martes, 12 de agosto de 2014

SEDUCTOR: ENCANTADOR

       "El campo de la felicidad no va de los demás a tí, sino de tí a los demas" (Michel Quoist).

Aunque el término "seducir" tiene connotaciones negativas, existe una acepción muy positiva que significa algo tan maravilloso, generoso y detallista como embargar o cautivar el ánimo de alguien con el fin de hacerle sentir bien y disfrutar de nuestra compañía.

"Seductor", en ese sentido, es casi lo mismo que "encantador". Cuando decimos que alguien es un encanto de persona, desearíamos que los demás pudieran decirlo de nosotros. El diccionario de la Real Academia Española (RAE) define "encantar" como "atraer o ganar la voluntad de alguien por dones naturales como la hermosura, la gracia, la simpatía, el talento". Por tanto, alguien que podemos llamar seductor o encantador, sin duda habrá potenciado y ejercitado sus dones naturales, se habrá superado a sí mismo y habrá desarrollado la capacidad de caer bien a sus semejantes, cuidando las formas, valorándolos y reconociendo sus cualidades.

Aunque por naturaleza vengamos dotados de atractivo y cualidades, el auténtico seductor-encantador "se hace"; es fruto de una gran formación en actitudes positivas, en alegría de vivir, simpatía, buen carácter, buen humor y gracia. Todos sabemos que no es fácil merecer el calificativo de persona encantadora.

"Un encanto" es el que ha desarrollado al máximo sus habilidades para poder cautivar, convencer y atraer incluso a las personas más distantes. Y lo hace desde el respeto, el tacto, la simpatía, la elegancia, las buenas formas, el halago y las muestras de afecto.

En las relaciones humanas, incluso con personas desconsideradas, mal educadas y de pésimo carácter, el seductor termina por vencer. Su gracia, su simpatía, su sutileza - es un gran observador práctico - le permiten dar a cada uno lo que necesita y esto le convierte en la persona ideal para negociar y llevar los asuntos más difíciles a buen puerto...

"La verdad ha de darse al hombre envuelta en mieles. Ha de hacérsela risueña y amable, para que el hombre, seducido por su apariencia externa, se acerque a ella y la oiga sin saber que la oye". O como decía Ortega y Gasset: "Para persuadir hay  que seducir".

Os sugiero que toméis buena nota de esta cita y procuréis llevarla a la vida diaria. Pronto caeréis en la cuenta de que os estáis haciendo un gran favor a vosotros mismos, pues tendréis más amigos, evitaréis incontables problemas y disgustos, seréis mucho más felices y la gente os acogerá, os valorará y tendrá en  mucha más estima.

Esta es una pequeña reflexión veraniega que me ha sugerido este delicioso cuadro de Palmaroli y que se llama "La Confesión"


sábado, 9 de agosto de 2014

GUILLERMO





. Lo que se me antoja francamente horrible - gruñó Guillermo - insistiendo en uno de sus temas favoritos, es haber vivido todos estos años sin haber hecho aún nada importante.

. A mi modo de ver, has hecho bastante, masculló su madre, de momento has roto todas las ventanas de la casa, has echado a perder el mosaico de madera deslizándote por él y has llenado de alquitrán toda la alfombra del vestíbulo...

. ¿Qué culpa tengo yo de que pongan alquitrán en las calles? - protestó Guillermo por la injusticia de la acusación -  por algún sitio tengo que pasar, ¿no te parece?, ¡no voy a volar!     

Guillermo Brown era el héroe literario de mi infancia, un niño de once años que siempre llevaba calcetines caídos, los zapatos desabrochados y generalmente no muy limpios, las manos en los bolsillos repletos de bolas pringosas de grosella y soñando con agua de regalíz. Junto a su inseparable perro Jungle y su banda de "los proscritos" (Enrique, Douglas y Pelirrojo), se pasaban la vida enfrentándose tanto a su eterno rival, el insoportablemente cursi Humbertito Lane como a un mundo de mayores que les resultaba excesivamente rígido y encorsetado...

Todos vivían en un pueblo de la campiña inglesa, en un ambiente burgués rural de buenas familias cuyas amas de casa (metidas a benefactoras de la humanidad) preparaban tés interminables a los que invitaban con frecuencia a reverendos anglicanos.

Ellos marcaban la franja que separa universo adulto del infantil. Guillermo era capaz de traer, con sus aventuras y travesuras, el mismísimo corazón de la jungla o las praderas de los pieles rojas, permitiéndonos soñar con mundos lejanos, aplicando cierta lógica a la vida y muchísima diversión. Por supuesto, él hubiera preferido ser el hijo de un sioux o de un filibustero, pero se tenía que conformar con la mirada, con frecuencia desaprobadora, de Mr Brown.

Era el símbolo de la innata rebeldía del espíritu de los niños con el que todos nos sentíamos identificados y al que admirábamos porque, pasara lo que pasara, jamás se rendía y siempre "volvía a empezar"...



La autora de estos inolvidables libros era Richmal Crompton (1850-1969), novelista inglesa y licenciada en lenguas clásicas por la Universidad de Londres, aunque previamente había impartido clases como maestra de niños, a los que adoraba y por los que sentía verdadero cariño.

En 1922 dio comienzo a la serie con Just William, libro que se inició más pensando en el público adulto para obtener una imagen, entre afectuosa, irónica y asombrada del estupendo e incomprensible mundo infantil visto por una afable y soltera tía. Sin embargo, pronto se convirtió en uno de los libros favoritos de los propios niños.

Guillermo se mantuvo inalterable, en sus eternos once años, a través de 47 años y 37 títulos que comprenden la serie total (el último se publicó póstumo en 1970).


La dificultad de mantener a un personaje a través de los cambios del mundo, incluída la Segunda Guerra Mundial, hizo que la autora se esforzara por cambiar los temas (no siempre con el mismo éxito) pero sin caer jamás en la edulcorada literatura infantil.



 


jueves, 7 de agosto de 2014

WODEHOUSE

Pelman Grenville Wodehouse (1881, Surrey) decía: "huye de los rostros graves que no saben reír, de los espíritus que no entienden de las ironías", algo que comparto absolutamente. El sentido del humor caracteriza a las personas tónicas, positivas, alegres y llenas de esperanza y pienso que más que algo genético es el resultado de un trabajo y de un esfuerzo personal, de una disciplina tenaz e inteligente. Pero, lo más gracioso del caso es que los que tienen un gran sentido del humor, no se toman a broma eso del buen humor...

 Wodehouse era un humorista británico que hacía humor en estado puro, sin sarcasmo y crítica; humor sin acritud, sin segundas lecturas, simplemente humor.

Describía con fina ironía la sociedad de la alta burguesía y la aristocracia de su época, pero con profundo cariño. Amaba a sus personajes y a su mundo literario, un mundo en el que los grandes conflictos de la humanidad son eliminados de un brochazo.

Sin embargo, este delicioso autor era un genio dotado de un estilo chispeante y de un ingenio sobrenatural. Tenía la rara habilidad de convertir la situación más cotidiana en una locura de proporciones desmesuradas. Sus diálogos eran rápidos y agudos y sus descripciones elegantes y coloristas. Sus tramas estaban diseñadas con la precisión de un buen relojero. No es lo que contaba sino "cómo" lo contaba... (... en cierta ocasión me comprometí con su hija Honoria, una espantosa exhibición de dinamismo que leía a Nietzsche y tenía una risa como de olas rompientes contra una agreste costa rocosa...)


Comprendo que el humor es algo muy personal, pero cuando leo a este autor me siento bien, en paz, feliz y optimista. Lo último que pretendo es que me ofrezca una visión realista de la vida sino el milagro de su prosa y su atmósfera inocente. Me transporta a un mundo de ficción en el que reina la verdadera pureza y lo lleva a cabo con tal facilidad y fluidez que me hacen valorar la excepcional maestría que llegó a conseguir después de no dejar de escibir un solo día de su vida...

Encuentro insuperables la serie de relatos y novelas que discurren en la Inglaterra de los años veinte y están  protagonizadas por Bertie Wooster, un jovencito de cabeza un poco hueca, "casi millonario" y bastante amante de las fiestas y de su estoico mayordomo Jeeves, siempre fiel y con una solución a punto para las desternillantes aventuras en las que se embarca su señor...

En realidad son pesonajes típicamente ingleses, con su peculiar sentido del humor y su flema, en un ambiente en el que todo el mundo se divierte (aunque jamás tengan dinero) y se meten en líos disparatados que se solucionan de una forma más disparatada todavía.

Bertie lo narra en primera persona y terminamos empatizando con él pues es leal, amable, caballeroso, con un carácter espléndido y que ansía la sabiduría de quien, en realidad, no es más que su maestro. Jeeves es su guía, es filósofo, amigo, ecuánime, resolutivo, respetuoso y le adora pues sabe que es dócil y le permite ampliar su marco de referencias y convencerle de la utilidad de ejercitar el cerebelo.

Lo que más admira el mayordo de su señor es su bondad, pues piensa que lo más importante en esta vida es ser compasivo, educado y divertido. Estoy totalmente de acuerdo con Jeeves y pienso que vivir a través de Bertie es un bálsamo para las heridas de nuestras doloridas mentes...

"Digasé lo que se quiera de los victorianos, es un hecho generalmente admitido que muy pocos de ellos eran de fiar cuando se veían con una paleta de albañil y un montón de ladrillos a mano " (Bertie Wooster).















miércoles, 6 de agosto de 2014

EDITH HOLDEN


"Rey es del verano pleno y el apogeo del año. Con su traje de destellos el dulce Agosto ha llegado" (Combe Miller).

Tanto las láminas como el texto pertenecen a un delicioso libro escrito por Edith Holden (1871-1920), reconocida ilustradora victoriana de libros de cuentos y rimas infantiles cuya obra permaneció en el olvido hasta que, en los años 70, una sobrina-nieta le mostró al editor un pequeño libro que había recibido en herencia y le parecía un auténtico tesoro.

Era una colección de delicadas acuarelas de temática natural: flora, fauna, las estaciones, la granja... con valiosas descripciones que revelaban notables conocimientos de botánica y zoología.

También contaba con anotaciones personales y versos de los más destacados poetas británicos, junto a rimas populares que complementaban un cuaderno de una belleza casi insuperable.

Datado en 1906 y publicado en 1977, en formato facsímil (valor añadido) y con una personalidad arrolladora, tuvo tal éxito de ventas que en el año 2000 había alcanzado seis millones de copias.

Poco se podía imaginar Edith que con el paso de los años su obra iba a adquirir tal importancia, pero eso forma parte de la magia del escritor; lo importante es el hecho de "escribir", los resultados llegarán a su debido tiempo...

Tenía tres hermanas más y era hija de un filántropo y de una biógrafa de santas. A pesar de ser conservadores y de rígidas normas supieron infundir en las niñas el amor por las disciplinas artísiticas, en especial por la pintura y el dibujo, matriculándolas en la Birmingham Sschool of Art.

Su vida fue tranquila, fructífera y dedicada a sus dos pasiones: la pintura y la enseñanza, sin embargo falleció muy joven, a los 49 años, intentando recoger su sombrilla que había caído al Támesis...




martes, 5 de agosto de 2014

CRISTINA DE LA HOZ

Cristina de la Hoz (1969) es una pintora santanderina que reúne la ingenuidad, coraje y autodidactismo propios del naif. Su pintura acrílica se inspira en lo que la rodea, en lugares que ha conocido o en sus propios sueños, a través de una mirada muy personal, llena de vida y de imaginación.

Demuestra un gran amor hacia los animales, pinta unos cielos con globos, su pintura está llena de color, alegría y buenos deseos... a través de ella busca su propio bienestar y quiere compartirlo con los demás. Hizo su primera exposición en Teruel y ahora lleva más de treinta muestras  (que lleva a cabo sola o junto a otros pintores de su estilo) en Polonia, Rumanía, Israel, Cuba, Dinamarca... y en España, por supuesto.

La esencia de sus cuadros brota del campo anímico de la inocencia y de la sencillez. No renuncia a ellas porque pondría en peligro el clima específico de su arte. A lo largo de los años ha perfeccionado su técnica y se mueve con más libertad en la materia de su composición. No ha perdido sensibilidad ni receptividad y por eso no se repite, porque cuando eso ocurre se pierde espontaneidad, frescura, autenticidad... Y eso es lo que me gusta de ella, su "autenticidad".




domingo, 3 de agosto de 2014

EL ORIENT EXPRESS

Siempre me he sentido atraída por la filosofía de este tren emblemático, "El Orient Express", el más famoso de la historia que fue concebido como un medio de transporte para llegar a Oriente y recorrer Europa sin que sus viajes echaran de menos ninguna de las comodidades de las que disfrutaban en casa. Así fue como cambió la concepción de la travesía en tren: lo importante no era desplazarse sino "viajar".

"El lujo y el confort" eran sus señas de identidad y la calidad su esencia: paredes paneladas con madera de teca, nogal o caoba; suave tapicería repujada en oro; sábanas de seda; sanitarios de mármol; copas del mejor cristal y cubertería de plata.

Los vagones estaban aislados con magníficas y gruesas alfombras y dotados de iluminación de gas, calefacción central y agua caliente. Pero también armas de fuego, buenos botiquines y grandes dosis de coraje para afrontar retos totalmente inesperados y desconocidos.




Se convirtió en uno de los símbolos de la Belle Époque, uno de los períodos más espléndidos de la historia de Francia que abarcó desde finales del XIX hasta el inicio de la primera Guerra Mundial (1914).

Fue un momento de búsqueda de los placeres que la vida puede brindar y sus pasajeros, de alto poder adquisitivo, eran príncipes, sultanes, aristócratas, diplomáticos, jefes de Estado...que compartían sus dias con vividores, señoras de vida alegre, contrabandistas, espías, traficantes de armas y una lista interminable de personajes curiosos.

En la Segunda Guerra Mundial  Hitler se valió de un vagón (nº 2419) para firmar la rendición francesa en 1940, lo que supuso la debacle casi definitiva del expreso.  Al terminar el conflicto, la línea fue restablecida, pero la Europa desolada que asomaba tras sus lujosos ventanales incitaba poco a la frivolidad.
Acabó sus días transportando inmigrantes en busca de  fortuna en sus, cada vez, más decadentes vagones.


Otro día os contaré lo que ocurrió después de que, en mayo de 1977, el tren realizara su último viaje... No puedo evitar el provocar un poco de "suspense"...



viernes, 1 de agosto de 2014

CONTEMPLAR


Este cuadro de Palmaroli me lleva a hacer una pequeña reflexión, hoy que empezamos el mes de agosto, el que solemos relacionar con el descanso y la desconexión de la vida cotidiana, lo cual no significa que necesariamente nos tengamos que ir de viaje, sino simplemente que, a lo largo del mismo, podemos cambiar de actitudes, de actividades, de estilo de vida...

Viendo a la señorita, con los prismáticos en la mano, me doy cuenta de que el pintor lo que nos manifiesta es la importancia de la contemplación, de la observación. No quiere aproximarse a nada concreto, no está buscando nada sino simplemente gozando del momento. Denota con su calma y elegancia que las cosas, vistas con distancia, se pueden interpretar mejor.

La información no le llega sólo a través de la vista, sino de todos los sentidos. A través de ellos puede percibir la temperatura del ambiente, la presión de la brisa sobre su cara, las fragancias del mar, el susurro de las olas...

Es como si se hubiera acercado al orden natural del mundo y de su lugar en él, es como si estuviera dotando a la realidad de sentido. El horizonte no supone para ella un destino, sino una apertura, una promesa, algo que le acerca al fondo de su alma.

Da la impresión de que la belleza del paisaje no le absorbe sino que le impulsa al pensamiento y a la reflexión. Seguramente, después de este rato en la playa se conocerá más y mejor.

En definitiva, lo que me transmite esta pintura es que lo importante en la vida es "la vida misma" y que, en vez de dispersarnos en actividades que nos debilitan, sería preferible que desarrollásemos nuestras cualidades psíquicas y espirituales, lo que nos permitirá descubrir que en  los actos más simples y cotidianos
es donde se esconden los verdaderos tesoros.