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martes, 7 de febrero de 2017

SHELBOURNE OLD CASTLE

Oh, tú, castillo de leyendas,
al ser constuído, piedra lisa,
espíritu joven,
damas con sombrero de dosel
y caballeros errantes
habitando tus entrañas,
¿cómo acabaste así,
cascada abandonada,
triste y desechado,
entre la hierba?
Oh, tú, que al ser abandonado
te convertiste en el elemento del paisaje,
donde damas de abombada falda
y caballeros de altos sombreros
se reunían,
para encontrar un halo de romanticismo,
que no fueron clementes contigo,
pues el tiempo nunca es testigo.

Beatriz Rodríguez Echevarría

jueves, 10 de septiembre de 2015

CAFÉ DEL JARDÍN

Si hay un plan que me puede gustar, ahora que se acerca el otoño, es ver un museo y luego, sin romper el encanto de lo que acabo de experimentar, sentarme en un lugar que me permita sedimentar todo lo contemplado y poder anotar cosas que me han llamado poderosamente la atención.

En Madrid, como formando parte del Museo Romántico (pero independiente) hay un delicioso lugar que cubre todas mis expectativas para lo que acabo de exponer y es "El Café Jardín", rincón romántico (en absoluto cursi) que es una perfecta simbiosis entre un salón de té del siglo XIX con reminiscencias inglesas y francesas.

La decoración, con una luminosidad resplandeciente que entra del jardín, es delicada, dulce y muy agradable. Los productos que ofrecen son caseros, frescos y de la mejor calidad. Se conjugan perfectamente el alimento del cuerpo y del espíritu, cuidan el detalle, el amor por lo bien hecho y se han ganado ya una clientela fiel.

Hay pocos espacios así, en los que de verdad se disfruta del arte y de la gastronomía con silencio, sosiego y pulcritud extrema. Tiene personalidad propia, por lo que se puede acudir a él sin necesidad de visitar el museo (aunque es recomendable hacerlo pues la experiencia es más completa). Es como un soplo de aire fresco, un alto en el camino, un espacio propicio para elevar el bienestar y la calidad de vida.

 Salir de un lugar con mejor tono, las mejillas sonrosadas y entonada, es un regalo que, con frecuencia me concedo. No me gusta vivir de forma vertiginosa ni pasar por alto las cosas que realmente merecen la pena. Considero todo un arte el saber crear ambientes para que nos sintamos tan a gusto pues de ahí saldrán cosas mucho más creativas y renovadas, sin prisa pero sin pausa, con sedimento... Forma parte del "downshifting" que hace tiempo que practico, es decir, reducir la marcha y vivir de forma más simple no dejándome atrapar por el obsesivo materialismo y reduciendo la tensión, el estrés y los transtornos físicos y psíquicos que llevan consigo.
Para frenar todo eso nada como un delicioso y tranquilo desayuno.

sábado, 28 de febrero de 2015

LA CONDESA DE VILCHES

Amalia era una aristócrata española que se casó con Gonzalo José de Vilches y Parga en 1939 y en 1945 fueron "Condes".

El cuadro, considerado la obra maestra de Federico de Madrazo, refleja la plenitud de la belleza de ella y la artística de él. Fue una amiga muy especial, incluso se podría pensar que el amor de su vida, con la que compartía sus inclinaciones hacia el arte en sus diversas manifestaciones.

Es un retrato romántico con pureza de línea, pincelada suelta, luz centrada en el pesonaje con fondo en penumbra y apenas definido, que nos muestra una expresión delicada y sutil con enorme detallismo en el traje y los complementos.

Monárquica con gran inclinación política y cultural, promovió en sus salones a artistas, intelectuales y hombres de Estado de su tiempo. Hizo colaboraciones, como escritora, en "La Revista de España" y llegó a publicar dos novelas (Berta y Lidia).

Pero lo que más me atrae de ella es su gran amor hacia la palabra en todas sus versiones. Apasionada por el teatro, llegó a montar un escenario fijo en su propia residencia. No sólo era una buena actríz, sino que también estaba dotada para el canto.

En el retrato, el pintor rompe con lo establecido y se deja llevar por la influencia francesa, consiguiendo una atracción y seducción en la mirada, en la postura y en los detalles, que convierte a la protagonista en un ser con un magnetismo irresistible debido a su elegante sensualidad.

Es la primera vez que Madrazo busca su libertad y no pone la menor cortapisa a su creatividad. Como buen romántico da un salto y va más allá de lo anterior...

Actualmente se puede contemplar en el Museo del Prado y es de esas obras que no dejan indiferente a nadie. Fue criticado, en su momento, pero lo cierto es que cuando una obra transmite "alma" es difícil que no resulte imperecedera...

A mí, personalmente, me parece una joya, una auténtica "obra de arte" que expone, con toda nitidez, la unión perfecta de la inteligencia y la sensibilidad...

Si nos fijamos, no hay una sola línea que no sea curva en toda la composición. Hasta las esquinas del cuadro fueron "redondeadas" por su autor para que nada rompiera la armonía. Son ese tipo de aportaciones originales las que convierten a cualquier obra en algo que está por encima de las demás, las que has hacen atemporales y se pueden disfrutar siempre...