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lunes, 20 de abril de 2020

LOS VALORES HUMANOS

Los valores humanos son una serie de principios universales por los que se rigen la mayoría de las personas. Nos sirven de guía para saber cómo conducirnos y poder vivir de forma armónica en comunidad, evolucionando así todos juntos. Estos valores no están determinados ni por la cultura, ni por la religión, ni por el tiempo, ni por cualquier otro condicionante, sino que son innatos al ser humano, perdurables en el tiempo y se pueden transportar a cualquier otro lugar.

Existen comportamientos y actitudes objetivamente positivas y otras negativas. Entre los valores más importantes están la ética, el respeto al prójimo, la tolerancia, la bondad, la paz, la solidaridad, el amor, la justicia, la responsabilidad, la equidad, la libertad, la amistad o la honestidad. Pero, además, cada individuo puede sumar otros valores subjetivos que tienen que ver con su personalidad, su educación, la sociedad en la que vive, su nivel cultural... El conjunto de todos nuestros valores (individuales y universales) es lo que nos construye como personas y lo que muestra nuestra forma de estar en el mundo.

Una persona que carece de valores fundamentales no sabe cómo dirigirse en la vida, qué hacer en cada momento, pues ellos son los pilares de la humanidad. Es preciso e imprescindible por tanto educar a los niños y a la sociedad en valores que aporten seguridad, confianza, fuerza, dominio de uno mismo y saber qué se puede esperar (o no) de los demás.

Ahora, más que nunca, la humanidad está necesitada de personas que no sólo se preocupen de sí mismas, sino de aquellas que aportan sus virtudes y cualidades a toda la colectividad. Yendo de la manor seremos capaces de construir el mundo mejor al que aspiramos, pero - para ello - debemos involucrarnos en el proyecto con entusiasmo y con la certeza de que lo conseguiremos.

¡Luces largas y adelante!

domingo, 19 de abril de 2020

UN IDEAL

Un ideal suscita entusiasmo, nos hace caminar de forma consciente hacia adelante disfrutando del momento, desarrollando nuestras aptitudes y cualidades y sin dejar deudas pendientes hasta llegar (si se tiene la fortuna) al final del recorrido completando nuestro ciclo vital. Trazarse un mapa personal y tener clara la ruta a seguir, mirando el propósito de frente y seguros de conseguir los objetivos es preferible que perderse en meandros y carreteras secundarias que entorpezcan nuestro buen ritmo.

Sólo la filosofía es capaz de producir un ideal, es decir una visión que todos comprendamos de un deber ser, de lo que tiene que ser el ser humano y la sociedad, pues actualmente la ausencia de ideales nos ha llevado al cinismo, al post ideal, a la post utopía. En estos momentos es más significativo el término ideal que utopía, ya que encaja mejor en la dirección de un trayecto. Todos esperamos del filósofo del siglo XXI respuestas a lo que es el amor, la amistad, el sentido de la vida o de la muerte... con pensamientos y sentimientos de la época en la que vivimos..

El ideal es una propuesta de perfección y la realidad es imperfecta. El ideal no se encarna. Debemos tender hacia él, sí, pero sabiendo que es como ese horizonte que se aleja a medida que avanzamos en el camino. Es preciso tener el ideal delante y tender hacia él, pero sabiendo que la realidad no es ideal, ni lo va a ser, ni debe serlo.

Las sociedades post materiales modifican muchos conceptos, como por ejemplo el de la felicidad, que consiste en vivir adecuadamente nuestros ciclos vitales adecuadamente (niñez, adolescencia, juventud, madurez, vejez) y "la hora buena" de cada uno de ellos. Avanzar por la vida sin irnos dejando los deberes por hacer nos proporciona un inconmensurable bienestar. Vivir es envejecer y el único tratamiento antiaging eficaz es la muerte. Por eso es tan importante disfrutar plenamente cada etapa de nuestra vida.

En realidad, la que transforma la mirada hacia las cosas es la literatura pues una nueva mirada produce demandas que dan lugar a cambios en forma de leyes, costumbres o actitudes. A nivel particular, una lectura puede modificar nuestra forma de estar en el mundo. La política, la economía y todo lo demás dependen del corazón humano y éste se nutre de la poesía y la literatura.

Uno de los ideales que propongo es poseer y lograr transmitir la pasión por el conocimiento ya que sólo él nos hará capaces de llevar a cabo nuestro viaje interior (el más apasionante de todos los viajes) y de ser conscientes de nuestra dignidad sin precio.

Durante milenios la cultura ha dignificado al hombre, era un elemento civilizador que nos elevaba y hacía más creativos, generaba conciencias e integraba socialmente. ¿Por qué no nos proponemos recuperar su prestigio perdido?

Acuarela de Esther de Andrés 


domingo, 5 de abril de 2020

CERVANTES

A pesar de su gran influencia universal hay muy poca documentación acerca de Miguel de Cervantes, pero lo que sabemos con toda seguridad es que era un ser humano "excelente". En 1615, tanto él como su personaje principal, Don Quijote de la Mancha, tenían unos cincuenta años por lo que ya habían probado el sabor amargo de lo inconsolable. Sin embargo, la grandeza de ambos estriba en que en vez de dejarse vencer por el cansancio de la vida son fieles a su ideal y renuevan su deseo de vivir con verdadero entusiasmo y con una esperanza renacida. Ambos mantienen la pureza de aspirar a lo mejor y de perseverar a través del humor y de la cortesía. El perfume de la amabilidad se mantiene en Cervantes hasta su muerte...

Según Javier Gomá, Cervantes es el ejemplo de la ejemplaridad moderna: su idealismo, cortesía y humor son tres elementos civilizadores entre nosotros, los contemporáneos, y proporcionan una buena fórmula de vida para aquellos que la estén buscando. Ojalá España se asemejara a Cervantes, pues es nuestra figura más universal.

Lo que más caracteriza a Cervantes es su discreción y comedimiento (dos de sus palabras favoritas). Su cortesía total ante todo y ante todos, unida a su moderación y paciencia es la antítesis de la literatura faltona e impertinente que impera en la actualidad. En la segunda parte del Quijote emprende su obra más grande hacia un ideal que no acabará jamás.

El mal que nos acecha en la actualidad es el cinismo de los que se creen muy inteligentes, pero un sabio sabe elegir los fines. La ingenuidad (inocencia) educada para perserverar en la ilusión y el idealismo es lo que nos hace seguir aspirando a lo mejor. Además, el "ilusionado" vive con gozo y es muy superior al cínico que cada vez estrecha más su existencia e intenta hacerlo con la de quienes le rodean.

Hemos venido a la tierra para vivir de tal modo que nos hagamos dignos de ser felices y nuestra individualidad es la flor más bella de la evolución de la vida. Llenar nuestra vida de entusiasmo, significado, belleza, alegría, solidaridad, intensidad, conciencia y vivirla con sentido deportivo (es un deporte de alto riesgo, ¡o la juegas o no!) es lo que hace que sea digna de ser vivida. La auténtica aventura es intentar vivir una vida digna y bella creando una imagen impecable de la misma que pueda servir de ejemplo y referente para los demás.

lunes, 12 de junio de 2017

EL ENTUSIASMO

Según Bach, la Verbena (Vervain) es una flor que sirve para aplacar el exceso de entusiasmo. Su nombre es de origen celta: fer (limpiar) faen (piedra) y era utilizada para proteger las cosechas de las tormentas y para ahuyentar a los malos espíritus. También los romanos rociaban con agua los altares de Júpiter antes de iniciar sus ceremonias. Era una de las flores preferidas de la diosa del agua, Deva, la que emana vida, purificación, salud y amor...
Como todas las cosas, el "entusiasmo" debe tener su justa medida, pues es un don del cielo, una suerte recibida que conviene proteger. "En-théos" (sentirse protegido por un dios) nos indica que théos es lo enérgico, lo poderoso, lo divino (como adjetivo), una propiedad maravillosa que no debe ser excedida.
Soy propensa a entusiasmarme y siento una íntima efervescencia cuando descubro un rastro. Me llena de entusiasmo seguir una pista, sentir que la huella de lo que persigo se intensifica, que estoy cerca de conseguirla, que los indicios convergen...

Reflexionando, hace unos días, ante el Memorial de Shaftesbury (en Piccadilly Circus), me dí cuenta de lo famoso que se ha hecho el monumento por la estatua de Eros y de lo poco que se sabe de este gran filántropo (1671-1713) que afirmaba que "la moral es la relación justa entre las inclinaciones sociales y las egoístas". La moral, pues, es independiente de la tradición y los motivos intelectuales, ya que su origen está en la naturaleza del hombre y en sus inclinaciones elaboradas durante siglos. Las emociones son fuente para la evolución de la sociedad y de ahí surge un sistema de leyes éticas.

Recordé que él hablaba de "la Doctrina del Entusiasmo" en la que decía que "sin el impulso originario que nos lleva a admirar lo bello, la vida se hunde en la dejadez y la flojera". La inteligencia de este autor, su ingenio vivo y penetrante, le llevaron a escribir ensayos filósoficos claros y útiles.
Proponía desarrollar la inteligencia ingeniosa y bienhumorada, recuperando el entusiasmo y recordando que hay que suscitarlo, mantenerlo, encauzarlo y ayudarlo a que no se desborde.
Es importante no perder de vista que el "Enlightment" fue anterior a la Ilustración Francesa (siglo de las luces), asegurando que el pensar con libertad era la luz de la Humanidad. Sin embargo, los ilustrados ingleses animaban al hombre no sólo a pensar bajo la luz de la razón, sino a "sentir", dando importancia a la sensibilidad.
¿A dónde me han llevado las pistas de las emociones que sentí? pues a una conclusión que da contenido al nombre de mi blog: necesitamos la luz (razón) y el arte (corazón) para ir actuando con sabiduría. Nada mejor para celebrar su tercer aniversario, pues el primer post lo escribí en junio de 2014.
Agradezco a mis lectores la amabilidad de seguirlo y lo ánimos que me dan.
Un fuerte abrazo para todos.

domingo, 27 de noviembre de 2016

LA EXCELENCIA

 El autor de este cuadro es Rembrandt y lo pintó en 1653; se llama "Aristóteles contemplando el busto de Homero" y lo he elegido porque voy a empezar mi reflexión con una frase de Aristóteles: "Somos lo que hacemos de forma repetida. La excelencia, entonces, no es un acto, sino un hábito".
Y es verdad, la excelencia es el arte que se alcanza a través del entrenamiento y el hábito; somos lo que hacemos repetidamente, lo que implica el esfuerzo de la virtud y la inteligencia. El éxito depende de un esfuerzo racional y voluntario.
"Siembra acciones positivas en tu vida y persevera hasta convertirlas en hábito".
Creo que puede ser interesante centrarnos en una serie de puntos que pueden ayudar:
. centrarse en el objetivo: ¿qué quiero conseguir?
. descubrir nuestras aptitudes o habilidades de acuerdo con nuestras emociones
. practicar la actitud ganadora
. tomar decisiones correctas: en qué voy a centrar mi atención, cuáles son los motivos que me llevan a ello, estrategias para lograr mi meta
. constancia, constancia, constancia... aprender de los fallos y no desviarse del objetivo final
. flexibilidad: modificar, reconvertir... desarrollar la "paciencia"
. pasión por lo que se hace; la motivación va muy unida a la pasión. Con "entusiasmo" llegamos a la meta. El entorno tóxico que nos incita a abandonar debe servir de estímulo para medir nuestra constancia, actitud y aptitud 
 
Este autorretrato de Rembrandt es un claro ejemplo de una persona que se dedicó por completo al desarrollo de su vocación. Con un alto grado de determinación y entrega, de forma libre y voluntaria, se atrevió a cubrir una necesidad auténtica que le brotaba de su verdadero yo. Cultivó su talento de forma espontánea y placentera y como consecuencia de ello llegó a tener notoriedad pública.
Procedente del vocablo latín excellentia es una palabra que permite resaltar la considerable calidad que convierte a un ser humano en merecedor de una estima y aprecio elevados.
Se relaciona a la idea de "perfección" y a las características sobresalientes; el término señala aquello que está por encima del resto y que posee escasas falencias o puntos débiles.

Estamos en un momento en el que resulta imprescindible tender a la excelencia, de lo contrario la mediocridad, apatía, inercia, pereza, desmotivación... y alguna cosita más tomarán el mando y eso ¡nunca!
Menos protestar, menos echar balones fuera, menos descargar responsabilidades y más tomar las riendas de nuestra propia vida, en beneficio nuestro y de toda la colectividad.


sábado, 16 de mayo de 2015

MADAME DE STAËL

Enemiga de Napoleón y "Baronesa de la libertad", lo que más me atrae de esta gran mujer es la confianza que tenía en sí misma y la tranquilidad con la que se manifestaba sin dejar que el menor convencionalismo la coartara.

Inteligente y muy realista, no se le ocurrió reclamar en aquél momento los derechos políticos de la mujer, pero sí que se reconocieran sus méritos más allá del papel de esposa y madre.

Creía que la inteligencia femenina era tan potente como la masculina y que, además, estaba dotada de una sensibilidad superior. Por eso, era necesario que recibiese una educación igual que la de los varones y que la relación hombre-mujer se desarrollara en un plano de igualdad. Se pasó la vida buscando "el amor absoluto", pero no lo encontró...

Vivió entre la segunda mitad del siglo XVIII y la primera década del XIX y, aunque su origen era suizo, fue considerada francesa. De su madre heredó la pasión por la literatura y frecuentaba, desde muy pequeña, el salón literario que había en su casa al que asistían grandes filósofos y personas muy destacadas.

En realidad fue una intelectual que intentó unir la razón ilustrada y la atronadora fuerza que comenzaba a cobrar el sentimiento, una fusión en que las ideas de Voltaire y d´Alembert quedaban fusionadas con el núcleo de los escritos de Rousseau.

"Hay razón en el entusiasmo y entusiasmo en la razón, siempre y cuando tanto una como el otro surjan de forma natural".

Me encanta y me reconforta su actitud tan entusiasta y emprendedora y su proclamación de que la libertad es la única vía posible para obtener la felicidad (tanto en lo político como en lo personal)

Se casó con el Barón de Staël en 1786 y decía de él: "es un hombre perfectamente honesto e incapaz de decir o hacer la menor tontería, pero sin el nervio necesario como para atreverse a inmiscuirse en mi auténtica felicidad, me respeta demasiado".