A pesar de su gran influencia universal hay muy poca documentación acerca de Miguel de Cervantes, pero lo que sabemos con toda seguridad es que era un ser humano "excelente". En 1615, tanto él como su personaje principal, Don Quijote de la Mancha, tenían unos cincuenta años por lo que ya habían probado el sabor amargo de lo inconsolable. Sin embargo, la grandeza de ambos estriba en que en vez de dejarse vencer por el cansancio de la vida son fieles a su ideal y renuevan su deseo de vivir con verdadero entusiasmo y con una esperanza renacida. Ambos mantienen la pureza de aspirar a lo mejor y de perseverar a través del humor y de la cortesía. El perfume de la amabilidad se mantiene en Cervantes hasta su muerte...
Según Javier Gomá, Cervantes es el ejemplo de la ejemplaridad moderna: su idealismo, cortesía y humor son tres elementos civilizadores entre nosotros, los contemporáneos, y proporcionan una buena fórmula de vida para aquellos que la estén buscando. Ojalá España se asemejara a Cervantes, pues es nuestra figura más universal.
Lo que más caracteriza a Cervantes es su discreción y comedimiento (dos de sus palabras favoritas). Su cortesía total ante todo y ante todos, unida a su moderación y paciencia es la antítesis de la literatura faltona e impertinente que impera en la actualidad. En la segunda parte del Quijote emprende su obra más grande hacia un ideal que no acabará jamás.
El mal que nos acecha en la actualidad es el cinismo de los que se creen muy inteligentes, pero un sabio sabe elegir los fines. La ingenuidad (inocencia) educada para perserverar en la ilusión y el idealismo es lo que nos hace seguir aspirando a lo mejor. Además, el "ilusionado" vive con gozo y es muy superior al cínico que cada vez estrecha más su existencia e intenta hacerlo con la de quienes le rodean.
Hemos venido a la tierra para vivir de tal modo que nos hagamos dignos de ser felices y nuestra individualidad es la flor más bella de la evolución de la vida. Llenar nuestra vida de entusiasmo, significado, belleza, alegría, solidaridad, intensidad, conciencia y vivirla con sentido deportivo (es un deporte de alto riesgo, ¡o la juegas o no!) es lo que hace que sea digna de ser vivida. La auténtica aventura es intentar vivir una vida digna y bella creando una imagen impecable de la misma que pueda servir de ejemplo y referente para los demás.
Mostrando entradas con la etiqueta PACIENCIA. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PACIENCIA. Mostrar todas las entradas
domingo, 5 de abril de 2020
lunes, 11 de febrero de 2019
SLOW DOWN
Para vivir con calidad hay que disponer de tiempo. Estar pensando en el futuro sin disfrutar plenamente del presente no es bueno. La serenidad que todos necesitamos está dentro de nosotros, pero sólo podremos descubrirla sin conectamos con nuestro ser y nos alejamos del ruido y la distracción, si tenemos el valor de escucharnos a nosotros mismos y de escuchar lo que la vida nos quiere transmitir.
Por eso es bueno desacelerar, bajar el ritmo, "slow down", reflexionar sobre nuestra propia existencia y decidir libremente qué es lo que queremos hacer con ella. Buscando la paz, la calma y la tranquilidad de forma activa, somos nosotros mismos los que vamos trazando nuestra propia vida. Sabemos que todo cambia, que la realidad es terca (como dicen los ingleses), pero lo inteligente es no resistirse a ello sino acompasarnos a lo que ocurre en nuestro contexto y, además, disfrutar haciéndolo.
Ni la falta de certeza ni los cambios deben preocuparnos, sabemos que la vida es un ir y un venir, desde o hacia, un proceso, crecer nosotros y los que nos rodean... y todo eso requiere una actitud dinámica. Si somos capaces de tolerar lo incierto y lo inesperado podemos pensar que los cambios no tienen por qué ser malos, sino aprender a desarrollar la paciencia.
La "paciencia" es una cualidad esencial que nos permite no alterarlo todo por una necesidad o una noticia inesperada. La vida es puro cambio y es impredecible. No sabemos nunca lo que nos puede pasar, por eso lo ideal es intentar buscar un equilibrio entre lo que ya pasó, lo que está pasando y lo que pasará.
No nos precipitemos haciendo elucubraciones, pues cuando nos anticipamos nos equivocamos con mucha facilidad. Es mejor ir observando y analizando la vida viendo cómo evoluciona y acompasarse a su ritmo, detectando oportunidades y gestionando problemas y limitaciones.
Por eso es bueno desacelerar, bajar el ritmo, "slow down", reflexionar sobre nuestra propia existencia y decidir libremente qué es lo que queremos hacer con ella. Buscando la paz, la calma y la tranquilidad de forma activa, somos nosotros mismos los que vamos trazando nuestra propia vida. Sabemos que todo cambia, que la realidad es terca (como dicen los ingleses), pero lo inteligente es no resistirse a ello sino acompasarnos a lo que ocurre en nuestro contexto y, además, disfrutar haciéndolo.
Ni la falta de certeza ni los cambios deben preocuparnos, sabemos que la vida es un ir y un venir, desde o hacia, un proceso, crecer nosotros y los que nos rodean... y todo eso requiere una actitud dinámica. Si somos capaces de tolerar lo incierto y lo inesperado podemos pensar que los cambios no tienen por qué ser malos, sino aprender a desarrollar la paciencia.
La "paciencia" es una cualidad esencial que nos permite no alterarlo todo por una necesidad o una noticia inesperada. La vida es puro cambio y es impredecible. No sabemos nunca lo que nos puede pasar, por eso lo ideal es intentar buscar un equilibrio entre lo que ya pasó, lo que está pasando y lo que pasará.
No nos precipitemos haciendo elucubraciones, pues cuando nos anticipamos nos equivocamos con mucha facilidad. Es mejor ir observando y analizando la vida viendo cómo evoluciona y acompasarse a su ritmo, detectando oportunidades y gestionando problemas y limitaciones.
jueves, 8 de diciembre de 2016
LA VIAJERA
Me gusta mucho este cuadro llamado "La Viajera" y pintado por Camilo Mori. Me proporciona serenidad y me evoca la maravillosa sensación de ir sentada en un vagón de tren con la posibilidad de cerrar el libro y contemplar la vida pasar a través de la ventanilla... La soledad, el silencio, la contemplación, la calma, son cosas muy importantes en la vida de una persona a la hora de poder afrontar y asimilar lo que, a veces, la vida nos exige.
Me da la impresión de que, en pleno siglo XXI, no somos del todo conscientes del daño que nos hace el ir demasiado rápido. Es cierto que la velocidad es divertida, sexy, una descarga de adrenalina; es como una droga si somos adictos a ella. El mundo actual parece un "buffet libre" gigante de cosas por hacer, consumir, experimentar; es algo que crea la necesidad imperiosa de apresurarnos para poder abarcarlo todo.
Me temo que no es la actitud más adecuada, ni para el bienestar general de la persona, ni para afrontar o resolver dificultades con éxito.
Está claro que no todo se puede hacer a la misma velocidad, sino que cada acción tiene su tiempo justo. Frenar, favorece vivir el presente y ser consciente de él, lo que nos ayuda a disfrutar plenamente de los minutos en vez de contarlos.
Con prisas, es imposible poder valorar a los que nos rodean y cuidar las relaciones que mantenemos con ellos. Tampoco la creatividad se desarrolla en un ambiente apresurado y las oportunidades que se nos brindan, muchas veces, pasan desapercibidas porque no las hemos prestado la atención requerida.
Es bueno que nos definamos a nosotros mismos cuáles son nuestras prioridades más importantes y les dediquemos tiempo y talento, pues es bastante absurdo involucrarnos en cosas que no vamos a poder llevar a cabo y nos van a quitar una energía muy valiosa.
La paciencia, hasta con uno mismo, es el signo más elevado de la verdadera cortesía, la que indica una buena educación de fondo, la que da márgenes de confianza a las personas y a las situaciones para que se puedan desarrollar a su manera.
La reflexión también requiere sosiego, no se puede actuar por impulsos, sino después de discernir y elegir.
La vida es un viaje cuya duración desconocemos, por eso hay que disfrutar del trayecto antes de llegar al destino. No sería bueno "irnos" con cosas pendientes, por eso vale más ir tranquilamente y recordar la frase de Krishnamurti: "hollar el camino con voluntad de acero templado".
Me da la impresión de que, en pleno siglo XXI, no somos del todo conscientes del daño que nos hace el ir demasiado rápido. Es cierto que la velocidad es divertida, sexy, una descarga de adrenalina; es como una droga si somos adictos a ella. El mundo actual parece un "buffet libre" gigante de cosas por hacer, consumir, experimentar; es algo que crea la necesidad imperiosa de apresurarnos para poder abarcarlo todo.
Me temo que no es la actitud más adecuada, ni para el bienestar general de la persona, ni para afrontar o resolver dificultades con éxito.
Está claro que no todo se puede hacer a la misma velocidad, sino que cada acción tiene su tiempo justo. Frenar, favorece vivir el presente y ser consciente de él, lo que nos ayuda a disfrutar plenamente de los minutos en vez de contarlos.
Con prisas, es imposible poder valorar a los que nos rodean y cuidar las relaciones que mantenemos con ellos. Tampoco la creatividad se desarrolla en un ambiente apresurado y las oportunidades que se nos brindan, muchas veces, pasan desapercibidas porque no las hemos prestado la atención requerida.
Es bueno que nos definamos a nosotros mismos cuáles son nuestras prioridades más importantes y les dediquemos tiempo y talento, pues es bastante absurdo involucrarnos en cosas que no vamos a poder llevar a cabo y nos van a quitar una energía muy valiosa.
La paciencia, hasta con uno mismo, es el signo más elevado de la verdadera cortesía, la que indica una buena educación de fondo, la que da márgenes de confianza a las personas y a las situaciones para que se puedan desarrollar a su manera.
La reflexión también requiere sosiego, no se puede actuar por impulsos, sino después de discernir y elegir.
La vida es un viaje cuya duración desconocemos, por eso hay que disfrutar del trayecto antes de llegar al destino. No sería bueno "irnos" con cosas pendientes, por eso vale más ir tranquilamente y recordar la frase de Krishnamurti: "hollar el camino con voluntad de acero templado".
jueves, 9 de abril de 2015
TERESA DE JESÚS
"Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa. Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza. Quien a Dios tiene nada le falta, sólo Dios basta".
Quiero recordar, en el quinto centenario de su nacimiento, a esta gran mujer que logró hacerse oír desde un convento de clausura y que llegó a ser la primera doctora de la Iglesia Católica.
Emprendedora, con un plan de empesa que consiguió llevar a cabo gracias a su valentía y determinación. Buscadora de conocimiento, buena oradora, sincera consigo misma y gran defensora de su autenticidad.
Está en plena actualidad y sus palabras nos llegan como un soplo de aire fresco. Fue la primera que se atrevió a crear un espacio físico real para la mujer y que basaba su vida en algo muy sencillo:
"Si deseas algo y no existe crealó".
Quiero recordar, en el quinto centenario de su nacimiento, a esta gran mujer que logró hacerse oír desde un convento de clausura y que llegó a ser la primera doctora de la Iglesia Católica.
Emprendedora, con un plan de empesa que consiguió llevar a cabo gracias a su valentía y determinación. Buscadora de conocimiento, buena oradora, sincera consigo misma y gran defensora de su autenticidad.
Está en plena actualidad y sus palabras nos llegan como un soplo de aire fresco. Fue la primera que se atrevió a crear un espacio físico real para la mujer y que basaba su vida en algo muy sencillo:
"Si deseas algo y no existe crealó".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






.jpg)