La mano, el corazón y la cabeza eran las tres dimensiones del famoso pedagogo suizo Pestalozzi (1746-1827), que revolucionó la enseñanza de su tiempo. Su método decía que "la buena educación iba más allá del desarrollo intelectual en sí mismo", los niños debían aprender a través de la actividad, a través de los objetos, y ser libres de perseguir sus propios intereses y de deducir sus propias conclusiones. Sin amor no era posible que se desarrollaran ni en el plano físico ni en el mental y la bondad debía reinar en el ambiente. Había que respetar la personalidad del niño (su dignidad interior), saber que era una semilla llena de potencial y que la acción debía estar por encima de la palabra; a través de la observación, la reflexión, la repetición y el otorgar sentido a las experiencias, se intentaba buscar un equilibrio entre la mano, la cabeza y el corazón.
El pintor, diseñador, matemático y profesor suizo Johannes Itten (1888-1967) provenía de la enseñanza primaria y utilizaba los métodos didácticos de Pestalozzi y Fröbel. Profundamente impresionado por él, Gropius le invitó a dar una conferencia en el acto de inauguración de la Bauhaus y más tarde a formar parte de su cuadro de profesores. Se le encargó el Vorkurs (curso preparatorio) que duraba los seis primeros meses y que se diferenciaba de los que se impartían en las academias clásicas de artes y oficios en que los alumnos de Itten no aprendían a copiar objetos sino que se les enseñaba las leyes del color, el ritmo y la composición, lo que fomentaba que el estudiante desarrollara su propia sensibilidad artística.
Muy respetado por alumnos y profesores, vestía con el traje Bauhaus que él mismo había diseñado. Practicaba la fe mazdazna y veía el mundo como un escenario en el que se da permanentemente la lucha del bien y del mal. La verdad debe ser desvelada, pues el concepto de realidad es sólo una apariencia; para ello se necesita la práctica disciplinada de ejercicio físico, control mental, la inclusión del sonido...
Antes de comenzar la primera clase de la mañana se aunaba la práctica de la respiración profunda y consciente al sonoro silbido (Bauhaus pfiff) de los alumnos al unísono, propiciando así el estado ideal para el emprendimiento creativo. Era preciso armonizar todos los aspectos y experiencias vitales con la adquisición de conocimientos. Para Itten, la formación debía ser interdisciplinar pues favorecía la creatividad del alumno. "La Teoría de la Armonía" era una clase impartida por Gertrud Grunow, antigua profesora de Itten e invitada por él a la Bauhaus, que ponía en práctica una pedagogía basada en la sensorialidad y la sensibilidad conjugando los aspectos técnicos con los espirituales.
Ambos abandonaron la Bauhaus en 1923, pues la nueva dirección que tomaba la Escuela indicaba que se iba a enfocar mucho más en la mejora de la producción, buscando la economía y funcionalidad de sus diseños. Quedaban en segundo plano la parte creativa y artística a la hora de crear proyectos y eso no era coherente con su forma de trabajar.
La perfección del ser humano depende del grado de evolución de sus doce sentidos: vista, oído, olfato, tacto, gusto, sentimiento, intuición, transmisión del pensamiento, telepatía, clarividencia, discernimiento espiritual y verificación. Éstos sólo se pueden desarrollar basándose en la higiene física, moral y mental.
Itten lo vivía con naturalidad en su vida cotidiana y fue capaz de trasmitirlo por lo que la huella que dejó en quienes pudieron estar cerca de él fue imperecedera. Más que profesor era maestro en el más amplio sentido de la palabra.
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domingo, 17 de mayo de 2020
jueves, 3 de enero de 2019
EL PAPEL PERDURA
Dos de cada tres personas siguen leyendo libros, sobre todo en papel. La amenaza del e-book que muchos editores veían a principios del siglo XXI ha cambiado de aspecto. Jeff Jarvis, un apóstol de la revolución digital, cargaba contra los libros por ser unidireccionales, por no abrir puertas, por no incorporar enlaces, por ser demasiado largos. También Jeff Gómez, en la portada de un libro que publicó en 2007, decía : "El libro impreso está muerto: libros en nuestra era digital".
Sin embargo, en España - según la Federación de Gremios de Editores - el libro de papel produce una ganancia de 900 millones de € y el digital 30. Han surgido nuevas librerías independientes (boutiques o bares) y se editan libros que son un verdadero canto al papel como "Paper. Paging through History" (Papel. Hojeando la Historia), escrito por Mark Kurlansky y editado por Norton, en el que el autor asegura que el papel nos guiará a lo largo del siglo y nos recuerda que entró en la Europa cristiana a mediados del siglo XII a través de España.
El papel aguanta el vendaval digital, pues está demostrado que se retiene mejor cuando se lee un libro impreso ya que las pantallas pueden inhibir la total comprensión del texto debido a la distracción que ofrecen. No en vano, el 92% de los universitarios afirman que se concentran mejor leyendo el texto en papel, ya que les permite una mayor memoria visual.
El neuropsicólogo Álvaro Bilbao ha escrito un libro que se llama "Cuidar el cerebro" en el que sostiene que poder tocar, oler, sentir el peso del libro, experimentar que uno avanza según pasa las páginas, puede resultar mucho más placentero ("Aquellas cosas que despiertan nuestros sentidos hacen que se active el hemisferiio derecho del cerebro, que está más relacionado con el mundo de las emociones").
Por otra parte, la belleza del objeto, ese placer tan "vieja escuela" de recorrer la librería (o librerías), el placer de coleccionar, las anotaciones al margen, las flores secas o pasajes de avión a modo de marcapáginas, su ayuda para crear un ambiente acogedor, el mensaje que portan cuando son regalo... hacen que el libro de papel sea inolvidable, algo humano, tangible y con la posibilidad de ser tocado y acariciado, algo que es impensable en sus enemigas más virulentas en la actualidad: las famosas redes sociales.
Sin embargo, en España - según la Federación de Gremios de Editores - el libro de papel produce una ganancia de 900 millones de € y el digital 30. Han surgido nuevas librerías independientes (boutiques o bares) y se editan libros que son un verdadero canto al papel como "Paper. Paging through History" (Papel. Hojeando la Historia), escrito por Mark Kurlansky y editado por Norton, en el que el autor asegura que el papel nos guiará a lo largo del siglo y nos recuerda que entró en la Europa cristiana a mediados del siglo XII a través de España.
El papel aguanta el vendaval digital, pues está demostrado que se retiene mejor cuando se lee un libro impreso ya que las pantallas pueden inhibir la total comprensión del texto debido a la distracción que ofrecen. No en vano, el 92% de los universitarios afirman que se concentran mejor leyendo el texto en papel, ya que les permite una mayor memoria visual.
El neuropsicólogo Álvaro Bilbao ha escrito un libro que se llama "Cuidar el cerebro" en el que sostiene que poder tocar, oler, sentir el peso del libro, experimentar que uno avanza según pasa las páginas, puede resultar mucho más placentero ("Aquellas cosas que despiertan nuestros sentidos hacen que se active el hemisferiio derecho del cerebro, que está más relacionado con el mundo de las emociones").
Por otra parte, la belleza del objeto, ese placer tan "vieja escuela" de recorrer la librería (o librerías), el placer de coleccionar, las anotaciones al margen, las flores secas o pasajes de avión a modo de marcapáginas, su ayuda para crear un ambiente acogedor, el mensaje que portan cuando son regalo... hacen que el libro de papel sea inolvidable, algo humano, tangible y con la posibilidad de ser tocado y acariciado, algo que es impensable en sus enemigas más virulentas en la actualidad: las famosas redes sociales.
jueves, 5 de julio de 2018
DIARIO DE VIAJE
Cuando Rousseau escribió Confesiones, declaraba su pena por no haber registrado ninguna de las impresiones del pasado cuando caminar era para él una felicidad sin fin. Decía: "Lo que más siento, en punto a detalles de mi vida que se me han olvidado, es no haber hecho un diario de mis viajes".
Y es que, todo viaje es un discurrir, una narración anterior cuando el recorrido se imagina y otra que hacemos despúes, cuando hemos regresado y se lo contamos a los amigos.
La escritura es la memoria de los innumerables acontecimientos cosechados, de las emociones e impresiones que hemos sentido, una forma de escapar del tiempo transformándolo en páginas de un cuaderno para poder volver a él y revivirlo. Ningún tesoro es más preciado, a la vuelta de un viaje, que traer toda la experiencia plasmada sobre papel.
Mi cuaderno siempre me acompaña para poder apuntar en cualquier momento lo que me va surgiendo. Antes de partir, anoto información general del lugar al que me dirijo así como mis expectativas de lo que espero encontar pues, una vez terminado y comparando el antes y el después, es muy sorprendente.
No me limito a detallar los hechos por orden cronológico, procuro que la narración sea ágil y dinámica. Empleo los cinco sentidos para que no se me escape el menor detalle, pues no sólo me importa plasmar los lugares que visito o las cosas que veo, sino el olor de una flor, la sonrisa de un desconocido, el sabor de una comida... todo eso lo incluyo en el relato de forma espontánea y auténtica.
En el último tramo del trayecto literario, a modo de epílogo, saco mis conclusiones sobre todo lo experimentado, se me ocurren sugerencias que puedo hacer a otros y dejo notas que me servirán para cuando regrese al mismo lugar, ya que - para mí- profundizar en los lugares que conozco es otro de los placeres de viajar.
Mi equipaje suele ser muy ligero, mis compras muy livianas, pero lo que procuro traer a casa es mi diario de viaje repleto de vivencias que luego releo durante todo el año. No quiero que me pase como a Rousseau...
Y es que, todo viaje es un discurrir, una narración anterior cuando el recorrido se imagina y otra que hacemos despúes, cuando hemos regresado y se lo contamos a los amigos.
La escritura es la memoria de los innumerables acontecimientos cosechados, de las emociones e impresiones que hemos sentido, una forma de escapar del tiempo transformándolo en páginas de un cuaderno para poder volver a él y revivirlo. Ningún tesoro es más preciado, a la vuelta de un viaje, que traer toda la experiencia plasmada sobre papel.
Mi cuaderno siempre me acompaña para poder apuntar en cualquier momento lo que me va surgiendo. Antes de partir, anoto información general del lugar al que me dirijo así como mis expectativas de lo que espero encontar pues, una vez terminado y comparando el antes y el después, es muy sorprendente.
No me limito a detallar los hechos por orden cronológico, procuro que la narración sea ágil y dinámica. Empleo los cinco sentidos para que no se me escape el menor detalle, pues no sólo me importa plasmar los lugares que visito o las cosas que veo, sino el olor de una flor, la sonrisa de un desconocido, el sabor de una comida... todo eso lo incluyo en el relato de forma espontánea y auténtica.
En el último tramo del trayecto literario, a modo de epílogo, saco mis conclusiones sobre todo lo experimentado, se me ocurren sugerencias que puedo hacer a otros y dejo notas que me servirán para cuando regrese al mismo lugar, ya que - para mí- profundizar en los lugares que conozco es otro de los placeres de viajar.
Mi equipaje suele ser muy ligero, mis compras muy livianas, pero lo que procuro traer a casa es mi diario de viaje repleto de vivencias que luego releo durante todo el año. No quiero que me pase como a Rousseau...
viernes, 21 de abril de 2017
INTERCAMBIOS
La naturaleza nos ha dado los órganos de los sentidos (tacto, gusto, oído, olfato y vista) para que podamos hacer intercambios con la creación y con las demás criaturas.
Nuestra vida afectiva e intelectual consiste también en "encuentros": con las palabras, los pensamientos y los sentimientos no dejamos de tejer una red de relaciones que es la base de nuestra vida familiar y social.
Me temo que, en la actualidad, no se obtienen suficientes beneficios de estos intercambios debido a la falta de atención mantenida para estar plenamente consciente de lo que se vive. No existe una realidad objetiva sino lo que cada uno vive y siente. Podemos dudar de lo que vemos, de lo que oímos, de lo que tocamos... pero lo que sentimos, no podemos ponerlo jamás en duda; es una realidad. Todo vive, todo vibra, todo irradia; ese es el resplandor de la creación que podemos sentir sin necesidad de ver.
Es cierto que cuanto más sensible se vuelve un ser, más se expone a sufrir por todo lo que oye y escucha a su alrededor, pero ¿hay que volverse insensibles para no sufrir? ¡No! Nos volveríamos duros como las piedras...
Es el grado de sensibilidad el que determina la grandeza de un ser humano, pero no hay que confundirla con sensiblería.
Ser sensible es ser capaz de abrirse cada vez más a lo que nos rodea, de captar maravillas, de planear alto y de irse haciendo cada vez más inmune a la estupidez, la vulgaridad y la maldad. A mayor belleza, mayor alegría, mayor bienestar, mayor claridad.
La inteligencia del hombre no es sólo producto de sus estudios y de sus reflexiones, sino la consecuencia del estado (bueno o malo) de todas las células de su cuerpo.
No deberíamos preocuparnos únicamente de nuestro buen alimento físico, sino también del psíquico (sensaciones, sentimientos, deseos, pensamientos). A medida que vamos mejorando y puliendo nuestra forma de vida, lo hacemos con nuestra inteligencia. Podemos nutrirnos, por ejemplo, del perfume de las flores sin necesidad de cogerlas ya que disfrutar de su fragancia es suficiente. Hay personas que, como las flores, propagan a su alrededor luz, calor, poesía.
Abriéndonos a la naturaleza ella nos hace participar de su vida. No nos sentimos realmente vivos hasta que decidimos entrar en relación con esta vida inmensa, inagotable, que se manifiesta por todas partes en el universo.
Nuestra vida afectiva e intelectual consiste también en "encuentros": con las palabras, los pensamientos y los sentimientos no dejamos de tejer una red de relaciones que es la base de nuestra vida familiar y social.
Me temo que, en la actualidad, no se obtienen suficientes beneficios de estos intercambios debido a la falta de atención mantenida para estar plenamente consciente de lo que se vive. No existe una realidad objetiva sino lo que cada uno vive y siente. Podemos dudar de lo que vemos, de lo que oímos, de lo que tocamos... pero lo que sentimos, no podemos ponerlo jamás en duda; es una realidad. Todo vive, todo vibra, todo irradia; ese es el resplandor de la creación que podemos sentir sin necesidad de ver.
Es cierto que cuanto más sensible se vuelve un ser, más se expone a sufrir por todo lo que oye y escucha a su alrededor, pero ¿hay que volverse insensibles para no sufrir? ¡No! Nos volveríamos duros como las piedras...
Es el grado de sensibilidad el que determina la grandeza de un ser humano, pero no hay que confundirla con sensiblería.Ser sensible es ser capaz de abrirse cada vez más a lo que nos rodea, de captar maravillas, de planear alto y de irse haciendo cada vez más inmune a la estupidez, la vulgaridad y la maldad. A mayor belleza, mayor alegría, mayor bienestar, mayor claridad.
La inteligencia del hombre no es sólo producto de sus estudios y de sus reflexiones, sino la consecuencia del estado (bueno o malo) de todas las células de su cuerpo.
No deberíamos preocuparnos únicamente de nuestro buen alimento físico, sino también del psíquico (sensaciones, sentimientos, deseos, pensamientos). A medida que vamos mejorando y puliendo nuestra forma de vida, lo hacemos con nuestra inteligencia. Podemos nutrirnos, por ejemplo, del perfume de las flores sin necesidad de cogerlas ya que disfrutar de su fragancia es suficiente. Hay personas que, como las flores, propagan a su alrededor luz, calor, poesía.
Abriéndonos a la naturaleza ella nos hace participar de su vida. No nos sentimos realmente vivos hasta que decidimos entrar en relación con esta vida inmensa, inagotable, que se manifiesta por todas partes en el universo.
domingo, 16 de octubre de 2016
NO PODEMOS ATRAPAR
No siempre lo que pienso
se mueve en paralelo a lo que siento
más siendo bueno que vaya en consonancia
el motor de mi vida es el corazón.
No debo comparar
el embrujo de una rosa,
la pureza del espliego
o el aroma de la madreselva.
Cada uno me deleita
abriéndose mis sentidos plenos
de sus regaladas sensaciones.
Contemplo lo que acontece
muy pronto se desvanece
en el instante siguiente.
Es como la preciosa nube
que con manos de escalera
quisiéramos atrapar.
Siendo sólo una quimera
un sueño que palidece
al amanecer llegar.
Prefiero lo espontáneo
a lo que está preparado
lo que nace de repente
en una recóndita fuente
de lo profundo de mí...
No está condicionado, ni tampoco planeado
es que surgió así...
Esther de Andrés
se mueve en paralelo a lo que siento
más siendo bueno que vaya en consonancia
el motor de mi vida es el corazón.
No debo comparar
el embrujo de una rosa,
la pureza del espliego
o el aroma de la madreselva.
Cada uno me deleita
abriéndose mis sentidos plenos
de sus regaladas sensaciones.
Contemplo lo que acontece
muy pronto se desvanece
en el instante siguiente.
Es como la preciosa nube
que con manos de escalera
quisiéramos atrapar.
Siendo sólo una quimera
un sueño que palidece
al amanecer llegar.
Prefiero lo espontáneo
a lo que está preparado
lo que nace de repente
en una recóndita fuente
de lo profundo de mí...
No está condicionado, ni tampoco planeado
es que surgió así...
Esther de Andrés
martes, 28 de junio de 2016
LA MADELEINE DE PROUST
"Y, muy pronto, abrumado por el triste día que había pasado y por la perspectiva de otro día tan meláncolico por venir, me llevé a los labios una cucharada de té en la que había echado un trocito de "madeleine", pero en el mismo instante en que aquel trago, con las migas del bizcocho, tocó mi paladar, me estremecí, fijé mi atención en algo extraordinario que ocurría en mi interior.
Un placer delicioso me invadió, me aisló sin noción de lo que lo causaba y él me conviritió las vicisitudes de la vida en indiferentes, sus desastres en inofensivos y su brevedad en ilusoria, todo del mismo modo que opera el amor, llenándose de una esencia preciosa; percibí que esa esencia era yo mismo.
Dejé de sentirme mediocre, contingente y mortal. ¿De dónde podía venirme esa alegría tan fuerte? Me daba cuenta de que iba unida al sabor del té y de la madeleine, pero le excedía en mucho y no debía ser de la misma naturaleza. ¿De dónde venía y qué significaba? ¿Cómo llegar a aprehenderlo?
Bebo un segundo trago, que no me dice más que el primero, luego un tercero, que ya me dice un poco menos..."
La "madeleine", con su suavidad y sabor único, transporta al autor del texto, Marcel Proust, a su infancia. Este escritor francés (1871-1922) renovó la novela contemporánea y fue el creador de la serie "En busca del tiempo perdido", formada por siete novelas, a cuya redacción dedicó casi toda su vida. Encerrado en una habitación, con las paredes cubiertas de corcho, creó al protagonista (su alter ego) y exploró su pasado evocado por una memoria sensitiva y desordenada cuya única ley es la asociación de ideas.
"La vida es un conjunto de sensaciones que sólo la escritura es capaz de recuperar y la memoria sensitiva actúa como motor del recuerdo". La serie se inicia con el primer tomo, El camino de Swann, en el que recorre lugares asociados a su infancia y en él se encuentra el fragmento de la madeleine. La obra no es un relato lineal de acontecimientos, sino que se mete en la memoria del narrador y cuenta sus recuerdos junto con los vínculos que crean en un intento de recuperar la memoria.
Me gusta el placer puramente estético y sensorial descrito a través de un hecho puntual que altera los sentidos, el espacio y el tiempo. Es increíble descubrir como un acto cotidiano puede llevarnos a experiencias sublimes y a conectarnos con la verdadera esencia de nuestro ser, de nuestro yo interno, que subyace a todo lo demás...
jueves, 13 de agosto de 2015
LA EMPERATRIZ DE LOS HELADOS
En La emperatríz de los helados nos hace viajar al esplendor de la vida de palacio y de las intrigas de la corte.
En el Versalles del siglo XVII , Louise de Kéroualle, hija de una familia noble, que ha perdido buena parte de sus riquezas, vive en la corte de Luis XIV con la esperanza de casarse con un buen partido que pueda sacar a su familia de la difícil situación en la que se halla.
En la corte conoce a Carlo Demirco, cuyo talento culinario le ha permitido gozar de una posición privilegiada junto al Rey Sol. Los dos son enviados a Inglaterra, por el monarca, para que seduzcan a Carlos II, ella con sus encantos y él con su exquisito arte de hacer helados.
En un entorno intrigante y distinguido Carlo se siente irremediablemente atraído por Louise, tan hermosa como enigmática, e intenta conquistarla poniendo en jaque su fidelidad al rey.
La lectura de este libro es fresca, fácil. Novela histórica que se desarrolla entre Italia, Francia y el Reino Unido. Me parece un acierto que esté dividida en cuatro partes, cada una centrada en un hecho alrededor del cual giran otros muchos. Termina con una nota histórica que revela detalles de la vida de sus maravillosos personajes. Los protagonistas vivieron en realidad y la trama está tan bien montada que parecen personajes inventados. Los acontecimientos históricos, bien descritos y perfectamente documentados. Además una continua referencia al mundo "del helado" y su fabricación en un momento en que los sentidos eran protagonistas absolutos en el ambiente cortesano...
viernes, 1 de agosto de 2014
CONTEMPLAR
Viendo a la señorita, con los prismáticos en la mano, me doy cuenta de que el pintor lo que nos manifiesta es la importancia de la contemplación, de la observación. No quiere aproximarse a nada concreto, no está buscando nada sino simplemente gozando del momento. Denota con su calma y elegancia que las cosas, vistas con distancia, se pueden interpretar mejor.
La información no le llega sólo a través de la vista, sino de todos los sentidos. A través de ellos puede percibir la temperatura del ambiente, la presión de la brisa sobre su cara, las fragancias del mar, el susurro de las olas...
Es como si se hubiera acercado al orden natural del mundo y de su lugar en él, es como si estuviera dotando a la realidad de sentido. El horizonte no supone para ella un destino, sino una apertura, una promesa, algo que le acerca al fondo de su alma.
Da la impresión de que la belleza del paisaje no le absorbe sino que le impulsa al pensamiento y a la reflexión. Seguramente, después de este rato en la playa se conocerá más y mejor.
En definitiva, lo que me transmite esta pintura es que lo importante en la vida es "la vida misma" y que, en vez de dispersarnos en actividades que nos debilitan, sería preferible que desarrollásemos nuestras cualidades psíquicas y espirituales, lo que nos permitirá descubrir que en los actos más simples y cotidianos
es donde se esconden los verdaderos tesoros.
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