El croquet es un juego que consiste en golpear bolas de madera con un mazo e introducirlas en unos arcos enterrados en el suelo dentro del campo de juego. Se trata de un juego de estrategia en el que hay que ir superando - de forma sucesiva - un recorrido que marcan dichos arcos dentro del campo de juego; en él se desarrolla la paciencia, la táctica, la habilidad, la precisión en el golpe y la puntería, siendo muy similar al billar.
Ya en el siglo XIII los campesinos franceses de Languedoc usaban unas mazas de madera rudimentarias con las que golpeaban unas bolas (también de madera) y las pasaban por unos arcos muy anchos hechos de ramas de sauce y los llamaban "jeu de mail" o "paille maille" (juego de martillo). Cuando Jacobo VI de Escocia se convirtió en el rey James I de Inglaterra, en 1604, lo dio a conocer en la corte inglesa, empezándose a practicar en el "Pall Mall" de Londres, un elegante paseo bordeado por árboles, que más tarde se llegó a convertir en una ruta ceremonial.
El juego moderno del croquet, el crooky, parece ser que surgió en Irlanda en 1830, pasando a Londres en 1852, lugar en el que se hizo muy popular, sobre todo entre las mujeres pues era el primer deporte al aire libre en el que podían jugar ambos sexos sobre una base equitativa. John Jaques, un fabricante de artículos deportivos, empezó a vender equipos completos, lo que hizo que fuera fácilmente disponible y se popularizara, pasando de ser un entretenimiento de reyes a un juego de alta precisión. A España llegó en 1870 a través de los comerciantes que tenían relación con Inglaterra (de Jerez, Galicia, Asturias, Santander...) y se fue introduciendo en las clases más acomodadas, afirmando que era el mejor antídoto contra la soledad y la melancolía...
En principio, se practicaba sobre césped, pero también sobre un terreno arenoso. Se podía jugar en equipo o de forma individual, aunque en todos los casos había que llegar al final de un camino descrito por los arcos. En realidad se trataba de una actividad física y mental sometida a estrictas reglas que requería cierto entrenamiento para ir desarrollando la destreza, teniendo en cuenta que la precisión es hija de una habilidad natural unida a una técnica adecuada.
Su primera sede como deporte reconocido de competición fue "El Club Winbledon de Croquet" (que más tarde se convirtió en el emblemático Club de Tenis) donde se celebraron los primeros campeonatos en plena era victoriana. Más tarde y encabezado por Australia y Nueva Zelanda se esparció por todas las colonias británicas, haciéndose especialmente popular entre las damas, a pesar de ser condenado en púlpitos y estarles prohibida la entrada en determinados campos de deporte...
Pero está demostrado que la gran Historia y la pequeña la mueven individuos, caracteres con iniciativa y entusiasmo que pasan por barreras y obstáculos sin desfallecer. Tanto los que luchan como quienes les sostienen van creando un humanismo integral y favorecen el orden natural, social y espiritual en el que se basa la auténtica y valiosa relación humana. El croquet es un deporte que lo fomenta y favorece, por eso es uno de mis favoritos.
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lunes, 9 de marzo de 2020
domingo, 12 de febrero de 2017
LONDRES
Saber leer y escribir bien equivale a comprender y expresarse con claridad, precioso fruto del aprendizaje (cada vez más excepcional).
La mejora de nuestra capacidad de entender y explicar el mundo que nos rodea no es grande, pues hay un problema social o global (más que educacional): con la acumulación excesiva de informaciones programadas en los mass media, todo parece menos comprensible, más inexplicable...
Por eso, alguien que entiende lo que le rodea y lo sabe expresar bien es algo que se puede "celebrar". Hay un autor, Eduardo Moga, que lo consigue en sus "Crónicas de Inglaterra".
En 2015, publicó la primera parte y acaba de aparecer la segunda. El autor abrió un blog (en 2013) con sus vivencias londinenses y su último volumen recoge las mejores entradas.
Nos ofrece su propia mirada sobre Londres que, a pesar de ser una de las ciudades más atractivas del mundo, es muy cara, no siempre una fiesta y se presenta como "supuesta sociedad de oportunidades".
Según Eduardo, no sólo es difícil para trabajar o vivir y hostil para sus pobladores, sino también una gran ciudad, cuna de una tradición literaria y artística de carácter universal.
Pasear por lugares donde vivieron algunos de sus más famosos autores, visitar museos dedicados a escritores o conocer instituciones que fomentan las artes y las letras es algo que hay que valorar en su justa medida.
Él nos habla de pequeños rincones donde saborear tranquilamente el arte, lejos de las hordas de turistas, como la Colección Wallace, el Museo Foundling o las Ferias dedicadas al libro de ocasión y los conciertos de jazz en criptas de iglesias... Nos descubre así un Londres menos conocido, más amable e interesante.
También nos hace una aproximación sociológica a los ingleses, aferrados a su aislacionismo y racismo para proclamar a los cuatro vientos su diferencia, su identidad (el brexit es una consecuencia de ello...).
Me encanta este autor que sabe leer la realidad y la explica de forma amena, con cierto distanciamiento y un fino sentido del humor. Con sus opiniones, me he podido acercar un poco más a una ciudad que siempre ha ejercido sobre mí una atracción y fascinación muy especiales...
La mejora de nuestra capacidad de entender y explicar el mundo que nos rodea no es grande, pues hay un problema social o global (más que educacional): con la acumulación excesiva de informaciones programadas en los mass media, todo parece menos comprensible, más inexplicable...
Por eso, alguien que entiende lo que le rodea y lo sabe expresar bien es algo que se puede "celebrar". Hay un autor, Eduardo Moga, que lo consigue en sus "Crónicas de Inglaterra".
En 2015, publicó la primera parte y acaba de aparecer la segunda. El autor abrió un blog (en 2013) con sus vivencias londinenses y su último volumen recoge las mejores entradas.
Nos ofrece su propia mirada sobre Londres que, a pesar de ser una de las ciudades más atractivas del mundo, es muy cara, no siempre una fiesta y se presenta como "supuesta sociedad de oportunidades".
Según Eduardo, no sólo es difícil para trabajar o vivir y hostil para sus pobladores, sino también una gran ciudad, cuna de una tradición literaria y artística de carácter universal.
Pasear por lugares donde vivieron algunos de sus más famosos autores, visitar museos dedicados a escritores o conocer instituciones que fomentan las artes y las letras es algo que hay que valorar en su justa medida.
Él nos habla de pequeños rincones donde saborear tranquilamente el arte, lejos de las hordas de turistas, como la Colección Wallace, el Museo Foundling o las Ferias dedicadas al libro de ocasión y los conciertos de jazz en criptas de iglesias... Nos descubre así un Londres menos conocido, más amable e interesante.
También nos hace una aproximación sociológica a los ingleses, aferrados a su aislacionismo y racismo para proclamar a los cuatro vientos su diferencia, su identidad (el brexit es una consecuencia de ello...).
Me encanta este autor que sabe leer la realidad y la explica de forma amena, con cierto distanciamiento y un fino sentido del humor. Con sus opiniones, me he podido acercar un poco más a una ciudad que siempre ha ejercido sobre mí una atracción y fascinación muy especiales...
martes, 20 de diciembre de 2016
KYNANCE MEWS
Los "Mews" son espacios fértiles y vitales que han surgido como consecuencia de la propia evolución urbana y de la reinterpretación y uso inteligente de unos antiguos establos que, después de tres siglos, permiten que en ellos se desarrolle una próspera vida social en un contexto de convivencia inmejorable.
En dos hileras (una frente a otra) y ocultos tras las monumentales fachadas victorianas del centro de Londres (de los siglos XVIII y XIX), estaban en la parte trasera de las mansiones. En la planta baja, en contacto directo con la calle, tenían un doble acceso (peatonal y rodado) para alojar a los caballos y los carruajes. En la planta superior, vivían los sirvientes y sus familias en pésimas condiciones de habitabilidad. También había pequeños talleres de herrería y mecánica que servían de apoyo a los establos y aumentaban la densidad e insalubridad.
Con la aparición del automóvil, a comienzos del siglo XX, se llevó a cabo un reciclaje hacia otros usos de los garajes y almacenes, parecido a los "lofts" de Nueva York (años 50-60), y tanto escritores, como artistas o gente con profesiones liberales, interesados en vivir en el centro a precios económicos, decidieron reconvertirlos en viviendas de calidad utilizando la parte de abajo para su trabajo.
Su progresiva rehabilitación y acondicionamiento ha hecho que su demanda se dispare y actualmente son los lugares más deseados para vivir. Tienen el valor añadido de que, a diferencia de "las mansiones" protegidas como Patrimonio (que no se pueden tocar), ellos gozan de gran libertad para hacer todos los cambios que consideren oportunos (dentro de la Ordenanza Municipal) respecto al diseño original, tanto en el exterior como en el interior.
Cada Mews es único, dentro de un sistema de patrones comparitdo. Su mayor encanto estriba en la diversidad, la abundante vegetación y la proliferación de elementos decorativos diferentes que contrastan con la homogeneidad, monumentalidad y carácter neutro de las fachadas principales victorianas que forman parte del urbanismo formal y están protegidas por las exigencias del marco normativo.
En el centro y el oeste son muy caros, pero se están extendiendo por toda la ciudad en un claro proceso de transformación y regeneración.
Son, en realidad, verdaderos oasis en pleno centro de la ciudad, pues la falta de tráfico, el contacto directo tanto con la calle como con los vecinos, el poder realizar multitud de actividades conjuntas, la libertad y el respeto, dan lugar a una auténtica "calidad de vida". Curiosamente, son los descendientes de las grandes mansiones los que más aprecian y valoran sus antiguos establos, pero la Historia es sabia y cíclica y tiene la virtud de conseguir que "los privilegiados no sean siempre los mismos", ahora son los grandes propietarios los que, encadenados a sus posesiones, no tienen liquidez para vivir como les gustaría...
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jueves, 15 de diciembre de 2016
MARYLEBONE
Está al sur de Regent´s Park y en él se lleva un vida tranquila al más puro estilo británico: la naturaleza forma parte de lo cotidiano. Colegios, galerías de arte, tiendas de autor con un gusto exquisito (Cath Kidston, Kushi tea, Emma Bridgewater, Oliver Bonas...), lugares muy agradables para comer o tomar algo, su Museo con la Wallace Collection y la famosa librería "Daunt Books". Una vez dentro, el lugar es acogedor, con colores clásicos, olor a madera y a papel, largas entanterías repletas de libros y claraboyas que bañan el espacio con luz natural.
En realidad lleva 20 años como librería de viajes y los libros se hallan colocados geográficamente (hay que buscar el origen del autor). Más que una tienda parece una biblioteca, con cómodas mesas y sillas para echar un vistazo a los libros, grandes jarrones de flores y un silencio casi total.
Es muy frecuente ver sus características bolsas verdes con libros junto a la cesta de la fruta o del pan en una bicicleta durante los fines de semana, que es cuando la gente puede disfrutar de la vida de su barrio de verdad. El contacto directo entre los compradores, vendedores, vecinos, paseantes... hace que las relaciones humanas sean más cálidas y naturales. Es cierto que es una zona muy cara, pero como ocurre siempre en la vida, no es cuestión de tener sino de ser: se puede dar prioridad a la calidad de vida y prescindir de otras "necesidades" superfluas, se trata más bien de tener clara la escala de valores.
Es, bajo mi punto de vista, el contrapunto perfecto de la comercial calle Oxford en la que un sábado por la tarde te sientes formar parte de un río de gente apresurada que va en busca de ¿quién sabe qué?
jueves, 8 de diciembre de 2016
LADY MONTAGU
En 1762, un año después de su muerte, fueron publicadas las "Cartas desde Estambul" de Lady Mary Wortley Montagu y era el primer trabajo que llevaba su propio nombre (no un seudónimo).
Mary Montagu nació en Londres (1689) y era aristócrata, viajera y escritora. Su educación fue más bien autodidacta y leyó multitud de libros que iba encontrando en la nutrida biblioteca de su padre.
Siendo todavía muy joven, se atrevió a sacar a la luz ensayos y sátiras y asistía a las tertulias literarias que se organizaban en su casa. Fue muy amiga de Mary Astell, la primera feminista inglesa que luchó como ninguna por los Derechos de la Mujer.
Muy decidida y de fuerte personalidad, acompañó a su esposo a Turquía cuando fue nombrado Embajador en 1716. El fantástico viaje le abrió las puertas a una vida completamente desconocida y fue la primera mujer occidental que, gracias a su curiosidad y determinación, pudo acceder a los harenes otomanos.
Fue entonces cuando comenzó una apasionada correspondencia con amigos y familia contándoles lo que veía...
"Las mujeres turcas tienen más libertad que las inglesas y la religión musulmana no es muy distinta del cristianismo", les decía y en sus cartas les describía la vida que allí llevaba con todo lujo de detalles. Aprendió el idioma y adoptó la vestimenta turca, para identificarse con las mujeres de aquel país.
En 1718 volvió a Inglaterra y, aunque carecía de formación científica, llevó una cura contra la viruela a través de un método utilizado por los médicos árabes desde el siglo VI. Se inoculaba la viruela como profilaxis de esta enfermedad y ella misma hizo inocular a sus hijos enfrentándose a los prejuicios de los médicos conservadores y clérigos. En las tertulias literarias que seguía frecuentando pudo conocer a gente nueva y muy interesante, como al escritor francés Voltaire.
Pero el grado de libertad y autonomía que había llegado a conseguir le impidieron vivir encorsetada en un matrimonio axfisiante y decidió separarse en 1739. Viajó y residió en diferentes lugares de Europa y jamás dejó de escribir. Mayor y muy enferma, volvió a Londres y falleció en 1762.
Curiosamente, setenta años más tarde, en 1796, un doctor se interesó por sus trabajos y perfeccionó sus técnicas, pasando a la Historia como el descubridor de la viruela.
¿Nadie recordó la lucha de Mary?
Mary Montagu nació en Londres (1689) y era aristócrata, viajera y escritora. Su educación fue más bien autodidacta y leyó multitud de libros que iba encontrando en la nutrida biblioteca de su padre.
Siendo todavía muy joven, se atrevió a sacar a la luz ensayos y sátiras y asistía a las tertulias literarias que se organizaban en su casa. Fue muy amiga de Mary Astell, la primera feminista inglesa que luchó como ninguna por los Derechos de la Mujer.
Muy decidida y de fuerte personalidad, acompañó a su esposo a Turquía cuando fue nombrado Embajador en 1716. El fantástico viaje le abrió las puertas a una vida completamente desconocida y fue la primera mujer occidental que, gracias a su curiosidad y determinación, pudo acceder a los harenes otomanos.
Fue entonces cuando comenzó una apasionada correspondencia con amigos y familia contándoles lo que veía...
"Las mujeres turcas tienen más libertad que las inglesas y la religión musulmana no es muy distinta del cristianismo", les decía y en sus cartas les describía la vida que allí llevaba con todo lujo de detalles. Aprendió el idioma y adoptó la vestimenta turca, para identificarse con las mujeres de aquel país.
En 1718 volvió a Inglaterra y, aunque carecía de formación científica, llevó una cura contra la viruela a través de un método utilizado por los médicos árabes desde el siglo VI. Se inoculaba la viruela como profilaxis de esta enfermedad y ella misma hizo inocular a sus hijos enfrentándose a los prejuicios de los médicos conservadores y clérigos. En las tertulias literarias que seguía frecuentando pudo conocer a gente nueva y muy interesante, como al escritor francés Voltaire.
Pero el grado de libertad y autonomía que había llegado a conseguir le impidieron vivir encorsetada en un matrimonio axfisiante y decidió separarse en 1739. Viajó y residió en diferentes lugares de Europa y jamás dejó de escribir. Mayor y muy enferma, volvió a Londres y falleció en 1762.
Curiosamente, setenta años más tarde, en 1796, un doctor se interesó por sus trabajos y perfeccionó sus técnicas, pasando a la Historia como el descubridor de la viruela.
¿Nadie recordó la lucha de Mary?
viernes, 6 de noviembre de 2015
"EL TURCO"
Jean-Étienne Liotard, "El Turco" (1702-1789) nació en Ginebra (Suiza) y fue uno de los pintores más afamados de la Ilustración. Destacó por el dominio del pastel y el realismo fotográfico de sus retratos, aunque faltaba medio siglo para que naciera el arte de la fotografía...
Desde el 24 de octubre hasta el el 31 de enero se puede ver una muestra de su obra en la Royal Academy of Arts (Londres). Más de setenta trabajos (de colecciones públicas y privadas de varios países europeos) en los que podemos encontrar: pastel, óleos, dibujos y miniaturas y un curioso trampantojo con retrato de Maria Teresa de Austria, su principal mecenas, descubierto en 1914 y que jamás se había visto hasta ahora.
Hijo de un reputado joyero se fue a París en 1725 donde pronto entaría en contacto con la aristocracia para quien trabajaría toda su vida.
De allí viajó a Nápoles y después a Roma, donde conoció a Lord Duncannon que le invitó a acompañarle a Constantinopla, ciudad en la que permanecería cuatro años. Una vez allí, y a través del Embajador inglés, realizó numerosos retratos y tuvo un gran desarrollo, tanto en el ámbito personal como en el profesional. Captó con asombrosa habilidad la esencia de aquélla exótica ciudad en la que confluían Oriente y Occidente; los interiores con las costumbres de aquéllas gentes, ataviados con sus peculiares vestimentas, a menudo reclinados en divanes, se hicieron muy atractivos para todos los que los contemplaban.
En 1742 volvía a Europa y seguía vistiendo "a la turca", lo que le daba un aire de misterio que atraía la curiosidad de las clases altas e, incluso, le solicitaban que les retratase vestidos a lo oriental...
Recorrió las más importantes ciudades europeas e hizo retratos para la mayoría de las Casas Reales. Pero el primer lugar al que llegó fue Viena, donde retrató a la que más tarde sería Emperatriz Maria Teresa I (madre de Maria Antonieta) y a buena parte de los Habsburgo.
Sus retratos, íntimos y sosegados, también causaron furor en Francia, Inglaterra y los Países Bajos. Se casó con una joven de origen francés y la retrató en varias ocasiones. En 1776 regresó a su ciudad natal en la que permaneció para siempre; no sólo como pintor sino como galerista y como autor de ensayos sobre arte.
Me entusiasma la perfección con la que refleja hasta el menor detalle. Éste cuadro se llama "La Bella Chocolatera" y es uno de mis preferidos. No me extraña que, durante su vida, gozara de tanta fama pues no sólo capturaba la expresión de sus modelos sino que mostraba como nadie la moda de la época y mezclaba con auténtica maestría el lujo del Rococó con el irresistible atractivo oriental de turbantes, sedas y babuchas...
Es un pintor que no es conocido por el gran público y sin embargo uno de los mejores del arte universal. Desde aquí animo a descubrir o profundizar en su obra y a los afortunados que puedan ir a Londres mientras dura su magnífica Exposición les doy la enhorabuena, pues no siempre contamos con una oferta tan magnífica...
Desde el 24 de octubre hasta el el 31 de enero se puede ver una muestra de su obra en la Royal Academy of Arts (Londres). Más de setenta trabajos (de colecciones públicas y privadas de varios países europeos) en los que podemos encontrar: pastel, óleos, dibujos y miniaturas y un curioso trampantojo con retrato de Maria Teresa de Austria, su principal mecenas, descubierto en 1914 y que jamás se había visto hasta ahora.
Hijo de un reputado joyero se fue a París en 1725 donde pronto entaría en contacto con la aristocracia para quien trabajaría toda su vida.
En 1742 volvía a Europa y seguía vistiendo "a la turca", lo que le daba un aire de misterio que atraía la curiosidad de las clases altas e, incluso, le solicitaban que les retratase vestidos a lo oriental...
Recorrió las más importantes ciudades europeas e hizo retratos para la mayoría de las Casas Reales. Pero el primer lugar al que llegó fue Viena, donde retrató a la que más tarde sería Emperatriz Maria Teresa I (madre de Maria Antonieta) y a buena parte de los Habsburgo.
Sus retratos, íntimos y sosegados, también causaron furor en Francia, Inglaterra y los Países Bajos. Se casó con una joven de origen francés y la retrató en varias ocasiones. En 1776 regresó a su ciudad natal en la que permaneció para siempre; no sólo como pintor sino como galerista y como autor de ensayos sobre arte.
Es un pintor que no es conocido por el gran público y sin embargo uno de los mejores del arte universal. Desde aquí animo a descubrir o profundizar en su obra y a los afortunados que puedan ir a Londres mientras dura su magnífica Exposición les doy la enhorabuena, pues no siempre contamos con una oferta tan magnífica...
martes, 15 de septiembre de 2015
¿QUÉ ES UN CLUB?
Aunque algunos dicen que la palabra Club significa corrillo de gente, a mí me convencen más los que lo definen como una asociación de gente que se une para fomentar el compañerismo y las relaciones sociales de calidad.
El término nació en Inglaterra alcanzando su máximo apogeo en el siglo XVIII, momento en el que los "coffee-rooms" se convirtieron en "coffee-houses".
Los clubs ingleses son espacios de privilegio, exclusividad y protocolo. Desde que fueron fundados se establecieron unas normas básicas que se han ido desarrollando a lo largo del tiempo. Éstas normas, muy estrictas, son acatadas por todos los miembros con pleno convencimiento, pues las consideran imprescindibles, útiles y justas para la paz, el sosiego y el buen funcionamiento de la organización.
Los derechos imponen deberes y, gracias a las normas, aquéllos se pueden concretar, exigir y realizar. Sin normas, la libertad de sus miembros se vería muy afectada.
El mismísimo Duque de Wellington no pudo entrar en su club por llevar pantalón en lugar del calzón corto que estaba prescrito.
Su momento álgido llegó en el siglo XIX, cuando la mayoría de los clubs londinenses abrieron sus puertas en Pall Mall, una elegantísima avenida que parte de Trafalgar Square. En el interior de todos ellos se detecta la atmósfera conservadora del antiguo Imperio Británico.
El Britannia no admite medidas y monedas europeas y el Savoy es muy famoso por su té de las cinco. En el Grey Prinstripe se exige frac y sombrero de copa para determinados actos... Y, por supuesto, todas estas excentricidades sólo pueden ser disfrutadas por los socios o sus invitados.
Curiosidades aparte, lo que me gusta de la sociedad inglesa es que hay numerosísimas asociaciones o agrupaciones de todo tipo y condición que demuestran que es una sociedad sana y viva, acostumbrada a acatar pequeñas normas que la entrenan para respetar otras de mayor envergadura.
Formar parte de un club denota que el individuo intenta mejorar su vida (individual y social), pues al tener una meta común le descubre que es capaz de hacer muchas cosas que jamás haría en solitario y eso aumenta su autoconfianza. Además, la fuerza y el ánimo de los demás le estimulan para afrontar mejor el miedo, el desánimo, la timidez, la inseguridad.
Todos los miembros que forman un club son respetables y valiosos y se complementan unos a otros. Está demostrado que, cuando realizamos actividades conjuntas, nuestro ingenio y capacidad para encarar dificultades crecen. No estamos hechos para la pereza y la rutina sino para pensar, jugar, actuar, emprender cosas... La inteligencia, como el cuerpo, necesita estar "activa" para fortalecerse.
¿Qué tal si nos decidimos a formar parte de un nuevo Club ahora que va a empezar el Curso? ¡Yo me apunto!
El término nació en Inglaterra alcanzando su máximo apogeo en el siglo XVIII, momento en el que los "coffee-rooms" se convirtieron en "coffee-houses".
Los clubs ingleses son espacios de privilegio, exclusividad y protocolo. Desde que fueron fundados se establecieron unas normas básicas que se han ido desarrollando a lo largo del tiempo. Éstas normas, muy estrictas, son acatadas por todos los miembros con pleno convencimiento, pues las consideran imprescindibles, útiles y justas para la paz, el sosiego y el buen funcionamiento de la organización.
Los derechos imponen deberes y, gracias a las normas, aquéllos se pueden concretar, exigir y realizar. Sin normas, la libertad de sus miembros se vería muy afectada.
El mismísimo Duque de Wellington no pudo entrar en su club por llevar pantalón en lugar del calzón corto que estaba prescrito.
Su momento álgido llegó en el siglo XIX, cuando la mayoría de los clubs londinenses abrieron sus puertas en Pall Mall, una elegantísima avenida que parte de Trafalgar Square. En el interior de todos ellos se detecta la atmósfera conservadora del antiguo Imperio Británico.
El Britannia no admite medidas y monedas europeas y el Savoy es muy famoso por su té de las cinco. En el Grey Prinstripe se exige frac y sombrero de copa para determinados actos... Y, por supuesto, todas estas excentricidades sólo pueden ser disfrutadas por los socios o sus invitados.
Formar parte de un club denota que el individuo intenta mejorar su vida (individual y social), pues al tener una meta común le descubre que es capaz de hacer muchas cosas que jamás haría en solitario y eso aumenta su autoconfianza. Además, la fuerza y el ánimo de los demás le estimulan para afrontar mejor el miedo, el desánimo, la timidez, la inseguridad.
Todos los miembros que forman un club son respetables y valiosos y se complementan unos a otros. Está demostrado que, cuando realizamos actividades conjuntas, nuestro ingenio y capacidad para encarar dificultades crecen. No estamos hechos para la pereza y la rutina sino para pensar, jugar, actuar, emprender cosas... La inteligencia, como el cuerpo, necesita estar "activa" para fortalecerse.
¿Qué tal si nos decidimos a formar parte de un nuevo Club ahora que va a empezar el Curso? ¡Yo me apunto!
martes, 1 de septiembre de 2015
84, CHARING CROSS ROAD
Helene Hanff, cuando tenía 33 años, aspiraba a ser escritora y vivía en un sencillo y caótico apartamento (calle 72 del barrio de Manhattan); escribía obras de teatro no muy destacadas y más tarde guiones para la televisión.
Además de la escritura le apasionaba la lectura pero tenía difícil acceso a las ediciones fieles y completas de los libros que más le interesaban por sus elevados precios, por eso se dirigió a una librería londinense especializada en libros de segunda mano que vió en un anuncio. Empezó así una relación con ellos (a través de cartas) que duraría 20 años (84, Charing Cross Road).
Poco se podía imaginar que, cuando presentó las cartas a una editorial, las convirtieran en libro. Aunque el éxito fue discreto, los lectores se lo fueron aconsejando unos a otros convirtiéndolo en un libro imprescindible que alcanzó fama internacional y le permitió a Helene subsistir hasta su muerte (con 81 años) gracias a los derechos de autor. Primero se adaptó al teatro, pero a finales del los 80 Mel Brooks adquirió los derechos del libro como regalo para su mujer en el 21 aniversario de su matrimonio.
Brooks encargó al británico David Jones la dirección de la película y al guionista Hugh Whitemore que adpatara la obra a la pantalla, respetando al máximo el texto original. Helene (Anne Bancroft) era vitalista, solitaria, culta, de fuerte carácter y un poco excéntrica. Frank P. Doel (Anthony Hopkins), el librero londinense con quien mantenía la correspondencia, más british, contenido y correcto no exento de ternura.
Aunque el libro es magnífico, un auténtico "libro de culto", la película es tan buena que lo enriquece enormemente (yo sugiero, primero leerlo y luego ver las imágenes), son totalmente complementarios y se retroalimentan.
La relación que mantienen no es sólo comercial y, a través de las cartas, podemos ver su vida cotidiana; Londres todavía sufría las consecuencias de la 2ª Guerra Mundial y Helene, desde América, intentaba suavizar sus carencias enviando paquetes de comida y artículos imposibles de adquirir en Inglaterra (como las codiciadas medias de nylon). Los lazos de hacían cada vez más fuertes, pero jamás se traspasaban los límites de la corrección.
En las imágenes de la película podemos captar mejor las expresiones de las cosas que iban ocurriendo, tanto positivas como negativas, pero sin grandes tragedias ni exacerbadas pasiones. El lector o espectador se puede idendificar perfectamente y eso es parte de su éxito.
Cuando, por fín, Helene llega a Londres, no puede conocer a Doel, que había fallecido. Sin embargo, los dos se habían llegado a comunicar con mucha más cercanía, a pesar de la separación física de todo un océano, que si se hubieran visto todos los días. Ahora tenemos internet, pero antes sólo existían las cartas...
Me encanta esta tierna historia de amistad en la que "el amor a la literatura" juega un papel tan importante. ¿Libro película o película libro? Primero que nuestra imaginación vuele y luego que nos ayuden el guionista y el director...
Además de la escritura le apasionaba la lectura pero tenía difícil acceso a las ediciones fieles y completas de los libros que más le interesaban por sus elevados precios, por eso se dirigió a una librería londinense especializada en libros de segunda mano que vió en un anuncio. Empezó así una relación con ellos (a través de cartas) que duraría 20 años (84, Charing Cross Road).
Poco se podía imaginar que, cuando presentó las cartas a una editorial, las convirtieran en libro. Aunque el éxito fue discreto, los lectores se lo fueron aconsejando unos a otros convirtiéndolo en un libro imprescindible que alcanzó fama internacional y le permitió a Helene subsistir hasta su muerte (con 81 años) gracias a los derechos de autor. Primero se adaptó al teatro, pero a finales del los 80 Mel Brooks adquirió los derechos del libro como regalo para su mujer en el 21 aniversario de su matrimonio.
Brooks encargó al británico David Jones la dirección de la película y al guionista Hugh Whitemore que adpatara la obra a la pantalla, respetando al máximo el texto original. Helene (Anne Bancroft) era vitalista, solitaria, culta, de fuerte carácter y un poco excéntrica. Frank P. Doel (Anthony Hopkins), el librero londinense con quien mantenía la correspondencia, más british, contenido y correcto no exento de ternura.
Aunque el libro es magnífico, un auténtico "libro de culto", la película es tan buena que lo enriquece enormemente (yo sugiero, primero leerlo y luego ver las imágenes), son totalmente complementarios y se retroalimentan.
La relación que mantienen no es sólo comercial y, a través de las cartas, podemos ver su vida cotidiana; Londres todavía sufría las consecuencias de la 2ª Guerra Mundial y Helene, desde América, intentaba suavizar sus carencias enviando paquetes de comida y artículos imposibles de adquirir en Inglaterra (como las codiciadas medias de nylon). Los lazos de hacían cada vez más fuertes, pero jamás se traspasaban los límites de la corrección.
En las imágenes de la película podemos captar mejor las expresiones de las cosas que iban ocurriendo, tanto positivas como negativas, pero sin grandes tragedias ni exacerbadas pasiones. El lector o espectador se puede idendificar perfectamente y eso es parte de su éxito.
Cuando, por fín, Helene llega a Londres, no puede conocer a Doel, que había fallecido. Sin embargo, los dos se habían llegado a comunicar con mucha más cercanía, a pesar de la separación física de todo un océano, que si se hubieran visto todos los días. Ahora tenemos internet, pero antes sólo existían las cartas...
Me encanta esta tierna historia de amistad en la que "el amor a la literatura" juega un papel tan importante. ¿Libro película o película libro? Primero que nuestra imaginación vuele y luego que nos ayuden el guionista y el director...
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NUEVE YORK
viernes, 15 de agosto de 2014
PERSEPHONE
Persephone Books es una librería-editorial que reimprime libros de escritores olvidados del siglo XX, en su mayoría mujeres. En una cuidada colección de noventa ejemplares, con tapa gris, guardas y marcapáginas individuales.
Es mucho más que una simple editorial o tienda de libros en la que encontrar el último best-seller u ofertas de tres por dos de bolsillo. Es un lugar único con una especie de misión: rescatar escritores cuyos trabajos fueron dejados de lado y olvidados. No demasiado literarios, no demasiado comerciales, libros que se dejan leer y que además provocan y dejan huella.
La tienda del número 53 de Lamb´s Conduit Street aloja la sede principal de la editorial Persphone además de la librería. No es en absoluto convencional, parece más bien un salón de estanterías, jarrones con flores y percheros.
La mayoría de libros se venden on line o a través de otras librerías especializadas, por lo que las oficinas quitan protagonismo a la tienda...
Los empleados son a la vez dependientes, por lo que suelen estar al fondo organizando pedidos por correo, ordenando ejemplares, haciendo papeleo... pero siempre dispuestos a ayudar y resolver cualquier duda, son encantadores.
En el exterior ponen una cestita donde hay ejemplares de su Persephone Binually a disposición de todos aquellos que se sientan atraídos por ellos y te invitan a que cojas un catálogo gratis así como una de sus encantadoras revistas.
En Persephone Book web puedes ver toda la tienda: es muy pequeña y centenares de copias de sus ediciones se apilan en pequeñas estanterías.
A cada lado de las pilas de libros un montoncito con el punto de lectura que han diseñado para cada volumen. Si no quedan, van a un precioso escritorio de madera o a la trastienda y traen más.
Si no te decides por ningún libro, tienen una colección de postales y posters, con imágenes antiguas de la tienda y de la zona: Bloomsbury que se encuentran en los puntos de libro.
A pesar de que las tapas son grises y todas iguales (salvo el título, claro), las guardas son especialmente diseñadas para cada ejemplar. La sencillez mezclada con el primoroso cuidado de cada uno de ellos hacen que tengan su propia personalidad e indivualidad. De esta forma, la compra del libro tiene un valor añadido: un objeto de pura artesanía que disfrutas cada vez que lo tienes en la mano.
Creo que este tipo de iniciativas, que aportan creatividad y originalidad a lo "viejo conocido", son las que merece la pena destacar para demostrar, una vez más, que "sí se lee el libro de papel", lo cual no quiere decir que las nuevas teconolgías no sean también aceptables. No se trata de que unas excluyan a las otras, sino de que se "complementen"...
Es mucho más que una simple editorial o tienda de libros en la que encontrar el último best-seller u ofertas de tres por dos de bolsillo. Es un lugar único con una especie de misión: rescatar escritores cuyos trabajos fueron dejados de lado y olvidados. No demasiado literarios, no demasiado comerciales, libros que se dejan leer y que además provocan y dejan huella.
La tienda del número 53 de Lamb´s Conduit Street aloja la sede principal de la editorial Persphone además de la librería. No es en absoluto convencional, parece más bien un salón de estanterías, jarrones con flores y percheros.
La mayoría de libros se venden on line o a través de otras librerías especializadas, por lo que las oficinas quitan protagonismo a la tienda...
Los empleados son a la vez dependientes, por lo que suelen estar al fondo organizando pedidos por correo, ordenando ejemplares, haciendo papeleo... pero siempre dispuestos a ayudar y resolver cualquier duda, son encantadores.
En el exterior ponen una cestita donde hay ejemplares de su Persephone Binually a disposición de todos aquellos que se sientan atraídos por ellos y te invitan a que cojas un catálogo gratis así como una de sus encantadoras revistas.
En Persephone Book web puedes ver toda la tienda: es muy pequeña y centenares de copias de sus ediciones se apilan en pequeñas estanterías.
A cada lado de las pilas de libros un montoncito con el punto de lectura que han diseñado para cada volumen. Si no quedan, van a un precioso escritorio de madera o a la trastienda y traen más.
Si no te decides por ningún libro, tienen una colección de postales y posters, con imágenes antiguas de la tienda y de la zona: Bloomsbury que se encuentran en los puntos de libro.
A pesar de que las tapas son grises y todas iguales (salvo el título, claro), las guardas son especialmente diseñadas para cada ejemplar. La sencillez mezclada con el primoroso cuidado de cada uno de ellos hacen que tengan su propia personalidad e indivualidad. De esta forma, la compra del libro tiene un valor añadido: un objeto de pura artesanía que disfrutas cada vez que lo tienes en la mano.
Creo que este tipo de iniciativas, que aportan creatividad y originalidad a lo "viejo conocido", son las que merece la pena destacar para demostrar, una vez más, que "sí se lee el libro de papel", lo cual no quiere decir que las nuevas teconolgías no sean también aceptables. No se trata de que unas excluyan a las otras, sino de que se "complementen"...
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