lunes, 20 de abril de 2020

PRUDENCIA, FORTALEZA Y DIGNIDAD


La prudencia es la ciencia de las cosas buenas, de las malas y de las que no son ni una cosa ni otra. Está integrada por la memoria, la inteligencia y la previsión. Es una virtud central para la ética y tiene un papel clave en la inteligencia práctica. Es sinónimo de templanza, cautela, moderación, sensatez y buen juicio. También es un elemento clave para un buen estratega e implica ser diligente, defendiendo las propias visiones sin asumir riesgos innecesarios que podrían ser perjudiciales.

La fortaleza es la aceptación de los peligros y el padecimiento de los trabajos. Está formada por la magnificencia y la perserverancia y ayuda a alcanzar unos objetivos que cuentan con un plan que les respalda. Jamás excluye el buen hacer y el rigor.

En cuanto a la dignidad, hay dos géneros de hombres: el indocto y agreste que siempre prefiere la utilidad y la antepone a la honestidad y el humano y pulido que siempre da preferencia a la dinidad. Es el segundo y su forma de actuar quien merece alabanza, honor, gloria, fe, justicia y toda virtud.

Cicerón (106 AC- 43 AC) fue un orador, político y filósofo de la Roma clásica, que se inició en el mundo del Derecho y de los jurisconsultos y llegó a ocupar puestos de relevancia política, pero - sobre todo- poseía magníficas cualidades para la oratoria y, con influencia estoica y ciertas dosis de escepticismo, dijo grandes verdades.

Debemos reivindicar comportamientos dignos y honestos y alabarlos. En la época clásica, la dedicación pública era el más alto honor para un ciudadano digno, que actuaba basándose en los valores y en el sentido más genuino del servicio público. Aquellos cuya conducta no era honesta ni digna eran penados con el peor de los castigos: "la ignominia" (ofensa grave que sufre el honor o la dignidad de una persona).

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