviones torrenciales han abierto hondas mellas; mansos alcores y terrenos, desde donde se divisa un caminito que va en zig-zag hasta un riachuelo. Las auras marinas no llegan hasta estos poblados pardos de casuchas deleznables, que tienen un bosquecillo de chopos junto al ejido. Desde la ventana de este sobrado, en lo alto de la casa, no se ve la extensión azul y vigorosa; se columbra allá en una colina con los cipreses rígidos, negros, a los lados, que destacan sobre el cielo límpido. A esta olmeda que se abre a la salida de la vieja ciudad no llega el rumor rítmico y ronco del oleaje; llega en el silencio de la mañana, en la paz azul del mediodía el cacareo metálico, largo, de un gallo, el golpear sobre el yunque de una herrería. Estos labriegos secos, de faces polvorientas, cetrinas, no contemplan el mar; ven la llanada de las mieses, miran sin verla la largura monótona de los surcos en los bancales. Estas viejecitas de luto, con sus manos pajizas, sarmentosas, no encienden cuando llega el crepúsculo una luz ante la imagen de una Virgen que vela por los que salen en las barcas. Van por las callejas pinas y tortuosas a las novenas, miran al cielo en los días borrascosos y piden, juntando sus manos, no que se aplaquen las olas, sino que las nubes no despidan granizos asoladores".
Cuando escribía - a mano y con pluma estilográfica - empleaba los sentidos (vista, oído, olfato) así como las sensaciones y recuerdos. Le gustaba inventar neologismos y sacar del diccionario arcaísmos; cuidaba y se detenía en los detalles, al considerar que el detalle es lo que define el estilo personal del escritor; tenía ojo de pintor impresionista y - por encima de todo - le gustaba usar epítetos en lugar de verbos, que son acción, pues sus escritos eran todo lo contario: narraciones lentas, descriptivas, relajantes, eruditas, y que denotaban un gran amor al paisaje.
Con su lenguaje sobrio y directo unía realidad y sensibilidad para mostrar impresiones en sus escritos. En este fragmento de Castilla podemos apreciar la frase corta, la sintaxis sencilla, la abundante adjetivación a través de la cual se refleja el subjetivismo, la fusión de alma y paisaje y la luz con una variada gama de colores y matices, diseminando pinceladas sueltas sin un orden preciso, de manera que sólo cuando completamos la lectura del texto podemos apreciar la totalidad de lo escrito:
"No puede ver el mar la solitaria y meláncolica Castilla. Está muy lejos el mar de estas campiñas llanas, rasas, yermas, polvorientas; de estos barrancales pedregosos; de estos terrazgos rojizos, en que los aluviones torrenciales han abierto hondas mellas; mansos alcores y terrenos, desde donde se divisa un caminito que va en zig-zag hasta un riachuelo. Las auras marinas no llegan hasta estos poblados pardos de casuchas deleznables, que tienen un bosquecillo de chopos junto al ejido. Desde la ventana de este sobrado, en lo alto de la casa, no se ve la extensión azul y vigorosa; se columbra allá en una colina con los cipreses rígidos, negros, a los lados, que destacan sobre el cielo límpido. A esta olmeda que se abre a la salida de la vieja ciudad no llega el rumor rítmico y ronco del oleaje; llega en el silencio de la mañana, en la paz azul del mediodía el cacareo metálico, largo, de un gallo, el golpear sobre el yunque de una herrería. Estos labriegos secos, de faces polvorientas, cetrinas, no contemplan el mar; ven la llanada de las mieses, miran sin verla la largura monótona de los surcos en los bancales. Estas viejecitas de luto, con sus manos pajizas, sarmentosas, no encienden cuando llega el crepúsculo una luz ante la imagen de una Virgen que vela por los que salen en las barcas. Van por las callejas pinas y tortuosas a las novenas, miran al cielo en los días borrascosos y piden, juntando sus manos, no que se aplaquen las olas, sino que las nubes no despidan granizos asoladores".
jueves, 16 de abril de 2020
EL IMPRESIONISMO MÍSTICO
Decía Pío Baroja: "Si España hubiese tenido éxitos políticos en lugar de fracasos durante el siglo XIX, nuestra literatura contemporánea parecería más importante. Nuestros escritores no valen menos, es que no tienen pedestal. El mundo no se ocupa de lo que pasa en España". Y es que él, que había vivido en Francia y en Inglaterra, reconocía que, fuera de España, el resto de Europa desconocía por completo la literatura española, motivo por el cual se propuso reformar su forma de escribir creando un nuevo estilo literario que fuera moderno sin dejar de ser español.
Para conseguirlo, se esforzaría en mezclar elementos del impresionismo (corriente vanguardista) con elementos considerados tradicionalmente españoles como el misticismo, el cual - según Baroja - constituiría un antecedente del impresionismo francés, pues en el misticismo español del Siglo de Oro el individuo lograba liberarse, no sólo de la cárcel del cuerpo, sino de la prisión y decadencia de un mundo adverso.
Entre los siglos XIX y XX, la sociedad europea experimentaba una profunda transformación en todas las ramas del arte propiciada por el rápido desarrollo de la modernidad. En ese ambiente Baroja, atraído por la experimentación artística y por la concepción de otras formas de interpretar la realidad desde múltiples perspectivas - intentó elaborar un nuevo concepto literario, innovador y moderno, pero que fuera español:
un impresionismo místico.
Hizo su peculiar homenaje a la obra de Santa Teresa Camino de Perfección, un tratado ascético dirigido a las monjas que proponía la unión de dos componentes: el recogimiento contemplativo y la actividad práctica. Por otra parte, el estilo de Santa Teresa, basado en la plasticidad de las imágenes, le cautivaba. "El escritor debe echar mano, si lo necesita, de todo. Éste será el escritor moderno", decía don Pío cuando se le preguntaba cómo había podido compaginar elementos tan aparentemente contrapuestos.
"España nunca ha sido foco, sino periferia. España ha quedado rezagada en un momento de la historia y tiene mucha obra muerta que hay que arrojar al mar y mucha obra viva que realizar. Yo quisiera que España fuera muy moderna, persistiendo en su línea antigua; yo quisiera que fuera un foco de cultura amplio, extenso".
Pío Baroja conocía bien los efectos de las relaciones de poder y de la falta de reconocimiento de los escritores españoles en el extranjero. Esta situación de atraso literario con respecto a Europa le obsesionaba. Para asociar su escritura a la europea y ser considerado popular, se intentó incorporar el impresionismo francés creando un estilo nuevo al que, para no ser acusado de falta de originalidad, le dotó de las características del misticismo español tratando de establecer un antecedente al movimiento en la tradición española y, por lo tanto, de "españolizar el impresionismo".
Y lo consiguió, logró crear su propio estilo, el estilo barojiano, innovador, moderno y a la vez profunda e inconfundiblemente español: "el impresionismo místico".
Para conseguirlo, se esforzaría en mezclar elementos del impresionismo (corriente vanguardista) con elementos considerados tradicionalmente españoles como el misticismo, el cual - según Baroja - constituiría un antecedente del impresionismo francés, pues en el misticismo español del Siglo de Oro el individuo lograba liberarse, no sólo de la cárcel del cuerpo, sino de la prisión y decadencia de un mundo adverso.
Entre los siglos XIX y XX, la sociedad europea experimentaba una profunda transformación en todas las ramas del arte propiciada por el rápido desarrollo de la modernidad. En ese ambiente Baroja, atraído por la experimentación artística y por la concepción de otras formas de interpretar la realidad desde múltiples perspectivas - intentó elaborar un nuevo concepto literario, innovador y moderno, pero que fuera español:
un impresionismo místico.
Hizo su peculiar homenaje a la obra de Santa Teresa Camino de Perfección, un tratado ascético dirigido a las monjas que proponía la unión de dos componentes: el recogimiento contemplativo y la actividad práctica. Por otra parte, el estilo de Santa Teresa, basado en la plasticidad de las imágenes, le cautivaba. "El escritor debe echar mano, si lo necesita, de todo. Éste será el escritor moderno", decía don Pío cuando se le preguntaba cómo había podido compaginar elementos tan aparentemente contrapuestos.
"España nunca ha sido foco, sino periferia. España ha quedado rezagada en un momento de la historia y tiene mucha obra muerta que hay que arrojar al mar y mucha obra viva que realizar. Yo quisiera que España fuera muy moderna, persistiendo en su línea antigua; yo quisiera que fuera un foco de cultura amplio, extenso".
Pío Baroja conocía bien los efectos de las relaciones de poder y de la falta de reconocimiento de los escritores españoles en el extranjero. Esta situación de atraso literario con respecto a Europa le obsesionaba. Para asociar su escritura a la europea y ser considerado popular, se intentó incorporar el impresionismo francés creando un estilo nuevo al que, para no ser acusado de falta de originalidad, le dotó de las características del misticismo español tratando de establecer un antecedente al movimiento en la tradición española y, por lo tanto, de "españolizar el impresionismo".
Y lo consiguió, logró crear su propio estilo, el estilo barojiano, innovador, moderno y a la vez profunda e inconfundiblemente español: "el impresionismo místico".
Etiquetas:
ASCETISMO,
ESCRITOR,
ESTILO,
IMPRESIONISMO,
LITERATURA ESPAÑOLA,
MISTICISMO,
MODERNO,
PÍO BAROJA,
SANTA TERESA
miércoles, 28 de octubre de 2015
WILLIAM TREVOR
Nació en 1928 en el Condado de Cork (Irlanda) y estudió Historia. Fue escultor, profesor y un gran creador en la concepción y redacción de eslógans publicitarios; ya en 1965 se dedicó a escribir a tiempo completo.
La elegancia y el estilo se dan la mano en el irlandés más inglés de la historia. Su elegancia radica en que su estilo no es "bonito" pero vacío, sino que aúna el fondo y la forma de un modo natural y misterioso provocando en el lector una sensación de deleite total.
Domina el lenguaje como la jardinería (a la que se dedica en su preciosa casa de campo). No hace alarde de él y desdeña la ampulosidad tanto en el retrato exterior como en el interior; jamás utiliza cuatro palabras cuando puede utilizar una sola que defina la situación narrada. Le interesa la verdad desnuda de las cosas, una verdad habitualmente terrible de la que sabe extraer una melancólica y extraña poesía...
Me atrevo a asegurar que su novela "Verano y amor" (Salamandra) es una de las mejores del inicio del siglo XXI. Se trata de una historia de los años 50 o 60 del pasado siglo XX
que surge entre una joven huérfana casada con un granjero viudo y callado y un joven de clase media alta cuya familia está al borde de la ruina. Hay una sensación de pérdida en toda la novela, de un tiempo que pudo ser y no fue, de un amor que pudo haber tenido una oportunidad y no la tiene.
A pesar de la tristeza de muchos de sus personajes y la sensación de pérdida, no cae en el sentimentalismo ni en la tragedia, sino que es una novela luminosa repleta de momentos enternecedores, vibrantes, profundamente humanos y dignos. El autor eleva a sus personajes y nos hace enamorarnos de ellos, a pesar de sus renuncias, frustraciones y carencias.
Para mi gusto le sobran adjetivos (algo muy sajón) pero consigue en su conjunto una gran belleza literaria. En su obra se destila su talento y estilo y logra lo que pocos consiguen de verdad: "conmover al lector". Quizá se desprenda ese "agua hechizada" que dicen que sólo mana la literatura irlandesa...
La elegancia y el estilo se dan la mano en el irlandés más inglés de la historia. Su elegancia radica en que su estilo no es "bonito" pero vacío, sino que aúna el fondo y la forma de un modo natural y misterioso provocando en el lector una sensación de deleite total.
Domina el lenguaje como la jardinería (a la que se dedica en su preciosa casa de campo). No hace alarde de él y desdeña la ampulosidad tanto en el retrato exterior como en el interior; jamás utiliza cuatro palabras cuando puede utilizar una sola que defina la situación narrada. Le interesa la verdad desnuda de las cosas, una verdad habitualmente terrible de la que sabe extraer una melancólica y extraña poesía...
Me atrevo a asegurar que su novela "Verano y amor" (Salamandra) es una de las mejores del inicio del siglo XXI. Se trata de una historia de los años 50 o 60 del pasado siglo XX
que surge entre una joven huérfana casada con un granjero viudo y callado y un joven de clase media alta cuya familia está al borde de la ruina. Hay una sensación de pérdida en toda la novela, de un tiempo que pudo ser y no fue, de un amor que pudo haber tenido una oportunidad y no la tiene.
A pesar de la tristeza de muchos de sus personajes y la sensación de pérdida, no cae en el sentimentalismo ni en la tragedia, sino que es una novela luminosa repleta de momentos enternecedores, vibrantes, profundamente humanos y dignos. El autor eleva a sus personajes y nos hace enamorarnos de ellos, a pesar de sus renuncias, frustraciones y carencias.
Para mi gusto le sobran adjetivos (algo muy sajón) pero consigue en su conjunto una gran belleza literaria. En su obra se destila su talento y estilo y logra lo que pocos consiguen de verdad: "conmover al lector". Quizá se desprenda ese "agua hechizada" que dicen que sólo mana la literatura irlandesa...
Etiquetas:
AMOR,
AUGA HECHIZADA,
CONDADO DE CORK,
ELEGANCIA,
ESTILO,
IRLANDA,
JARDINERIA,
LITERATURA IRLANDESA,
NOVELA
domingo, 7 de diciembre de 2014
VINTAGE
Llevo mucho tiempo preguntándome de dónde viene la palabra "vintage" y, por lo que he podido averiguar, el término (reconocido por la Real Academia Española) es una palabra inglesa que puede traducirse como "vendimia" aunque la utilizamos para designar a los objetos antiguos de diseño artístico y buena calidad.
A su vez, procede del vocablo del francés antiguo vendage (latín: vindemina). Y es que las bodegas usaban ese término para para nombrar a los vinos que producían con sus mejores cosechas y que eran añejados. Esta idea se extendió a otros productos, sobre todo a los relacionados con la moda y el diseño.
Actualmente nos indica un estilo retro o clásico que favorece mucho el reciclaje. Sus pilares básicos son: calidad, exclusividad, historia y estilo.
Os recomiendo este libro, la quinta novela de Setephanie Lehmann, en el que habla de maternidad, independencia, promoción profesional, persecución de los sueños así como de las relaciones y vínculos emocionales con un estilo joven, fresco y de muy fácil lectura.
Me parece importante que cuando pronunciemos palabras sepamos su contenido pues eso facilita mucho la comprensión y la expresividad. Me da un poco de miedo caer en el snobismo de repetir hasta la saciedad términos que están de moda, pero que a base de no ser tratados con verdadero respeto y consideración acaban desvirtuándose.
Ha llegado el momento de cuidar la palabra al máximo y, sin negarnos a enriquecer nuestro lenguaje con nuevos elementos, no perder de vista que se deben integrar con pleno sentido. No hay nada menos elegante que introducir, generalmente en tono cursi y afectado, términos que se nota que no fluyen con la naturalidad del lenguaje de todos los días.
Como todas las cosas, primero hay que comprenderlas, asimilarlas y luego hacerlas nuestras...
A su vez, procede del vocablo del francés antiguo vendage (latín: vindemina). Y es que las bodegas usaban ese término para para nombrar a los vinos que producían con sus mejores cosechas y que eran añejados. Esta idea se extendió a otros productos, sobre todo a los relacionados con la moda y el diseño.
Actualmente nos indica un estilo retro o clásico que favorece mucho el reciclaje. Sus pilares básicos son: calidad, exclusividad, historia y estilo.
Os recomiendo este libro, la quinta novela de Setephanie Lehmann, en el que habla de maternidad, independencia, promoción profesional, persecución de los sueños así como de las relaciones y vínculos emocionales con un estilo joven, fresco y de muy fácil lectura.
Me parece importante que cuando pronunciemos palabras sepamos su contenido pues eso facilita mucho la comprensión y la expresividad. Me da un poco de miedo caer en el snobismo de repetir hasta la saciedad términos que están de moda, pero que a base de no ser tratados con verdadero respeto y consideración acaban desvirtuándose.
Ha llegado el momento de cuidar la palabra al máximo y, sin negarnos a enriquecer nuestro lenguaje con nuevos elementos, no perder de vista que se deben integrar con pleno sentido. No hay nada menos elegante que introducir, generalmente en tono cursi y afectado, términos que se nota que no fluyen con la naturalidad del lenguaje de todos los días.
Como todas las cosas, primero hay que comprenderlas, asimilarlas y luego hacerlas nuestras...
lunes, 7 de julio de 2014
MUJERES CON ESTILO
Todos los días millones de mujeres en el mundo afrontan la vida con una energia sobrenatural: solteras, esposas, madres, amas de casa, empleadas o empresarias son heroínas anónimas que logran su éxito personal después de haber recorrido un largo y arduo camino.
La fuerza de la mujer es asombrosa porque sus músculos, más que en el cuerpo están en el alma y en el corazón. Su verdadero poder está en su interior: energía instintiva, intuición práctica, inteligencia emocional, deseo irrenunciable de alcanzar sus sueños y compromiso incondicional por defender la vida...
Este poder femenino, único y original, es transmitido de generación en generación y gracias a él ya no oculta sus pasiones y sus sueños. Una mujer del siglo XXI, hecha y derecha , combina una serie de ingredientes con gracia y consigue un resultado delicioso: "ser ella misma".
¿Cuál son los ingredientes de esta deliciosa receta?: gustos sencillos, un cierto grado de aceptación a la frustración, algo de coraje, amar su trabajo y una conciencia tranquila.
Pero el ser de la mujer está dividido por una línea indivisible: de una lado, está ella y de otro, los demás. Esos otros (hijos, padres, parejas, amigos) merecen todo su amor, pero ella sabe guardar algo para sí misma: sus propios sueños, opiniones, gustos y el derecho inalienable de que los demás también se ocupen de ella. Recibe renunciando a tener el control, aceptando que otros también tienen dones que ofrecer, reconoce su valor y lo agradece desde lo más profundo de su ser...
Una mujer con estilo tiene su espacio, su tiempo, su atención hacia sí misma. Le encanta ocuparse de su belleza, de su aspecto exterior, brillar, ser un poco frívola. Sabe que la coquetería y la seducción son características femeninas y por eso, cuidarse y ponerse guapa la reconforta física, emocional y espiritualmente. No cae en la esclavitud de la moda o del cuerpo, pero está muy atenta a su bienestar que no es otra cosa que las armonía entre su ser interno y su imagen eternamente femenina.
Su sabiduría ancestral le dice que el carácter contribuye a la belleza porque fortifica cuando la juventud empieza a desvanecerse. La conducta responsable, una actitud valiente ante la vida, la disciplina y la integridad son grandes ayudas para hacer bella a cualquier mujer... Por otra parte, el descanso, el estar al mando de su propio tiempo, el divertirse y gozar de la vida, propician un estado de buen humor. Ella sabe muy bien que el buen humor es el mejor tónico para la mente y para el cuerpo, el mejor antídoto contra la ansiedad, muy conveniente para los negocios, atrae buenos amigos y el camino más seguro hacia la serenidad y el bienestar.
Estar quieta en medio de la agitación y vibrar en el reposo hace crear un ambiente muy adecuado para desarrollar la creatividad.
Descubrir todo el potencial que llevamos dentro y ver en el despliegue de ese potencial una tarea fascinante, puede llenar el mundo de valores femeninos haciéndolo más humano, más variado, más cálido y más rebosante de amor...
Permitamos que nuestras virtudes salgan al exterior y gocemos de la auténtica "feminidad".
La fuerza de la mujer es asombrosa porque sus músculos, más que en el cuerpo están en el alma y en el corazón. Su verdadero poder está en su interior: energía instintiva, intuición práctica, inteligencia emocional, deseo irrenunciable de alcanzar sus sueños y compromiso incondicional por defender la vida...
Este poder femenino, único y original, es transmitido de generación en generación y gracias a él ya no oculta sus pasiones y sus sueños. Una mujer del siglo XXI, hecha y derecha , combina una serie de ingredientes con gracia y consigue un resultado delicioso: "ser ella misma".
¿Cuál son los ingredientes de esta deliciosa receta?: gustos sencillos, un cierto grado de aceptación a la frustración, algo de coraje, amar su trabajo y una conciencia tranquila.
Pero el ser de la mujer está dividido por una línea indivisible: de una lado, está ella y de otro, los demás. Esos otros (hijos, padres, parejas, amigos) merecen todo su amor, pero ella sabe guardar algo para sí misma: sus propios sueños, opiniones, gustos y el derecho inalienable de que los demás también se ocupen de ella. Recibe renunciando a tener el control, aceptando que otros también tienen dones que ofrecer, reconoce su valor y lo agradece desde lo más profundo de su ser...
Una mujer con estilo tiene su espacio, su tiempo, su atención hacia sí misma. Le encanta ocuparse de su belleza, de su aspecto exterior, brillar, ser un poco frívola. Sabe que la coquetería y la seducción son características femeninas y por eso, cuidarse y ponerse guapa la reconforta física, emocional y espiritualmente. No cae en la esclavitud de la moda o del cuerpo, pero está muy atenta a su bienestar que no es otra cosa que las armonía entre su ser interno y su imagen eternamente femenina.
Su sabiduría ancestral le dice que el carácter contribuye a la belleza porque fortifica cuando la juventud empieza a desvanecerse. La conducta responsable, una actitud valiente ante la vida, la disciplina y la integridad son grandes ayudas para hacer bella a cualquier mujer... Por otra parte, el descanso, el estar al mando de su propio tiempo, el divertirse y gozar de la vida, propician un estado de buen humor. Ella sabe muy bien que el buen humor es el mejor tónico para la mente y para el cuerpo, el mejor antídoto contra la ansiedad, muy conveniente para los negocios, atrae buenos amigos y el camino más seguro hacia la serenidad y el bienestar.
Estar quieta en medio de la agitación y vibrar en el reposo hace crear un ambiente muy adecuado para desarrollar la creatividad.
Descubrir todo el potencial que llevamos dentro y ver en el despliegue de ese potencial una tarea fascinante, puede llenar el mundo de valores femeninos haciéndolo más humano, más variado, más cálido y más rebosante de amor...
Permitamos que nuestras virtudes salgan al exterior y gocemos de la auténtica "feminidad".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)















.jpg)