jueves, 6 de octubre de 2016

EL PLACER DE TEJER

Tener en los dedos las dos agujas y la suave, dócil y flexible lana es para mí un verdadero placer. Mientras voy realizando la labor, punto a punto, pienso en el ejemplo que me da el noble hilo; mi imagino que, como él, voy tejiendo lazos de amor entre las personas y creando una obra que refleja mi sencilla vida de pensamientos y sentimientos. Cuando escribo, hago lo mismo, pero con las palabras...
Sé que cuando tejo, como cuando medito, mi organismo segrega serotonina (la hormona del bienestar) y me pone de muy buen humor. El relax y la calma que requiere la realización de la labor hacen que me sienta muy a gusto y que sienta la satisfacción de crear algo con mis propias manos.
Está científicamente demostrado que tanto el cansancio físico como el mental disminuyen cuando se teje de forma relajada y cocentrando la atención en lo que se está llevando a cabo. Es una terapia alternativa para eliminar el estrés y la depresión que muchos médicos recomiendan.

Me encanta recordar que el acto de tejer es anterior a la invención de la rueda, algo que demuestra que siempre ha sido esencial en la existencia del ser humano. Además, el ser capaz de elaborar una malla física resistente equivale a poder hacer lo mismo con la malla social (en ambas está implícita la capacidad de servicio).
Hasta el siglo XVI, las mujeres sólo podían hilar, no tejer, pues no estaban preparadas para afrontar a la vez un esfuerzo físico y mental. En París se creó el primer "Gremio de Calceteros" y sólo sus mujeres, cuando se quedaban viudas, podían seguir con el trabajo de sus maridos (algo que se extendió por toda Europa a gran velocidad).
Actualmente, grupos de tejedores (hombres y mujeres) se reúnen para hacer punto en lugares públicos y es un pasatiempo ideal para socializarse y compartir el tiempo libre haciendo algo que, además de bello, es útil. Formar parte de un círculo de gente afín nos hace sentir que pertenecemos a una especie de club que nos une a todos (tejer) y nos va enlazando de forma suave pero duradera.
Nada mejor para empezar el otoño que lanzarse a una nueva aventura, ¿quién se anima?

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