Entre 1562 y 1642, el teatro isabelino marcó el apogeo del teatro inglés con características muy marcadas. Dramaturgos como Shakespeare, Marlowe o Fletcher fueron de los más destacados. Los espectáculos se realizaban por la tarde en teatros o terrenos al aire libre y los que se hacían en el interior eran a la luz de las velas, pero en ambos casos actores y público compartían la misma iluminación. Los decorados eran mínimos, ya que los espectáculos se hacían en la calle, y actuaban en graneros, casas de familia, casas de nobles, en la parte trasera de los carros o en las plazas de las ciudades. Los teatros con estructuras permanentes gozaban de audiencia en todos los lados del escenario y las piezas de decorado eran mínimalistas (unas simples cortinas o un fondo de madera pintado).
Los actores creaban los efectos de sonido (ruido de lluvia, cañones) y muchos de ellos también eran músicos o cantantes, que actuaban antes, durante y después del espectáculo con trompetas, violines, violas... Mientras tanto, la gente iba y venía durante el espectáculo, lo que hacía que los dramaturgos incluyesen resúmenes expositivos. Los miembros de la audiencia a veces abucheaban, les arrojaban cosas o hablaban directamente con los actores y podían comer y hablar.
Los actores formaban compañías teatrales bajo el auspicio de nobles. Tenían de doce a quince miembros e interpretaban todos los roles, dando vida a múltiples personajes en una sola obra. La actuación era algo que se consideraba inapropiado para las mujeres, debido a lo cual los hombres interpretaban los papeles femeninos. Todos los que formaban parte de la empresa desempeñaban casi todos los trabajos. Los actores estaban a cargo de accesorios, disfraces y venta de entradas. No había directores y los gastos eran sufragados por los propios cómicos.
El vestuario isabelino era elaborado, colorido y rico y ayudaba a distinguir entre las clases sociales. Inglaterra estaba gobernada por leyes suntuarias en las que las telas, los colores y los estilos de vestimenta se limitaban a clases específicas, aunque los actores de las compañías autorizadas estaban exentos de esas leyes.
Isabel I accedió al trono en 1558 y su sucesor, Jacobo I, falleció en 1625. Con Carlos I, los puritanos hicieron cerrar los teatros en Inglaterra. En 1534, el cisma anglicano impulsó el teatro secular en detrimento del religioso y una ley multaba a los cómicos ambulantes, por lo que debían adscribirse a una institución formal o casa nobiliaria, debido a lo cual se desarrolló el mecenazgo de las artes escénicas y se estimuló la formación de las compañías teatrales, algo que favorecía la construcción de sus respectivas sedes: The Swam, The Theatre, The Globe...
William Shakespeare fue su mayor gloria, pues expresó la complejidad del ser humano sin moralizaciones y rompiendo con el carácter del teatro medieval. Escribió comedia y tragedia, en prosa y verso, fue autor y actor, pero por encima de todo una persona encantadora y con un gran sentido del humor. Entre sus obras podemos destacar Hamlet, Sueño de una noche de verano, El Rey Lear, Romeo y Julieta, Mucho ruido y pocas nueces, El Mercader de Venecia...
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martes, 21 de abril de 2020
jueves, 2 de mayo de 2019
DOS LIBROS ENCANTADORES
La autora de este libro demuestra que conoce bien la época en la que enmarca su historia. Se trata de un divertido homenaje a todas las novelistas que nos han hecho soñar y en especial a la emblemática Jane Austen. Escribir humor no es fácil, pero Belén ha logrado fusionar ingenio con ironía inteligente y ha repasado los clichés austinianos (con algunas pinceladas de Eduardo Mendoza) en una preciosa edición con encantadoras ilustraciones.
Jugando con las palabras y la riqueza de nuestro lenguaje, la autora nos sumerge en las costumbres y formas de vida de una parte de la población británica durante el período de la Regencia. La protagonista, a través de las cartas que escribe a su amiga Edwina, expresa sus emociones (o algo parecido) en el transcurrir de su vida cotidiana y nos va presentando personajes magistrales como Branson (el mayordomo), Bovril (uno de los aspirantes a marido), Mistress Pilgrim (cuyos diálogos merecen un cuadro de honor) o Miss Peabody, que me ha recordado a Mademoiselle, la niñera de otro libro encantador: "Dama de Provincias", de E.M. Delafield...
A través de un diario, que le permite ver las cosas que le suceden con cierto distanciamiento, la protagonista vive en una preciosa casa de campo con su marido y sus dos hijos; el personaje tiene tanta vida que es fácil que cualquier lector, sobrepasado por los quehaceres cotidianos, se sienta identificado con ella. En un principio, salía de forma seriada en la revista "Time and Tide" (1929), pero más tarde fue recogido en forma de libro, un hilarante relato de la clase alta británica y una de las novelas más divertidas de la literatura inglesa del siglo XX.
Tanto Jane Austen (1775) como E.M. Delafield (1890) son dos escritoras inglesas que utilizan el humor elegante y un poco mordaz como catalizador del reflejo de una sociedad. A pesar de que la comedia no goza del prestigio del drama o de la tragedia, ambas autoras fueron - en sus respectivos momentos - grandes innovadoras con sus sutiles comentarios y reflexiones. Sus frases cortas, sencillas, efectivas y satíricas (en muchas ocasiones), junto a las reflexiones de la narradora en primera persona, convierten sus libros en encantadores compañeros de viaje en cualquier momento o lugar.
Jugando con las palabras y la riqueza de nuestro lenguaje, la autora nos sumerge en las costumbres y formas de vida de una parte de la población británica durante el período de la Regencia. La protagonista, a través de las cartas que escribe a su amiga Edwina, expresa sus emociones (o algo parecido) en el transcurrir de su vida cotidiana y nos va presentando personajes magistrales como Branson (el mayordomo), Bovril (uno de los aspirantes a marido), Mistress Pilgrim (cuyos diálogos merecen un cuadro de honor) o Miss Peabody, que me ha recordado a Mademoiselle, la niñera de otro libro encantador: "Dama de Provincias", de E.M. Delafield...
A través de un diario, que le permite ver las cosas que le suceden con cierto distanciamiento, la protagonista vive en una preciosa casa de campo con su marido y sus dos hijos; el personaje tiene tanta vida que es fácil que cualquier lector, sobrepasado por los quehaceres cotidianos, se sienta identificado con ella. En un principio, salía de forma seriada en la revista "Time and Tide" (1929), pero más tarde fue recogido en forma de libro, un hilarante relato de la clase alta británica y una de las novelas más divertidas de la literatura inglesa del siglo XX.
Tanto Jane Austen (1775) como E.M. Delafield (1890) son dos escritoras inglesas que utilizan el humor elegante y un poco mordaz como catalizador del reflejo de una sociedad. A pesar de que la comedia no goza del prestigio del drama o de la tragedia, ambas autoras fueron - en sus respectivos momentos - grandes innovadoras con sus sutiles comentarios y reflexiones. Sus frases cortas, sencillas, efectivas y satíricas (en muchas ocasiones), junto a las reflexiones de la narradora en primera persona, convierten sus libros en encantadores compañeros de viaje en cualquier momento o lugar.
lunes, 11 de septiembre de 2017
LA MUJER EN EL GRAND TOUR
A mediados del siglo XVIII, muchas mujeres inglesas viajaban y dejaban sus impresiones por escrito (en cartas, memorias o diarios), pero sus modos de proceder no se ajustaban al patrón masculino del viaje de aprendizaje en compañía de un mentor. Ellas, cultas y acomodadas, hacían su peregrinaje para ampliar su educación como mujeres de sociedad; unas, iban acompañadas por una abuela cosmopolita o una divertida tía solterona y, otras, iban con sus esposos aristócratas (Lady Holland), diplomáticos (la marquesa de la Tour du Pin), militares u hombres de negocios, pero todas ellas hablaban de sus impresiones y experiencias subjetivas con gran libertad y emotividad.
El escritor suizo Heinrich Heine, en su libro "Cuadros de Viaje", dice: "Los ingleses cruzan este país en enjambres, acampan en las hospederías, corren por todas partes a verlo todo y no es posible imaginar un limonero en Italia sin una inglesa junto a él, oliendo las hojas".
El turismo, por tanto, hunde sus raíces en Inglaterra cuando estaba plenamente extendida la idea de que, al menos una vez en la vida, había que hacer un gran viaje que los acercara a la cultura clásica europea. Se denominaba "Grand Tour" y sus realizadores: "tourists".
John Locke, el padre del empirismo, decía que las ideas llegan al hombre a través de los estímulos físicos a los que se expone. El viaje, pues, es un elemento indispensable para quien desea desarrollar su mente y mejorar su conocimiento del mundo.
Partían de Dover, cruzaban el Canal de la Mancha y cuando llegaban a Calais, compraban un coche de caballos y todo lo necesario para el viaje. La nobleza europea les acogía en sus diferentes etapas.
Ya en Italia, hacían un peregrinaje por la Antigüedad Clásica y el Renacimiento, despreciando el Gótico o el Románico. El clímax llegaba en Roma, donde se podían vivir experiencias sin igual y, los que volvían en barco, terminaban su periplo en Nápoles (Pompeya, Herculano...).
Los que regresaban por tierra, hacían su última parada en París, corazón de la Europa elegante y sofisticada. Allí aprendían a comportarse en sociedad y a adquirir el bon ton con soltura y refinamiento. Practicaban esgrima, equitación; asistían a bailes y óperas; acudían a veladas cosmopolitas en los más distinguidos salones y se deleitaban con manjares exquisitos mientras charlaban de temas mundanos...
Pero la mujer inglesa estaba ya muy por encima de las frivolidades de la cursi corte francesa y se interesaba por temas mucho más apasionantes. Su forma de vestir, más práctica y elegante, le facilitaba realizar actividades con comodidad y, libre de prejuicios, se empezó a preparar a fondo. Tanto en el género epistolar como en el de viajes llegó a ser insuperable, pues aportaba frescura, sensibilidad, detalles, pinceladas de la realidad que jamás habían captado los viajeros... y todo ello aderezado con un finísimo sentido del humor.
El Grand Tour terminaría hacia 1825, cuando apareció el transporte a vapor, que lo hizo más barato, seguro y accesible, aunque la juventud más cultivada y privilegiada lo siguió llevando a cabo a lo largo del siglo XIX, algo que impulsó y favoreció enormemente la formación y educación de las mujeres en geneal y de las británicas en particular.
El escritor suizo Heinrich Heine, en su libro "Cuadros de Viaje", dice: "Los ingleses cruzan este país en enjambres, acampan en las hospederías, corren por todas partes a verlo todo y no es posible imaginar un limonero en Italia sin una inglesa junto a él, oliendo las hojas".
El turismo, por tanto, hunde sus raíces en Inglaterra cuando estaba plenamente extendida la idea de que, al menos una vez en la vida, había que hacer un gran viaje que los acercara a la cultura clásica europea. Se denominaba "Grand Tour" y sus realizadores: "tourists".
John Locke, el padre del empirismo, decía que las ideas llegan al hombre a través de los estímulos físicos a los que se expone. El viaje, pues, es un elemento indispensable para quien desea desarrollar su mente y mejorar su conocimiento del mundo.
Partían de Dover, cruzaban el Canal de la Mancha y cuando llegaban a Calais, compraban un coche de caballos y todo lo necesario para el viaje. La nobleza europea les acogía en sus diferentes etapas.
Ya en Italia, hacían un peregrinaje por la Antigüedad Clásica y el Renacimiento, despreciando el Gótico o el Románico. El clímax llegaba en Roma, donde se podían vivir experiencias sin igual y, los que volvían en barco, terminaban su periplo en Nápoles (Pompeya, Herculano...).
Los que regresaban por tierra, hacían su última parada en París, corazón de la Europa elegante y sofisticada. Allí aprendían a comportarse en sociedad y a adquirir el bon ton con soltura y refinamiento. Practicaban esgrima, equitación; asistían a bailes y óperas; acudían a veladas cosmopolitas en los más distinguidos salones y se deleitaban con manjares exquisitos mientras charlaban de temas mundanos...
Pero la mujer inglesa estaba ya muy por encima de las frivolidades de la cursi corte francesa y se interesaba por temas mucho más apasionantes. Su forma de vestir, más práctica y elegante, le facilitaba realizar actividades con comodidad y, libre de prejuicios, se empezó a preparar a fondo. Tanto en el género epistolar como en el de viajes llegó a ser insuperable, pues aportaba frescura, sensibilidad, detalles, pinceladas de la realidad que jamás habían captado los viajeros... y todo ello aderezado con un finísimo sentido del humor.
El Grand Tour terminaría hacia 1825, cuando apareció el transporte a vapor, que lo hizo más barato, seguro y accesible, aunque la juventud más cultivada y privilegiada lo siguió llevando a cabo a lo largo del siglo XIX, algo que impulsó y favoreció enormemente la formación y educación de las mujeres en geneal y de las británicas en particular.
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jueves, 8 de diciembre de 2016
LADY MONTAGU
En 1762, un año después de su muerte, fueron publicadas las "Cartas desde Estambul" de Lady Mary Wortley Montagu y era el primer trabajo que llevaba su propio nombre (no un seudónimo).
Mary Montagu nació en Londres (1689) y era aristócrata, viajera y escritora. Su educación fue más bien autodidacta y leyó multitud de libros que iba encontrando en la nutrida biblioteca de su padre.
Siendo todavía muy joven, se atrevió a sacar a la luz ensayos y sátiras y asistía a las tertulias literarias que se organizaban en su casa. Fue muy amiga de Mary Astell, la primera feminista inglesa que luchó como ninguna por los Derechos de la Mujer.
Muy decidida y de fuerte personalidad, acompañó a su esposo a Turquía cuando fue nombrado Embajador en 1716. El fantástico viaje le abrió las puertas a una vida completamente desconocida y fue la primera mujer occidental que, gracias a su curiosidad y determinación, pudo acceder a los harenes otomanos.
Fue entonces cuando comenzó una apasionada correspondencia con amigos y familia contándoles lo que veía...
"Las mujeres turcas tienen más libertad que las inglesas y la religión musulmana no es muy distinta del cristianismo", les decía y en sus cartas les describía la vida que allí llevaba con todo lujo de detalles. Aprendió el idioma y adoptó la vestimenta turca, para identificarse con las mujeres de aquel país.
En 1718 volvió a Inglaterra y, aunque carecía de formación científica, llevó una cura contra la viruela a través de un método utilizado por los médicos árabes desde el siglo VI. Se inoculaba la viruela como profilaxis de esta enfermedad y ella misma hizo inocular a sus hijos enfrentándose a los prejuicios de los médicos conservadores y clérigos. En las tertulias literarias que seguía frecuentando pudo conocer a gente nueva y muy interesante, como al escritor francés Voltaire.
Pero el grado de libertad y autonomía que había llegado a conseguir le impidieron vivir encorsetada en un matrimonio axfisiante y decidió separarse en 1739. Viajó y residió en diferentes lugares de Europa y jamás dejó de escribir. Mayor y muy enferma, volvió a Londres y falleció en 1762.
Curiosamente, setenta años más tarde, en 1796, un doctor se interesó por sus trabajos y perfeccionó sus técnicas, pasando a la Historia como el descubridor de la viruela.
¿Nadie recordó la lucha de Mary?
Mary Montagu nació en Londres (1689) y era aristócrata, viajera y escritora. Su educación fue más bien autodidacta y leyó multitud de libros que iba encontrando en la nutrida biblioteca de su padre.
Siendo todavía muy joven, se atrevió a sacar a la luz ensayos y sátiras y asistía a las tertulias literarias que se organizaban en su casa. Fue muy amiga de Mary Astell, la primera feminista inglesa que luchó como ninguna por los Derechos de la Mujer.
Muy decidida y de fuerte personalidad, acompañó a su esposo a Turquía cuando fue nombrado Embajador en 1716. El fantástico viaje le abrió las puertas a una vida completamente desconocida y fue la primera mujer occidental que, gracias a su curiosidad y determinación, pudo acceder a los harenes otomanos.
Fue entonces cuando comenzó una apasionada correspondencia con amigos y familia contándoles lo que veía...
"Las mujeres turcas tienen más libertad que las inglesas y la religión musulmana no es muy distinta del cristianismo", les decía y en sus cartas les describía la vida que allí llevaba con todo lujo de detalles. Aprendió el idioma y adoptó la vestimenta turca, para identificarse con las mujeres de aquel país.
En 1718 volvió a Inglaterra y, aunque carecía de formación científica, llevó una cura contra la viruela a través de un método utilizado por los médicos árabes desde el siglo VI. Se inoculaba la viruela como profilaxis de esta enfermedad y ella misma hizo inocular a sus hijos enfrentándose a los prejuicios de los médicos conservadores y clérigos. En las tertulias literarias que seguía frecuentando pudo conocer a gente nueva y muy interesante, como al escritor francés Voltaire.
Pero el grado de libertad y autonomía que había llegado a conseguir le impidieron vivir encorsetada en un matrimonio axfisiante y decidió separarse en 1739. Viajó y residió en diferentes lugares de Europa y jamás dejó de escribir. Mayor y muy enferma, volvió a Londres y falleció en 1762.
Curiosamente, setenta años más tarde, en 1796, un doctor se interesó por sus trabajos y perfeccionó sus técnicas, pasando a la Historia como el descubridor de la viruela.
¿Nadie recordó la lucha de Mary?
martes, 22 de noviembre de 2016
MARÍA DE GUISA
Su primer esposo fue el duque de Loguenville, con quien se casó en el Louvre en 1534, pero falleció tres años más tarde dejando a la joven viuda con un hijo (Francisco) y otro que sólo vivió cuatro meses.
Tras rechazar a Enrique VIII de Inglaterra, aceptó casarse con el apuesto Jacobo V de Escocia, al que ya conocía por su primer matrimonio con Madeleine de Valois (hija de Francisco I de Francia).
El Papa les otorgó la dispensa matrimonial, pues eran primos terceros, y la ceremonia religiosa se llevó a cabo en St. Andrews (Edimburgo) a su llegada a Escocia. Jacobo tenía numerosos bastardos (nueve) y los dos hijos que tuvo con María fallecieron al poco de nacer (¿envenenados?). Después de una dura batalla contra Inglaterra, por negarse a prestar homenaje a su tío el rey Enrique VIII, falleció una semana antes de nacer su hija María Estuardo.
María de Guisa, con 27 años, viuda de nuevo, no se volvió a casar, sino que se consagró a conservar el trono de su hija frente a los ingleses y la ambición de los nobles escoceses. Mucho más favorable a estrechar lazos con Francia que con Inglaterra, logró salvar a su hija de un matrimonio con Eduardo (hijo de Enrique VIII). Prácticamente prisioneras en el Castillo de Linlighton, lograron escapar y refugiarse en el de Stirling con la ayuda del Cardenal Beaton. Éste fue asesinado y los patriotas ingleses se volcaron hacia Francia.
María prometió a su hija con el Delfín de Francia y en 1548, tras una derrota frente a los ingleses, logró que el rey de Francia mandase un barco para transportarla a su corte y que fuera educada y se sintiera segura en la, para ella familiar, corte francesa. En 1550, firmada la paz con los ingleses, María pudo visitar a sus hijos y reunirse con sus hermanos, que gozaban de gran influencia en la política francesa; poco antes de regresar a Escocia, su hijo falleció con 15 años.
A los cuatro años fue nombrada Regente y procuró expulsar a los ingleses y reprimir el protestantismo, pero la Reforma había arraigado en el reino y no pudo sujetar la invasión de Inglaterra por los escoceses cuando María Tudor (esposa de Felipe II) se unió a España en la guerra contra Francia (1577).
Knox, le líder protestante, para poner fin a la alianza con Francia y extirpar la fe católica en Escocia, contó con la ayuda de la nueva reina Isabel I de Inglaterra.
Muy enferma y desamparada, fallecía en 1559 en su Castillo de Edimburgo, pero en el lecho de muerte instó a que se firmara la paz y a jurar fidelidad a su hija María Estuardo, futura Reina de los Escoceses. Sin embargo, el protestantismo fue adoptado como religión en su reino.
He pensado que, para conocer y entender la fascinante personalidad de una mujer, María Estuardo, que está de rigurosa actualidad, es importante saber sus orígenes y procedencia y su madre, María de Guisa, me parece de una importancia capital en su formación y fortaleza, por eso he querido recordarla...
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viernes, 7 de octubre de 2016
HELEN Y THOMAS
Helen Allingham (1848) fue una gran acuarelista inglesa que llegó a formar parte de la "Royal Watercolour Society", algo insólito en la época victoriana. Con exquisita sensibilidad plasmaba en sus obras la naturaleza, los niños, las costumbres sencillas de la vida cotidana. Su libro "Happy England" (1903) es algo que hay que tener si se quiere conocer la auténtica esencia inglesa.
Thomas Hardy (1840), escritor, nació cuando Dickens comenzaba a hacerse nombre y las Brontë o George Eliot todavía no habían comenzado a publicar. Después de la eclosión de Virginia Woolf y el grupo de Bloosmbury, tuvo que vivir el paso del siglo XIX al XX; aparecía el automóvil, el avión y los cambios ideológicos (Darwin, Freud, Marx...). Escribía con nostalgia del pasado y con mucha sensibilidad hacia toda la Historia anglosajona; añoraba la vida rural, que se había mantenido sin la menor fisura a lo largo de la Historia de Inglaterra.
En Model Village hay una reproducción de su "cottage" como recuerdo imborrable del lugar en el que escribió la mayoría de sus obras, con sus evocadores paisajes y sus personajes llenos de fuerza y ternura. Se le puede considerar un autor auténtico, genuino. En su novela "Los habitantes del bosque" describe como una refinada y cultivada mujer vuelve a su pueblo al que le resulta difícil adaptarse de nuevo. Pero, haciendo aparecer un personaje, el autor nos demuestra que la devoción y la lealtad conducen a un desenlace extraordinario.
No es extraño que ambas personalidades se llevaran bien, fueran amigos y colaborasen en diferentes trabajos conjuntos. Thomas escribía y Helen ilustraba sus textos formando un tándem perfecto a la hora de transmitir lo que para ellos era, de verdad, el alma inglesa. Él, siempre estuvo enamoradado de su esposa y ella estaba casada con un hombre muy mayor, frío y distante que no compartía sus gustos, pero creo que fue esa extraña mezcla de situaciones personales lo que dio lugar a una profunda y verdadera amistad entre ambos.
A los latinos nos resulta inexplicable que entre hombre y mujer pueda haber una relación tan extravagante, sin embargo, el profundo respeto, el prudente distanciamiento y la habilidad de no involucrarse en la intimidad del otro es tan british como sus casitas de campo.
Thomas Hardy (1840), escritor, nació cuando Dickens comenzaba a hacerse nombre y las Brontë o George Eliot todavía no habían comenzado a publicar. Después de la eclosión de Virginia Woolf y el grupo de Bloosmbury, tuvo que vivir el paso del siglo XIX al XX; aparecía el automóvil, el avión y los cambios ideológicos (Darwin, Freud, Marx...). Escribía con nostalgia del pasado y con mucha sensibilidad hacia toda la Historia anglosajona; añoraba la vida rural, que se había mantenido sin la menor fisura a lo largo de la Historia de Inglaterra.
En Model Village hay una reproducción de su "cottage" como recuerdo imborrable del lugar en el que escribió la mayoría de sus obras, con sus evocadores paisajes y sus personajes llenos de fuerza y ternura. Se le puede considerar un autor auténtico, genuino. En su novela "Los habitantes del bosque" describe como una refinada y cultivada mujer vuelve a su pueblo al que le resulta difícil adaptarse de nuevo. Pero, haciendo aparecer un personaje, el autor nos demuestra que la devoción y la lealtad conducen a un desenlace extraordinario.
No es extraño que ambas personalidades se llevaran bien, fueran amigos y colaborasen en diferentes trabajos conjuntos. Thomas escribía y Helen ilustraba sus textos formando un tándem perfecto a la hora de transmitir lo que para ellos era, de verdad, el alma inglesa. Él, siempre estuvo enamoradado de su esposa y ella estaba casada con un hombre muy mayor, frío y distante que no compartía sus gustos, pero creo que fue esa extraña mezcla de situaciones personales lo que dio lugar a una profunda y verdadera amistad entre ambos.
A los latinos nos resulta inexplicable que entre hombre y mujer pueda haber una relación tan extravagante, sin embargo, el profundo respeto, el prudente distanciamiento y la habilidad de no involucrarse en la intimidad del otro es tan british como sus casitas de campo.
martes, 4 de octubre de 2016
GERTRUDE JEKYLL
Siempre me ha encantado la personalidad de esta adorable viejecita inglesa, que se quedó casi ciega, pero no abandonó jamás sus aficiones. Horticultora, artista, escritora y, sobre todo "paisajista", llevó a cabo 400 jardines en el Reino Unido, Europa y Estados Unidos. Escribió mil artículos publicados en el Country Life Magazine, The Garden... y algunos libros. Aplicaba a los jardines esquemas de color como los Impresionistas y llegó a dominar la composición.
"He aprendido mucho de los pequeños jardines campestres que hacen de los bordes de los caminos ingleses los más hermosos del mundo", decía para explicar su forma de concebir el paisajismo. "El amor por el trabajo en el jardín es como una semilla que, una vez sembrada, no desaparece jamás".
Vivía en Munstead (Godalming), en una casa diseñada por el arquitecto Sir Edwin Lutyens. Eran muy amigos y tuvieron una larga y fructífera relación profesional.
Ambos se inspiraban en el paisaje y utilizaban materiales tradicionales de la campiña de Surrey.
Llegaron a unir arquitectura y jardinería con tal maestría que han dejado una huella inmorrable.
Nació en Londres (1843) y se formó en "Kensington School of Arts". Fue gran admiradora de Ruskin y muy afín al Movimiento "Arts & Crafts".
Entrar en el mundo de Gertrude es como atraverse a pasar la puerta que nos lleva a lo desconocido, a lo que no se ve, pero se intuye. Ella nunca nos defrauda, siempre consigue sorprendernos con su ingeniosa forma de diseñar y combinar las formas y los colores. De gran carácter y fuerte personalidad, todos los que la trataban de cerca coincidían en que destilaba ternura y sentido del humor, algo que ella procuraba cultivar igual que lo hacía con sus jardines.
Es imposible entender bien Inglaterra sin saber quien era esta gran mujer.
"He aprendido mucho de los pequeños jardines campestres que hacen de los bordes de los caminos ingleses los más hermosos del mundo", decía para explicar su forma de concebir el paisajismo. "El amor por el trabajo en el jardín es como una semilla que, una vez sembrada, no desaparece jamás".
Vivía en Munstead (Godalming), en una casa diseñada por el arquitecto Sir Edwin Lutyens. Eran muy amigos y tuvieron una larga y fructífera relación profesional.
Ambos se inspiraban en el paisaje y utilizaban materiales tradicionales de la campiña de Surrey.
Llegaron a unir arquitectura y jardinería con tal maestría que han dejado una huella inmorrable.
Nació en Londres (1843) y se formó en "Kensington School of Arts". Fue gran admiradora de Ruskin y muy afín al Movimiento "Arts & Crafts".
Entrar en el mundo de Gertrude es como atraverse a pasar la puerta que nos lleva a lo desconocido, a lo que no se ve, pero se intuye. Ella nunca nos defrauda, siempre consigue sorprendernos con su ingeniosa forma de diseñar y combinar las formas y los colores. De gran carácter y fuerte personalidad, todos los que la trataban de cerca coincidían en que destilaba ternura y sentido del humor, algo que ella procuraba cultivar igual que lo hacía con sus jardines.
Es imposible entender bien Inglaterra sin saber quien era esta gran mujer.
sábado, 19 de diciembre de 2015
MARÍA EDGEWORTH
María era una niña tan pequeñita que en uno de los internados que estuvo durante su infancia le pusieron pesos en las piernas y los pies para que creciera. Le marcó de tal forma que se prometió a sí misma que la estatura física no le impediría llegar a ser una "gran mujer" y lo consiguió.
Nació en Oxfordshire (Inglaterra) y estudió en Derby y más tarde en Londres. Su padre creía que la educación era fundamental para la construcción del nuevo individuo del siglo XVIII, que debía ascender en la vida por méritos propios y no por su linaje.
Llegó a ser muy avanzada en lo social y conservadora en lo político, pero fue sin duda una de las escritoras más influyentes de su época. Aunque se la ha considerado "la Jane Austen irlandesa" y "la Walter Scott femenina", lo cierto es que fue ella quien influyó a ambos autores con sus bocetos de la vida irlandesa, la sátira sobre la sociedad inglesa y la instrucción moral para niños.
Se fue a vivir con su padre a Edgeworthstown, una hacienda en Irlanda de la que era propietario, para trabajar como administradora de la misma. Ella era la segunda de los 22 hermanos (de cuatro esposas) y la más capacitada para hacerlo. Fue allí donde recopiló el material para sus novelas sobre terratenientes y campesinos irlandeses, pero también se imbuyó de las ideas de su padre sobre las teorías de la educación, siendo uno de sus autores favoritos Rousseau.
Lo primero que escibió fue: "Letters for literary ladies", una declaración acerca de que se reformase la educación de las mujeres, pues haciendo buen uso de la razón mejorarían considerablemente como seres humanos, como madres y como esposas... Más tarde, y evitando la intromisión de su padre, escribió de forma anónima "Castel Rackrent" (en 1800), del que fue apasionado lector el monarca Jorge III, pues era la primera vez que en una novela se desplegaba la historia de una familia durante un extenso período de tiempo.
Rechazó casarse con un conde vinculado a la Corona de Suecia, lo que le inspiró para escribir "Leonora". Más tarde, se centró en la realidad social de Irlanda y, tras la muerte de su padre, menguó el ritmo de producción e hizo viajes al extranjero; visitaba Londres con frecuencia. Sin embargo no descudió ni la hacienda, ni el cuidado de su familia, ni las hambrunas de Irlanda, hasta que falleció.
"Ennui" (hastío vital) era el segundo volumen de una recopilación de textos que fue muy bien recibido en Inglaterra y la convirtió en la novelista de mayor éxito comercial durante la primera década del siglo XIX. De este libro dijo Francis Jeffrey: "Es la mejor y más entretenida de sus obras. Los personajes irlandeses son inimitables; está escrito con espíritu, delicadeza y precisión".
Se trataba de diferentes historias bien delimitadas a través de las cuales el protagonista va madurando y se va despojando de esa sensación de hastío y aburrimiento que le impide hacer nada productivo (ennui).
Tuvo una fluída y nutrida correspondencia con Walter Scott, que alababa su rebosante buen humor, su ternura poética y su admirable buen gusto así como el haber sido capaz de dar a conocer a los ingleses el carácter de sus alegres y cordiales vecinos de Irlanda. Ella le fue a visitar a su preciosa casa de Escocia, donde intuyo que se divertirían comentando los excesos de la vida lujosa y extravagante de la clase alta y alabarían los caracteres de los humildes y modestos aldeanos, llenos de corazón, confiados y dignos...
"Hablas del amor como si fuera algo terrible. Por mi parte, me da mucha más pena alguien que se cae por las escaleras que aquél que cae abatido por las flechas de Cupido. Porque, querida, ¿acaso está cayendo de muy alto la Señorita Tracy? No vive en las nubes, Clementina, como tú. Ahora ninguna dama vive allí y por el mejor de los motivos: porque allí no hay hombres".
Nació en Oxfordshire (Inglaterra) y estudió en Derby y más tarde en Londres. Su padre creía que la educación era fundamental para la construcción del nuevo individuo del siglo XVIII, que debía ascender en la vida por méritos propios y no por su linaje.
Llegó a ser muy avanzada en lo social y conservadora en lo político, pero fue sin duda una de las escritoras más influyentes de su época. Aunque se la ha considerado "la Jane Austen irlandesa" y "la Walter Scott femenina", lo cierto es que fue ella quien influyó a ambos autores con sus bocetos de la vida irlandesa, la sátira sobre la sociedad inglesa y la instrucción moral para niños.
Se fue a vivir con su padre a Edgeworthstown, una hacienda en Irlanda de la que era propietario, para trabajar como administradora de la misma. Ella era la segunda de los 22 hermanos (de cuatro esposas) y la más capacitada para hacerlo. Fue allí donde recopiló el material para sus novelas sobre terratenientes y campesinos irlandeses, pero también se imbuyó de las ideas de su padre sobre las teorías de la educación, siendo uno de sus autores favoritos Rousseau.
Lo primero que escibió fue: "Letters for literary ladies", una declaración acerca de que se reformase la educación de las mujeres, pues haciendo buen uso de la razón mejorarían considerablemente como seres humanos, como madres y como esposas... Más tarde, y evitando la intromisión de su padre, escribió de forma anónima "Castel Rackrent" (en 1800), del que fue apasionado lector el monarca Jorge III, pues era la primera vez que en una novela se desplegaba la historia de una familia durante un extenso período de tiempo.
Rechazó casarse con un conde vinculado a la Corona de Suecia, lo que le inspiró para escribir "Leonora". Más tarde, se centró en la realidad social de Irlanda y, tras la muerte de su padre, menguó el ritmo de producción e hizo viajes al extranjero; visitaba Londres con frecuencia. Sin embargo no descudió ni la hacienda, ni el cuidado de su familia, ni las hambrunas de Irlanda, hasta que falleció.
"Ennui" (hastío vital) era el segundo volumen de una recopilación de textos que fue muy bien recibido en Inglaterra y la convirtió en la novelista de mayor éxito comercial durante la primera década del siglo XIX. De este libro dijo Francis Jeffrey: "Es la mejor y más entretenida de sus obras. Los personajes irlandeses son inimitables; está escrito con espíritu, delicadeza y precisión".
Se trataba de diferentes historias bien delimitadas a través de las cuales el protagonista va madurando y se va despojando de esa sensación de hastío y aburrimiento que le impide hacer nada productivo (ennui).
Tuvo una fluída y nutrida correspondencia con Walter Scott, que alababa su rebosante buen humor, su ternura poética y su admirable buen gusto así como el haber sido capaz de dar a conocer a los ingleses el carácter de sus alegres y cordiales vecinos de Irlanda. Ella le fue a visitar a su preciosa casa de Escocia, donde intuyo que se divertirían comentando los excesos de la vida lujosa y extravagante de la clase alta y alabarían los caracteres de los humildes y modestos aldeanos, llenos de corazón, confiados y dignos...
"Hablas del amor como si fuera algo terrible. Por mi parte, me da mucha más pena alguien que se cae por las escaleras que aquél que cae abatido por las flechas de Cupido. Porque, querida, ¿acaso está cayendo de muy alto la Señorita Tracy? No vive en las nubes, Clementina, como tú. Ahora ninguna dama vive allí y por el mejor de los motivos: porque allí no hay hombres".
lunes, 1 de septiembre de 2014
GEORGE DUNLOP
George Dunlop Leslie (1854) es uno de los pintores ingleses que más me gustan porque nos muestra con gran perfección y mucha sensibilidad la vida inglesa.
Pintor, autor e ilustrador, hijo y sobrino de renombrados artistas, nació en Londres y estudió en la Royal Academy, lugar en el que llevó a cabo su primera exposición de cuadros. A partir de ahí expuso todos los años de forma regular y periódica.
Formó parte de un grupo de artistas que estaban a favor de pintar temas de género y en 1887 retrató a la reina Victoria en el jubileo de oro.
En su cuadro Matilda se aprecia una clara influencia de los "prerrafaelistas", pero evolucionó hacia un estilo con el que pretendía que su pintura se pareciera lo más posible a fotografías de la vida cotidiana. Le encantaba incluir en su obra a los niños y fue muy elogiado por el escritor Ruskin.
Fue también autor de libros, como Our River, Letters to Marco, Riverside Letters... que él mismo ilustraba en blanco y negro. En realidad eran observaciones personales de la vida y de la naturaleza de su áreal local. Era un gran defensor de la paz y las buenas costumbres y lo mostraba constantemente para calar suavemente en la mentalidad de la gente que, según él, empezaba a estar "un poco acelerada".
Un día, leyendo un periódico inglés me topé con una notica que me reconfortó mucho: un coleccionista privado, gran rastreador del buen arte, había encontrado (colgado sin la menor gracia) uno de los mejores cuadros de Dunlop en las paredes de una escuela del sur de Gales. Su oferta fue tan tentadora que no se pudieron resistir a que una persona tan cultivada se viera privada de una verdadera obra de arte. El americano en cuestión llegó a pagar 170000 libras con la condición de que se invirtieran en mejorar la escuela y en comprar material adecuado para que los niños pintaran...
Si a esta buena noticia añadimos una taza de té a las cinco de la tarde, seguro que rendimos el mejor homenaje posible a esta magnífica persona que tanto amó a los niños y a su país.
Nada como recibir el mes con una sonrisa y recordando a pintores que nos hacen la vida tan agradable...
Pintor, autor e ilustrador, hijo y sobrino de renombrados artistas, nació en Londres y estudió en la Royal Academy, lugar en el que llevó a cabo su primera exposición de cuadros. A partir de ahí expuso todos los años de forma regular y periódica.
Formó parte de un grupo de artistas que estaban a favor de pintar temas de género y en 1887 retrató a la reina Victoria en el jubileo de oro.
En su cuadro Matilda se aprecia una clara influencia de los "prerrafaelistas", pero evolucionó hacia un estilo con el que pretendía que su pintura se pareciera lo más posible a fotografías de la vida cotidiana. Le encantaba incluir en su obra a los niños y fue muy elogiado por el escritor Ruskin.
Fue también autor de libros, como Our River, Letters to Marco, Riverside Letters... que él mismo ilustraba en blanco y negro. En realidad eran observaciones personales de la vida y de la naturaleza de su áreal local. Era un gran defensor de la paz y las buenas costumbres y lo mostraba constantemente para calar suavemente en la mentalidad de la gente que, según él, empezaba a estar "un poco acelerada".
Un día, leyendo un periódico inglés me topé con una notica que me reconfortó mucho: un coleccionista privado, gran rastreador del buen arte, había encontrado (colgado sin la menor gracia) uno de los mejores cuadros de Dunlop en las paredes de una escuela del sur de Gales. Su oferta fue tan tentadora que no se pudieron resistir a que una persona tan cultivada se viera privada de una verdadera obra de arte. El americano en cuestión llegó a pagar 170000 libras con la condición de que se invirtieran en mejorar la escuela y en comprar material adecuado para que los niños pintaran...
Si a esta buena noticia añadimos una taza de té a las cinco de la tarde, seguro que rendimos el mejor homenaje posible a esta magnífica persona que tanto amó a los niños y a su país.
Nada como recibir el mes con una sonrisa y recordando a pintores que nos hacen la vida tan agradable...
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jueves, 7 de agosto de 2014
WODEHOUSE
Wodehouse era un humorista británico que hacía humor en estado puro, sin sarcasmo y crítica; humor sin acritud, sin segundas lecturas, simplemente humor.
Describía con fina ironía la sociedad de la alta burguesía y la aristocracia de su época, pero con profundo cariño. Amaba a sus personajes y a su mundo literario, un mundo en el que los grandes conflictos de la humanidad son eliminados de un brochazo.
Sin embargo, este delicioso autor era un genio dotado de un estilo chispeante y de un ingenio sobrenatural. Tenía la rara habilidad de convertir la situación más cotidiana en una locura de proporciones desmesuradas. Sus diálogos eran rápidos y agudos y sus descripciones elegantes y coloristas. Sus tramas estaban diseñadas con la precisión de un buen relojero. No es lo que contaba sino "cómo" lo contaba... (... en cierta ocasión me comprometí con su hija Honoria, una espantosa exhibición de dinamismo que leía a Nietzsche y tenía una risa como de olas rompientes contra una agreste costa rocosa...)

Comprendo que el humor es algo muy personal, pero cuando leo a este autor me siento bien, en paz, feliz y optimista. Lo último que pretendo es que me ofrezca una visión realista de la vida sino el milagro de su prosa y su atmósfera inocente. Me transporta a un mundo de ficción en el que reina la verdadera pureza y lo lleva a cabo con tal facilidad y fluidez que me hacen valorar la excepcional maestría que llegó a conseguir después de no dejar de escibir un solo día de su vida...
Encuentro insuperables la serie de relatos y novelas que discurren en la Inglaterra de los años veinte y están protagonizadas por Bertie Wooster, un jovencito de cabeza un poco hueca, "casi millonario" y bastante amante de las fiestas y de su estoico mayordomo Jeeves, siempre fiel y con una solución a punto para las desternillantes aventuras en las que se embarca su señor...
En realidad son pesonajes típicamente ingleses, con su peculiar sentido del humor y su flema, en un ambiente en el que todo el mundo se divierte (aunque jamás tengan dinero) y se meten en líos disparatados que se solucionan de una forma más disparatada todavía.
Bertie lo narra en primera persona y terminamos empatizando con él pues es leal, amable, caballeroso, con un carácter espléndido y que ansía la sabiduría de quien, en realidad, no es más que su maestro. Jeeves es su guía, es filósofo, amigo, ecuánime, resolutivo, respetuoso y le adora pues sabe que es dócil y le permite ampliar su marco de referencias y convencerle de la utilidad de ejercitar el cerebelo.
Lo que más admira el mayordo de su señor es su bondad, pues piensa que lo más importante en esta vida es ser compasivo, educado y divertido. Estoy totalmente de acuerdo con Jeeves y pienso que vivir a través de Bertie es un bálsamo para las heridas de nuestras doloridas mentes...
"Digasé lo que se quiera de los victorianos, es un hecho generalmente admitido que muy pocos de ellos eran de fiar cuando se veían con una paleta de albañil y un montón de ladrillos a mano " (Bertie Wooster).
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