Cervantes era escritor y Shakespeare dramaturgo, poeta y actor, pero ambos escribían con espíritu, la lanza que sometía a la descortesía, a la desconsideración, a la falta de apertura de mente, al desconocimiento del mundo y de las cosas, a la carencia de razonamiento y sensibilidad, al vacío existencial... Y es que las palabras forman el lenguaje y a medida que lo iban dominando comprendían más y mejor lo que les rodeaba. Debido a sus amplias lecturas su capacidad de reflexión era más profunda y por eso ambos pudieron elegir y ordenar su propio orden de vida, estructurar su personalidad, establecer sus prioridades y ver con perspectiva la sociedad en la que estaban inmersos (el Siglo de Oro español y el tardío Reancimiento inglés). Casualmente fallecieron el mismo año (1616), aunque no está tan claro que fuera el mismo día y mes (23 de abril), como se viene diciendo.
Coincidían en que el sentido de la moral es el sentido de lo bueno, algo que que es natural en el ser humano. En él se dan tendencias naturales a la simpatía y a la colaboración social y de este instinto social emerge el sentido moral, que permite la inmediata distinción entre el bien y el mal, lo justo y lo injusto y, por tanto, la valoración de la ética, la cual se basa en sentido del orden, de la armonía y del equilibrio.
La alegría - para ellos - era un deber moral, un paradigma de la virtud cívica y una vía de conocimiento. La alegre inteligencia es, frente al mal humor, la forma más prodigiosa de iluminar la verdad de las cosas. Ningún deber es tan fácil, por eso es preciso irla construyendo de forma suave y constante como una rebelión contra la inevitable tragedia. No se puede despreciar el pensamiento alegre, pues es la rama más luminosa del conocimiento y, además, las formas alegres de pensar y de actuar no son propias de los que claudican, sino de los que luchan y "la gente buena siempre ha sido alegre".
El 7 de octubre de 1926, para conmemorar el nacimiento de Cervantes, se celebró por primera vez El Día del Libro. La idea partió de un escritor y editor valenciano (Vicente Clavel), que afincado en Barcelona propuso a la Cámara Ofiicial de dicha ciudad su iniciativa. El gobierno lo aceptó y el rey, don Alfonso XIII, firmó el Real Decreto que instituía La Fiesta del Libro Española. En 1930, la fecha se trasladó al 23 de abril, aniversario de la muerte de Cervantes, y en 1995 la UNESCO instituyó ese día como El Día Mundial del Libro, fiesta que se celebra en más de ochenta países del mundo, aunque Gran Bretaña e Irlanda lo llevan a cabo el 14 de marzo.
Ya estamos en primavera, época del despertar, del reanacer. Me encanta contemplar al árbol que da frutos, al agua que brota pura y cristalina de la fuente, a las flores por sus colores y perfumes... pero lo que más me apasiona es ver a los seres humanos (vivos o ausentes) que tienen o tuvieron el coraje de aportar algo claro, luminoso, perfumado, melodioso. Eso es para mí el verdadero motivo de celebrar un día como hoy.
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jueves, 23 de abril de 2020
martes, 21 de abril de 2020
EL TEATRO ISABELINO
Entre 1562 y 1642, el teatro isabelino marcó el apogeo del teatro inglés con características muy marcadas. Dramaturgos como Shakespeare, Marlowe o Fletcher fueron de los más destacados. Los espectáculos se realizaban por la tarde en teatros o terrenos al aire libre y los que se hacían en el interior eran a la luz de las velas, pero en ambos casos actores y público compartían la misma iluminación. Los decorados eran mínimos, ya que los espectáculos se hacían en la calle, y actuaban en graneros, casas de familia, casas de nobles, en la parte trasera de los carros o en las plazas de las ciudades. Los teatros con estructuras permanentes gozaban de audiencia en todos los lados del escenario y las piezas de decorado eran mínimalistas (unas simples cortinas o un fondo de madera pintado).
Los actores creaban los efectos de sonido (ruido de lluvia, cañones) y muchos de ellos también eran músicos o cantantes, que actuaban antes, durante y después del espectáculo con trompetas, violines, violas... Mientras tanto, la gente iba y venía durante el espectáculo, lo que hacía que los dramaturgos incluyesen resúmenes expositivos. Los miembros de la audiencia a veces abucheaban, les arrojaban cosas o hablaban directamente con los actores y podían comer y hablar.
Los actores formaban compañías teatrales bajo el auspicio de nobles. Tenían de doce a quince miembros e interpretaban todos los roles, dando vida a múltiples personajes en una sola obra. La actuación era algo que se consideraba inapropiado para las mujeres, debido a lo cual los hombres interpretaban los papeles femeninos. Todos los que formaban parte de la empresa desempeñaban casi todos los trabajos. Los actores estaban a cargo de accesorios, disfraces y venta de entradas. No había directores y los gastos eran sufragados por los propios cómicos.
El vestuario isabelino era elaborado, colorido y rico y ayudaba a distinguir entre las clases sociales. Inglaterra estaba gobernada por leyes suntuarias en las que las telas, los colores y los estilos de vestimenta se limitaban a clases específicas, aunque los actores de las compañías autorizadas estaban exentos de esas leyes.
Isabel I accedió al trono en 1558 y su sucesor, Jacobo I, falleció en 1625. Con Carlos I, los puritanos hicieron cerrar los teatros en Inglaterra. En 1534, el cisma anglicano impulsó el teatro secular en detrimento del religioso y una ley multaba a los cómicos ambulantes, por lo que debían adscribirse a una institución formal o casa nobiliaria, debido a lo cual se desarrolló el mecenazgo de las artes escénicas y se estimuló la formación de las compañías teatrales, algo que favorecía la construcción de sus respectivas sedes: The Swam, The Theatre, The Globe...
William Shakespeare fue su mayor gloria, pues expresó la complejidad del ser humano sin moralizaciones y rompiendo con el carácter del teatro medieval. Escribió comedia y tragedia, en prosa y verso, fue autor y actor, pero por encima de todo una persona encantadora y con un gran sentido del humor. Entre sus obras podemos destacar Hamlet, Sueño de una noche de verano, El Rey Lear, Romeo y Julieta, Mucho ruido y pocas nueces, El Mercader de Venecia...
Los actores creaban los efectos de sonido (ruido de lluvia, cañones) y muchos de ellos también eran músicos o cantantes, que actuaban antes, durante y después del espectáculo con trompetas, violines, violas... Mientras tanto, la gente iba y venía durante el espectáculo, lo que hacía que los dramaturgos incluyesen resúmenes expositivos. Los miembros de la audiencia a veces abucheaban, les arrojaban cosas o hablaban directamente con los actores y podían comer y hablar.
Los actores formaban compañías teatrales bajo el auspicio de nobles. Tenían de doce a quince miembros e interpretaban todos los roles, dando vida a múltiples personajes en una sola obra. La actuación era algo que se consideraba inapropiado para las mujeres, debido a lo cual los hombres interpretaban los papeles femeninos. Todos los que formaban parte de la empresa desempeñaban casi todos los trabajos. Los actores estaban a cargo de accesorios, disfraces y venta de entradas. No había directores y los gastos eran sufragados por los propios cómicos.
El vestuario isabelino era elaborado, colorido y rico y ayudaba a distinguir entre las clases sociales. Inglaterra estaba gobernada por leyes suntuarias en las que las telas, los colores y los estilos de vestimenta se limitaban a clases específicas, aunque los actores de las compañías autorizadas estaban exentos de esas leyes.
Isabel I accedió al trono en 1558 y su sucesor, Jacobo I, falleció en 1625. Con Carlos I, los puritanos hicieron cerrar los teatros en Inglaterra. En 1534, el cisma anglicano impulsó el teatro secular en detrimento del religioso y una ley multaba a los cómicos ambulantes, por lo que debían adscribirse a una institución formal o casa nobiliaria, debido a lo cual se desarrolló el mecenazgo de las artes escénicas y se estimuló la formación de las compañías teatrales, algo que favorecía la construcción de sus respectivas sedes: The Swam, The Theatre, The Globe...
William Shakespeare fue su mayor gloria, pues expresó la complejidad del ser humano sin moralizaciones y rompiendo con el carácter del teatro medieval. Escribió comedia y tragedia, en prosa y verso, fue autor y actor, pero por encima de todo una persona encantadora y con un gran sentido del humor. Entre sus obras podemos destacar Hamlet, Sueño de una noche de verano, El Rey Lear, Romeo y Julieta, Mucho ruido y pocas nueces, El Mercader de Venecia...
lunes, 20 de abril de 2020
ROMEO Y JULIETA
Una tarde de 1592, William Shakespeare representaba el papel principal; el día estaba triste y el público, bajo el formato de carniceros, comerciantes, zapateros y gente de toda condición bebía cerveza, comía nueces, fumaba sin parar y alborotaba en la planities esperando que empezara la obra. Los elegantes iban apareciendo en el escenario y se tendían sobre los juncos que en él había, mientras se gastaban bromas... En seguida se hizó la bandera y comenzó la representación: "Romeo y Julieta". El autor y protagonista de la obra aparecía en escena y - entre los múltiples comentarios - se podía oír: no es necesario ir a Mediodía para comprender lo que son las noches italianas... De repente, todo el público sintió llegar a su alma el poder del genio, pues el rayo más potente de la inspiración había dictado aquellos versos que pronunciaba Shakespeare.
El conde de Southampton, su mecenas y protector, dijo después de la función: "no se conquista el mundo sólo con las armas, desde hoy Inglaterra será una potencia literaria de primer orden. Hemos visto nacer un genio", a lo que Shakespeare respondió: "yo no he hecho nada, el sol da con sus rayos la vida al mundo entero, pero no lo sabe. Si llegase a saberlo quizá reventase de orgullo y de esa forma dejaría al universo sumido en las tinieblas".
La obra es estrenó en el primer teatro de Londres, The Theatre, situado en Shoreditch (al norte de Londres) y construído en 1576. En aquellas fechas había unos ciento sesenta mil habitantes en la ciudad y nueve teatros. The Blakcfriars acogía a tres mil espectadores y al sur, junto al Támesis, la compañía de teatro llamada Los Hombres de Lord Chamberlain (de la que formaba parte Shakespeare) construyó The Globe.
Cuando William Shakespeare llegó a Londres se encontró con una urbe febril que vivía los últimos coletazos de la ejecución de María Estuardo y que rebosaba de alegría por la derrota de la Armada Invencible de Felipe II. Instalados muchos comerciantes flamencos y otros europeos, su población extranjera se duplicó, mientras Europa agonizaba con las Guerras de Religión.
Los ingleses amaban la vida, pues amplias clases más libres que nunca de la pobreza, sentían el surgimiento del espíritu y lo expresaban. Todavía no estaban encadenados al servicio de las máquinas, eran artífices y creadores y no habían caído en el puritanismo. El Renacimiento llegó al pueblo y el nacionalismo económico otorgaba mayor libertad al individuo. Gracias a la imprenta y a la lectura de la Biblia, el pueblo inglés empezó a leer como en ningún otro lugar del mundo, convirtiéndose la lectura - junto al tabaco - en el vicio nacional. No es extraño, por tanto, que también se encandilaran con el teatro.
William, con viva imaginación, el don de deleitar y un gran talento, empezó su trabajo como dramaturgo transpuntando obras, haciendo papeles cortos como actor, arreglando tragedias clásicas. Se llegó a convertir en un creador de palabras, pues se encontró con un idioma libre en el que podía inventar y crear, sirviéndose tanto del lenguaje del pueblo (que ya había asimilado los dialectos germánico-escandinavos o el franco-normando de los invasores del siglo XI), como del cultivado de los círculos más selectos. Todo ello envuelto en su genio absoluto con una destreza inigualable.
sábado, 25 de abril de 2015
DESDE MI RINCÓN
El pasado día 23 de abril, "El día del libro", tuve la ocasión de hablar de mis libros y de firmarlos en "mi rincón" favorito, es decir, en "mi clase", en el lugar que considero un verdadero templo de la palabra. El grupo de personas que me acompañó era reducido, pero de una gran calidad humana y fue delicioso poder compartir con todos un momento tan especial...
Os muestro mi balcón: mis macetas son los árboles de la calle y, al fondo, el monasterio... Ellos son testigos de mis tardes dedicadas a enseñar, potenciar, fomentar, difundir, expandir... y, sobre todo, a "amar" dos lenguas vivas, útiles y prácticas: Inglés y Francés.
El privilegio de poder impartir mi enseñanza en La Casa de los Doctores desde hace 25 años, es algo que no dejo de valorar y agradecer a cada instante, es como vivir un cuento.
Desde aquí, desde este lugar maravilloso, puedo sumergirme por completo en ambas culturas y viajar de forma virtual con la mayor libertad del mundo. Aquí escucho con verdadero placer a mis alumnos más aventajados darme auténticas charlas sobre temas que hemos preparado; cantamos y bailamos; hacemos pequeñas representaciones; tomamos el té; escribimos cartas; jugamos... Pero todo ello con un gran respeto, cariño y admiración hacia lo más sagrado de mi vida: "la palabra".
Sobre la mesita, además de la monada de galleta con la que nos obsequió Miryam (la directora) y de mis libros, están dos ejemplares de Apuntes de la Sierra, revista con la que llevo colaborando más de 7 años y cuya dirección está al cargo de otra gran amiga, Marisa. En el de la flor roja, hablaba en un artículo sobre la preciosa costumbre de entregar un libro y una rosa el día de San Jorge y de su leyenda. En el otro, de Shakespeare, que no nació y falleció el día de San Jorge por casualidad...
El poder mostrar, compartir y trasnmitir todas las cosas que a mí más me gustan es un privilegio que vivo con la mayor intensidad, pues es lo que hace que mi vida sea mágica y que todo cobre sentido. Siempre he seguido mi criterio, he vivido a mi manera y ahora, en la madurez, lo saboreo como un fruto maduro.
Os preguntaréis que dónde está, claro... Es muy fácil de llegar y para ello nada mejor que este cuadro de mi querido amigo el pintor Diego Hergueta.
Calle Florida Blanca nº 24, San Lorenzo de El Escorial. ¿Cómo se llama el Centro de Idiomas? "Academia Ginés".
El privilegio de poder impartir mi enseñanza en La Casa de los Doctores desde hace 25 años, es algo que no dejo de valorar y agradecer a cada instante, es como vivir un cuento.
Desde aquí, desde este lugar maravilloso, puedo sumergirme por completo en ambas culturas y viajar de forma virtual con la mayor libertad del mundo. Aquí escucho con verdadero placer a mis alumnos más aventajados darme auténticas charlas sobre temas que hemos preparado; cantamos y bailamos; hacemos pequeñas representaciones; tomamos el té; escribimos cartas; jugamos... Pero todo ello con un gran respeto, cariño y admiración hacia lo más sagrado de mi vida: "la palabra".
Sobre la mesita, además de la monada de galleta con la que nos obsequió Miryam (la directora) y de mis libros, están dos ejemplares de Apuntes de la Sierra, revista con la que llevo colaborando más de 7 años y cuya dirección está al cargo de otra gran amiga, Marisa. En el de la flor roja, hablaba en un artículo sobre la preciosa costumbre de entregar un libro y una rosa el día de San Jorge y de su leyenda. En el otro, de Shakespeare, que no nació y falleció el día de San Jorge por casualidad...
El poder mostrar, compartir y trasnmitir todas las cosas que a mí más me gustan es un privilegio que vivo con la mayor intensidad, pues es lo que hace que mi vida sea mágica y que todo cobre sentido. Siempre he seguido mi criterio, he vivido a mi manera y ahora, en la madurez, lo saboreo como un fruto maduro.
Os preguntaréis que dónde está, claro... Es muy fácil de llegar y para ello nada mejor que este cuadro de mi querido amigo el pintor Diego Hergueta.
Calle Florida Blanca nº 24, San Lorenzo de El Escorial. ¿Cómo se llama el Centro de Idiomas? "Academia Ginés".
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lunes, 9 de febrero de 2015
PYGMALIÓN
El 11 de noviembre de 1914 se estrenó en Londres una obra de teatro cuyo título era "Pygmalión" y su autor Bernard Shaw.
Se trataba de un estirado profesor de fonética británico que conocía a una florista poco cultivada a la que pretendía, por una apuesta, refinar y enseñar a hablar correctamente en el heroíco tiempo de seis meses.
Parecía una pieza cómica, de alta comedia, divertida e ingeniosa, cuya introducción didáctica a la fonética no le hacía aburrida, sino todo lo contrario.
Sin embargo, subyacía un transfondo mucho más interesante y era que el autor, de forma muy sutil, ponía de manifiesto que, en realidad, lo que se producía era la utilización de un ser humano por otro y eso iba contra lo más sagrado.
Creo que es justo dar a conocer el dolor que le produjo, desde el primer momento, que el productor de la obra, que se empeñó en protagonizar, Tree, hiciera unos cambios sobre la misma que la desvirtuaron. Quizá, sin ellos, no hubiera tenído un éxito de público tan clamoroso, pero a los autores hay que respetarles su obra por encima de todo.
Perteneciente a la Fabian Society, grupo de personas inquietas que quería mejorar la sociedad mediante la razón y el intelectualismo, en esta obra apostaba por un final abierto, pues en la vida nada es definitivo...
La obra constaba de un prefacio y cinco actos y en ella lo que Shaw quería manifestar era la evolución de la persona contra el estancamiento vital. Proclamaba la necesidad de una enseñanza básica para el progreso de la Humanidad. Pasaba de la mujer débil y sensiblera a la fuerte e independiente en la que la razón y los sentimientos buscaban ya cierto equilibrio. Utilizaba su británico sentido del humor como instrumento para criticar y satirizar a la sociedad y mostraba un claro antirromanticismo.
La fonética era un tema que le preocupaba e importaba demasiado. Según él, el español y el alemán eran idiomas clarísimos, pero el inglés era tan mal hablado por ellos que ni ellos mismos lo entendían bien. Para no perder su tono de humor vamos a recordar un ejemplo que nos deje con una sonrisa en los labios:
¿Cómo se pronunciaría la palabra ghoti? pues, siguiendo las reglas:
. gh (laugh)-sonido "f"
. o (women)-sonido "i"
. ti (nation)-sonido "sh"
luego, la palabra ghoti se pronunciaría "fish"...
No olvidemos que la obra se llevó al cine y de ella se hizo una comedia musical (My Fair Lady), pero yo me quedo con la "auténtica" y con ello quiero mostrar mi respeto y admiración hacia este escritor inglés, de origen irlandés, considerado el autor teatral más significativo de la literatura británica posterior a Shakespeare y que, además de ser un magnífico y prolífico autor teatral (unas 50 obras) quiso despertar a una sociedad que necesitaba reaccionar urgentemente...
Se trataba de un estirado profesor de fonética británico que conocía a una florista poco cultivada a la que pretendía, por una apuesta, refinar y enseñar a hablar correctamente en el heroíco tiempo de seis meses.
Parecía una pieza cómica, de alta comedia, divertida e ingeniosa, cuya introducción didáctica a la fonética no le hacía aburrida, sino todo lo contrario.
Sin embargo, subyacía un transfondo mucho más interesante y era que el autor, de forma muy sutil, ponía de manifiesto que, en realidad, lo que se producía era la utilización de un ser humano por otro y eso iba contra lo más sagrado.
Perteneciente a la Fabian Society, grupo de personas inquietas que quería mejorar la sociedad mediante la razón y el intelectualismo, en esta obra apostaba por un final abierto, pues en la vida nada es definitivo...
La obra constaba de un prefacio y cinco actos y en ella lo que Shaw quería manifestar era la evolución de la persona contra el estancamiento vital. Proclamaba la necesidad de una enseñanza básica para el progreso de la Humanidad. Pasaba de la mujer débil y sensiblera a la fuerte e independiente en la que la razón y los sentimientos buscaban ya cierto equilibrio. Utilizaba su británico sentido del humor como instrumento para criticar y satirizar a la sociedad y mostraba un claro antirromanticismo.
La fonética era un tema que le preocupaba e importaba demasiado. Según él, el español y el alemán eran idiomas clarísimos, pero el inglés era tan mal hablado por ellos que ni ellos mismos lo entendían bien. Para no perder su tono de humor vamos a recordar un ejemplo que nos deje con una sonrisa en los labios:
¿Cómo se pronunciaría la palabra ghoti? pues, siguiendo las reglas:
. gh (laugh)-sonido "f"
. o (women)-sonido "i"
. ti (nation)-sonido "sh"
luego, la palabra ghoti se pronunciaría "fish"...
No olvidemos que la obra se llevó al cine y de ella se hizo una comedia musical (My Fair Lady), pero yo me quedo con la "auténtica" y con ello quiero mostrar mi respeto y admiración hacia este escritor inglés, de origen irlandés, considerado el autor teatral más significativo de la literatura británica posterior a Shakespeare y que, además de ser un magnífico y prolífico autor teatral (unas 50 obras) quiso despertar a una sociedad que necesitaba reaccionar urgentemente...
miércoles, 2 de julio de 2014
SHAKESPEARE
Me atrevería a adivinar que ésto es lo que pensaría el público una tarde de 1592, cuando William Shakespeare representaba el papel principal. El día estaba triste y el público, bajo el formato de carniceros, comerciantes, zapateros y gente de todo tipo, bebía cerveza, comía nueces, fumaba sin parar y alborotaba en la "planities", esperando a que empezara la obra. Los elegantes, iban apareciendo en el escenario y se tendían sobre los juncos que en él había, mientras se gastaban bromas. En seguida se izó la bandera y comenzó la representación: "Romeo y Julieta".
Aparecía en escena el protagonista y autor de la obra y, entre los comentarios, se oía: "no ha necesitado ir a Mediodía para comprender lo que son las noches italianas..." De repente, todo el público sintió llegar a su alma el poder del genio, el rayo más potente de la inspiración había dictado aquellos versos que pronunciaba William Shakespeare.
El Conde de Southampton, su mecenas y protector, dijo después de la función: "no se conquista el mundo sólo con las armas, desde hoy Inglaterra será una potencia literaria de primer orden. Hemos visto nacer un genio".
A lo que William respondió: "yo no he hecho nada; el sol da con sus rayos la vida al mundo entero, pero no lo sabe. Si llegase a saberlo, quizá reventase de orgullo y dejaría al Universo sumido en las tinieblas".
Fue un auténtico creador de palabras pues se encontró con un idioma libre en el que pudo inventar, crear, sirviéndose, tanto del vivísimo lenguaje del pueblo (que tenía perfectamente asimilados los dialectos germánico-escandinavos o el franco-normando de los invasores del siglo XI) como del cultivado de los círculos más selectos. Todo ello lo supo mezclar con su genio absoluto y su destreza inigualable.
Su viva imaginación y "el don de deleitar", apoyado en su gran talento era lo que mejor le definía. Cuando le conoció Ricardo Burbage, el primer actor trágico de su tiempo, le dijo que contaba con buena presencia, hermosa y potente voz, ademanes distinguidos y otras cualidades que le permitirían llegar a ser un buen actor.
Ocho actores de la Compañía del Globe recorren 205 naciones y regresarán dentro de dos años a Inglaterra (de donde partieron el 23 de abril). En todas ellas representarán a Hamlet, tragedia que fue puesta en escena en un barco mientras rozaba la costa de Yemen y que se llevó por todo el norte de Europa. Visitarán, desde Elnisore, la ciudad portuaria danesa donde se sitúa la trama de la obra, hasta El Gran Valle del Rift, zona en la que el autor inglés afirmaba que se hallaba "la cuna de la vida".
Poeta, actor y dramaturgo, William Shakespeare cumplió su destino a la perfección, pues, como él mismo decía:" el mundo es sólo un teatro en el cual cada uno debe representar su papel".
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